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Lucas 9: Los emisarios del Rey

Lucas 9:46-50

Estos versículos contienen admoniciones muy importantes, respecto de dos males muy comunes en la iglesia de Cristo. El que las hizo sabía bien lo que pasa en el corazón del hombre. ¡Bueno sido que la iglesia de Cristo hubiera dado más atención á las palabras de su Fundador! En primer lugar, el Señor nos previene contra el orgullo y la presunción. Se nos dice que «entraron en disputa (los discípulos) cuál de ellos seria el mayor.» Extraordinario como puede parecer, pequeña junta de pescadores y publícanos no estaba exenta del egoísmo y de la ambición. Llenos de la falsa idea de que el reino de nuestro Señor había de venir inmediatamente, estaban prontos á disputar acerca del lugar y de la posición que en él ocuparían. Cada uno creía que su petición era la más justa. Cada uno creía que sus propios merecimientos y sus propias prerrogativas no podían dudarse. Cada uno creía que cualquiera que fuese el puesto que se asignase á sus hermanos, el principal debía asignársele á él. Y todo esto acontecía cuando estaban en compañía del mismo Cristo, y bajo la luz meridiana de Su enseñanza. ¡Tal es el corazón del hombre! Hay algo sumamente instructivo en este hecho. Debe penetrar profundamente en el corazón de todo lector cristiano. De todos los pecados no hay ninguno contra el cual tenemos tanta necesidad de vigilar y orar, como el del orgullo. Es «pestilencia que anda oscuridad y mortandad que destruye al mediodía.» Ningún pecado está tan profundamente arraigado en nuestro corazón, y sus raíces nunca se secan completamente: en cualquiera oportunidad reviven y muestran un vigor pernicioso. Ningún pecado es tan engañoso y falaz: á veces se reviste del traje de la misma humildad. Puede albergarse en el corazón del ignorante, del destituido de talento, y del pobre, lo mismo que en el pecho del grande, del erudito y del rico. Es un dicho harto extraño y familiar, pero también muy verdadero, que ningún papa ha recibido jamás tantos honores como el papa que se denomina el «Yo.» Que una de nuestras súplicas diarias sea que Dios nos conceda humildad y sencillez infantil. De todas las criaturas ninguna tiene poca razón para tener orgullo como el hombre, y de todos los hombres ninguno debe ser tan humilde como el cristiano. ¿Confesamos ser «miserables pecadores,» deudores de gracia y misericordia cada día? ¿Somos discípulos de Jesús, que «era manso y humilde de corazón,» y «se despojó á sí mismo» por amor nuestro? Entonces que nos anime el mismo espíritu que animó á Cristo Jesús. Desechemos todo pensamiento altivo y toda presunción. En humildad de corazón, estimemos á los demás más que á nosotros mismos.

Estemos dispuestos, en todas ocasiones, á ocupar el lugar mas humilde, y hagamos que las palabras de nuestro Señor resuenen continuamente en nuestros oídos: «El que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.

Nuestro Señor Jesucristo nos previene, en segundo lugar, contra el fanatismo y la preocupación. En este, lo mismo que en los versículos precedentes, provoca la admonición la conducta de sus discípulos. Juan le dijo: «Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo vedamos porque no te sigue con nosotros.» Quién era este hombre, y porqué no se asociaba con los discípulos, lo ignoramos; pero sí sabemos quo estaba haciendo una obra buena en lanzar los demonios, y que lo hacia en el nombre de Cristo. Y sin embargo Juan dice: « Se lo vedamos.» Muy notable es la respuesta que al instante le dio nuestro Señor: «No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es..

La conducta de Juan y de los otros discípulos en esta ocasión es una prueba de la identidad de la naturaleza humana en todos los siglos. Millares de hombres, en todos los períodos de la historia de la iglesia, han pasado su vida imitando á Juan. Se han empeñado en impedir que haga cosa alguna por la causa de Dios al que no obre ó piense como ellos; se han imaginado, en su ruin vanidad, que ninguno puede ser soldado de Cristo, á menos que vista el uniforme de ellos y lidie bajo el mismo estandarte; y señalando con el dedo, han gritado á todo cristiano que no ve todo del mismo color que ellos lo ven: ¡Vedádselo! ¡Vedádselo! porque no nos sigue..

La solemne observación que hizo nuestro Señor Jesucristo exige nuestra atención especial él no emitió su opinión concerniente á la conducta del hombre de quien Juan habló. Ni lo alabó ni lo censuró por obrar de un modo independiente, y por no trabajar con Sus discípulos. Solo dijo que no debía prohibírsele, y que los que emprendiesen la misma obra que ellos habían emprendido debían ser mirados como aliados no como enemigos. «El que no es contra nosotros por nosotros es..

El principio establecido en este pasaje es de grande importancia. Comprenderlo bien nos será útil en la época presente. Las divisiones y las diferencias de opinión que existen entre los cristianos son, sin duda, muy grandes. Los cismas y las disidencias que continuamente están acaeciendo respecto del gobierno de la iglesia, los modos de celebrar el culto, causan mucha zozobra á las conciencias timoratas. ¿Aprobaremos esas divisiones? No podemos hacerlo. La unión es la fuerza. La desunión de los cristianos es causa de que el progreso del Cristianismo sea tan lento, ¿Denunciaremos y expondremos á la reprobación pública á todos los que no convienen en obrar de acuerdo con nosotros, ó en oponerse á Satanás á nuestro modo? Es inútil el hacerlo. Las palabras injuriosas jamás han creado la unanimidad. Nunca se ha dado la unión por medio de la fuerza. Entonces ¿qué debemos hacer? Debemos dejar en paz á los que no están de acuerdo con otros, y aguardar tranquilamente hasta el día en que Dios juzgue conveniente reconciliarnos. Sea lo que fuere que pensemos de nuestros desacuerdos, no debemos olvidar las palabras de nuestro Señor: «No se lo vedéis..

La verdad es, que todos estamos demasiado inclinados á decir: nosotros somos el pueblo y con nosotros morirá la sabiduría.» Job_12:2. Olvidamos que ninguna iglesia en la tierra tiene monopolio absoluto de toda la sabiduría, y que muchas personas pueden acertar en lo esencial, sin convenir con nosotros.

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