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Josué 5: Circuncisión de los hijos de Israel

Jos 5:1 Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel.

Hasta que hubieron pasado : En algunas traducciones, el uso de la primera persona del plural, «hasta que hubimos», constituye una evidencia adicional de que Josué fue el autor de esta parte del libro. Desfalleció su corazón : Dios cumplió la promesa

Los amorreos y cananeos eran los dos grupos principales que vivían en Canaán al momento de la invasión de Israel. Los cananeos adoraban numerosos dioses, pero Baal era su predilecto. La cultura cananea era materialista y su religión, sensual. Los israelitas continuamente se estuvieron volviendo a Baal después de entrar en Canaán. Los dioses de los amorreos también corrompieron la adoración de Israel y distrajeron a la gente de su adoración al Dios verdadero. La adoración de estos dioses falsos con el tiempo dio como resultado la caída de Israel.

Los israelitas pasaron innecesariamente treinta y nueve años en el desierto porque les tenían pavor a los cananeos. Subestimaron el poder de Dios. Su primer intento de entrar en la tierra prometida había fallado. Israel vio que los cananeos estaban aterrorizados de su ejército. Habían oído de las grandes victorias de Israel por medio de su Dios. Su última esperanza consistía en que el Jordán retrasara el paso de Israel o les quitara el ánimo de entrar a la tierra. Pero la noticia de que los israelitas habían pasado el Jordán en seco eliminó cualquier vestigio de valor que todavía les quedaba a los cananeos.

No subestime el poder de Dios. Si somos fieles a Dios, El puede ahuyentar cualquier gran oposición. Puede cambiar las actitudes de los que se oponen a El.

El hagiógrafo empieza con una noticia sobre el pánico que se apoderó de los cananeos y de los amorreos al enterarse del milagro que había obrado Yahvé. Para el autor sagrado y para los enemigos de Israel es Yahvé quien mueve todos los resortes y determina los hechos que deben conducir a los israelitas al corazón de Palestina. La noticia del paso del Jordán corrió como reguero de pólvora por todo el territorio; sus habitantes temieron una invasión inminente de los israelitas.

Jos 5:2 En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel.

Jos 5:3 Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot.

El rito de la circuncisión señalaba a Israel como el pueblo del pacto de Dios. Cuando Dios pactó con Abraham, exigió que todos los varones fueran circuncidados como señal de que ponían fin a la vida antigua y comenzaban una nueva vida con Dios. Otras culturas en este tiempo utilizaban la circuncisión como señal de comienzo de la adultez, pero sólo Israel lo usaba como señal de seguir a Dios. Un hombre solo puede ser circuncidado una vez. Volver a circuncidar «la segunda vez» aquí se refiere a circuncidar a los muchos jóvenes que aún no habían sido circuncidados.

Jos 5:4 Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto.

Jos 5:5 Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado.

Jos 5:6 Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel.

Jos 5:7 A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.

Jos 5:8 Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron.

La circuncisión fue establecida como una señal del pacto entre Dios y Abraham. Su práctica, sin embargo, había estado en suspenso durante 40 años, probablemente como una manifestación de apatía y desobediencia a la ley. El cortar el prepucio tenía el propósito de marcar al individuo e identificarlo como parte del pueblo del pacto. Este signo externo carecía, sin embargo, de significado si no iba acompañado por el propósito interior de alejarse de las obras de la carne; en otras palabras, por la «circuncisión del corazón»

Jos 5:9 Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.

Aunque no está claro por qué la circuncisión estaba asociada con el oprobio de Egipto , lo que sí está claro es que ella cortaba todos los lazos que ataban al pueblo a la servidumbre egipcia. El yugo había sido completamente quitado.

Localizado a unos tres kilómetros de Jericó, Gilgal fue el campamento permanente de Israel y el centro temporal de gobierno y adoración durante su conquista de Canaán. Aquí el pueblo renovó su compromiso y pacto con Dios antes de intentar conquistar la nueva tierra. En Gilgal el ángel comandante del ejército de Dios se le apareció a Josué con instrucciones adicionales para la batalla y ánimo para la conquista. Después de la conquista, Gilgal continuó siendo un sitio importante en Israel. Fue allí donde coronaron al primer rey de Israel, Saúl.

