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Josué 13: Una nueva sociedad sobre la tierra

Jos 13:1 Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer.

Tierra por poseer : Dios le encargó a Josué la tarea de repartir a las restantes nueve y media tribus la tierra que iban a ocupar en la ribera oeste del Jordán.

Josué estaba envejeciendo. Tenía entre ochenta y cinco y cien años de edad en ese momento. Pero Dios, todavía tenía trabajo para él. Nuestra cultura muchas veces glorifica a los jóvenes y fuertes, y deja de lado a los ancianos. Sin embargo, la gente mayor está llena de la sabiduría que resulta de la experiencia. Son muy capaces de servir si se les da la oportunidad y se les debe animar a hacerlo. No se les permite a los creyentes jubilarse del servicio de Dios. Y los que han pasado la edad de jubilación no deben suponer que el simple hecho de ser mayores los descalifica o excusa de servir en la obra de Dios.

Jos 13:2 Esta es la tierra que queda: todos los territorios de los filisteos, y todos los de los gesureos;

La tierra que queda : Territorio que aún no había sido conquistado. Se extendía desde el norte de Damasco hasta la frontera egipcia. Las tribus debían ocupar la tierra conquistada y extender las conquistas hacia estas regiones.

Jos 13:3 desde Sihor, que está al oriente de Egipto, hasta el límite de Ecrón al norte, que se considera de los cananeos; de los cinco príncipes de los filisteos, el gazeo, el asdodeo, el ascaloneo, el geteo y el ecroneo; también los aveos;

Jos 13:4 al sur toda la tierra de los cananeos, y Mehara, que es de los sidonios, hasta Afec, hasta los límites del amorreo;

Jos 13:5 la tierra de los giblitas, y todo el Líbano hacia donde sale el sol, desde Baal-gad al pie del monte Hermón, hasta la entrada de Hamat;

Jos 13:6 todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta Misrefotmaim, todos los sidonios; yo los exterminaré delante de los hijos de Israel; solamente repartirás tú por suerte el país a los israelitas por heredad, como te he mandado.

Jos 13:7 Reparte, pues, ahora esta tierra en heredad a las nueve tribus, y a la media tribu de Manasés.

Estos versículos introducen la sección siguiente del libro: entrar en posesión de la tierra. Por más de cuarenta años Israel ha sido un pueblo sin territorio, pero ahora está a punto de recibir su herencia. El autor no ahorra detalles al describir este proceso.

Gran parte de la tierra quedó sin conquistar en ese momento, pero el plan de Dios fue seguir adelante e incluir esa tierra en la distribución entre las tribus. El deseo de Dios era que con el tiempo los israelitas la conquistaran. Dios conoce el futuro y, al mismo tiempo que nos va guiando, ya sabe de las victorias que nos esperan en el futuro. Pero así como los israelitas aún les quedaban batallas por pelear, nosotros debemos enfrentar los problemas y librar las batallas de nuestra tierra no conquistada. ¿Cuáles son nuestras tierras no conquistadas hoy? Pueden ser territorios misioneros en el extranjero, la traducción de la Biblia en nuevos idiomas, nuevas regiones misioneras a nuestro propio alrededor, grupos de interés o instituciones que necesitan una obra redentora, problemas sociales o éticos que hay que enfrentar, pecados no confesados, o talentos y recursos no desarrollados. ¿Cuál es el territorio que Dios le ha dado para conquistar? Ese territorio es nuestra «tierra prometida». Nuestra herencia será un nuevo cielo y una nueva tierra, si nosotros, como Israel, cumplimos la misión que Dios nos ha encomendado.

Jos 13:8 Porque los rubenitas y gaditas y la otra mitad de Manasés recibieron ya su heredad, la cual les dio Moisés al otro lado del Jordán al oriente, según se la dio Moisés siervo de Jehová;

Jos 13:9 desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura de Medeba, hasta Dibón;

Los siguientes capítulos describen la manera en que se repartió la tierra prometida entre las doce tribus. Primero, la tribu de Leví no debía recibir ninguna tierra porque debían dedicar todas sus energías a servir a la gente, no a sus propios intereses. Segundo, las tribus de Rubén y Gad y la media tribu de Manasés ya habían recibido tierras al este del Jordán, que Moisés les había dado. Tercero, las tribus de Judá y José (Efraín y la otra media tribu de Manasés) recibieron tierras que su ancestro Jacob les había prometido cuatrocientos cincuenta años antes.

