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Marcos 16: La comisión de la Iglesia

Cuando pasó el sábado, María de Magdala y María la madre de Santiago y Salomé compraron especias para ir a ungir el cuerpo de Jesús. Muy de madrugada el primer día de la semana, cuando estaba saliendo el sol, se dirigieron a la tumba. Iban diciéndose entre sí:

¿Quién nos rodará la piedra de la puerta de la tumba?

Pero cuando levantaron la vista vieron que la piedra ya estaba quitada, aunque era muy grande. Y entraron en la tumba, y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca larga. Se quedaron totalmente alucinadas; pero él les dijo:

No os sorprendáis. ¿Estáis buscando a Jesús de Nazaret, Que fue crucificado? ¡Ha resucitado! ¡No está aquí! ¡Fijaos! Allí está el lugar en el que Le pusieron: Pero, id a decirles a Sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea, y allí Le veréis, como os dijo.

Y ellas salieron huyendo de la tumba, sobrecogidas de espanto y de sorpresa; y no le dijeron nada a nadie, porque estaban asustadas.

No había habido tiempo para prestarle los últimos servicios al cuerpo de Jesús. El sábado se les había echado encima, y las mujeres que querían ungirlo no habían podido. Tan pronto como les fue posible, una vez que pasó el sábado, se dirigieron á cumplir esta triste tarea.

Las preocupaba una cosa. Las tumbas no tenían puertas; cuando se menciona la palabra puerta en este relato debemos entender que se trata de una abertura. Delante de ella había un surco por el que se deslizaba una piedra circular tan grande como una rueda de carro; y las mujeres sabían que no tenían la fuerza necesaria para mover una piedra así. Pero cuando llegaron a la tumba se encontraron con que la piedra ya estaba quitada, y dentro había un mensajero que les dio la noticia increíble de que Jesús había resucitado.

Una cosa es segura: Si Jesús no hubiera resucitado, nosotros nunca habríamos oído nada acerca de Él. La actitud de las mujeres era que habían ido a ofrecer el último tributo a un cuerpo muerto. La actitud de los discípulos era que todo había acabado en tragedia. Con mucho la mejor prueba de la Resurrección es la existencia de la Iglesia Cristiana. Ninguna otra cosa podría haber cambiado a aquellos hombres y mujeres tristes y desesperados en personas radiantes de gozo e inflamadas de coraje. La Resurrección es el hecho central de toda la fe cristiana. Porque creemos en la Resurrección se siguen ciertas cosas.

(i) Jesús no es el personaje de un libro, sino una Presencia viva. No basta con estudiar la historia de Jesús como estudiaríamos la vida de una gran figura histórica. Puede que empecemos por eso, pero debemos pasar a encontrarnos con El.

(ii) Jesús no es un recuerdo, sino una Presencia. Las memorias más queridas se desvanecen. Los griegos tenían una expresión para describir el tiempo, que quiere decir el tiempo que borra todas las cosas. Hace mucho que el tiempo habría borrado el recuerdo de Jesús si no fuera porque Él ha seguido siendo una Presencia viva con nosotros para siempre. Jesús no es alguien de quien discutimos, sino Alguien con Quien nos encontramos.

(iii) La vida cristiana no es la vida de una persona que sabe de Jesús, sino la vida de una persona que conoce a Jesús. Hay una diferencia insalvable en el mundo entre saber algo acerca de una persona, y conocer a una persona. Casi todo el mundo sabe algo del Rey don Juan Carlos I de España o del Presidente de los Estados Unidos; pero no tantos los conocen. El más grande erudito del mundo que supiera todo lo que se puede saber acerca del Jesús de la Historia es menos que el cristiano más humilde, que Le conoce.

(iv) La fe cristiana tiene una cualidad interminable. No debe quedarse nunca parada. Porque nuestro Señor es un Señor vivo hay nuevas maravillas y nuevas verdades esperando todo el tiempo a que las descubramos.

Pero lo más precioso de este pasaje está en dos palabras que no aparecen en ningún otro evangelio. « Id -dijo el mensajero-, decid a Sus discípulos y a Pedro.» ¡Cómo tiene que haber emocionado el corazón de Pedro ese mensaje cuando lo recibió! Debe de haber estado torturado con el recuerdo de su deslealtad, y de pronto llega un mensaje especial para él. Es característico de Jesús el pensar, no en el mal que Pedro Le había hecho, sino en el remordimiento que le estaba asediando. Jesús tenía mucho más interés en confortar al pecador penitente que en castigar su pecado. -Como ha dicho alguien: «Lo más precioso de Jesús es que nos confirma Su confianza en el mismo terreno en que hemos sufrido una derrota.»

LA COMISIÓN DE LA IGLESIA

Marcos 16:9-20

Después de resucitar al principio del primer día de la semana, Jesús Se le apareció ala primera a María de Magdala, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue a darles la noticia a los que habían estado con Él, que estaban de duelo y llorando. Cuando oyeron que Jesús estaba vivo y que ella Le había visto, no lo creyeron.

Posteriormente Se apareció de otra forma a dos de ellos que iban de camino a su tierra; y ellos fueron a darles la noticia a los demás, pero tampoco la creyeron.

