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Mateo 14: La tragedia de Juan el Bautista

Por aquel tiempo el tetrarca Herodes tuvo noticias de la fama de Jesús, y les dijo a sus siervos:

-Ese es Juan el Bautista que ha resucitado, y por eso realiza esas obras de poder.

Herodes había detenido a Juan el Bautista, le había encadenado y metido en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le denunciaba insistentemente:

-No tienes derecho a estar casado con ella.

Herodes quería matar a Juan; pero tenía miedo a la reacción de la gente, porque consideraban que Juan era un profeta.

Con ocasión de la fiesta de cumpleaños de Herodes, bailó la hija de Herodías en medio de la compañía, y a Herodes le cayó muy bien. De ahí que le prometiera con juramento que le daría lo que pidiera. Aconsejada por su madre, dijo:

-Dame aquí y ahora la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.

El rey se encontró en un compromiso por el juramento que había hecho a oídos de todos sus invitados; así es que dio orden de que se concediera la petición; y mandó a algunos a que decapitaran a Juan en la cárcel. Luego trajeron la cabeza en una bandeja, y se la dieron a la joven, que se la llevó a su madre.

Los discípulos de Juan fueron a recoger su cuerpo y lo enterraron. Seguidamente fueron a Jesús y se lo contaron todo.

En este drama trágico de la muerte de Juan el Bautista se nos delinean clara y vivamente los diferentes personajes.

(i) Tenemos al mismo Juan. Por lo que respectaba a Herodes, Juan había cometido dos faltas.

(a) Era demasiado popular. Josefo también nos cuenta la historia de la muerte de Juan, y lo hace desde este punto de vista: « Ahora bien: cuando muchos otros venían a Juan en multitud, porque se conmovían profundamente al oír sus palabras, Herodes, que temía que la gran influencia que Juan tenía sobre la gente le pudiera poner en posición e inclinación de hacer un levantamiento (porque la gente parecía dispuesta a hacer todo lo que él le aconsejara), pensó que lo mejor sería matarle para prevenir cualquier conflicto que pudiera causar, y no meterse en dificultades perdonándole la vida, de lo que podría ser que se arrepintiera cuando fuera demasiado tarde. De acuerdo con esto, ante las sospechas de Herodes, este mandó a Juan prisionero a Maqueronte… y allí le hizo ajusticiar.» (Antigüedades de los judíos, 18.5.2). Según Josefo fueron los celos suspicaces de Herodes los que le hicieron dar muerte a Juan. A Herodes, como a cualquier otro tirano débil, suspicaz y timorato, no se le podía ocurrir otra manera de resolver la presencia de un posible rival que matándole.

(b) Pero los evangelistas vieron la historia desde otro punto de vista. Para ellos, Herodes mandó matar a Juan porque este era un hombre que decía la verdad. Siempre es peligroso denunciar a un tirano, y eso fue precisamente lo que hizo Juan.

Los Hechos eran bien sencillos. Herodes Antipas estaba casado con una hija de los árabes nabateos. Tenía un hermano en Roma que se llamaba igual que él; los evangelistas llaman a ese Herodes de Roma Felipe; su nombre completo puede que fuera Herodes Felipe, o puede que se confundieran en la maraña de las relaciones matrimoniales de los Herodes. El Herodes que residía en Roma era un individuo adinerado que no tenía reino propio. En una visita a Roma, Herodes Antipas sedujo a su cuñada y la convenció para que abandonara a su marido y se casara con él. Para eso tenía que repudiar a su anterior mujer, lo que le trajo unas consecuencias desastrosas. Al dar ese paso, aparte del aspecto moral de la cuestión, Herodes quebrantó dos leyes: se divorció sin causa de su mujer, y se casó con su cuñada en vida del marido de esta, que era un matrimonio prohibido en la ley judía. Juan no dudó en reprochárselo.

Siempre es peligroso enfrentarse con un déspota oriental, y Juan firmó su propia sentencia de muerte cuando reprendió a Herodes. Juan era un hombre que denunciaba intrépidamente el mal cuando lo veía. Cuando el reformador escocés John Knox estaba defendiendo sus principios ante la reina Mary, ella le preguntó si creía que se podía resistir la autoridad de los gobernantes. Su respuesta fue: « Si los príncipes se exceden de sus atribuciones, señora, es lícito resistirlos, y hasta deponerlos.» El mundo les debe mucho a los grandes hombres que arriesgaron sus vidas y tuvieron el valor de decirles aun a los reyes y las reinas que hay una ley moral que quebrantan a riesgo propio.

(ii) Tenemos a Herodías. Como veremos, fue la ruina de Herodes en todos los sentidos, aunque no carecía del sentido de la grandeza. De momento advertimos que tenía un. triple delito: era una mujer inmoral e infiel; vengativa, que abrigaba los rencores para mantenerlos calentits, y que procuraba vengarse hasta cuando se la condenara justamente; y probablemente lo peor de todo era capaz de utilizar hasta a su propia hija para llevar a cabo sus planes de venganza. -Ya habría sido suficientemente malo el que se hubiera buscado los medios para vengarse del hombre de Dios que la hizo enfrentarse con su propia vergüenza; pero fue infinitamente peor el usar a, su hija para su funesto propósito haciéndola -cómplice del delito más horrible. Hay poco que decir del progenitor que mancha su progenie de delito con el fin de obtener algún propósito personal malvado.

(iii) Tenemos a la hija de Herodías, Salomé. Sería entonces joven, tal vez de dieciséis o diecisiete años: Aunque después. llegara a ser lo que fuera, no cabe duda de que en esta ocasión fue más utilizada que culpable. Probablemente ya tenía una raíz, de desvergüenza en su carácter: toda una princesa haciendo de bailarina solo para hombres. Las danzas en tales ocasiones eran sugestivas e inmorales. Para una princesa real ya era bastante deshonroso el bailar en público. Herodías no le daba ninguna importancia a la falta de pudor y dignidad de su hija con tal de obtener su venganza del hombre que la había reprendido tan justamente.