Josué 15-17). Las demás tribus se repartieron las tierras restantes echando suertes (capítulo 18).

Por medio de la bendición original de Jacob a sus hijos (Génesis 49) y las bendiciones de Moisés a las doce tribus (Deuteronomio 33) ya se conocía la clase de territorio que cada tribu recibiría. Las dos bendiciones fueron proféticas porque, aunque Josué echó suertes para determinar las tierras que recibirían las tribus restantes, todo salió como Jacob y Moisés lo habían profetizado.

Jos 13:10 todas las ciudades de Sehón rey de los amorreos, el cual reinó en Hesbón, hasta los límites de los hijos de Amón;

Jos 13:11 y Galaad, y los territorios de los gesureos y de los maacateos, y todo el monte Hermón, y toda la tierra de Basán hasta Salca;

Jos 13:12 todo el reino de Og en Basán, el cual reinó en Astarot y en Edrei, el cual había quedado del resto de los refaítas; pues Moisés los derrotó, y los echó.

Esta es una descripción general de los territorios conquistados al este del Jordán, los cuales ya habían sido divididos entre las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés.

Jos 13:13 Mas a los gesureos y a los maacateos no los echaron los hijos de Israel, sino que Gesur y Maaca habitaron entre los israelitas hasta hoy.

Los israelitas se encontraron con tantos problemas porque no cumplieron de manera completa el mandato de conquistar la tierra y echar fuera todos sus habitantes. La presencia cancerosa de los pueblos restantes de Canaán causaron un sinfín de dificultades a los israelitas, según narra el libro de Jueces. Así como ellos no eliminaron totalmente el pecado de en medio de la tierra, los creyentes muchas veces no acaban de eliminar el pecado de sus vidas, con resultados igualmente desastrosos. A modo de prueba para usted mismo, reléase los Diez Mandamientos y pregúntese: ¿Soy tolerante con prácticas o pensamientos pecaminosos? ¿He aceptado la mitad de la medida como suficiente? ¿Condeno la falta de los demás, pero condono las mías?

Jos 13:14 Pero a la tribu de Leví no dio heredad; los sacrificios de Jehová Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.

Jos 13:15 Dio, pues, Moisés a la tribu de los hijos de Rubén conforme a sus familias.

Jos 13:16 Y fue el territorio de ellos desde Aroer, que está a la orilla del arroyo de Arnón, y la ciudad que está en medio del valle, y toda la llanura hasta Medeba;

Jos 13:17 Hesbón, con todas sus ciudades que están en la llanura; Dibón, Bamot-baal, Bet-baal-meón,

Jos 13:18 Jahaza, Cademot, Mefaat,

Jos 13:19 Quiriataim, Sibma, Zaret-sahar en el monte del valle,

Jos 13:20 Bet-peor, las laderas de Pisga, Bet-jesimot,

Jos 13:21 todas las ciudades de la llanura, y todo el reino de Sehón rey de los amorreos, que reinó en Hesbón, al cual derrotó Moisés, y a los príncipes de Madián, Evi, Requem, Zur, Hur y Reba, príncipes de Sehón que habitaban en aquella tierra.

Jos 13:22 También mataron a espada los hijos de Israel a Balaam el adivino, hijo de Beor, entre los demás que mataron.

Jos 13:23 Y el Jordán fue el límite del territorio de los hijos de Rubén. Esta fue la heredad de los hijos de Rubén conforme a sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

A Rubén se le entregó la parte meridional de la frontera con Moab.

Muchas veces hay una relación interesante entre la tierra que recibe una tribu y el carácter del fundador de la tribu. Por ejemplo, a causa del carácter piadoso de José, las tribus que fueron descendientes de él, Efraín y Manasés, recibieron las tierras más ricas y fértiles de toda Canaán. Judá, que se ofreció a sí mismo a cambio de la seguridad de la vida de su hermano Benjamín, recibió la porción más grande, la cual con el tiempo se convirtió en el reino del sur y la sede de la dinastía del rey David. Rubén, que tuvo relaciones con una de las esposas de su padre, recibió una tierra desértica, la región que se describe aquí.

Jos 13:24 Dio asimismo Moisés a la tribu de Gad, a los hijos de Gad, conforme a sus familias.

