Una explicación, que se puede acoger para este problema, es que no debe sorprendernos que un acto salvífico tan importante como la entrada a la tierra prometida haya sido objeto de atención tan diversa por parte de Israel en diferentes momentos de su historia. No faltaron las ocasiones como las crisis, el exilio, las destrucciones, las divisiones y otras circunstancias que permitieron y provocaron el recordar y el volver a reflexionar sobre los comienzos de la historia de la nación en Canaán.
Aunque no aparezca lógica la exposición de la llegada a Canaán, se debe tener en cuenta que el historiador bíblico no hace su labor en los términos en que esta disciplina trabaja en la actualidad, sino que escribe desde la fe y para la fe. Los acontecimientos no son presentados fríamente sino desde adentro de los mismos acontecimientos para mostrar cómo los percibió la fe de Israel y para alimentar esa misma fe. Gerhard von Rad dice: “Cuando Israel hablaba de la entrega de Canaán no lo hacía recordando un pasado glorioso; se trataba más bien de una profesión de fe en Yahvéh que cada época debía formular a su manera” (Teología del Antiguo Testamento, vol. 1, p. 377). Esta opinión no implica que el libro de Josué sea un conjunto de leyendas o inventos arbitrarios de la entrada a Canaán como con frecuencia la crítica histórica en pro de la cientificidad ha concluido, pero permite afianzar la idea de que el libro de Josué antes que cualquier otra cosa es un libro de fe.
Siguiendo este tono podemos escudriñar el mensaje y el sentido de la entrada a Canaán que nos ofrece el libro de Josué a partir de los capítulos venideros.
Aparición del ángel de Jehová
El personaje que sale al encuentro de Josué se presenta como “Jefe del Ejército de Jehová”, lo cual descarta el pensamiento implícito de Josué en la pregunta: “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”. Josué veía esta confrontación en términos de dos ejércitos que van a combatir de igual a igual.
Los preparativos para la guerra parecen crear una tensión que de manera normal pueden distraer la atención de los ritos sagrados que se habían llevado a cabo; esto puede haber sucedido a Josué quien mira con asombro la aparición.
No obstante, el personaje está armado y por eso es evidente que está en plan de combate. En dicho combate no encuentran solo poderes humanos sino al ejército de Jehová que actúa con las huestes celestiales y las leyes de la naturaleza. Recuérdese que ya ha puesto a su servicio las leyes de la naturaleza como se hizo evidente en el paso del Jordán y el ejército de las tribus.
La instrucción que da el “hombre”; ish ) a Josué es que se quite las sandalias porque el lugar que pisa es santo; qodesh). Lo que dice es similar a la instrucción que se dio a Moisés, recordando que lo que se está obteniendo no es otra cosa que una tierra santificada por la presencia y la acción redentora de Jehová.
En síntesis este evento es una afirmación que Jehová hace a Josué de que él será la salvación para el pueblo en los próximos días, que no estará sólo y que los medios y las formas que va a utilizar en la toma de las tierras no pueden ser previstos milimétricamente por seres humanos.
Es importante subrayar cómo la obra de Jehová no excluye en manera alguna la participación de los seres humanos para la realización de los planes y la voluntad divinos. Sin embargo, la tendencia permanente en los seres humanos es la distracción por las ocupaciones y las actividades que efectivamente se deben hacer para alcanzar las metas y los anhelos que se desean. Sumergirse en este activismo puede provocar la confusión. Incluso produce el desánimo que en algunas ocasiones puede llevar a pensar que nuestros esfuerzos son la única fuerza con que contamos para alcanzar las metas propuestas. Dios actúa con frecuencia de diversas maneras para recordarnos que no estamos solos, que al fin y al cabo este es un asunto también de él. él actuará por la fidelidad que tiene al pacto hecho con nosotros.
Estas acciones refrescan, alientan y renuevan las fuerzas que hemos dispuesto para nuestros proyectos. Esa es la connotación que pudo tener en la vida de Josué esa renovación del compromiso que Jehová tenía con este pueblo.