LA CAÍDA DE HERODES

(iv) Tenemos al mismo Herodes. Sé le llama el tetrarca, que quiere decir literalmente gobernador de la cuarta parte; pero llegó a usarse en sentido general, como aquí, de gobernador subordinado de una parte de un país. Herodes el Grande tuvo muchos hijos. Antes de morir dividió su territorio en tres partes y, con el consentimiento de Roma, se las legó a tres de sus hijos. A Arquelao le dejó Judasa y Samaria; a Felipe, el territorio septentrional de Traconítide e Iturea, y a Herodes Antipas -el de esta historia-, Galilea y Perea. Herodes Antipas no fue un rey extremadamente malo, pero aquí le vemos iniciar el descenso hacia la ruina total. Podemos notar especialmente tres cosas acerca de él.

(a) Tenía conciencia de su culpabilidad. Cuando Jesús llegó a tener cierta importancia en el pueblo, Herodes llegó inmediatamente a la conclusión de que era Juan que había vuelto a la vida. Orígenes hace una sugerencia muy interesante acerca de esto: recuerda que María, la madre de Jesús, e Isabel, la madre de Juan, eran parientes próximas (Luk_1:36 ). Y Orígenes cita una tradición que decía que Jesús y Juan se parecían físicamente. En ese caso, la conciencia culpable de Herodes tendría aún más razones para su sospecha. Es la gran prueba de que nadie se puede librar definitivamente de un pecado librándose de la persona que se lo denuncia. Existe tal cosa como la conciencia; y, aunque se elimine al acusador de una persona, no se silencia al Acusador divino.

(b) La acción de Herodes fue típica de un hombre débil. Mantuvo un juramento insensato, y quebrantó una gran ley. Había prometido a Salomé darle lo que le pidiera, sin prever lo que pudiera ser. Sabía muy bien que concederle su petición para cumplir su juramento era quebrantar una ley mucho más importante; y sin embargo eligió hacerlo porque era demasiado débil para reconocer su error. Le tenía más respeto a las rencillas de una mujer que a la ley moral. Le tenía más miedo a la critica, o a las burlas, de sus invitados, que a la voz de la conciencia. Herodes era un hombre que podía mantenerse firme en cosas equivocadas hasta cuando sabía que eran otras las verdaderas; y tal firmeza es señal, no de fuerza, sino de debilidad.

(c) Ya hemos dicho que la acción de Herodes en este pasaje fue el principio de su ruina. Las consecuencias de seducir a Herodías y divorciarse de su anterior mujer fueron, muy naturalmente, que Aretas, el padre de esta y gobernador de los nabateos, se sintió normal y personalmente resentido por el insulto que se le había perpetrado a su hija. Le hizo la guerra a Herodes y le infligió una seria derrota. Josefo comenta:

«Algunos de los judíos creyeron que la detracción del ejército de Herodes había sido cosa de Dios, y muy justa, en castigo por lo que había hecho con Juan, llamado el Bautista» (Antigüedades de los judíos, 18.5.2). Herodes tuvo que ser rescatado por los Romanos, a los que apeló para que le ayudaran.

Desde el principio, la relación ilegal e inmoral con Herodías no le trajo a Herodes más que disgustos. Pero la influencia de Herodías no acabó ahí. Pasaron los años, y Calígula llegó al trono de Roma. El Felipe que había sido tetrarca de Traconítide e Iturea murió, y Calígula le dio la provincia a otro de la familia de los Herodes que se llamaba Agripa; y con la provincia le otorgó el título de rey. El hecho de que Agripa fuera rey llenó de envidia a Herodías. Josefo dice: «Ella no podía ocultar lo desgraciada que se sentía por la envidia que le tenía» (Antigüedades de los judíos, 18.7.1). Como consecuencia de su envidia incitó a Herodes a ir a Roma para pedirle a Calígula que le concediera también a él el título de rey, porque Herodías estaba decidida a ser reina. «Vamos a Roma -le dijo-; y no ahorremos molestias ni gastos, ni plata ni oro, que no se pueden emplear en nada mejor que en obtener un reino.»

Herodes se resistía a tomar medidas; era naturalmente perezoso, y también preveía serios problemas; pero su testaruda mujer se salió con la suya. Herodes se preparó para ir a Roma; pero Agripa mandó mensajeros para advertir a Calígula que Herodes estaba preparándose para rebelarse contra Roma. Caligula dio crédito a las acusaciones de Agripa, despojó a Herodes de su posición y de su dinero y le desterró a la lejana Galia, donde se fue consumiendo en el exilio hasta que le llegó la hora de la muerte.

Herodes acabó por perder la fortuna y el reino, arrastrando una vida miserable en algún lugar remoto de Galia, por culpa de Herodías. Y fue entonces cuando Herodías dio muestra de grandeza y de magnanimidad. -Era en realidad la hermana de Agripa, y Calígula le dijo que no pretendía privarla de su fortuna particular, y que, por consideración a Agripa, ella no estaba obligada -›a acompañar a su marido al destierro. Herodías respondió: «Sin duda tú, oh Emperador, actúas de forma magnánima y como corresponde a tu dignidad en lo que me ofreces; pero el amor que le tengo a mi parido me impide aceptar el favor que me otorgas; porque no es justo que yo, que he participado de su prosperidad, le abandone en su desgracia» (Antigüedades de los judíos, 18.7.2). Así es que Herodías acompañó a Herodes al destierro, y eso es lo último que sabemos de ella.

Si ha habido alguna vez una prueba de que el pecado atrae su propio castigo, esa prueba es evidente en la historia de Herodes. Fue un día aciago cuando Herodes sedujo a Herodías. A aquel acto de infidelidad siguió el asesinato de Juan, y por último el desastre en el que lo perdió todo excepto la mujer que le amó y le arruinó.

COMPASIÓN Y PODER

Mateo 14:13-21

Cuando Jesús escuchó la noticia (de la muerte de Juan), se retiró de allí en una barca a un lugar desierto, Él solo. Cuando la gente se enteró, Le siguieron a pie desde los pueblos.

Cuando Jesús desembarcó, vio un gentío numeroso, y se Le conmovieron las entrañas de compasión por ellos, y sanó a sus enfermos.

Cuando ya era tarde, se Le acercaron Sus discípulos y Le dijeron:

-Este lugar está desierto, y ya se ha pasado la hora de cenar. Despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse comida.

Pero Jesús les contestó:

-Dadles vosotros de comer.

No tenemos más que cinco panecillos y dos pescados -Le contestaron ellos.

-Traédmelos aquí -les dijo Jesús.