No era éste un rito propio de los hebreos, sino que se practicaba en el antiguo Egipto, en Fenicia y, probablemente, en Canaán. La operación debía ejecutarse con cuchillos de piedra, como lo hizo Séfora con su hijo. La circuncisión tenía en Israel un carácter marcadamente religioso, siendo el signo distintivo de la alianza de Dios con Abraham y de la pertenencia a la comunidad religiosa de Israel. Según el texto griego, gran parte del pueblo judío había descuidado la práctica de la circuncisión durante su permanencia en Egipto; pero, según el texto hebraico, el abandono de esta práctica empezó durante los años de peregrinación por el desierto. El autor sagrado no considera, al parecer, como culpa grave esta negligencia, que recaía sobre los dirigentes de la comunidad judaica. ¿Quiere con ello atenuar la culpabilidad de Moisés? ¿No fue acaso ésta una de las razones por las cuales se le denegó la entrada en la Tierra de Promisión ?

A primera vista choca que Josué pensara en la circuncisión de todos los varones del pueblo inmediatamente después de haber pasado el Jordán, cuando era de temer un ataque por sorpresa de los habitantes del país. Sabido es que la circuncisión es una operación dolorosa que va acompañada de un estado febril que llega a su punto álgido al tercer día. Josué impuso la obligación de circuncidar el prepucio de los varones con el fin de preparar la celebración de la Pascua, o para recordar que la circuncisión era el signo de la alianza. Con la circuncisión se quitó la dependencia de Egipto, por haber dejado de ser esclavos de los egipcios para convertirse en servidores de Yahvé y propiedad suya.

Jos 5:10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.

El pueblo demostraba que creía y obedecía a Dios celebrando la Pascua, ocasión en la cual recordaban que heredarían la tierra prometida, sólo por medio de la fe en la sangre del cordero.

Esta Pascua gozosa fue la primera celebrada en la tierra prometida y sólo la tercera celebrada por Israel desde el éxodo de Egipto. La última vez había sido treinta y nueve años antes, al pie del monte Sinaí. Esta celebración hizo que Israel recordara los grandes milagros que hizo Dios al sacarlos de Egipto. Allí tuvieron que comer con temor y prisa. Ahora comían en celebración de las bendiciones y promesas de Dios.

Jos 5:11 Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas.

Jos 5:12 Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.

El maná cesó : El maná maravilloso fue provisto 6 días a la semana durante cuarenta años. Tras la entrada a la tierra prometida, la promesa de provisión divina tomaría una nueva forma. Mientras Dios se mantenía como el proveedor, el pueblo asumiría la responsabilidad de labrar la tierra y alimentarse de ella.

Dios había provisto maná de manera milagrosa a los israelitas hambrientos durante sus cuarenta años en el desierto. En la generosa tierra prometida ya no necesitaban esa provisión diaria de alimentos porque la tierra estaba lista para la siembra y la siega. Dios les había dado alimentos milagrosamente mientras estaban en el desierto. En Canaán les dio alimentos de la misma tierra. La oración no es una alternativa a la preparación, y la fe no reemplaza el trabajo arduo. Dios puede y hace provisión milagrosa para su pueblo cuando se necesita, pero también espera que este utilice los talentos y recursos que El les ha dado para autoabastecerse. Si sus oraciones no han sido contestadas, tal vez lo que usted necesita está a su alcance. Ore, entonces, y pida sabiduría para ver lo que está a su alcance y energía y motivación para tomarlo.

Era la segunda vez que los judíos salidos de Egipto celebraban solemnemente la Pascua. El pan ácimo y el trigo tostado que comió el pueblo el día de la Pascua podían ser en parte productos de la tierra de Canaán. Al día siguiente cesó el maná.

Jos 5:13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

Jos 5:14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

Jos 5:15 Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.

Este excepcional encuentro con el cielo precedió al papel desempeñado por Jacob en Jericó: descubrió que había un jefe, más poderoso que él, quien estaba listo para guiar al pueblo a la conquista de la tierra prometida. (Véase la introducción a Josué: «Cristo revelado».) Quita el calzado de tus pies : Esta era una señal de humildad y respeto.