Jos 13:25 El territorio de ellos fue Jazer, y todas las ciudades de Galaad, y la mitad de la tierra de los hijos de Amón hasta Aroer, que está enfrente de Rabá.

En la antigua sociedad hebrea la propiedad territorial pertenecía a la familia, no al individuo. La tierra era dada por Dios. Debía permanecer en manos de la familia y no podía ser traspasada de una tribu a otra. La Ley Mosaica contenía normas específicas sobre el derecho de herencia y del heredero. No hacía falta dejar testamento o firmar contratos legales para legar la propiedad, pero sí se conservaba celosamente la genealogía familiar. Estos capítulos reflejan esta preocupación.En la antigua sociedad hebrea la propiedad territorial pertenecía a la familia, no al individuo. La tierra era dada por Dios. Debía permanecer en manos de la familia y no podía ser traspasada de una tribu a otra. La Ley Mosaica contenía normas específicas sobre el derecho de herencia y del heredero. No hacía falta dejar testamento o firmar contratos legales para legar la propiedad, pero sí se conservaba celosamente la genealogía familiar. Estos capítulos reflejan esta preocupación.

Jos 13:26 Y desde Hesbón hasta Ramat-mizpa, y Betonim; y desde Mahanaim hasta el límite de Debir;

Jos 13:27 y en el valle, Bet-aram, Bet-nimra, Sucot y Zafón, resto del reino de Sehón rey de Hesbón; el Jordán y su límite hasta el extremo del mar de Cineret al otro lado del Jordán, al oriente.

Jos 13:28 Esta es la heredad de los hijos de Gad por sus familias, estas ciudades con sus aldeas.

Gad recibió el territorio de Galaad en el área central.

Jos 13:29 También dio Moisés heredad a la media tribu de Manasés; y fue para la media tribu de los hijos de Manasés, conforme a sus familias.

La tribu de Manasés se dividió en dos medias tribus. Esto ocurrió cuando muchas personas de la tribu desearon establecerse al este del Jordán, en una región que convenía de manera especial a su ganado. El resto de la tribu prefirió quedarse al oeste del Jordán, en la tierra de Canaán.

Jos 13:30 El territorio de ellos fue desde Mahanaim, todo Basán, todo el reino de Og rey de Basán, y todas las aldeas de Jair que están en Basán, sesenta poblaciones,

Jos 13:31 y la mitad de Galaad, y Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, para los hijos de Maquir hijo de Manasés, para la mitad de los hijos de Maquir conforme a sus familias.

Jos 13:32 Esto es lo que Moisés repartió en heredad en los llanos de Moab, al otro lado del Jordán de Jericó, al oriente.

Jos 13:33 Mas a la tribu de Leví no dio Moisés heredad; Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos, como él les había dicho.

De acuerdo con, la tribu de Leví no recibió ninguna porción de territorio. Su herencia consistía en una participación en los sacrificios ofrecidos al Señor. Los levitas debían ser sostenidos por todas las demás tribus.

La media tribu de Manasés obtuvo el territorio de Basán en el norte.

Los levitas se dedicaban a servir a Dios. Necesitaban más tiempo y movilidad de lo que podía disponer un propietario de tierras. Haberles dado tierras hubiera significado cargarles de responsabilidades y lealtades que hubieran impedido su servicio a Dios. En vez de eso, Dios arregló las cosas para que las demás tribus suplieran las necesidades de los levitas por medio de donaciones.

La tierra que aun quedaba por conquistar

Canaán ahora estaba controlada por los israelitas, aunque mucha tierra y varias ciudades aún quedaban por conquistar. Josué le dijo al ueblo que incluyeran tanto las tierras conquistadas como las no conquistadas en las heredades. Estaba seguro que la gente terminaría la conquista como Dios lo había mandado.

Una nueva sociedad sobre la tierra

Puede ser que esta sección del libro no despierte mucho interés en los lectores modernos, quizá por la serie de listas y enumeración de lugares que constituyeron los límites de las tribus de Israel, pero una lectura desde la perspectiva de la fe permite valorar estos capítulos como una sección de bastante importancia para comprender los criterios que el pueblo tuvo durante su establecimiento en Canaán, los peligros que aún tuvieron que afrontar y el proceso de inserción en una tierra. Si bien esa tierra manaba leche y miel, también representó para ellos una escuela donde tuvieron que aprender a obedecer a Dios en medio de múltiples tentaciones.

