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Mateo 14: La tragedia de Juan el Bautista

La historia de Juan Bautista nos presenta un ejemplo que demuestra claramente que no siempre ha sido premiada la rectitud acá en la tierra. Observad qué hombre tan piadoso fue durante su corta carrera, y luego notad el fin que tuvo. Ved aprisionado como malhechor a aquel que fue profeta del Altísimo. Ved como fue arrebatado por medio de una muerte cruel, antes de que llegase a la edad de treinta y cuatro años. Apagado fue ese brillante faro, así fue asesinado ese fiel predicador por cumplir con su deber; y todo esto a manos de un tirano caprichoso, y solo por satisfacer el odio de una mujer adúltera. En vista de este acontecimiento muchos ignorantes preguntarían: «¿Qué provecho resulta de servir al Señor?.

Mas tales sucesos nos demuestran que algún día se verificará un juicio universal en el cual cada uno será premiado de acuerdo con sus obras. Entonces se pedirá cuenta de la sangre de Juan Bautista, del apóstol Santiago, de Esteban, Policarpo, Huss, Eid-ley y Latimer. Escrito está en el libro de Dios: « La tierra descubrirá sus sangres, y no encubrirá más sus muertos.» Isa. 26.21. Y el mundo sabrá que existe un Dios que juzgará la tierra. «Si violencias de pobres y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia ; porque hay Otro más alto mirando sobre el alto.» Ecles. 5.8

Mateo 14:13-21

En estos versículos se nos refiere uno de los más grandes milagros de nuestro Señor: el de dar de comer a cinco mil hombres, además de mujeres y niños, con cinco panes y dos peces.

Dicho milagro es, en primer lugar, una prueba incontestable del poder divino de nuestro Señor.

Sin multiplicar de una manera milagrosa el alimento sería imposible dar de comer a más de cinco mil personas. Ningún impostor, o falso profeta, o prestidigitador se habría atrevido a hacerlo. Sin embargo, nuestro Señor lo ejecutó, y con ese hecho demostró claramente que era Dios. Hizo lo que antes no existía: proveyó alimento material y tangible para diez mil personas de una cantidad que no habría bastado para cincuenta. Crear es atributo exclusivo de Dios.

Ese milagro es, en segundo lugar, un ejemplo notable de lo compasivo que nuestro Señor es para con los hombres.

Vio en el desierto a una gran multitud que desfallecía de hambre. El sabia que muchas de las personas que allí se encontraban no sentían hacia El ni verdadera fe ni amor, mas antes le seguían por curiosidad, por seguir la costumbre, o por algún otro móvil ruin. Juan 6.26. Más se compadeció de todos ellos. Todos fueron satisfechos: ninguno se fue con hambre.

Nuestro Señor es hoy para con los pecadores el mismo que en tiempos antiguos: « Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso y piadoso: luengo de iras y grande en misericordia y verdad.» Exod. 35.66. No trata a los hombres de acuerdo con sus pecados, ni los castiga de acuerdo con sus iniquidades. Aun a sus adversarios los llena de beneficios. Los que en el último día resultaren ser impenitentes no tendrán disculpa alguna. La bondad de Dios los encamina hacia el arrepentimiento .Rom. 2.4. En todos sus actos para con los hombres acá en la tierra manifiesta que se complace en la misericordia. Miqueas 7.18.

Ese milagro, por último, simboliza a lo vivo que el Evangelio es suficiente para satisfacer las necesidades de la humanidad,.

No hay duda de que todos los milagros de nuestro Señor tienen un significado grande y profundo, y enseñan verdades espirituales; más es preciso interpretarlos discreta y reverentemente. Es preciso tener cuidado de no incurrir en el error en que incurrieron muchos de los Padres de la iglesia, a saber: el de percibir alegorías donde el Espíritu Santo solo quiso que recibiésemos las palabras en su acepción genuina. Mas, si hay algún milagro que ponga un sentido figurado además de lo que llanamente enseña, es el que venimos considerando.

¿Qué representa esa multitud que padece hambre en el desierto? Es un emblema de toda la humanidad. Los mortales son una muchedumbre de pecadores que desfallecen de hambre en medio del desierto del mundo–sin auxilio, sin esperanza y encaminados a la ruina. Todos nosotros nos hemos descarriado, como ovejas perdidas. Por naturaleza nos encontramos sumergidos en la ceguedad y en el abandono. Ex.. 3.17. Entre nosotros y la muerte no hay sino un paso.

¿Qué representan los panes y los peces al parecer en cantidad tan escasa pero que por medio del milagro alcanzaron a alimentar diez mil personas? Son emblema de la doctrina de Cristo crucificado como sustituto de los pecadores, y haciendo expiación por los pecados del mundo. Al hombre en su estado natural esa doctrina le parece insostenible.

Cristo crucificado era a los Judíos tropezadero y a los Griegos insensatez. 1 Cor. 1.23. Y. sin embargo, Cristo crucificado ha resultado ser el pan de Dios que descendió del cielo y da vida al mundo.

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