Este fue un ángel de rango superior, Príncipe del ejército de Jehová. Algunos dicen que fue una aparición de Dios en forma humana. Como señal de respeto, Josué se quitó el calzado. Aunque Josué era el líder de Israel, todavía estaba sometido a Dios, el Líder absoluto. El temor reverente y el respeto son reacciones propias ante un Dios santo. ¿Cómo podemos demostrar respeto hacia Dios? Con nuestras actitudes y acciones. Debemos reconocer el poder, la autoridad y el amor profundo de Dios. Nuestras acciones deben demostrar nuestras actitudes delante de los demás. El respeto a Dios es tan importante hoy como lo fue en los tiempos de Josué, aunque ahora no se acostumbre a quitarse uno el zapato para demostrarlo.

Parece que este episodio está desplazado de su lugar primitivo. La actitud del príncipe del ejército de Yahvé que aparece con una espada desenvainada en su mano es de amenaza, no especificando el texto el motivo que la provocó. Supone Dhorme que el paso de un río requiere la autorización de la potencia celestial que guarda el acceso del territorio situado al otro lado. Por de pronto, la aparición obedecía a consignas más graves y trascendentales que a la de intimar a Josué a que se quitara el calzado. Lo más probable es que el personaje misterioso quiso urgir el rito de la circuncisión, que se había descuidado en el desierto. Se dice que Yahvé salió al encuentro de Moisés, queriéndole matar. Séfora aplacó su ira circuncidando a su hijo. Con la narración de este episodio, sin terminar, sin duda, se destaca la relevante personalidad de Josué, que por su reverencia y humildad puede parangonarse con Abrahám y Moisés. Todo en el contexto invita a reconocer en el jefe de los ejércitos de Yahvé a un ser sobrenatural, a un ángel de Yahvé que debía convertirse en guía de los israelitas en la penetración y conquista de Canaán.

Ceremonias en Gilgal

Estas ceremonias reinauguran el proceso histórico del pueblo de Dios. La idea es que con el milagroso cruce del río Jordán los hebreos retoman el proyecto divino. Por esa razón tienen lugar aquí los ritos sagrados que sirven de renovación del pacto con Jehová, interrumpido por la desobediencia de la primera generación.

El acto de la circuncisión de los hijos de Israel tiene un sentido teológico en este pasaje. Su interés radica en mostrar que ante lo inminente de la toma de Jericó la preparación más importante radicaba no en la afinación de la destreza militar, sino en la reanudación del pacto. En el fondo esta es la razón principal por la cual el pueblo llega a poseer esta tierra.

El “de nuevo” no significa que se repita el mismo acto con los varones del pueblo, sino que es la segunda ocasión especial en que se iba a realizar una circuncisión general. Al parecer fue realizada con anterioridad a la celebración de la Pascua, y el rito llegó a ser considerado como requisito para los que participarían de la Pascua.

Según el texto la Pascua no se había vuelto a celebrar, por la desobediencia del pueblo en el desierto manifestada en incredulidad. Para el autor del libro de Josué es un hecho que esa generación por su rebeldía había interrumpido parcialmente la experiencia del pacto, es decir, en la vida del pueblo, pues Jehová se mantuvo siempre fiel. De ahí que en este libro se enfatice un nuevo comienzo, una nueva etapa en la vida e historia de Israel que implicaba una ruptura con la herencia de la generación perdida en el desierto. Es como la ruptura de un huevo. Este no se rompe dos veces sin que ya se haya derramado su contenido. Es necesario tener uno nuevo para comenzar de nuevo. Hay daños irreparables y eso es lo que el autor considera que sucedió a esta generación del desierto. El acto de la circuncisión, que se lleva a cabo en este lugar del peregrinaje, compromete a los «hijos de aquellos» con la nueva empresa, que implica la iniciación de una nueva etapa en la historia de este pueblo. Esto marcaría una huella no sólo física sino espiritual, pues ahora tenían el mismo privilegio y la gran responsabilidad que tuvieron sus padres cuando recién salieron de Egipto. Aspiran obtener una tierra que fluye leche y miel, donde hay abundancia de lluvias que permiten la fertilidad.

Esta renovación del pacto hace que el pueblo no tenga la afrenta de las burlas con que los egipcios se gozaron cuando andaban los israelitas errabundos en el desierto. De esta manera confirma la nueva etapa que está para comenzar.