Más tarde Se les apareció a los once cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y cerrazón de mente, porque no habían creído a los que Le habían visto después de Su Resurrección; y les dijo:

Dirigíos a todo el mundo, y predicad la Buena Nueva. EL que crea y se bautice será salvo; el que no crea, se condenará. Estas señales acompañarán a los que crean: En Mi nombre arrojarán a los demonios, hablarán en nuevas lenguas, cogerán serpientes, y aunque beban algo venenoso no les hará ningún daño. Les impondrán las manos a los enfermos, y estos se pondrán buenos.

Así que el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue tomado arriba en el Cielo, y Se sentó a la diestra de Dios.

Ellos salieron predicando por todas partes, mientras el Señor obraba juntamente con ellos y confirmaba su mensaje con las señales que lo acompañaban.

Como ya vimos en la Introducción, el evangelio de Marcos termina realmente en el versículo 8. No tenemos más que leer este pasaje para darnos cuenta de lo diferente que es del resto del evangelio, y además no aparece en ninguno de los grandes manuscritos más antiguos. Es un resumen que se le puso posteriormente para completar lo que faltaba al final que, o bien Marcos no pudo terminar, o se extravió de alguna manera.

El gran interés de este pasaje es la descripción que nos da del deber de la Iglesia. La persona que escribió esta conclusión sin duda creía que la Iglesia tenía ciertas tareas que cumplir que le había asignado Jesús.

(i) La Iglesia tiene una tarea de predicación. Es el deber de la Iglesia, y eso quiere decir de todo cristiano, el contar la historia de la Buena Noticia de Jesús a los que no la hayan oído. El deber cristiano consiste en ser heraldos de Jesús.

(ii) La Iglesia tiene una tarea sanadora. Aquí tenemos un hecho que nos encontramos una y otra vez. El Cristianismo se preocupa de los cuerpos, y no solamente de las almas. Jesús quería traer salud al cuerpo y al alma.

(iii) La Iglesia tiene una fuente de poder. No tenemos que toMarcos estas palabras literalmente. No tenemos por qué creer que el cristiano ha de tener literalmente el poder de coger serpientes venenosas y de beber líquidos venenosos sin que le pase nada. Pero por detrás de este lenguaje pintoresco está la convicción de que el cristiano está lleno de un poder para enfrentarse con la vida que otros no poseen.

(iv) La Iglesia no se encuentra sola para realizar su tarea. Cristo siempre obra con ella y en ella y a través de ella. El Señor de la Iglesia sigue en la Iglesia y es el Señor poderoso.

Y así termina este evangelio con el mensaje de que la vida cristiana se vive en la presencia y el poder del Que fue crucificado y ha resucitado.

Marcos 16:1-20

16.1, 2 Las mujeres compraron las especias el sábado en la tarde y fueron a la tumba a la mañana siguiente. No llevaban especias para embalsaMarcos el cuerpo de Jesús, sino para ungirlo como una prueba de amor, devoción y respeto. Llevar especias a la tumba era como llevar hoy en día flores a las sepulturas.

16.4 Los ángeles no movieron la piedra para que Jesús saliera, sino para que la gente entrara y viera que Jesús había resucitado como lo prometió.

16.5 Marcos habla de un ángel con el cual las mujeres se encontraron en la tumba, en tanto que Lucas habla de dos. Estos relatos no son contradictorios. Cada autor de los Evangelios decidió resaltar diferentes detalles al referirse a la misma historia, al igual que los testigos presenciales de un hecho noticioso pueden destacar aspectos diferentes del suceso. Tal vez Marcos destacó al ángel que habló. El énfasis diferente de cada Evangelio muestra que los autores escribieron en forma independiente y que los relatos de los cuatro son verdaderos y confiables.

16.6 La resurrección es de vital importancia por varias razones: (1) Jesús cumplió su promesa de levantarse de entre los muertos, por lo cual podemos creer que El cumplirá todas sus otras promesas. (2) La resurrección nos asegura que el gobernador del eterno Reino de Dios será el Cristo viviente, no una idea, ni una esperanza, ni un sueño. (3) Al levantarse de la muerte, Cristo nos asegura que también resucitaremos. (4) El poder de Dios que levantó el cuerpo de Cristo de la muerte está vigente para traer de nuevo a la vida nuestra moralidad y nuestra espiritualidad que están muertas, cambiándonos y haciéndonos crecer (1Co_15:12-19). (5) La resurrección es parte esencial del testimonio de la Iglesia ante el mundo. Nosotros no solo contamos lecciones de la vida de un buen profesor, sino que proclamamos la realidad de la resurrección de Cristo Jesús.

16.7 El ángel hizo mención especial de Pedro para mostrar que, a pesar de la negación de este, Jesús no lo había negado. El seguía teniendo reservadas para Pedro grandes responsabilidades en la Iglesia que aún no había nacido.

16.7 El ángel dijo a los discípulos que se reunieran con Jesús en Galilea, tal como El mismo se los dijo antes (Mar_14:28). Allí fue donde llamó a varios de ellos para que fueran «pescadores de hombres» (Mat_4:19) y allí sería donde esta misión se reestablecería (Juan 21). Pero los discípulos, llenos de temor, se mantuvieron tras puertas fuertemente cerradas en Jerusalén (Joh_20:19). Jesús se reunió con ellos primero en Jerusalén (Luk_24:36) y más tarde en Galilea (Juan 21). Luego regresó a Jerusalén desde donde ascendió a los cielos desde el Monte de los Olivos (Act_1:12).

