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Malaquías 2: Resultados de la desobediencia

Resultados de la desobediencia

Advertencia (mitsvah) es la traducción preferible aquí, aunque normalmente la palabra se traduce “mandamiento”. Aquí no hay exactamente un “mandamiento” sino una advertencia donde a continuación se indican las consecuencias de la desobediencia de los sacerdotes.

También, aquí se nos enseña que la indiferencia y la burla al nombre de Dios no son la manera de responder en momentos de crisis. Solo los espíritus inferiores responden con miseria a la miseria de su tiempo. Los “mensajeros de Dios”, en cambio, responden con reverencia, humildad y lucha por la vida, la paz, la justicia y la verdad.

La expresión mi pacto con Leví no aparece en otra parte del AT. Esta expresión, única de Malaquías, parece ser una manera disimulada de referirse al mismo profeta Malaquías. Entre todos los sacerdotes que servían a la comunidad judía, Malaquías era el único que honraba el compromiso de sus antepasados con Dios. Por eso solamente él podría adjudicarse el título “Mi mensajero”.

En medio de esta advertencia, los versículos 4-7 contienen quizá la expresión más feliz del AT sobre el sacerdocio. En este pasaje se define la vocación sacerdotal como compromiso de “vida” (jei), de “paz” (shalom) y de “justicia” (mishor); como un llamado de servicio y de reverencia a Dios; como un ministerio de enseñanza y proclamación de la verdad; y como una fuente de sabiduría divina. Cabe señalar que la representación del ministerio ideal incluye:

(1) el temor del Señor

(2) una correcta enseñanza de la Palabra de Dios

(3) un obediente andar con Dios, donde el ministro practica la verdad que enseña y una labor pastoral efectiva con otros recuperándolos de las garras del pecado y haciéndolos volver a Dios mediante la exhortación y el ejemplo.

Aplicación a la vida

El ministerio que integra la opción por la “vida, la paz y la justicia” varía de acuerdo con las circunstancias históricas y sociales. Pero no sacrifica esos principios ni los tres puntos importantes del bosquejo homilético. El libro Justicia para todos (Buenos Aires: Nueva Creación, 1988), de John Perkins, nos habla de un tipo de liderazgo cristiano contemporáneo digno de considerarse como ejemplo. Veamos los siguientes principios:

Al volver a vivir entre nuestra gente, sus necesidades se convirtieron en nuestras necesidades. Entonces, las necesidades compartidas fueron el punto de partida para nuestro ministerio.

En primer lugar, nuestras necesidades abrieron la puerta para el ministerio al permitir que las personas nos aceptaran como parte de ellos. Una vez que superaron su incomodidad, pudimos servir a aquellas personas en los campos de algodón. Sabían que en verdad comprendíamos sus problemas, sus necesidades y sus sentimientos porque teníamos los mismos problemas, necesidades y sentimientos…

En segundo lugar, nuestras necesidades abrieron las puertas a nuestro ministerio al ponernos en una posición en la que podíamos recibir. Aun en el área de los alimentos, sus necesidades se convirtieron en las nuestras. La gente nos daba leche, huevos, nueces y almíbar. Criaban cerdos o vacas para nosotros… Aprendimos que hacer nuestras las necesidades de los pobres no significaba que nuestras necesidades no fueran satisfechas. Dios siempre proveyó… Y de este recibir de otros a la vez de compartir con ellos creció un fuerte sentido de interdependencia y comunidad.

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