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Mateo 14: La tragedia de Juan el Bautista

No hay ningún otro pasaje del Nuevo Testamento en el que se nos revele el carácter de Pedro mejor que en este. Nos dice tres cosas acerca de él.

(i) Pedro era propenso a actuar por impulso sin pensar lo que hacía. Era su debilidad el actuar una y otra vez sin darse cuenta de la situación ni calcular el coste. Había de hacer exactamente lo mismo cuando hizo protestas de lealtad a Jesús a toda prueba y hasta la muerte (Mat_26:33-35 ), negando al poco tiempo que Le conocía. Y sin embargo, hay pecados peores que ese, porque todo el problema de Pedro era que en él mandaba el corazón; y, aunque fallara a veces, siempre tenía el corazón en su sitio, y el instinto de su corazón era amar siempre.

(ii) Como Pedro actuaba por impulso, fallaba a menudo y luego se angustiaba. Jesús siempre insistía en que una persona tiene que considerar todos los contras en cada situación antes de actuar (Luk_9:57 s; Mat_16:24 s). Jesús era siempre completamente honesto con las personas: siempre las hacía comprender, antes de que iniciaran la andadura cristiana, lo difícil que era seguirle. Un montón de fracasos cristianos se deben a actuar en un momento de emoción sin contar el precio.

(iii) Pero Pedro nunca falló para no recuperarse, porque siempre, en el peor momento, se aferraba a Cristo. Lo maravilloso es que, cada vez que cayó, se levantó otra vez; y que tiene que haber sido verdad que hasta sus fracasos le acercaron más y más a Jesucristo. Como se ha dicho muy bien, un santo no es uno que no falla nunca, sino uno que se levanta y sigue adelante cada vez que cae. Los fracasos de Pedro sólo le hicieron amar más a Jesucristo.

Estos versículos terminan con otra gran verdad de carácter permanente. Cuando Jesús se subió a la barca, amainó el viento. La gran verdad es que, dondequiera que Jesús está, la tormenta más salvaje se convierte en calma. Olive Wyon, en su libro Considérale a Él, cita algo de las cartas de Francisco de Sales. Este se había fijado en una costumbre popular del, distrito en que vivía. Había visto a menudo a una criada de una. granja sacar agua del pozo, y que, antes de sacar el cubo. rebosando, siempre le echaba un trozo de madera. Una vez se. dirigió a una chica y le preguntó por qué hacía eso. Ella le miró sorprendida y le contestó, como si fuera algo de cajón: « ¿Que por qué? ¡Para que no se me derrame el agua… para hacer que se esté quieta!» Escribiéndole más tarde a un amigo, el obispo.. le contó esta historia y añadió: «Así que cuando tienes el corazón inquieto y agitado, ¡ponle la Cruz en medio para que se mantenga firme!» En tiempos de tormenta y tensión, la presencia de Jesús y el amor que fluye de la Cruz traen paz, serenidad y calma.

Mateo 14:1-36

14.1 Herodes fue un «tetrarca», uno de los cuatro gobernadores que tenían bajo su responsabilidad igual número de distritos en Palestina. Su territorio incluía las regiones de Galilea y Perea. Fue hijo de Herodes el Grande, el que ordenó dar muerte a los infantes en Belén (2.16). También es conocido como Herodes Antipas, y juzgó a Jesús antes de que fuera crucificado (Luk_23:6-12). Su perfil se halla en Marcos 6.

14.2 Si desea más información sobre Juan el Bautista, véase su perfil en Juan 1.

14.3 Felipe, medio hermano de Herodes, era uno de los cuatro gobernadores de Palestina. Sus territorios eran Iturea y Tracónites, al nordeste del Mar de Galilea (Luk_3:1). Su esposa, Herodías, lo abandonó para vivir con Herodes Antipas. Juan el Bautista condenó a los dos por vivir en inmoralidad (véase Mar_6:17-18).

14.9 Herodes no quería matar a Juan el Bautista pero tuvo que dar la orden para no quedar mal delante de sus invitados. ¡Cuán fácil es ceder a la presión de la gente y dejarse arrastrar a hacer lo malo! No permita que lo ubiquen donde sea vergonzoso hacer lo bueno. Haga lo que es correcto sin importar cuán vergonzoso o doloroso sea.

14.13, 14 Jesús buscó la soledad luego de recibir la noticia de que Juan había muerto. Algunas veces debemos enfrentarnos a nuestro dolor solos. Jesús, sin embargo, no se entregó al pesar, volvió a su ministerio.

14.14 Jesús realizó algunos milagros como señal de su identidad. Otros milagros sirvieron para enseñarnos importantes verdades. Pero aquí leemos que sanó porque «tuvo compasión de ellos». Jesús fue, y es, una persona amorosa, sensible y que se preocupa por los demás. Cuando esté sufriendo, recuerde que Jesús sufre junto con usted y se compadece.

14.19-21 Jesús multiplicó cinco panes y dos peces para alimentar a más de cinco mil personas. Lo que al principio se ofrecía parecía insuficiente pero en sus manos fue más que suficiente. Con frecuencia sentimos que nuestra contribución a Jesús es muy pequeña, pero El puede multiplicar y usar lo que podamos darle, sea en talento, tiempo o riqueza. Es cuando lo damos a Jesús que nuestros recursos se multiplican.

14.21 El texto indica que estuvieron presentes cinco mil hombres, más mujeres y niños. Por ello, el total de personas que Jesús alimentó pudo ser de diez mil a quince mil. El número de hombres se especifica en forma separada porque en la cultura judía de ese entonces, hombres y mujeres comían aparte. Los niños comían con las mujeres.

14.23 Estar un tiempo a solas con Dios era prioritario para Jesús (véase también 14.13). Dejaba tiempo en su horario recargado para estar a solas con el Padre. Cuando pasamos tiempo a solas en oración, nuestra relación vital con Dios se nutre y nos fortalecemos para enfrentar los problemas y desafíos de la vida. Desarrolle la disciplina de buscar a Dios a solas. Le ayudará a crecer espiritualmente y llegará a ser cada vez más y más como Cristo.

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