16.13 Cuando los dos hombres por fin se dieron cuenta que era Jesús, volvieron prestos a Jerusalén. No es suficiente leer acerca de Cristo como un personaje ni estudiar sus enseñanzas. Al creer que El es Dios, debemos confiar que nos salvará y debemos aceptarle como el Señor de nuestras vidas. Esta es la diferencia entre conocer a Jesús y saber acerca de El. Solo cuando le conocemos nos sentiremos motivados a testificar a otros de lo que El ha hecho por nosotros.

16.15 Jesús dijo a sus discípulos: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio». Que todos sepan que El ya pagó el castigo por el pecado y que todos los que creen en El recibirán perdón y vida eterna junto a Dios. Hoy en día, los discípulos cristianos se encuentran en todas partes del mundo hablando de estas buenas nuevas a los pueblos que no las han oído. El poder que dirige y lleva a los misioneros alrededor del mundo y pone a la Iglesia de Cristo en acción es la fe que viene de la resurrección. ¿Ha sentido alguna vez que no posee las habilidades ni la osadía para ser un testigo de Cristo? Debe darse cuenta que Jesús se levantó de entre los muertos y vive para nosotros. En la medida que crezca en su relación con Dios, El le dará las oportunidades y la fuerza interna para proclaMarcos su mensaje.

16.16 No es el agua del bautismo lo que salva, sino la gracia de Dios aceptada por la fe en Cristo. El bautismo es una señal externa de una fe interna. Por la respuesta de Jesús al ladrón en la cruz entendemos que se salvó sin el bautismo (Luk_23:43). El bautismo solo sin fe no lleva automáticamente a la persona al cielo. Los que rechazan creer serán condenados, no importa que estén o no bautizados.

16.18 Hay ocasiones cuando Dios interviene milagrosamente para proteger a sus seguidores. A veces, El les da un poder especial. Pablo tuvo serpientes en sus manos (Act_28:5) y los discípulos sanaron a los enfermos (Mat_10:1; Act_3:7-8). Esto no significa, sin embargo, que podemos probar a Dios poniéndonos a propósito en situaciones peligrosas.

16.19 Cuando Jesús ascendió al cielo, dejó de estar físicamente con los discípulos (Act_1:9). El hecho de que Jesús se sentara a la diestra de Dios significa la consumación de su obra, su autoridad como Dios y su coronación como Rey.

16.20 El Evangelio de Marcos enfatiza el poder de Cristo y su condición de siervo. La vida y las enseñanzas de Jesús ponen las cosas del mundo al revés. El mundo entiende el poder como el control que se tiene sobre los demás para subyugarlos. Pero Jesús, con todo su poder y autoridad tanto en el cielo como en la tierra, opta por servir a los demás. Tuvo a los niños en brazos, sanó a los enfermos, lavó los pies a sus discípulos y murió por los pecados del mundo. Seguir a Cristo significa recibir este mismo poder de servicio. Como creyentes, tenemos el llamamiento a ser servidores de Cristo. En la misma forma en que Cristo sirvió, debemos servir nosotros.

EVIDENCIA DE QUE JESUS MURIO Y RESUCITO

Esta evidencia demuestra que Jesús es único en la historia y prueba que es el Hijo de Dios. Nadie más ha sido capaz de predecir su resurrección y luego realizarla.

Explicaciones presentadas de la tumba vacía:

  1. Jesús solo estaba inconsciente y luego revivió.

Evidencia en contra de estas explicaciones:

  1. Un soldado romano le dijo a Pilato que Jesús había muerto. Mar_15:44-45
  2. Los soldados romanos no quebraron las piernas de Jesús, porque ya estaba muerto. Uno de ellos le abrió el costado con una lanza.: Joh_19:32-34
  3. José de Arimatea y Nicodemo envolvieron el cuerpo de Jesús y lo colocaron en la tumba.: Joh_19:38-40
  4. Las mujeres se equivocaron de tumba.
  5. Evidencia en contra de estas explicaciones:
  6. María Magdalena y María la madre de José vieron a Jesús en la tumba.: Mat_27:59-61; Mar_15:47; Luk_23:55
  7. El domingo en la mañana Pedro y Juan también fueron a la misma tumba.: Joh_20:3-9
  8. Ladrones desconocidos robaron el cuerpo de Jesús.
  9. Evidencia en contra de estas explicaciones:
  10. Los soldados romanos sellaron y custodiaron la tumba.: Mat_27:65-66
  11. Los discípulos robaron el cuerpo de Jesús.
  12. Evidencia en contra de estas explicaciones:
  13. Los discípulos estaban listos a morir por su fe. Robarse el cuerpo habría sido reconocer que su fe no tenía sentido.: Hechos 12.2
  14. La tumba estaba custodiada y sellada.: Mat_27:66
  15. Los líderes religiosos robaron el cuerpo de Jesús para más tarde mostrarlo.
  16. Si los líderes religiosos hubieran robado el cuerpo de Jesús, sin duda habrían hecho algo para acallar los rumores de su resurrección.

Marcos 16:1-8

Observemos, en este pasaje, el poder de un amor intenso á Cristo. Tenemos una muestra concluyente en la conducta de María Magdalena, y de la otra María, de que habla aquí S. Marcos. Nos dice que habían «comprado drogas aromáticas «para ungir al Señor, y que «muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro, ya salido el sol..