Entonces Jesús mandó a la gente que se recostara en la hierba verde. Tomó los cinco panecillos y los dos pescados, elevó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panecillos y se los dio a Sus discípulos, y estos los repartieron entre la gente; y comieron todos todo lo que quisieron. Luego recogieron lo que había sobrado: doce cestas llenas de trozos. Los que habían comido eran unos cinco mil varones, aparte de las mujeres y los niños.

Galilea tiene que haber sido un sitio en el que era muy difícil estar solo. Era un país pequeño, de 80 kilómetros de Norte a Sur por cuarenta de Este a Oeste, y Josefo nos dice que por aquel tiempo había en aquella área 204 pueblos, ninguno de menos de 15,000 habitantes. En un lugar tan densamente poblado no era fácil escaparse de la gente por mucho tiempo. Pero había tranquilidad al otro lado del lago, que por la parte más ancha no tenía más que 13 kilómetros. Los amigos de Jesús eran pescadores, y no Le sería difícil embarcarse en una de sus barcas y navegar a la parte oriental del lago. Eso fue lo que hizo Jesús cuando se enteró de la muerte de Juan el Bautista.

Había tres motivos perfectamente razonables para que Jesús buscara la soledad. Era humano, y necesitaba un poco de descanso. Él nunca se metió temerariamente en peligros, y era prudente retirarse para no compartir demasiado pronto el fin de Juan. Y, por encima de todo, ante la perspectiva cada vez más cercana de la Cruz, Jesús necesitaba encontrarse a solas con Dios antes de enfrentarse con las multitudes. Buscaba descanso para el cuerpo y tranquilidad para el alma en la soledad.

Pero no los encontró. Sería fácil ver la barca iniciar la travesía y adivinar hacia dónde se dirigía; el caso es que la gente rodeó el lago por la parte superior, y Le estaba esperando al otro lado cuando desembarcó. Así es que Jesús sanó a sus enfermos y, cuando atardeció, los alimentó antes de que volvieran a emprender el largo camino a sus casas. Pocos de los milagros dé Jesús son tan reveladores como este.

(i) Nos habla de la compasión de Jesús. Cuando vio a la gente se Le conmovieron las entrañas de compasión por ellos. Esto es una cosa de lo más maravillosa. Jesús había ido allí buscando paz, tranquilidad y soledad; en su lugar, Se encontró con una gran multitud expectante de lo que Él le pudiera dar. Otro cualquiera se habría molestado. ¿Qué derecho tenían a invadir Su intimidad con sus continuas exigencias? ¿Es que no podía tener ni un poco de tranquilidad y descanso, ni de tiempo para Sí mismo?

Pero Jesús no era así. Lejos de sentirse molesto, se conmovió de compasión. Premanand, el gran cristiano indio que había sido un rico de casta superior, cuenta en su autobiografía: «Como en los días de la antigüedad, ahora también tiene que ser el mismo el mensaje para el mundo no cristiano: que Dios se preocupa.» En ese caso, no podemos estar nunca demasiado cansados para atender a la gente, ni que nos resulte un incordio o una molestia. Premanand sigue diciendo: «Mi propia experiencia ha sido siempre que cuando yo u otro misionero o sacerdote indio nos mostrábamos inquietos o impacientes ante cualquier visitante educado e interesado, cristiano o no, y le hacíamos pensar que estábamos demasiado apretados de tiempo, o que era nuestra hora del té o de la comida y que no podíamos quedarnos con ellos, entonces perdíamos aquella persona y ya no volvía.» No podemos atender a las personas con un ojo en el reloj, como si tuviéramos prisa en deshacernos de ellas lo antes posible.

Premanand pasa a relatar un incidente que no sería exagerado decir que pudo haber cambiado todo el curso de la extensión del Cristianismo en Bengala: «Se cuenta en alguna parte que el primer obispo metropolitano de la India dejó de recibir al antes Pandit Iswar Chandar Vidyasagar de Bengala por motivos oficiales. El Pandit había venido comisionado por la comunidad hindú de Calcuta para entrar en relaciones amistosas con el obispo y con la Iglesia. Vidyasagar, que era el fundador de una universidad hindú en Calcuta y reformador social, autor y educador de renombre, se marchó desencantado sin celebrar la entrevista, y formó un partido influyente de ciudadanos educados y ricos de Calcuta para oponerse a la Iglesia y al obispo, y para oponerse a la extensión del Cristianismo . … El cumplimiento de las formalidades por uno que era conocido como representante de la Iglesia Cristiana convirtió a un amigo en un enemigo.» ¡Qué oportunidad para el Cristianismo se perdió porque la intimidad de alguien no se podía invadir nada más que a través de los canales oficiales! Para Jesús no era nunca una molestia ninguna persona, ni siquiera cuando todo Su ser estaba clamando por un poco de descanso y tranquilidad… Y así debe ser para Sus seguidores.

(ii) En este pasaje vemos a Jesús testificando que todos los dones proceden de Dios. Tomó el pan y pronunció la bendición. La acción de gracias de los judíos antes de las comidas era muy sencilla: «Bendito seas, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que haces brotar el pan de la tierra.» Esa sería la bendición que pronunció Jesús, porque era la que se usaba ya entonces en todas las familias. Aquí vemos a Jesús mostrando que son los dones de Dios los que Él trae a la humanidad. Es bastante raro que se den las gracias a las personas, pero más aún que se Le den gracias a Dios.

EL LUGAR DEL DISCÍPULO EN LA OBRA DE CRISTO

Mateo 14:13-21 (continuación)

(iii) Este milagro nos informa muy claramente sobre el lugar que ocupa el discípulo en la obra de Cristo. El relato nos dice que Jesús les dio a Sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Jesús obró mediante las manos de Sus discípulos aquel día, y lo sigue haciendo.

Una y otra vez nos encontramos cara a cara con la verdad que está en el corazón de la Iglesia. Es verdad que el discípulo no puede hacer nada sin el Señor, pero también lo es que el Señor no puede hacer nada sin Su discípulo. Si Jesús quiere que se haga algo, si quiere que se enseñe a un niño o que se ayude a un necesitado, tiene que encontrar una persona que lo haga. Necesita personas por medio de las cuales pueda obrar y hablar.