Esta sección del libro es el desenlace mismo de la trama formada alrededor de la posesión de Canaán. La Tierra Prometida es un componente vital en la compleja interrelación entre Dios, pueblo y tierra, de la cual nos habla la Biblia. Por eso y a pesar de lo árido que se presentan estos capítulos a primera vista, los lectores contemporáneos pueden aprender mucho acerca del alcance y proceso de la salvación al estudiar esta sección. Antes de entrar en la exposición del texto, nos permitimos señalar cuatro enseñanzas básicas que presenta esta parte del libro:

Una nueva sociedad está en proceso de construirse. Encontramos un contraste entre dos modelos para manejar la tierra. Por una parte, está el modelo de Canaán donde el faraón era el principal poseedor de la tierra. Debe tenerse en cuenta que este territorio era una colonia de la dominación egipcia hasta hacía poco tiempo. Aun después, en el nivel local los reyes de las ciudades, siguiendo el modelo egipcio, eran los propietarios efectivos de estas tierras. Algunos estudios sociológicos indican que la aristocracia, el templo y los oficiales del gobierno conformaban el 2% de la población total de Canaán, pero tenían el control sobre el 50% de la tierra laborable como parte de su patrimonio rentable. Estas tierras eran labradas por esclavos o campesinos arrendatarios quienes entregaban la mitad del producto de la tierra como pago por el arrendamiento. El resto de la tierra era habitada por campesinos que estaban en las villas o aldeas y quienes pagaban unas tasas pesadas de impuestos para sostener a la elite urbana. El sistema de manejo de la tierra en Canaán estaba organizado para beneficiar notablemente al 2% de la población. El modelo israelita es resultado del propósito divino, y por eso en dicho modelo el principal poseedor y dueño de la tierra es Jehová. él garantiza la totalidad de la tierra no para un rey sino para todo el pueblo, tribu por tribu, familia por familia. No habrá un 2% privilegiado. Ejemplo notable: Josué mismo recibió una pequeña porción de tierra.

El modelo de Israel está en discontinuidad con el modelo cananeo. Por eso, se resalta el peligro de que habitantes cananeos continaran viviendo entre las tribus de Jehová, pues ellos constituían en potencia una tendencia hacia el modelo acostumbrado de monarquía. Además, es tan importante subrayar que por eso las principales víctimas de la posesión de la tierra han sido los reyes, como se explicó en la sección anterior.

Observando esta sección se pueden destacar tres fases en el proceso de repartición de la tierra:

Primera fase: La heredad de las tribus transjordánicas.

Segunda fase: La herencia de Judá

La herencia de José, es decir, Efraín y Manasés

Tercera fase: La herencia de Benjamín, diferenciada de Judá. La herencia de Simeón, diferenciada de Judá

La herencia de las cuatro tribus del norte, y la tribu migratoria de Dan.

La distribución de la tierra entre las tribus fue realizada de la siguiente manera: Las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés (descendientes de José) ya tenían el territorio asignado al lado oriental del río Jordán y son conocidas como las tribus de Transjordania.

Del territorio que ya había sido tomado en el lado occidental del Jordán, la principal división fue hecha entre las tribus de Judá y de José (es decir, las tribus de Efraín y la otra mitad de Manasés).

Las demás divisiones del territorio dependieron de esta gran división.

A la tribu de Judá le fue dada su posesión en el sur, el territorio de los cinco reyes, y con ellos estaba asociado Caleb y más al sur la tribu de Simeónx.

A la poderosa casa de José, es decir, a las tribus de Efraín y Manasés, se le otorgó la zona central de Canaán, aunque estaban en desventaja por la cadena de fortalezas que formaban Betseán, Ibleam, Dor, Taanac y Meguido y por ello se quejaron de su mala ubicación. Al respecto Josué los desafió a desmontar las áreas boscosas de su territorio montañoso, y les aseguró que destruirían a sus poderosos habitantes.

En medio de estas dos grandes divisiones, para Judá y para José, se le asignó un territorio a Benjamín más cerca del Jordán y a la tribu de Dan más hacia la costa. Posteriormente la tribu de Dan tuvo que emigrar hacia el norte debido a las hostilidades de los habitantes de la planicie costera.