Bien podemos comprender que no poco valor se necesitaba para dar ese paso. Visitar la tumba en el crepúsculo confuso de una alborada oriental, pondría á prueba en cualquiera circunstancia á la mayor parte de las mujeres. Pero visitar el sepulcro de uno que había sido ejecutado como un malhechor, y levantarse tan de mañana para tributar honores á quien su nación había despreciado, era en verdad mucha valentía. Sin embargo, estos son los actos que muestran la diferencia que hay entre la fe débil y la fuerte, entre un amor débil hacia Cristo y otro que fue intenso. Estas santas mujeres habían probado lo que es la misericordia y el perdón de nuestro Señor. Sus corazones rebosaban de gratitud hacia El por la luz, la esperanza, el consuelo, y la paz que les había dado. Con gusto querían exponerse á todas las consecuencias al manifestar su efecto á su Salvador. Cuanta verdad en estas palabras del Cantar; «El amor es tan fuerte como la muerte–muchas aguas no pueden apagar el amor, ni torrentes ahogarlo.» Son_8:6-7.

¿Por qué es que encontramos tan poco de ese amor intenso á Jesús entre los cristianos del día? ¿Cómo es que raras veces vemos santos que arrostren cualquier peligro, y que por amor de Cristo atraviesen fuego y agua? No hay más que una respuesta. La causa de ella es la fe débil que tanto prevalece, y la falta de convicción de lo mucho que debemos á Cristo. El sentir débilmente la enormidad de nuestros pecados nos hará siempre tener en poco el valor de la salvación.

El no apreciar en lo que realmente es la deuda que tenemos contraída con Dios trae por consecuencia a valorar muy bajo lo que debemos por nuestra redención. El hombre que reconoce lo mucho que se le ha perdonado es el que ama mucho. «A quien poco se le perdona, ese ama poco « Luk_7:47.

Observemos, en segundo lugar, en este pasaje, como las dificultades que los cristianos temen, desaparecen algunas veces cuando se les ven de cerca. Estas santas mujeres, al dirigirse al sepulcro de nuestro Señor, estaban llenas de temores respecto á la piedra de la puerta. «Se decían unas á otras, ¿Quién rodará y apartará la piedra de la puerta del sepulcro?» Pero sus temores eran infundados, pues descubrieron que no existía el inconveniente que anticipaban. «Cuando miraron, vieron que la piedra estaba rodada..

¡Que emblema tan vivido tenemos en esta simple narración de lo que muchos cristianos saben por experiencia! Cuantas veces están los creyentes angustiados y abatidos anticipándose males, y, no obstante, cuando llega la necesidad, encuentran removido el obstáculo que temían, y la «piedra rodada y apartada.» Una gran parte de las ansiedades que los santos experimentan nace de causas que realmente no existen. Nos ponemos á prever todas las eventualidades que podrán acontecer en nuestro viaje hacia el cielo; evocamos con nuestra imaginación todos los obstáculos y peligros nos abrumamos mentalmente con los cuidados de mañana así come con los de hoy : y muchas, muchas veces, encontramos al fin que nuestras dudas y alarmas eran infundadas, y que lo que más temíamos no ha acontecido jamás. Pidámosle á Dios una fe más práctica; creamos que no seremos abandonados enteramente cuando marchemos por la senda del deber.

Avancemos por ella decididos, y descubriremos á menudo que el león que nos cerraba el camino está encadenado, y que lo que nos parecía un vallado de espinos no es más que una sombra.

Observemos, en tercer lugar, en este pasaje, que los amigos de Cristo no tienen porqué temer a los ángeles. Se nos dice que cuando María Magdalena y su compañera vieron á un ángel sentado dentro del sepulcro «se atemorizaron;» pero estas palabras las tranquilizaron inmediatamente: «No temáis; buscáis á Jesús Nazareno, que fue crucificado..

La lección á primera vista podrá parecer de poca importancia, pues en el día ni tenemos visiones de ángeles, ni esperamos tenerlas; pero de seguro que nos será muy útil en una época que está por venir. El día se está acercando en que el Señor Jesús volverá á juzgar el mundo rodeado de todos sus ángeles, y estos reunirán á sus elegidos de los cuatro puntos cardinales. Los ángeles atarán en haces la cizaña para quemarla; y guardarán el trigo de Dios en su granero. Los que los ángeles tomen serán llevados á la gloria, á los honores, y á la inmortalidad, y los que dejen abandonados se cubrirán de vergüenza y desprecio sempiterno.

Esforcémonos en vivir de tal manera, que cuando muramos seamos conducidos por los ángeles al seno de Abrahán. Procuremos ser conocidos de los ángeles como personas que buscan á Jesús, que lo aman en este mundo, y que por esa razón son herederos de salvación. Seamos diligentes en asegurarnos de nuestro arrepentimiento, y producir regocijo en la presencia de los ángeles de Dios. Entonces, ya durmamos ya velemos, cuando se deje oír la voz del arcángel, no tendremos razón de amedrentarnos. Resucitaremos del sepulcro, y veremos en los ángeles compañeros y amigos nuestros, en cuya compañía pasaremos la eternidad bendita.

Observemos, por último, en este pasaje, la excesiva bondad de Dios con sus siervos que yerran. El mensaje que les comunica el ángel es una corroboración notable de esta verdad. Se ordena á María Magdalena y á la otra María que digan á los discípulos que «Jesús los precede á Galilea,» y que «allí lo verán.» Pero el mensaje no es dirigido á los once apóstoles en general; esto solo, después de su deserción reciente cuando abandonaron á su Maestro, hubiera sido un acto lleno de bondad; pero menciona especial mente por su nombre á Simón Pedro que había negado á su Señor tres veces. Pedro que había pecado especialmente, es marcado también de una manera particular. En esa manifestación de su gracia no había excepciones; todos serian perdonados; todos volverían á entrar en su gracia, y Simón Pedro lo mismo que todos los demás.