Muy al principio de su búsqueda, Premanand se puso en contacto con el obispo Whitney de Ranchi, y nos lo cuenta así: «El obispo leía la Biblia conmigo todos los días, y algunas veces yo la leía en bengalí y hablaba con él en bengalí. Cuanto más tiempo viví con el obispo, más cerca me sentí de él, y encontré que su vida me revelaba a Cristo, y sus obras y palabras me hacían más fácil entender la mente y la enseñanza de Cristo acerca de las cuales leía diariamente en la Biblia. Tuve una nueva visión de Cristo cuando de hecho vi Su vida de amor, sacrificio y autonegación en la vida diaria del obispo: Él llegó a ser realmente una epístola de Cristo para mí.»

Jesucristo necesita discípulos a través de los cuales pueda obrar y Su verdad y amor se puedan transmitir a las vidas de otros. Necesita personas a las dar, para que den a otros. Sin tales personas no puede lograr que se hagan las cosas, y es nuestra tarea el ser tales personas para Él.

Sería fácil acobardarse y desanimarse ante una tarea de tal magnitud. Pero hay otra cosa en esta historia que nos eleva el corazón. Cuando Jesús les dijo a Sus discípulos que alimentaran ellos a la multitud, Le contestaron que no tenían más que cinco panecillos y dos pescados; y sin embargo, con lo que pusieron a Su disposición Jesús obró el milagro. Jesús nos presenta a cada uno la tremenda tarea de comunicarle a las gentes; pero no nos demanda esplendores y magnificencias que no poseemos. Nos dice sencillamente: «Ven a mí tal como eres, aunque no estés bien equipado; tráeme lo que tengas, aunque sea poco, y lo usaré en Mi servicio.» Poco es siempre mucho en las manos de Cristo.

(iv) Al final del milagro encontramos el detalle de que se, recogieron los trozos sobrantes. Aun cuando un milagro alimentó a la multitud señorialmente, no hubo desperdicio. Hay algo que debemos aprender aquí. Dios da con magnificencia pero eso no justifica el derroche. El generoso dar dé Dios y, nuestra utilización responsable deben ir juntos.

LA REALIZACIÓN DE UN MILAGRO

Hay algunas personas que, cuando leen los milagros de Jesús, no sienten ninguna necesidad de entender nada. Esas personas pueden seguir así indefinidamente sin que nada estorbe la dulce sencillez de su fe. Pero hay otras cuyas mentes hacen preguntas, y sienten la necesidad de comprender: Que no se avergüencen de su actitud, porque Dios sale al encuentro hasta más de la mitad del camino de su mente inquisitiva.

De cualquier manera que nos acerquemos a los milagros de Jesús, una cosa es cierta: no debemos contentarnos nunca con considerarlos algo que sucedió; debemos mirarlos siempre como algo que sucede. No son acontecimientos aislados de la Historia, sino demostraciones del poder de Cristo que está siempre y para siempre activo. Hay tres maneras de considerar este milagro.

(i) Podemos verlo como una sencilla multiplicación de pan y de pescado. Eso sería muy difícil, de entender, y sería algo que sucedió una sola vez y que nunca se repitió. Si lo consideramos así, démonos por satisfechos; pero no critiquemos, y menos condenemos, a los que crean que tienen que buscar alguna explicación.

(ii) Muchas personas ven en este milagro un sacramento. Han supuesto que los que estuvieron presentes no recibieron más que una cantidad muy reducida de alimento, y sin embargo recibieron las fuerzas para un largo viaje y se sintieron satisfechos. Habían comprendido que aquello no era una comida material para saciar el apetito físico, sino una comida en la que participaron del alimento espiritual de Cristo. Si fue así, este es un milagro que se . reproduce siempre que nos sentamos a la mesa del Señor; porque entonces se nos comunica el alimento espiritual que nos impulsa a recorrer con paso más firme y más fuerza y estabilidad el camino de la vida que conduce a Dios.

(iii) Hay algunas personas que ven en este milagro algo que es perfectamente natural en cierto sentido, pero que en otro es un verdadero milagro, y, que es muy precioso en cualquier sentido. Imaginemos la escena. Hay una gran muchedumbre; es tarde; todos tienen hambre. Pero, ¿era natural el que, la inmensa mayoría de esa multitud se hubiera puesto en camino rodeando el lago sin llevar nada de comida? ¿No llevarían algo, aunque fuera poco? Estaba anocheciendo y tenían hambre. Pero también eran egoístas. Y ninguno quería sacar lo que llevaba para no tener que compartirlo y que no le quedara bastante para sí mismo. Jesús dio el primer paso. Lo que Él y Sus discípulos tenían, empezó a compartirlo con una bendición, y una invitación, y una sonrisa. Y seguidamente todos se pusieron a compartir, y antes de que supieran lo que estaba pasando, hubo bastante y de sobra para todos.

Si fue algo así lo que sucedió, no fue literalmente la multiplicación de los panes y de los pescados; fue el milagro de la transformación de personas egoístas en personas generosas al contacto de Jesús. Fue el milagro del nacimiento del amor en corazones reservados. Fue el milagro de hombres y mujeres cambiados, con algo de Cristo en ellos que desterraba el egoísmo. Cuando pasó eso, entonces en el sentido más real Cristo los alimentó consigo mismo y envió Su Espíritu a morar en sus corazones.

No importa cómo entendamos este milagro. Una cosa es segura: Donde está Cristo, los cansados encuentran reposo y las almas hambrientas son alimentadas.

EN LA HORA DE LA PRUEBA,

Mateo 14:22-27

Acto seguido Jesús hizo que Sus discípulos se metieran en la barca y se Le adelantaran hacia el otro lado del lago dejándole tiempo para despedir a toda la gente. Cuando lo hubo hecho, se subió al monte a solas pace orar. Cuando ya era tarde, se encontraba allí Él solo La barca estaba por entonces en medio del mar, combatida por las olas, con el viento en contra. PexA a eso de las tres de la madrugada Jesús se dirigió hacia ellos andando sobre el Marcos Cuando los discípulos 4 vieron andando sobre el mar, les entró mucho miedo.

-¡Es un fantasma! -dijeron, gritando de miedo. Pero Jesús les dijo en seguida:¡Tranquilos, que soy Yo! No tengáis miedo.

La lección de este pasaje está suficientemente clara, pero no así lo que realmente sucedió. En primer lugar, vamos a reconstruir la escena.