Las restantes tribus: Zabulón, Isacar, Aser y Neftalí, que al igual que Benjamín, Dan y Simeón, no recibieron territorio en la primera repartición de Canaán, se establecieron posteriormente al norte del país.

El parentesco es un vínculo fundamental. Esta es una segunda enseñanza básica, extraída de esta sección. Los territorios tribales fueron otorgados de acuerdo a un criterio fundamental en este período de la historia de Israel, el parentesco. Esta fórmula se repite cada vez que se hablaba de repartir la tierra. Esto revela otro aspecto importante en la estructura del antiguo Israel. En el modelo cananeo la integridad de la familia extendida, la unidad natural de la sociedad, se desgastaba constantemente por la esclavitud por deudas, el trabajo de la tierra y la pobreza económica. Por su parte, el contramodelo israelita basado en el parentesco (mishpajah) agrupaba a un número de familias extendidas por la vía de la casa paterna (bethab) que permitía su reintegración y fortalecimiento a través del tiempo. Desde entonces el parentesco podía ser adquirido por mutuo acuerdo, y de esta forma familias marginadas podían ser integradas a los clanes.

Este hecho nos puede permitir una conclusión: El modelo que Jehová propuso a Israel en la tierra prometida era inclusivo, no excluyente como lo entendieron posteriormente los judíos del posexilio.

En esta nueva sociedad que se comenzaba a formar en Canaán, se arregló la administración de tal manera que la tierra fue parcelada a miembros de las familias y arreglada para su redistribución de parcelas periódicamente.

Esta unidad de tribus protegía a los miembros de familia para preservar los títulos originales sobre la tierra. Por ejemplo, en caso de ventas, se obligaba a vender solo dentro de su propio clan. También se limitó la esclavitud por deudas a siete años con el fin de evitar la desintegración de la familia, como sucedía entre los cananeos.

Las aldeas y las ciudades dan el nuevo habitat. Más que una verdad, es una realidad histórica. Se destacan en estos capítulos las listas de ciudades y aldeas como lugares asignados para la instalación de las diferentes familias. Estas listas en sí mismas son tomadas de los anales de la corte del período de la monarquía. Las listas originales pueden haber sido confeccionadas en el tiempo del censo de David aunque las listas como nosotros las conocemos, en el libro de Josué, parecen haber sido reelaboradas en un tiempo tardío. Otra perspectiva es que la exploración de la tierra ordenada por Josué puede dar fuerza a la tesis de que las listas fueron elaboradas en un período temprano. Todavía otros investigadores sugieren que las listas, especialmente las de Judá y Benjamín, fueron arregladas de acuerdo con la organización fiscal por distritos para la recolección de impuestos.

En el modelo cananeo las ciudades fueron el centro de poder, dominación, riqueza y privilegio. La dominación de las ciudades destruyó la sociedad aldeana. Las ciudades israelitas en el período temprano sirvieron como lugar de mercado, centros administrativos y lugares de refugio en tiempos de peligro. En ellos se organizaron las funciones judiciales y religiosas para las aldeas. Alrededor de las ciudades estaban sus aldeas. Aquí la unidad de producción básica era la familia extendida la cual trabajó la tierra. Sus principales productos fueron cereales, vino, olivo, aceite, frutas y vegetales. La gente habitaba en una casa de un salón grande construida de piedra o barro.

Varias innovaciones tecnológicas de este período fueron utilizadas por los israelitas en la agricultura intensiva y extensiva, las cuales les permitieron limpiar las tierras que estaban aún ocupadas por el bosque. El uso de herramientas de hierro permitió esta limpieza de lugares inhóspitos. Un autosostenimiento de las aldeas despegó como resultado de estos cambios tecnológicos y se expandieron a través de todo el país. Paralelamente, hubo un crecimiento de la población que también prosperó no con base en la explotación por parte de una élite urbana.

Una enseñanza que se puede extraer de este hecho es que en el campo también se puede vivir. Contrasta con la idea de nuestro tiempo, cuando predomina el deseo de vivir en las ciudades. El grueso de la población urbana está compuesto por emigrantes campesinos que salieron del campo considerando que el paraíso estaba en las grandes urbes. No debemos caer en la idealización de esta experiencia israelita; pero, sin duda alguna, fue un modelo alternativo al que predominaba en Canaán antes de su llegada.

