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Mateo 14: La tragedia de Juan el Bautista

Cuando se quedó solo, subió a orar a un cerro; para entonces ya se había hecho de noche. Los discípulos habían iniciado la travesía de vuelta. Se había producido una de las tormentas repentinas que son características del Mar de Galilea, y los discípulos estaban en serios apuros peleando con el viento y las olas y avanzando escasamente.

Ya entrada la noche Jesús se puso a rodear el lago por el Norte para llegar al otro lado. Mateo ya nos ha dicho que, cuando Jesús alimentó a la multitud, hizo que se sentaran todos en la hierba verde. De ahí deducimos que estarían en primavera. Es muy probable que fuera cerca de la Pascua, que caía a mediados de abril. En ese caso habría luna llena. En la antigüedad la noche se dividía en cuatro vigilias: desde las 6 de la tarde hasta las 9; desde las 9 hasta la medianoche; desde la medianoche hasta las 3 de la madrugada, y desde las 3 hasta las 6 de la mañana. Así que, a eso de las 3 de la madrugada, Jesús, andando por los terrenos elevados al Norte del lago, vio claramente la barca combatida por las olas, y bajó a la orilla a prestar ayuda.

Aquí es donde aparece una dificultad para saber lo que sucedió realmente. En los versículos 25 y 26 leemos dos veces que Jesús iba andando sobre el mar, y lo curioso es que en el original las dos frases en el mar son diferentes. En el versículo 25 es epi tén thalassan, que puede querer decir tanto por encima del mar como hacia el Marcos En el versículo 26 es epi tés thalassés, que puede querer decir sobre el mar, y que es de hecho la misma frase que se usa en Joh_21:1 con el sentido incuestionable de a la orilla del mar de Tiberíades. Y además, la palabra que se usa para andando es en los dos versículos 25 y 26 peripatein, que quiere decir pasearse.

La verdad es que hay dos interpretaciones perfectamente posibles de este pasaje por lo que se refiere al original. Puede tratarse de un milagro en el que Jesús anduvo sobre el agua; o puede querer decir igualmente que la tempestad había llevado la barca de los discípulos a la orilla septentrional del lago, que Jesús bajó de la colina a ayudarlos porque los había visto a la luz de la luna luchando con la tempestad, y que vino andando a través de la espuma y las olas hacia la barca, y llegó inesperadamente que se llenaron de miedo porque creían que era un fantasma. Ambas interpretaciones son igualmente y validas; unos prefieren una, y otros la otra.

Pero, sea cual sea la interpretación que escojamos del original, el sentido está perfectamente claro. Cuando los discípulos se encontraban en una necesidad perentoria, Jesús acudió en su ayuda. Cuando el viento les era contrario y la vida e una lucha a muerte, Jesús estaba allí para ayudarlos. Cuan d parecía que la situación era irremediable, Jesús estaba allí pare ayudar y para salvar.

En la vida tenemos que arrostrar a menudo vientos contra, ríos. A veces nos encontramos entre la espada y la pared, y la vida es una lucha desesperada con nosotros mismos, con las circunstancias, con las tentaciones, con el dolor y con largas decisiones. En tales casos, nadie tiene que pelear solo, porque Jesús acude a través de las tormentas de la vida con Su brazo; extendido para salvar, y con Su clara y tranquila voz animándonos a tener ánimo y a no tener miedo.

No importa demasiado cómo nos figuremos este incidente;. en cualquier caso, es mucho más que la historia de algo que Jesús hizo una vez en una tormenta de la lejana Palestina; es, una señal y un símbolo de lo que Él hace siempre por los Suyos cuando el viento nos es contrario y estamos en peligro de que nos traguen las tormentas de la vida.

COLAPSO Y RECUPERACIÓN

Mateo 14:28-33

Entonces Pedro se dirigió a Jesús diciéndole:

-¡Señor, si eres Tú de veras, mándame que vaya hacia Ti sobre las aguas!

-¡Ven! -le contestó Jesús.

Pedro se bajó de la barca e iba andando por el agua hacia Jesús. Pero cuando vio el viento, le dio miedo; y, cuando empezó a hundirse bajo el agua, gritó:

-¡Señor, sálvame!

Jesús le tendió la mano y le sujetó mientras decía:

-¡Hombre de poca fe! ¿Por qué te pusiste a dudar?

Y, cuando los dos se subieron a la barca, amainó el viento; y los que iban en la barca se arrodillaron reverentes ante Jesús, diciendo:

-¡No cabe duda que Tú eres el Hijo de Dios!

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