Después de darle de comer a aquella multitud, Jesús envió por delante a Sus discípulos. Mateo dice que los obligó ,a meterse en la barca e ir por delante de Él al otro lado del Mar de Galilea. A primera vista, la palabra obligar nos resulta extraña; pero si comparamos este relato con el de Juan, seguramente encontraremos la explicación. Juan nos dice que después de alimentar a la multitud, esta quería hacerle rey a la fuerza (Joh_6:15 ). Había peligro de que se produjera una aclamación popular, y en la inflamable Galilea podía iniciarse allí y entonces mismo una revolución. Era una situación peligrosa, y bien pudiera ser que los discípulos la complicaran más todavía, porque también ellos pensaban todavía en Jesús en términos de poder terrenal. Jesús envió a Sus discípulos por delante porque había surgido una situación que Jesús podía manejar mejor solo, y no quería que ellos se involucraran.

Cuando se quedó solo, subió a orar a un cerro; para entonces ya se había hecho de noche. Los discípulos habían iniciado la travesía de vuelta. Se había producido una de las tormentas repentinas que son características del Mar de Galilea, y los discípulos estaban en serios apuros peleando con el viento y las olas y avanzando escasamente.

Ya entrada la noche Jesús se puso a rodear el lago por el Norte para llegar al otro lado. Mateo ya nos ha dicho que, cuando Jesús alimentó a la multitud, hizo que se sentaran todos en la hierba verde. De ahí deducimos que estarían en primavera. Es muy probable que fuera cerca de la Pascua, que caía a mediados de abril. En ese caso habría luna llena. En la antigüedad la noche se dividía en cuatro vigilias: desde las 6 de la tarde hasta las 9; desde las 9 hasta la medianoche; desde la medianoche hasta las 3 de la madrugada, y desde las 3 hasta las 6 de la mañana. Así que, a eso de las 3 de la madrugada, Jesús, andando por los terrenos elevados al Norte del lago, vio claramente la barca combatida por las olas, y bajó a la orilla a prestar ayuda.

Aquí es donde aparece una dificultad para saber lo que sucedió realmente. En los versículos 25 y 26 leemos dos veces que Jesús iba andando sobre el mar, y lo curioso es que en el original las dos frases en el mar son diferentes. En el versículo 25 es epi tén thalassan, que puede querer decir tanto por encima del mar como hacia el Marcos En el versículo 26 es epi tés thalassés, que puede querer decir sobre el mar, y que es de hecho la misma frase que se usa en Joh_21:1 con el sentido incuestionable de a la orilla del mar de Tiberíades. Y además, la palabra que se usa para andando es en los dos versículos 25 y 26 peripatein, que quiere decir pasearse.

La verdad es que hay dos interpretaciones perfectamente posibles de este pasaje por lo que se refiere al original. Puede tratarse de un milagro en el que Jesús anduvo sobre el agua; o puede querer decir igualmente que la tempestad había llevado la barca de los discípulos a la orilla septentrional del lago, que Jesús bajó de la colina a ayudarlos porque los había visto a la luz de la luna luchando con la tempestad, y que vino andando a través de la espuma y las olas hacia la barca, y llegó inesperadamente que se llenaron de miedo porque creían que era un fantasma. Ambas interpretaciones son igualmente y validas; unos prefieren una, y otros la otra.

Pero, sea cual sea la interpretación que escojamos del original, el sentido está perfectamente claro. Cuando los discípulos se encontraban en una necesidad perentoria, Jesús acudió en su ayuda. Cuando el viento les era contrario y la vida e una lucha a muerte, Jesús estaba allí para ayudarlos. Cuan d parecía que la situación era irremediable, Jesús estaba allí pare ayudar y para salvar.

En la vida tenemos que arrostrar a menudo vientos contra, ríos. A veces nos encontramos entre la espada y la pared, y la vida es una lucha desesperada con nosotros mismos, con las circunstancias, con las tentaciones, con el dolor y con largas decisiones. En tales casos, nadie tiene que pelear solo, porque Jesús acude a través de las tormentas de la vida con Su brazo; extendido para salvar, y con Su clara y tranquila voz animándonos a tener ánimo y a no tener miedo.

No importa demasiado cómo nos figuremos este incidente;. en cualquier caso, es mucho más que la historia de algo que Jesús hizo una vez en una tormenta de la lejana Palestina; es, una señal y un símbolo de lo que Él hace siempre por los Suyos cuando el viento nos es contrario y estamos en peligro de que nos traguen las tormentas de la vida.

COLAPSO Y RECUPERACIÓN

Mateo 14:28-33

Entonces Pedro se dirigió a Jesús diciéndole:

-¡Señor, si eres Tú de veras, mándame que vaya hacia Ti sobre las aguas!

-¡Ven! -le contestó Jesús.

Pedro se bajó de la barca e iba andando por el agua hacia Jesús. Pero cuando vio el viento, le dio miedo; y, cuando empezó a hundirse bajo el agua, gritó:

-¡Señor, sálvame!

Jesús le tendió la mano y le sujetó mientras decía:

-¡Hombre de poca fe! ¿Por qué te pusiste a dudar?

Y, cuando los dos se subieron a la barca, amainó el viento; y los que iban en la barca se arrodillaron reverentes ante Jesús, diciendo:

-¡No cabe duda que Tú eres el Hijo de Dios!

No hay ningún otro pasaje del Nuevo Testamento en el que se nos revele el carácter de Pedro mejor que en este. Nos dice tres cosas acerca de él.

(i) Pedro era propenso a actuar por impulso sin pensar lo que hacía. Era su debilidad el actuar una y otra vez sin darse cuenta de la situación ni calcular el coste. Había de hacer exactamente lo mismo cuando hizo protestas de lealtad a Jesús a toda prueba y hasta la muerte (Mat_26:33-35 ), negando al poco tiempo que Le conocía. Y sin embargo, hay pecados peores que ese, porque todo el problema de Pedro era que en él mandaba el corazón; y, aunque fallara a veces, siempre tenía el corazón en su sitio, y el instinto de su corazón era amar siempre.

(ii) Como Pedro actuaba por impulso, fallaba a menudo y luego se angustiaba. Jesús siempre insistía en que una persona tiene que considerar todos los contras en cada situación antes de actuar (Luk_9:57 s; Mat_16:24 s). Jesús era siempre completamente honesto con las personas: siempre las hacía comprender, antes de que iniciaran la andadura cristiana, lo difícil que era seguirle. Un montón de fracasos cristianos se deben a actuar en un momento de emoción sin contar el precio.