Bien podemos decir cuando leemos palabras como estas, «que así no es como el hombre se maneja.» Nuestras opiniones respecto á religión no son en ningún particular tan mezquinas, tan miserables y tan contraídas como en todo lo que se refiere á la disposición extraordinaria de Dios á perdonar á los pecadores arrepentidos. Lo juzgamos igual á nosotros, olvidando que «se complace en la misericordia.» Mic_7:18.

No concluyamos de meditar sobre este pasaje sin determinarnos á abrir la puerta de la misericordia de par en par á los pecadores, siempre que hablemos de religión ó que la enseñemos; así como también con la firme resolución de no ser nunca implacables con nuestros prójimos. Si Cristo está tan dispuesto á perdonar, nosotros debemos estar también

Comentarios J.C. Ryle Marcos 16.9-14 Notemos, en estos versículos, las pruebas tan numerosas que tenemos de que nuestro Señor Jesucristo resucitó realmente de entre los muertos. En este pasaje solo S. Marcos refiere tres ocasiones distintas en que fue visto después de su resurrección. En la primera, dos dice, que nuestro Señor se apareció á un testigo, á María Magdalena, después á dos testigos, á dos discípulos que se dirigían al campo ; y últimamente á once testigos, á los once apóstoles que estaban reunidos. Recordemos, en adición á esto, que se relatan otras apariciones de nuestro Señor por otros escritores del Nuevo Testamento, además de las mencionadas por S. Marcos. Por tanto, no titubeamos en creer, que de todos los eventos de la historia de nuestro Señor, no hay ningún que esté más sólidamente comprobado que el hecho de su resurrección de entre los muertos.

Esta es una gran misericordia. La resurrección de Cristo es una de las piedras angulares del Cristianismo. Fue el sello de la gran obra que vino á realizar en la tierra. Fue la prueba capital, de que el rescate que pagó por los pecadores, fue aceptado, que se consumó la expiación del pecado, que había sido aplastada la cabeza de quien tenía el poder de muerte, y que se ganó la victoria. Bueno es fijarse en la frecuencia con que los apóstoles se refieren a la resurrección de Cristo. S. Pablo dice, «fue entregado por nuestras ofensas, y resucitado para nuestra justificación.» Rom_4:25. S. Pedro dice, «Nos ha vuelto á engendrar en esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.» 1 Ped. 1.3. Debemos dar gracias á Dios por que el hecho de la resurrección ha quedado tan claramente comprobado. Los Judíos, los gentiles, loa sacerdotes, las guardias romanas, las mujeres que fueron al sepulcro, todos estos son testigos cuyos testimonios no pueden ser refutados. Cristo no solamente murió por nosotros, también resucitó; negarlo seria mostrar más credulidad que el creerlo. Para negarlo seria preciso dar crédito á improbabilidades ridículas y monstruosas; para creerlo no hay más que apelar á hechos innegables.

Notemos, en segundo lugar, en estos versículos, la especial bondad que nuestro Señor Jesucristo muestra á María Magdalena. Se nos dice, que, «cuando resucitó muy de mañana el primer día de la semana, se apareció primero á María Magdalena, de la que había lanzado siete demonios.» A ella antes que á todos los otros hijos de Adán, se le concedió el privilegio de ser la primera que contemplase, al Salvador resucitado. María, la madre de nuestro Señor, aún vivía: Juan, el discípulo amado, aún estaba en la tierra; sin embargo, ambos fueron pospuestos y María Magdalena fue la preferida. Una mujer que había estado poseída por siete diablos, fue la primera á quien Jesús se mostró vivo, cuando salió victorioso del sepulcro. El hecho es muy notable, y encierra una gran lección.

No hay por que dudar ni un momento, que al aparecérsele primero á María Magdalena, nuestro Señor se propuso mostrarnos lo que aprecia el amor y la fidelidad. La última al pié de la cruz y la primera en el sepulcro, la última en confesar á su Maestro cuando estaba vivo, y la primera en honrarlo cuando muerto, á esta discípula afectuosa y ardiente se le concedió ser la primera que lo viera, cuando se ganó la victoria. Se quiso que este hecho fuese para la iglesia un recuerdo perpetuo, que los que honran a Cristo serán honrados por El, y que los que hacen mucho por El encontrarán que El también hará mucho por ellos en la tierra. Ojalá nunca lo olvidemos; ojalá siempre recordemos que los que todo lo abandonan por amor de Cristo, lo encontrarán todo «centuplicado ahora en la época presente..

No hay por que dudar tampoco, que la aparición de nuestro Señor « primero á Magdalena « tuvo por objeto confortar á todos los que se han convertido y son creyentes arrepentidos, después de haberse dejado arrastrar á todos los excesos del pecado; tuvo por objeto mostrarnos que por grande que haya sido nuestra caída, somos enaltecidos á gozar de paz perfecta con Dios, si nos arrepentimos, y creemos en el Evangelio. Que aunque antes lejos, podemos acercarnos: que aunque antes enemigos, ahora somos hijos amados; que todas las cosas antiguas han pasado, y todas las cosas son ahora nuevas. 1Co_5:17. La sangre de Cristo nos purifica completamente á los ojos de Dios. Quizás hayamos empezado como S. Agustín, y Juan Newton, y sido cabecillas de iniquidad; pero una vez que nos acercamos á Cristo, no debemos dudar que todo queda perdonado. Acerquémonos con valor y que nuestro acceso á El sea confiado. Nuestros pecados y nuestras iniquidades, como los de María Magdalena, no son ya recordados.