Las fronteras son como espacios vivientes. Esta es una cuarta enseñanza. Los límites más que marcas territoriales definían áreas de responsabilidad, límites de control y protección contra la agresión. Mutuamente reconocidas las fronteras son necesarias para la convivencia pacífica, la coexistencia creativa y el intercambio social. Respecto a las fronteras, ellas eran una forma de cumplir los Diez Mandamientos. De manera especial eran una manera de cumplir los mandamientos que se refieren a la relación con el prójimo.

Los límites fueron frecuentemente violados por los ricos y poderosos en los tiempos de la monarquía, cuando muchos elementos del modelo cananeo de sociedad retornaron. Durante los reinados de David y Salomón estos límites se extendieron para incluir áreas sobre la costa mediterránea y en la llanura de Esdraelón la cual permaneció independiente durante el tiempo de los Jueces.

La tendencia inclusiva nos permite insistir desde el punto de vista teológico, que aquellos habitantes que fueron incluidos dentro del territorio israelita eran parte del propósito de Dios porque su presencia sería comprendida también entre ellos.

El autor del libro de Josué incluyó también una serie de episodios que tienen un objetivo pedagógico en el contexto de la repartición de la tierra. Estos episodios son:

La mención de la muerte de Balaam.
La posesión de Hebrón y la imposibilidad de alcanzar a Jerusalén.
El requerimiento de Acsax.
Las hijas de Zelofead preservando su herencia.
La deforestación.

Con este panorama de la sección llegamos a su exposición específica.
Aún queda mucho por hacer

La edad de Josué se acercaba a los cien años en este momento. Por eso la distribución de la tierra que fue incluida en su misión era pertinente. Las palabras de Jehová a Josué son un recordatorio de que su tiempo está para terminar y que aún no ha terminado de alcanzar para el pueblo de Dios todo lo que este le había prometido. La totalidad de la tierra prometida aún no estaba en poder del pueblo, pero esto no significa el incumplimiento de Dios en sus promesa o la incapacidad para cumplirla. Más bien, se anuncia un tiempo en que Jehová pone a prueba la fidelidad del pueblo y la calidad de su fe y esperanza, aunque algunos se comenzarán a quejar de que todavía tienen enemigos a sus lados.

Para Josué esto no debe ser visto como fracaso sino más bien como el proceso normal de todo ser humano que llega al final de la vida sin que necesariamente haya cumplido todos sus proyectos.

Encontramos las palabras de Jehová: “Tú, pues, sólo da la tierra por sorteo a Israel como heredad, como te he mandado”. Quieren decir que Josué va a ver realizadas sus expectativas en torno a la promesa de Jehová. Este no es el hombre fracasado que se retira; más bien va a recoger frutos de su trabajo, o mejor, del trabajo que Dios ha hecho en él y por medio de él. No hay una alusión explícita a la fidelidad de Josué a la ley de Jehová, pero está implícita la satisfacción de Jehová con la labor cumplida por su siervo.

La distribución de la tierra tiene el sentido de una heredad que se recibe por derecho. Es seguro que ninguna tribu se quedaría sin una porción adecuada a sus necesidades, pero al mismo tiempo se advierte por todo lo que falta por recibir y que Jehová entregará a su pueblo posteriormente.

Se mencionan todos los territorios que aún quedan por conquistar:

El territorio de los filisteos que era una franja angosta extendida a lo largo de la costa mediterránea por unos 100 km.

El territorio de los gesureos al sur.

Ambos territorios incluían la porción del país desde Sijor, un pequeño arroyo que hacia el este era la frontera sur de Canaán, y hasta Ecrón, el más septentrional de los cinco señoríos o principados de los filisteos. A estos se unían los aveos (heveos) que en las versiones de la LXX aparece unido a la ubicación «al sur», con lo que se indica un grupo que fue expulsado y luego se estableció al sur de Filistea.

La segunda división del territorio aún por conquistar comprendía la tierra de los cananeos, que es una región montañosa de la Galilea superior, notable por sus cuevas y lugares de difícil acceso hacia el oriente hasta Afec, en el Líbano hasta la frontera de los amorreos.

El tercer distrito que quedaba sin poseer era la tierra de los Biblos que está ubicada sobre el Mediterráneo, 60 km. al norte de Sidón. Todo el Líbano al oriente, que es una cadena montañosa que tiene su fin en Hermón.