(iii) Pero Pedro nunca falló para no recuperarse, porque siempre, en el peor momento, se aferraba a Cristo. Lo maravilloso es que, cada vez que cayó, se levantó otra vez; y que tiene que haber sido verdad que hasta sus fracasos le acercaron más y más a Jesucristo. Como se ha dicho muy bien, un santo no es uno que no falla nunca, sino uno que se levanta y sigue adelante cada vez que cae. Los fracasos de Pedro sólo le hicieron amar más a Jesucristo.

Estos versículos terminan con otra gran verdad de carácter permanente. Cuando Jesús se subió a la barca, amainó el viento. La gran verdad es que, dondequiera que Jesús está, la tormenta más salvaje se convierte en calma. Olive Wyon, en su libro Considérale a Él, cita algo de las cartas de Francisco de Sales. Este se había fijado en una costumbre popular del, distrito en que vivía. Había visto a menudo a una criada de una. granja sacar agua del pozo, y que, antes de sacar el cubo. rebosando, siempre le echaba un trozo de madera. Una vez se. dirigió a una chica y le preguntó por qué hacía eso. Ella le miró sorprendida y le contestó, como si fuera algo de cajón: « ¿Que por qué? ¡Para que no se me derrame el agua… para hacer que se esté quieta!» Escribiéndole más tarde a un amigo, el obispo.. le contó esta historia y añadió: «Así que cuando tienes el corazón inquieto y agitado, ¡ponle la Cruz en medio para que se mantenga firme!» En tiempos de tormenta y tensión, la presencia de Jesús y el amor que fluye de la Cruz traen paz, serenidad y calma.

Mateo 14:1-36

14.1 Herodes fue un «tetrarca», uno de los cuatro gobernadores que tenían bajo su responsabilidad igual número de distritos en Palestina. Su territorio incluía las regiones de Galilea y Perea. Fue hijo de Herodes el Grande, el que ordenó dar muerte a los infantes en Belén (2.16). También es conocido como Herodes Antipas, y juzgó a Jesús antes de que fuera crucificado (Luk_23:6-12). Su perfil se halla en Marcos 6.

14.2 Si desea más información sobre Juan el Bautista, véase su perfil en Juan 1.

14.3 Felipe, medio hermano de Herodes, era uno de los cuatro gobernadores de Palestina. Sus territorios eran Iturea y Tracónites, al nordeste del Mar de Galilea (Luk_3:1). Su esposa, Herodías, lo abandonó para vivir con Herodes Antipas. Juan el Bautista condenó a los dos por vivir en inmoralidad (véase Mar_6:17-18).

14.9 Herodes no quería matar a Juan el Bautista pero tuvo que dar la orden para no quedar mal delante de sus invitados. ¡Cuán fácil es ceder a la presión de la gente y dejarse arrastrar a hacer lo malo! No permita que lo ubiquen donde sea vergonzoso hacer lo bueno. Haga lo que es correcto sin importar cuán vergonzoso o doloroso sea.

14.13, 14 Jesús buscó la soledad luego de recibir la noticia de que Juan había muerto. Algunas veces debemos enfrentarnos a nuestro dolor solos. Jesús, sin embargo, no se entregó al pesar, volvió a su ministerio.

14.14 Jesús realizó algunos milagros como señal de su identidad. Otros milagros sirvieron para enseñarnos importantes verdades. Pero aquí leemos que sanó porque «tuvo compasión de ellos». Jesús fue, y es, una persona amorosa, sensible y que se preocupa por los demás. Cuando esté sufriendo, recuerde que Jesús sufre junto con usted y se compadece.

14.19-21 Jesús multiplicó cinco panes y dos peces para alimentar a más de cinco mil personas. Lo que al principio se ofrecía parecía insuficiente pero en sus manos fue más que suficiente. Con frecuencia sentimos que nuestra contribución a Jesús es muy pequeña, pero El puede multiplicar y usar lo que podamos darle, sea en talento, tiempo o riqueza. Es cuando lo damos a Jesús que nuestros recursos se multiplican.

14.21 El texto indica que estuvieron presentes cinco mil hombres, más mujeres y niños. Por ello, el total de personas que Jesús alimentó pudo ser de diez mil a quince mil. El número de hombres se especifica en forma separada porque en la cultura judía de ese entonces, hombres y mujeres comían aparte. Los niños comían con las mujeres.

14.23 Estar un tiempo a solas con Dios era prioritario para Jesús (véase también 14.13). Dejaba tiempo en su horario recargado para estar a solas con el Padre. Cuando pasamos tiempo a solas en oración, nuestra relación vital con Dios se nutre y nos fortalecemos para enfrentar los problemas y desafíos de la vida. Desarrolle la disciplina de buscar a Dios a solas. Le ayudará a crecer espiritualmente y llegará a ser cada vez más y más como Cristo.

14.28 Pedro no estaba probando a Jesús, pues es algo que se nos dijo que no hiciéramos (4.7). A pesar de que fue el único en la barca que reaccionó con fe, su pedido impulsivo lo condujo a experimentar una demostración poco común del poder de Dios. Pedro comenzó a hundirse porque no siguió mirando a Jesús sino que miró las olas gigantes que se levantaban a su alrededor. Luego su fe fluctuó cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Quizá no caminemos sobre las aguas pero sí caminaremos a través de situaciones adversas. Si nos concentramos en las olas de las circunstancias difíciles que se levantan cerca de nosotros sin buscar la ayuda de Dios, también terminaremos desesperados y hundiéndonos. A fin de mantener su fe en medio de las tormentas, mantenga los ojos en el poder de Cristo y no en su incapacidad.

14.30, 31 A pesar de que empezamos con buenas intenciones, algunas veces nuestra fe decae. Esto no significa necesariamente que hemos fallado. Cuando la fe de Pedro decayó, buscó a Cristo, la única persona que podría ayudarle. Estaba temeroso pero aún así miró a Cristo. Cuando estamos recelosos de los problemas que nos rodean y dudamos de la presencia o capacidad de Cristo para ayudarnos, debemos recordar que es el único que en realidad puede ayudarnos.