Notemos, por último, en estos versículos, cuan débil es algunas veces la fe de los mejores cristianos. Tres veces en este mismo pasaje vemos á S. Marcos relatar la incredulidad de los once apóstoles Una de ellas, cuando María Magdalena les dijo que nuestro Señor había resucitado, y «no la creyeron;» la otra, cuando nuestro Señor se apareció á dos de ellos, que iban de camino, leemos que el resto de los discípulos «tampoco los creyó;» y finalmente, cuando nuestro Señor mismo se les apareció estando ellos sentados á la mesa, se nos dice, «que los reconvino por su incredulidad y dureza de corazón.» Quizás nunca se ha visto un ejemplo más notable de la poca disposición del hombre á creer lo que está en oposición con sus primeras preocupaciones. Nunca se ha tenido una prueba más convincente de cuan fácil le es al hombre olvidar las lecciones más claras y sencillas. Nuestro Señor había repetido muchas veces á los once discípulos que El resucitaría; y, sin embargo, cuando llegó el momento, todo lo habían olvidado, y eran incrédulos.

Veamos, sin embargo, en las dudas de estos buenos hombres la mano omnipotente de un Dios infinitamente sabio. Si al fin se convencieron los que tan incrédulos estaban al principio, muy fuertes debieron ser las pruebas que tuvieron de la resurrección de Cristo. Gloria es de Dios hacer nacer el bien del mal, y las mismas dudas de los once apóstoles son en el día la confirmación de nuestra fe.

De la incredulidad de los apóstoles aprendamos una lección práctica muy útil para nosotros. Dejemos de sorprendernos cuando sintamos surgir dudas en nuestro corazón. Dejémonos de esperar fe perfecta en otros creyentes. Estamos aún en el cuerpo; somos hombres con pasiones iguales á las de los apóstoles, y no debemos considerar extraordinario que en la práctica tropecemos como ellos, y que nuestra fe, como la de ellos, flaquee algunas veces. Resistamos virilmente los ataques de la incredulidad; velemos, oremos, y luchemos por emanciparnos de su poder. Pero no deduzcamos que no poseamos gracia, porque á veces dudas nos asaltan, ni suponer que no podemos forMarcos cuerpo con los apóstoles, porque en ocasiones seamos incrédulos.

No dejemos de preguntarnos, al concluir las meditaciones sobre este pasaje, si hemos resucitado con Cristo, y si nos hemos hecho espiritualmente participantes de su resurrección. Después de todo esto es lo único necesario. Conocer los hechos del Cristianismo con la inteligencia, y ser hábiles en defenderlos con la palabra, no salvará nuestras almas. Debemos entregarnos á Dios como personas vivas que han resucitado de entre los muertos. Rom_6:13. Debemos resucitar de la muerte del pecado y marchar en novedad de vida. Esto, y esto solo, es el Cristianismo que salva.

Marcos 16:15-18

Debemos notar, primeramente, en estos versículos, la comisión que al separarse de ellos dio nuestro Señor á sus apóstoles. Se dirige ellos por la última vez; les indica la obra que deben hacer hasta su segunda venida con palabras de una significación extensa y profunda: «Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio á toda criatura..

El Señor Jesús quiso hacernos saber que todo el mundo necesita el Evangelio. En todas las regiones del globo el hombre es lo mismo, es pecador, corrompido, y está separado de Dios. Civilizado ó inculto, en China, ó en África, es por naturaleza lo mismo en todas partes, pues está desprovisto de conocimiento, de santidad, de fe y de amor. Do quiera que veamos á un hijo de Adán, cualquiera que sea su color, vemos un ser cuyo corazón es perverso, y que necesita de la sangre de Cristo, de la renovación del Espíritu Santo, y de reconciliación con Dios.

El Señor Jesús quiso hacernos saber que la salvación del Evangelio ha sido ofrecida gratuitamente á todo el género humano. Las alegres nuevas de que «Dios tanto amó el mundo, que dio á su Hijo Unigénito,» y que «Cristo ha muerto por los impíos» han de proclamarse libremente «á todas las criaturas.» No tenemos derecho de hacer ninguna excepción al anunciar esa promesa; no tenemos ningún fundamento legítimo en poner límites á lo que se ofrece a los elegidos. Nos quedamos cortos y muy distantes de la plenitud de las palabras de Cristo, y disminuimos la extensión de sus promesas, si titubeamos en decirle á cualquiera, que «Dios está lleno de amor hacia él, y que Cristo quiere salvarlo.» «Y el que quiere, tome del agua de la vida gratuitamente.» Rev_22:17.

Veamos en estas palabras de Cristo el argumento más fuerte que se puede presentar en favor de las misiones, tanto domésticas como extranjeras. Recordemos estas palabras para ser incansables en nuestros esfuerzos para hacer bien á las almas del género humano entero. Si no podemos ir á los paganos de China y del Indostan, tratemos de iluminar las tinieblas que encontremos á nuestro alcance, á nuestras propias puertas. Trabajemos de continuo, sin que nos alteren las burlas ni los sarcasmos de los que desaprueban las misiones, y las tratan con desprecio. Compadezcamos á esas personas; prueban así su ignorancia, tanto de la Escritura como de la voluntad de Cristo. No saben lo que dicen ni porque lo afirman.