Es importante subrayar que aun en medio de la ausencia de estos ritos en el desierto, Jehová se había manifestado de maneras portentosas al pueblo. De modo que los ritos no constituyeron un prerequisito para la acción amorosa de Dios. él siempre permaneció fiel. Su fidelidad es incondicional, su acción es libre y soberana.

La razón de estos ritos tiene más una orientación pedagógica antes que un sentido sacramental. Por medio de la práctica de ellos, el pueblo siempre recuerda, aprende, reconoce y se afirma en su fe. Estas prácticas dan identidad, ofrecen claridad respecto al objeto de su fe y amplían el espectro de la aprehensión del Dios que se revela en todas las dimensiones de la cotidianidad, en lo público y en lo privado. En lo más íntimo y puro podía existir una huella que recordaría a los guerreros quién era el Señor de los Ejércitos.

En todo este proceso de entrada a la tierra prometida, hay, por parte de Jehová, una sacralización de personas, eventos y lugares. Gilgal quedaba como a unos tres kilómetros de Jericó y llegó a ser el primer lugar de la tierra prometida en ser declarado santo.

La celebración de la Pascua inaugura una nueva etapa de Israel en Canaán como lo hizo en Egipto. Además, se debe destacar un detalle que conlleva el significado del cambio. El texto dice: “…comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y espigas de tostadas. Y el maná cesó…”. De esta forma el pueblo pasó de la habitual comida que Jehová había provisto durante el peregrinaje a la comida fruto de la tierra. Esto constituía su establecimiento en la tierra que habrían de labrar y que les daría la posibilidad de sobrevivir.

Esta historia no deja pasar la oportunidad para enriquecerse con detalles. Deja enseñanza sobre el paso de lo provisional a lo permanente, del pasado al futuro, de lo que Dios puede suplir durante las emergencias a lo que Dios puede facilitar para el desarrollo de nuestras capacidades.

El fenómeno (de dejar de recibir maná y de comenzar a comer del fruto de la tierra) implica otro cambio, uno cualitativo en la vida de Israel: La nación pasa del seminomadismo al sedentarismo con implicaciones positivas en cuanto a su estabilidad. Es una oportunidad para comenzar a madurar como pueblo. Hay momentos semejantes que experimentamos en nuestra vida; y aunque pueden ser difíciles, son, sin duda, benéficos a mediano plazo para el desarrollo personal.

La posesión de la tierra prometida no tiene razones exclusivamente económicas, sino que implica la creación de un nuevo pueblo, distinto al que estaba en Egipto, un alternativo en el sentido de que otros pueblos vean en él la creación de una nueva humanidad.

Hay un propósito en todo este proceso del cual quizá no todos eran conscientes. Es el de mostrar un pueblo que se va uniendo alrededor de Jehová. Es una unidad que parte de la diversidad de las tri bus y de la diversidad de intereses, como por ejemplo, las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés quienes ya tenían resuelto su problema de tierra. Sin embargo, no abandonan la unidad cultual y espiritual alrededor de Jehová. La unidad del pueblo no fue algo fácil, ni la posesión de la tierra algo automático. Todo tuvo su preparación, su desarrollo progresivo y pedagógico. Aun así la historia posterior muestra que el pueblo de Jehová no siempre mantenía la unidad que tanto se anhelaba. Estos versículos que narran la realización de ritos previos a la posesión de tierras pueden ser comprendidos en un contexto más amplio, que sobrepasa al del libro de Josué (libro que constituye solo una parte de la historia de Israel). Lo que se está narrando en este libro es la historia del nacimiento de una nación a partir de varias tribus seminómadas reunidas alrededor de Jehová, un Dios que optó por revelarse a un pueblo pequeño para que fuese conocido de esta forma por todas las naciones.

Primeras conquistas

A partir de este momento comienzan las campañas de toma de la tierra prometida.

La crítica histórica ha propuesto la necesaria comparación del libro de Josué, por el relato de la conquista, con el libro de los Jueces donde la conquista aparece como pendiente para varias tribus. Se habla de una contradicción entre los dos relatos de la llegada de Israel a Canaán y de contradicciones internas en el mismo libro de Josué, porque incluye en la conquista territorios que no fueron alcanzados en ese período y porque plantea una serie de campañas continuas que dieron como resultado la conquista unitaria de Canaán. Esto contrasta con el libro de los Jueces donde encontramos a las tribus más o menos independientes y buscando la ayuda de las vecinas para poseer algunas ciudades.