14.34 Genesaret se hallaba localizada en el lado oeste del Mar de Galilea en una zona fértil y con abundante agua.

14.35, 36 La gente reconocía en Jesús a un gran sanador, pero ¿cuántos comprendieron quién era en realidad? Buscaban a Jesús para alcanzar sanidad física, pero ¿se acercaron a El deseando la sanidad espiritual? Iban anhelando prolongar sus vidas en la tierra, pero ¿fueron también para obtener la seguridad de la vida eterna? La gente puede buscar a Jesús para aprender lecciones valiosas de su vida o en la esperanza de conseguir remedio para su dolor. Pero habremos perdido la totalidad del mensaje de Jesús si lo buscamos sólo para que cure nuestros cuerpos y no nuestras almas, si buscamos su ayuda sólo en esta vida y pasamos por alto su plan eterno para nosotros. Sólo cuando lleguemos a entender al Cristo verdadero podremos apreciar cómo puede cambiar de veras nuestras vidas.

14.36 Los hombres judíos tenían flecos en el borde inferior de sus mantos conforme al mandato de Dios (Deu_22:12). En el tiempo de Jesús, esto era visto como señal de santidad (Deu_23:5). Era natural que la gente que buscaba sanidad se acercara para tocar estos flecos; pero como una mujer enferma aprendió, la curación es producto de la fe y no de la túnica de Jesús (Deu_9:19-22).

Mateo 14:1-12

En este pasaje se nos presenta una página del libro de los mártires de Dios: la triste historia de Juan Bautista. El crimen del rey Herodes, la decidida amonestación que Juan le hizo, el aprisionamiento de este y la muerte ignominiosa que se le dio–todo esto ha sido historiado para que nos sirva de ejemplo.

«Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus piadosos.» Salmo 116.15.

San Marcos narra la muerte de Juan Bautista de una manera más detallada que San Mateo. Por ahora basta apenas fijar la atención en dos puntos cardinales de la narración de San Mateo.

Notemos primeramente cuan grande es el influjo de la conciencia.

Cuando la faina de Jesús llegó a oídos de Herodes, éste dijo: «Este es Juan el Bautista que ha resucitado de entre los muertos.» Se acordó de sus actos criminales con ese hombre santo, y no pudo menos que sobrecogerse de temor. Su corazón lo acusaba de haber despreciado sus consejos y de haber cometido un asesinato atroz y abominable, y le decía que aunque había logrado dar muerte a Juan, algún día tendría que dar cuenta de ese hecho. La víctima y el victimario se verían entonces cara a cara. La conciencia hace sufrir aun a los reyes cuando desoyen su voz. Es más fácil degollar al predicador, que destruir el sermón o acallar en el corazón la voz de reconvención. Los malos pueden dar muerte a los enviados de Dios, mas el mensaje que estos trasmiten permanece y obra mucho después de su muerte. Los profetas de Dios no viven para siempre, mas sus palabras permanecen largo tiempo después de que ellos hayan dejado de existir. 2 Tim. 2.9; Zac. 1.5.

Que los ministros y los maestros tengan presente que aun los hombres más degradados tienen conciencia, y no desmayen en su noble tarea. De que la enseñanza moral y religiosa no produzca frutos en el momento mismo en que se comunique, no debe inferirse que es estéril. Tanto los que asisten a la predicación como los niños que concurren a las escuelas tienen conciencia. Muchos sermones y muchas lecciones vendrán de nuevo a la memoria cuando el orador o el maestro yazcan ya en el sepulcro.

El segundo punto es este: los siervos de Dios no deben esperar el obtener su galardón en este mundo.

La historia de Juan Bautista nos presenta un ejemplo que demuestra claramente que no siempre ha sido premiada la rectitud acá en la tierra. Observad qué hombre tan piadoso fue durante su corta carrera, y luego notad el fin que tuvo. Ved aprisionado como malhechor a aquel que fue profeta del Altísimo. Ved como fue arrebatado por medio de una muerte cruel, antes de que llegase a la edad de treinta y cuatro años. Apagado fue ese brillante faro, así fue asesinado ese fiel predicador por cumplir con su deber; y todo esto a manos de un tirano caprichoso, y solo por satisfacer el odio de una mujer adúltera. En vista de este acontecimiento muchos ignorantes preguntarían: «¿Qué provecho resulta de servir al Señor?.

Mas tales sucesos nos demuestran que algún día se verificará un juicio universal en el cual cada uno será premiado de acuerdo con sus obras. Entonces se pedirá cuenta de la sangre de Juan Bautista, del apóstol Santiago, de Esteban, Policarpo, Huss, Eid-ley y Latimer. Escrito está en el libro de Dios: « La tierra descubrirá sus sangres, y no encubrirá más sus muertos.» Isa. 26.21. Y el mundo sabrá que existe un Dios que juzgará la tierra. «Si violencias de pobres y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia ; porque hay Otro más alto mirando sobre el alto.» Ecles. 5.8

Mateo 14:13-21

En estos versículos se nos refiere uno de los más grandes milagros de nuestro Señor: el de dar de comer a cinco mil hombres, además de mujeres y niños, con cinco panes y dos peces.

Dicho milagro es, en primer lugar, una prueba incontestable del poder divino de nuestro Señor.

Sin multiplicar de una manera milagrosa el alimento sería imposible dar de comer a más de cinco mil personas. Ningún impostor, o falso profeta, o prestidigitador se habría atrevido a hacerlo. Sin embargo, nuestro Señor lo ejecutó, y con ese hecho demostró claramente que era Dios. Hizo lo que antes no existía: proveyó alimento material y tangible para diez mil personas de una cantidad que no habría bastado para cincuenta. Crear es atributo exclusivo de Dios.

Ese milagro es, en segundo lugar, un ejemplo notable de lo compasivo que nuestro Señor es para con los hombres.

Vio en el desierto a una gran multitud que desfallecía de hambre. El sabia que muchas de las personas que allí se encontraban no sentían hacia El ni verdadera fe ni amor, mas antes le seguían por curiosidad, por seguir la costumbre, o por algún otro móvil ruin. Juan 6.26. Más se compadeció de todos ellos. Todos fueron satisfechos: ninguno se fue con hambre.

Nuestro Señor es hoy para con los pecadores el mismo que en tiempos antiguos: « Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso: luengo de iras y grande en misericordia y verdad.» Exod. 35.66. No trata a los hombres de acuerdo con sus pecados, ni los castiga de acuerdo con sus iniquidades. Aun a sus adversarios los llena de beneficios. Los que en el último día resultaren ser impenitentes no tendrán disculpa alguna. La bondad de Dios los encamina hacia el arrepentimiento .Rom. 2.4. En todos sus actos para con los hombres acá en la tierra manifiesta que se complace en la misericordia. Miqueas 7.18.

