Pidió que participara un miembro de cada una de las tribus, para erigir los dos monumentos, uno en medio del Jordán y otro en Gilgal. La representatividad en estos dos monumentos destacó que las doce tribus estuvieron juntas en el desierto y entraron juntas a la tierra prometida.
La clase de monumentos que levantaron pertenece a un estilo muy común en los pueblos de la antigüedad. Las piedras reflejan la rudeza de los pueblos nómadas del desierto; su poca elaboración y la falta de lujo no disminuían la posibilidad de durar en la mente de los pueblos.
Permanece en el relato un espíritu de unidad y disciplina que evidencia un reconocimiento del liderazgo de Josué a través del acatamiento de todas sus órdenes. No hay refutación, ni resistencia, ni desgano frente al trabajo que implicaba trasladar las piedras “de en medio del Jordán”. Más bien, hay una disponibilidad total porque el ánimo está muy arriba después de reconocer la presencia milagrosa de Jehová en la travesía.
Hay una intención pedagógica en la instrucción que da Josué a los doce hombres: Lo que se debe recordar no es solo el milagro de la detención de las aguas para dar paso al pueblo, sino que estas se abrieron “…ante el arca del pacto de Jehová…”. De esta manera se da importancia al pacto y la fidelidad a éste como causa eficiente de las bendiciones recibidas, en esta ocasión en forma milagrosa.
La presencia del arca siempre quiere enfatizar la necesidad de recordar que es un pueblo del pacto, una comunidad comprometida con el Dios que los sacó de Egipto para hacer de ellos una nación grande. Su grandeza había de incluir cierta labor misionera: ser la nación que proclamaría salvación a todas las naciones.
No obstante, es oportuno hacer una aclaración: Si nos atenemos a la existencia de dos relatos en esta sección, es comprensible que más adelante no se dé el lugar principal a la presencia del arca, sino que allí solo se destaca la intervención milagrosa de Jehová. Esto, sin embargo, no constituye una contradicción insalvable para la lógica y la congruencia del relato acerca del cruce del río Jordán. Puede ser considerado como énfasis que cada versión del evento da a un aspecto o al otro, como los énfasis que en la actualidad una denominación puede dar a alguna doctrina, con la diferencia que en este pasaje no se da lugar a contradicciones, como sí puede suceder con nuestros énfasis doctrinales. La importancia de los sacerdotes y su función cultual no interfieren con la afirmación de la acción directa y soberana de Dios en la vida de un pueblo.
El papel de los sacerdotes. El papel de los sacerdotes se destaca en estos versículos al mostrar cómo sirvieron de guía para el paso del pueblo. Cabe comparar la situación de los sacerdotes y la del pueblo, pues refleja fielmente el papel de cada uno en la vida cotidiana. Los sacerdotes se quedan de pie, quietos en la mitad del río, en una forma que indudablemente inspiraba a los que pasaban. El pueblo pasaba de prisa, tal vez por algún temor en cuanto a que las aguas del río volvieran a correr o tal vez como resultado de su disponibilidad para obedecer las órdenes del líder.
Este hecho puede enseñar la función que los líderes deben cumplir frente al pueblo de Dios. En casos como este hay que orientar, esperar, salir últimos después de llegar primeros, es decir, asumir un papel prominente en el quehacer cotidiano de la comunidad de fe. La prisa tal vez caracterice la forma de expresión de la fe del pueblo, su variabilidad y su inmediatez, pero la actitud de los sacerdotes enseña sobre la paciencia y hasta la intrepidez que los líderes deben tener en momentos clave de la vida comunitaria.
Se subraya de nuevo la presencia de las tribus que estaban radicadas en la parte oriental del Jordán, en un acto de responsabilidad y cumplimiento de una promesa que habían hecho a Moisés con anterioridad. Este gesto de solidaridad se hace inolvidable en el relato del paso a la tierra prometida. Al final del libro Josué despide a estas tribus, y sus líderes van a erigir un altar con el fin de recordar a la posteridad que ellos hacen parte del pueblo que se estableció al otro lado del Jordán. Su propósito era el de indicar la fuerza del sentimiento que los unía al resto del pueblo. Este gesto incluso les traerá dificultades porque sus hermanos no interpretaron el levantamiento de ese altar de la misma manera sino como una abominación a Dios.
La estadística, o sea, el elemento numérico, no está ausente; era importante para el historiador dejar constancia de la capacidad guerrera del pueblo. Israel contaba con 40.000 soldados “listos para la guerra” y dirigidos hacia Jericó que en este tiempo era rodeada por palmeras en la llanura que la circundaba.
Después del cruce, Jehová engrandece a Josué
El cruce se ha completado, y Jehová engrandece a Josué. El pueblo le reconoce autoridad, y realmente el comportamiento del pueblo, los sacerdotes y los representantes de las tribus durante el cruce reforzaba el reconocimiento que el Señor le dio a Josué en esta ocasión. Así la autoridad de Josué es ratificada y se le compara con el mayor punto de referencia que la historia de Israel tendría desde entonces, Moisés, el que los había dirigido durante el éxodo. Al cabo, la entrada a Canaán era tan importante como la salida de Egipto; llegar a esta meta constituía una victoria histórica, y Josué tuvo el privilegio de orientar al pueblo en esta lid.