Una explicación, que se puede acoger para este problema, es que no debe sorprendernos que un acto salvífico tan importante como la entrada a la tierra prometida haya sido objeto de atención tan diversa por parte de Israel en diferentes momentos de su historia. No faltaron las ocasiones como las crisis, el exilio, las destrucciones, las divisiones y otras circunstancias que permitieron y provocaron el recordar y el volver a reflexionar sobre los comienzos de la historia de la nación en Canaán.

Aunque no aparezca lógica la exposición de la llegada a Canaán, se debe tener en cuenta que el historiador bíblico no hace su labor en los términos en que esta disciplina trabaja en la actualidad, sino que escribe desde la fe y para la fe. Los acontecimientos no son presentados fríamente sino desde adentro de los mismos acontecimientos para mostrar cómo los percibió la fe de Israel y para alimentar esa misma fe. Gerhard von Rad dice: “Cuando Israel hablaba de la entrega de Canaán no lo hacía recordando un pasado glorioso; se trataba más bien de una profesión de fe en Yahvéh que cada época debía formular a su manera” (Teología del Antiguo Testamento, vol. 1, p. 377). Esta opinión no implica que el libro de Josué sea un conjunto de leyendas o inventos arbitrarios de la entrada a Canaán como con frecuencia la crítica histórica en pro de la cientificidad ha concluido, pero permite afianzar la idea de que el libro de Josué antes que cualquier otra cosa es un libro de fe.

Siguiendo este tono podemos escudriñar el mensaje y el sentido de la entrada a Canaán que nos ofrece el libro de Josué a partir de los capítulos venideros.

Aparición del ángel de Jehová

El personaje que sale al encuentro de Josué se presenta como “Jefe del Ejército de Jehová”, lo cual descarta el pensamiento implícito de Josué en la pregunta: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”. Josué veía esta confrontación en términos de dos ejércitos que van a combatir de igual a igual.

Los preparativos para la guerra parecen crear una tensión que de manera normal pueden distraer la atención de los ritos sagrados que se habían llevado a cabo; esto puede haber sucedido a Josué quien mira con asombro la aparición.

No obstante, el personaje está armado y por eso es evidente que está en plan de combate. En dicho combate no encuentran solo poderes humanos sino al ejército de Jehová que actúa con las huestes celestiales y las leyes de la naturaleza. Recuérdese que ya ha puesto a su servicio las leyes de la naturaleza como se hizo evidente en el paso del Jordán y el ejército de las tribus.

La instrucción que da el “hombre”; ish ) a Josué es que se quite las sandalias porque el lugar que pisa es santo; qodesh). Lo que dice es similar a la instrucción que se dio a Moisés, recordando que lo que se está obteniendo no es otra cosa que una tierra santificada por la presencia y la acción redentora de Jehová.

En síntesis este evento es una afirmación que Jehová hace a Josué de que él será la salvación para el pueblo en los próximos días, que no estará sólo y que los medios y las formas que va a utilizar en la toma de las tierras no pueden ser previstos milimétricamente por seres humanos.

Es importante subrayar cómo la obra de Jehová no excluye en manera alguna la participación de los seres humanos para la realización de los planes y la voluntad divinos. Sin embargo, la tendencia permanente en los seres humanos es la distracción por las ocupaciones y las actividades que efectivamente se deben hacer para alcanzar las metas y los anhelos que se desean. Sumergirse en este activismo puede provocar la confusión. Incluso produce el desánimo que en algunas ocasiones puede llevar a pensar que nuestros esfuerzos son la única fuerza con que contamos para alcanzar las metas propuestas. Dios actúa con frecuencia de diversas maneras para recordarnos que no estamos solos, que al fin y al cabo este es un asunto también de él. él actuará por la fidelidad que tiene al pacto hecho con nosotros.

Estas acciones refrescan, alientan y renuevan las fuerzas que hemos dispuesto para nuestros proyectos. Esa es la connotación que pudo tener en la vida de Josué esa renovación del compromiso que Jehová tenía con este pueblo.

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