Ese milagro, por último, simboliza a lo vivo que el Evangelio es suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad,.

No hay duda de que todos los milagros de nuestro Señor tienen un significado grande y profundo, y enseñan verdades espirituales; más es preciso interpretarlos discreta y reverentemente. Es preciso tener cuidado de no incurrir en el error en que incurrieron muchos de los Padres de la iglesia, a saber: el de percibir alegorías donde el Espíritu Santo solo quiso que recibiésemos las palabras en su acepción genuina. Mas, si hay algún milagro que ponga un sentido figurado además de lo que llanamente enseña, es el que venimos considerando.

¿Qué representa esa multitud que padece hambre en el desierto? Es un emblema de toda la humanidad. Los mortales son una muchedumbre de pecadores que desfallecen de hambre en medio del desierto del mundo–sin auxilio, sin esperanza y encaminados a la ruina. Todos nosotros nos hemos descarriado, como ovejas perdidas. Por naturaleza nos encontramos sumergidos en la ceguedad y en el abandono. Ex.. 3.17. Entre nosotros y la muerte no hay sino un paso.

¿Qué representan los panes y los peces al parecer en cantidad tan escasa pero que por medio del milagro alcanzaron a alimentar diez mil personas? Son emblema de la doctrina de Cristo crucificado como sustituto de los pecadores, y haciendo expiación por los pecados del mundo. Al hombre en su estado natural esa doctrina le parece insostenible.

Cristo crucificado era a los Judíos tropezadero y a los Griegos insensatez. 1 Cor. 1.23. Y. sin embargo, Cristo crucificado ha resultado ser el pan de Dios que descendió del cielo y da vida al mundo.

Mateo 14:22-36

En este milagro se nos enseña primeramente cuan absoluto es el dominio que nuestro Señor Jesucristo tiene sobre todas las cosas creadas. Caminó en el mar como en tierra seca. Las embravecidas olas que habían arrojado aquí y allí la nave de sus discípulos le obedecieron a él y se volvieron sólidas bajo sus plantas.

La superficie líquida que había sido agitada por el menor soplo de viento, resistió como una roca los pies del Redentor. A nuestra limitada inteligencia el suceso parece incomprensible. Según lo dice Doddridge, los egipcios simbolizaban un imposible por medio de los pies caminando en el mar; y los hombres científicos nos dicen que es imposible que un cuerpo humano camine sobre el agua. Bástanos saber que así se hizo, y que a Aquel que en el principio creó los cielos y la tierra le debe de haber sido perfectamente fácil andar sobre las olas siempre que así fuese su voluntad.

No hay cosa alguna creada que no esté bajo el dominio de Jesucristo. Todo le sirve a El. A menudo permite que su pueblo sea por algún tiempo sometido a prueba y se vea agitado de las borrascas del dolor. A menudo también se abstiene de acudir a su socorro tan pronto como ellos desearan, aguardándose hasta la cuarta vela de la noche; mas preciso es que recuerden que los vientos, las olas y las borrascas están bajo el poder de Cristo.

«Más que sonidos de muchas aguas, de fuertes ondas de la mar. Fuerte es Jehová en lo alto.» Salmo 93 En este milagro se nos enseña, en seguida, cuan grande es el poder que Jesús puede conceder a los que creen en El. Simón Pedro descendió del barco y caminó en el agua como su Maestro. ¡Qué prueba tan admirable de la divinidad de nuestro Señor no fue esta! Que El mismo caminara en el agua fue un gran milagro. Pero mayor aun lo fue que otorgase la misma facultad a un débil discípulo.

En este milagro se nos enseña, también, cuántas desazones se acarrean los discípulos con su incredulidad, Pedro caminó en el agua con valor por un corto rato; mas bien luego, al soplar del viento, teme y empieza a hundirse. El espíritu estaba pronto mas la débil carne lo dominó; y se olvidó de las maravillosas pruebas de la bondad del Señor que había acabado de recibir. No reflexionó que el mismo Salvador que le había ayudado a dar un paso lo sostendría siempre.

No pensó en que al caminar sobre el agua se encontraba más cerca de Cristo que cuando estaba en el barco. El temor le arrebató la memoria: la alarma lo aturdió. No pensando en otra cosa que en los vientos, las olas y el peligro inminente en que se encontraba, le faltó la fe. «Señor,» exclamó, «sálvame..

Esto es lo que a menudo acontece con los creyentes. Cuántos no hay que tienen la fe suficiente para dar el primer paso en seguimiento de Cristo, pero no para continuar de la misma manera que empezaron. Sobrecógense de temor ante las pruebas y peligros que les obstruyen el paso; y arrojan miradas recelosas a los enemigos que los rodean, fijándose más en ellos que en Jesús. El resultado es que al punto empiezan a hundirse; su corazón desfallece; sus esperanzas se desvanecen; y su contento se acaba. Y ¿por qué es esto? Es porque, a semejanza de Pedro, dejan de confiar en Jesús, y empiezan a abandonarse a la incredulidad.

En este milagro se nos enseña, por último, cuan misericordioso es nuestro Señor Jesucristo con los creyentes débiles. Tan pronto como Pedro lo llamó, extendió su brazo para salvarlo. No dejó que cosechase el fruto de su propia incredulidad y se hundiese en las aguas. No tomó en consideración sino su apuro, y solo pensó en librarlo de él; y lo único que pronunció fue esta suave reconvención: « Hombre de poca fe, ¿por que dudaste?.

¡Cuan tierno y benigno es Jesús! El tolera y sobrelleva mucho cuando percibe la gracia verdadera en el corazón de un hombre. Así como la madre no desecha de sí a su tierno niño porque a veces sea desobediente y se extravíe, así nuestro Señor trata con benignidad a su pueblo. Antes de convertirse lo ama y compadece, y después de la conversión lo ama y compadece más. El quiso enseñarnos que las dudas no prueban incredulidad absoluta, sino escasez de fe. Y aun cuando nuestra fe es pequeña el Señor está pronto a auxiliarnos. Tengamos presentes las palabras: «Mi pié resbala; tu misericordia, oh! Jehová, me sustentaba.» Psa_94:18.

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