Debemos notar, en segundo lugar, en estos versículos, las condiciones que nuestro Señor nos dice deben imponerse á todos los que oyen la predicación del Evangelio. «El que cree y es bautizado se salvará: pero el que no cree se condenará.» Cada una de las palabras de esa frase es de gran importancia; cada una de esas expresiones debe ser cuidadosamente pesada.

En ella se nos enseña la importancia del bautismo. «El que cree y es bautizado se salvará.» Es indudable que hay millares de personas que no reciben el más ligero beneficio de su bautismo; millares que han sido lavados con las aguas sacramentales, pero que nunca lo fueron con la sangre de Cristo; pero de ahí no se deduce que el bautismo debe ser mirado con desprecio ni omitido. El agua bautismal no confiere por sí sola ninguna gracia; debemos buscar más allá del elemento externo á Aquel que ordenó que se usara, pero la confesión pública de Cristo que implica el uso de esa agua, es un acto sacramental, que ha ordenado nuestro Maestro; y cuando se usa rectamente de la institución, podemos creer confiadamente que le pone el sello de su bendición.

Se nos enseña además en este pasaje, la absoluta necesidad que hay para salvarse de la fe en Cristo; esto es lo que se necesita. «El que no cree en mí,» es el hombre que se perderá por la eternidad; podrá estar bautizado y ser miembro de la iglesia visible podrá participar de la comunión acercándose á la mesa del Señor quizás crea intelectualmente en los dogmas principales del credo pero nada de eso le aprovecha si le falta la fe en Cristo que salva ¿Tenemos esa fe? Esta es la gran cuestión que nos interesa á todos. Si no tenemos la conciencia de nuestras infracciones, y al sentir nuestra maldad no acudimos á Cristo por la fe, y con ella no nos abrigamos, descubriremos al fin que hubiera sido mejor para nosotros no haber nacido.

Se nos enseña también en este lugar lo cierto que es la condenación de Dios para los que mueren incrédulos. «El que no cree será condenado.» ¡Que palabras tan terribles! Que idea tan espantosa que hayan salido de los labios de Aquel que ha dicho. «Mis palabras no pasarán.» Que los hombres no se dejen engañar con vanas palabras. Hay un infierno eterno para todos los que persisten en su maldad, y parten de este mundo sin tener fe en Cristo. Cuanto más grande es el perdón que se nos ofrece en el Evangelio, mayor será la culpa de los que se obstinan en no creer. «¡Oh, si tuvieran los hombres sabiduría é inteligencia, y previesen Las postrimerías!» Deu_32:29. El que murió en la cruz nos ha apercibido asegurándonos que hay un infierno, y que los incrédulos serán condenados. Cuidemos de que su prevención no sea vana para nosotros.

Debemos fijar nuestra atención, por último, al leer estos versículos, en las bondadosas promesas de una ayuda especial que nuestro Señor hace á sus apóstoles en las últimas palabras que les dirige al separarse de ellos. El sabía muy bien que enormes eran las dificultades de la obra que acababa de encomendarles.

Sabia que combates tan terribles tendrían que dar al paganismo, al mundo y al demonio; los anima, por lo tanto, anunciándoles que los milagros los ayudarían á llevar á cabo su misión. «Señales seguirán á los que creyeren: en mi nombre lanzarán demonios: hablarán nuevas lenguas: alzarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y los curarán. El cumplimiento de la mayor parte de estas promesas se encuentra en loa tatos de los Apóstoles.

No hay duda que ha pasado la edad de los milagros; no se quiso que continuaran, transcurrida que fuera la época del primer establecimiento de la iglesia.

Cuando las plantas requieren riego diario y atención asidua es cuando se acaban de sembrar. Al estudiar las relaciones de Dios con su iglesia la analogía nos veda esperar que los milagros continúen siempre. De hecho, los milagros dejarían de serlo, si aconteciesen de una manera regular y sin intermisión. Bueno es tener presente esta explicación, pues nos ahorra muchas incertidumbres.

Pero aunque la edad de los milagros físicos ha pasado, podemos consolarnos con la idea de que á la iglesia de Cristo nunca le faltará la ayuda especial de Cristo en sus épocas de necesidad. La gran Cabeza de la iglesia que está en el cielo no abandonará jamás á sus miembros creyentes. Fijos tiene los ojos de continuo en ellos; les prestará siempre su socorro á tiempo, y vendrá á ampararlos el día en que lo necesiten. «Cuando el enemigo venga como una avenida de aguas, el Espíritu del Señor levantará una bandera contra él.» Isa_59:19.

Finalmente, no olvidemos nunca, que la iglesia creyente de Cristo en este mundo es por sí misma un milagro permanente.

La conversión y perseverancia en la gracia de cada uno de sus miembros, es un signo y una maravilla, tan grandes como la resurrección de Lázaro. La nueva vida en cada uno de los santos es un portento tan grande como lanzar un demonio del cuerpo, curar á un enfermo, ó hablar nuevas lenguas. Demos gracias á Dios por esta merced y cobremos ánimo. La edad de los milagros espirituales aún no ha pasado. Felices los que por experiencia propia lo han aprendido, y pueden decir, « Yo estaba muerto, pero estoy otra vez vivo: estaba ciego, pero veo..

