El paso final de los sacerdotes completa el milagro porque las aguas volvieron a ocupar su cauce normal y desbordando sus orillas como era costumbre en esta época del año. La vuelta del curso normal del río ocurre inmediatamente cuando los pies de los sacerdotes tocaron tierra seca, garantizando de esta manera que todos estaban a salvo. También simbolizaba la manera como se tomaba posesión de la tierra en la antigüedad, tocando con los pies el lugar que se quería poseer.
La fecha precisa del evento histórico para ser conmemorado fue en el mes de Nisán (marzoabril), cuatro días antes de la celebración de la Pascua. Era el mismo tiempo que se requería para apartar el cordero pascual; la entrada a la tierra prometida sería en día festivo, uniendo de esta manera dos eventos significativos para todo israelita a través de su historia. Las alusiones a la cosecha y a desbordes del río tienden a confirmar que se refiere a la época de marzoabril. Pero el mes de este período solo llegó a catalogarse como el “primero” con el sistema calendario de los neobabilonios, cerca de 600 a. de J.C. Antes, este mes se llamaba Abib y fue considerado el séptimo mes del año. Esto lleva a algunos comentaristas a datar la redacción de este versículo cerca de 605 a. de J.C., o más tarde.
El lugar donde se colocaron las piedras se le llamó “Gilgal” (5:9; gilgal), y allí se estableció la base de operaciones para la toma de Jericó. Gilgal significa “rodar” o “quitar”. Su significado indica al parecer que allí existía un círculo de piedras, que algunos comentaristas relacionan con cultos a otros dioses, si es que se refiere al mismo Gilgal. La significación del nombre aquí no está del todo clara.
La colocación de las piedras en este lugar ayudaría no sólo a los jóvenes hebreos a recordar la maravillosa obra de Jehová, sino que seguro amedrentaría a los habitantes de la región acerca del Dios que guiaba a los hebreos, causando probablemente más temor y pánico del que ya se escuchaba por aquella región.
Josué era uno de los dos sobrevivientes a la generación del desierto y por ello podía hablar de “delante de nosotros”. Mostraba así que su experiencia con Dios no estaba fundada solo en el milagro recién visto, sino que tenía una trayectoria que comenzaba en el desierto y cuando apenas estaban cruzando el mar Rojo. Este monumento simbolizaba no solo la acción divina en el presente sino una evidencia de la fidelidad de Dios a su pueblo que lo había rescatado de la esclavitud en Egipto. En realidad lo había acompañado hasta cumplir las promesas hechas al pueblo desde que lo escogió para ir a una tierra nueva.
Esta sección finaliza con el impacto esperado en los enemigos que habrían de enfrentar. Los reyes de los amorreos eran los habitantes de la zona montañosa, y los reyes de los cananeos eran los de la costa marítima de Galilea. Son los reyes los que temen, y es a ellos a quienes se quería impactar anímicamente. Eran los reyes que estaban sustentados por el sistema de tributación de las ciudades; ellos miraban con razón la amenaza que representaban las tribus de Jehová. Pensarían: “él es el único Dios que gobierna directamente a su pueblo y lo lleva de la mano hasta alcanzar una tierra que sirva para su sustento cotidiano. Este Dios que actúa de manera portentosa no hará menos cuando los hebreos se acerquen a las ciudades”. De ahí el temor y el pánico que comienza a cundir en los reyes. El desfallecimiento de su corazón de parte de los reyes contrasta con el entusiasmo de los hebreos que ahora están listos para llevar a cabo con tranquilidad su culto de preparación para la toma de la tierra prometida.