Todos los que habitan en las montañas desde el Líbano hasta Misrefotmaim, territorio habitado por los sidonios y fenicios. Después de la mención de los territorios que aún faltaba por poseer, se recuerda una promesa que tiene el objetivo de dar ánimo para no confundir lo incompleto de la posesión de la tierra con la imposibilidad de parte de Jehová de entregar todas estas tierras en manos del pueblo escogido.

Las promesas de Dios se cumplen aun cuando no siempre en la forma lógica que estamos acostumbrados a esperar. Normalmente se espera que Dios entregue todo lo que ha prometido de una vez. Sin embargo, en esta oportunidad no toda la tierra prometida fue recibida quizá como algunos esperaban. Este era un proceso más complejo y por eso hubo un “todavía no”, que desafió al pueblo a mantenerse fiel en medio de las presiones bélicas y espirituales de los sobrevivientes a la primera ola de posesión de la tierra prometida. Las promesas de Dios son una combinación de realidad y esperanza, el “ya” y el “todavía no” se interrelacionan para ayudar en la formación de su pueblo. La adquisición de varias tierras era una realidad pero se les muestra lo que aún falta para que no vayan a considerar que todo lo habían alcanzado y no necesitaban preocuparse más. La confianza en Dios no debe disminuir ahora que el peligro de otros ejércitos se haya apagado.
Herencia de las tribus de Transjordania

Los territorios para estas tribus.

Rubén, Gad y la media tribu de Manasés ya habían recibido su heredad en la zona oriental del río Jordán bajo la dirección de Moisés. Ahora lo que se hizo fue fijar los límites y territorios específicos que le tocó a cada tribu.

La tribu de Rubén estaría al sur, Gad en el centro y Manasés hacia el norte. En los pasajes señalados se encuentran instrucciones detalladas que se dieron a estas tribus, y que se relacionaban a la necesidad de mantener firme la solidaridad con las demás tribus que pasarían al otro lado del Jordán.
El obrero es digno de su salario

A la tribu de Leví no se le dio heredad porque Moisés ya había dejado órdenes acerca de las ciudades que se entregarían a los levitas. Deberían tener ciudades, pero no una área tribal como las demás tribus. La designación de sus ciudades se encuentra relatada más adelante. La tribu de Leví tenía resuelto el problema de sus necesidades materiales, de esta manera pudieron dedicarse libremente a servir en el culto al Dios que los había liberado y los había hecho poseer la herencia de la tierra anhelada. Este hecho no causaba ninguna sospecha o malicia, pues los levitas se iban a ocupar de un asunto básico en la vida del pueblo, a saber: el mantener viva la comunión con Jehová por medio de toda la vida cultual que servía como conmemoración y renovación constante del pacto. Además, se garantizaría en todo momento que el pueblo estaba consciente de la participación protagónica de Jehová en cada instante de la historia de este pueblo. Para los levitas esto podría significar una función diferente en la vida del pueblo. Un levita podía sentir que su herencia estaba en Dios, en el servicio a él, en la constancia al participar de la organización y cuidado de lo sagrado, si es que esto se podía separar en la vida del pueblo de Israel.
No más religión corrupta

Es interesante que aunque la historia de Balaam ocupa tres capítulos en el libro de Números y aunque él es mencionado unas siete veces en el AT fuera de estos capítulos, solamente un versículo aquí registra el fin de este que es llamado “adivino” (qosemx). Esta mención tal vez tiene el propósito de advertir en contra de la adivinación, ya que se consideraba como una práctica abominable, asociada con la cultura cananea. El adivino, como el profeta, suponía un contacto con la esfera divina. él podía tener visiones y éxtasis. Era como un capellán entre los reyes antiguos, un asesor de confianza para las decisiones políticas de gran envergadura que debían tomar con cierta frecuencia. Pero la actividad de estos personajes fue proclamada abominable porque muchos de ellos hacían de profetas en la casa del rey y comían en la misma mesa, con lo cual quedaban comprometidos siempre a decir lo que los reyes querían escuchar y no la palabra de Diosx. La mención de Balaam tiene la intención de recordar al pueblo que la muerte de este adivino, al otro lado del Jordán, se debió a su mensaje insulso que dejaba a los reyes contentos pero al pueblo sin orientación. Este tipo de religión animada por esta clase de “líderes” no deberá estar presente en la nueva sociedad que Jehová está creando.

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