Marcos 16:19-20

Estas palabras forman la conclusión del Evangelio de S. Marcos. Corto como es el pasaje, es una terminación muy propia del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo. Nos dice como fue nuestro Señor cuando dejó este mundo, y ascendió al cielo; al mismo tiempo que nos refiere lo que sus discípulos experimentaron después que su Maestro los dejó, y lo que todos los verdaderos cristianos pueden esperar hasta que vuelva á aparecer.

Fijémonos, en estos versículos, en el lugar á que nuestro Señor se dirigió así que concluyó su obra en la tierra, y el lugar en que al presente se encuentra. Se nos dice «que fue recibido arriba en el cielo, y que se sentó á la diestra de Dios.» Volvió á la gloria en que se encontraba con el Padre antes de que viniera al mundo. Recibió, como nuestro victorioso Mediador y Redentor, el puesto más elevado en dignidad y poder que podemos concebir en el cielo. Allí está sentado, no perezoso, sino continuando la misma obra bendecida por que murió en la cruz. Allí vive, intercediendo de continuo por todos los que se dirigen á Dios por su mediación, capaz así de salvarlos perpetuamente. Heb. 7 25.

Esta, certidumbre es un gran consuelo para todos los verdaderos cristianos. Viven en un mundo malo y corrompido; cuidados y disgustos sin cuento los abruman, y sus debilidades y miserias los tienen abatidos. Viven en un mundo en que la muerte impera; sienten que sus cuerpos van debilitándose y aniquilándose gradualmente; tienen ante sí la horrible seguridad de verse pronto lanzados á un mundo desconocido. ¿Quién, pues, los consolará? Tienen que apoyarse en la idea de un Salvador que los protege desde el cielo, que nunca se distrae, que nunca duerme, y que está siempre dispuesto á socorrerlos. Deben recordar que aunque ellos duermen, Jesús está velando, que aunque ellos desmayan, Jesús nunca se cansa, que aunque ellos son débiles, Jesús es omnipotente, y que aunque ellos se mueren, Jesús vive eternamente. ¡Que bendito es este pensamiento! Nuestro Salvador, aunque invisible, es un ser que vive en la actualidad. Nos dirigimos en nuestro viaje á una morada á que nuestro mejor Amigo ha ido de antemano para prepararnos una habitación. Joh_14:2. El Precursor ha entrado ya en ella y todo lo tiene preparado; por tanto no hay por que admirarse que S. Pablo exclame, «¿Quién es el que condena? Es Cristo que murió; pero que resucitó también, y que está sentado á la diestra de Dios ó intercede igualmente por nosotros.» Rom_8:34 Observemos, además, en estos versículos, las señales que nuestro Señor Jesucristo confiere á todos los que trabajan fielmente por El. Se nos dice que cuando los discípulos partieron y empezaron á predicar, el Señor «trabajaba con ellos,» y « confirmaba la palabra con las señales que la acompañaban..

Sabemos bien por los Actos de los Apóstoles, y por la historia de la iglesia, la manera con que se comprobaron y realizaron estas palabras. Sabemos que prisiones y aflicciones, persecuciones y oposición, fueron las primicias que cosecharon los labradores en la mies de Cristo. Pero también sabemos, que á despecho de Satanás, no en vano se predicó la palabra de verdad. De cuando en cuando se recogieron algunos creyentes que se apartaban del mundo.

Congregaciones de santos se fundaron en diversas ciudades, y en diferentes países. La pequeña simiente del Cristianismo creció gradualmente y se hizo un gran árbol. Cristo mismo trabajó con sus obreros, y á pesar de los obstáculos, su obra se extendió. La buena semilla no se perdió por completo; tarde ó temprano hubo «signos que la acompañaron..

No dudemos que estas cosas se escribieron para estímulo nuestro. Tengamos la convicción que nadie trabajará fielmente por Cristo para encontrar su obra improductiva. Continuémosla pacientemente en la posición en que nos encontremos. Prediquemos, enseñemos, hablemos, escribamos, apercibamos, demos nuestro testimonio, y estemos seguros de que no es vana nuestra labor. Quizás muramos sin ver el resultado de nuestros esfuerzos; pero el Señor Jesús presta siempre su cooperación á los que trabajan por El, y hay «signos que los acompañan» aunque no les sea dado descubrirlos. «Estemos, pues, firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor.» 1Co_15:58. Quizás marchemos por una senda espinosa, regando la semilla con muchas lágrimas; pero si sembramos la preciosa simiente de Cristo, «volveremos regocijados, trayendo nuestras gavillas.» Psa_126:6.

Y ahora al cerrar las páginas del Evangelio de S. Marcos descendamos al interior de nuestra conciencia y examinémosla.

No quedemos satisfechos con haber oído con nuestros oídos, lo que en él se ha escrito respecto á Jesucristo para enseñanza nuestra. Preguntémonos si sabemos lo que es «morar Cristo en nuestros corazones por la fe. ¿»El Espíritu « testifica á nuestro espíritu que Cristo es nuestro y que nosotros le pertenecemos? ¿Podemos decir realmente que estamos « viviendo la vida de la fe en el Hijo de Dios,» y que por experiencia hemos encontrado que Cristo es «precioso» á nuestras almas? Estas son cuestiones muy solemnes y demandan que se les considere gravemente. ¡Ojalá no descansemos hasta que podamos contestarlas satisfactoriamente! «El que tiene al Hijo tiene vida, y el que no tiene al Hijo de Dios no tiene vida.» 1Jo_5:12.

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