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Mateo 4: Las tentaciones de Jesús

A continuación el Espíritu guió a Jesús al desierto para que el diablo Le tentara. Después de pasarse voluntariamente cuarenta días y noches sin comer, estaba hambriento. Fue entonces cuando el tentador se Le presentó.

Si es verdad que eres el Hijo de Dios Le dijo a Jesús-, diles a estas piedras que se conviertan en pan.

-Escrito está -le contestó Jesús-: una persona no vive sólo de pan, sino de toda palabra que proceda de la boca de Dios.

Luego el diablo Le llevó a la santa ciudad, y Le colocó encima del pináculo del templo.

-Si es verdad que tú eres el Hijo de Dios -Le dijo-, tírate desde aquí; porque escrito está: «Les dará órdenes a Sus ángeles para que Te cuiden y Te levanten en sus brazos para que nunca ni siquiera tropieces con Tus pies en una piedra.»

-También está escrito -le contestó Jesús-: «No has de intentar poner a prueba al Señor tu Dios.»

El diablo Le llevó otra vez a una montaña muy alta, y Le mostró desde allí todos los reinos del mundo y su gloria, y Le dijo:

-Te daré todas estas cosas si Te postras a mis pies y me adoras.

-¡Quítate de en medio, Satanás! -le contestó Jesús-. Porque escrito está: «Adorarás al Señor tu Dios, y Le servirás sólo a Él.»

Entonces ya el diablo Le dejó en paz, y vinieron ángeles a prestarle servicio.

Hay algo en lo que debemos fijarnos bien justamente al principio de nuestro estudio de las tentaciones de Jesús, y es el sentido de la palabra tentar. La palabra que se usa aquí en el original es peirazein. En español, la palabra tentar tiene un sentido uniforme y sistemáticamente malo. Siempre quiere decir inducir a una persona a hacer algo que no está bien, procurar seducirla al pecado, tratar de persuadirla a tomar una decisión contraria a la moral o, a la ley de Dios. Pero peirazein tiene un elemento completamente diferente en su significado. Quiere decir probar mucho más que tentar en nuestro sentido de la palabra.

Uno de los grandes relatos del Antiguo Testamento es el que nos cuenta por qué poco evitó Abraham sacrificar a su hijo único Isaac. Ahora bien, ese relato empezaba diciendo: “ Y aconteció después de estas cosas, que tentó Dios a Abraham» (Gen_22:1 . R-V “09). Está claro que la palabra tentar no puede querer decir aquí tratar de seducir al mal. Es impensable el que Dios intentara hacer a un hombre un malhechor. Pero todo queda totalmente claro cuando entendemos que quiere decir: «Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham” (R-V 60”). Había llegado la hora para la prueba suprema de la lealtad de Abraham. Lo mismo que tiene que probarse el metal sometiéndolo a una presión y tensión superiores a las que tendrá que soportar antes de usarlo para un uso práctico, así un hombre tiene que ser probado antes de que Dios pueda usarle para Su propósito. Los judíos tenían un dicho: «El Santo, bendito sea Su nombre, no eleva a un hombre a una dignidad hasta después de probarle y analizarle; y si resiste la tentación, entonces Dios le eleva a la dignidad.”

Aquí tenemos, pues, una gran verdad edificante. Lo que llamamos tentación no nos viene para hacernos pecar, sino para capacitarnos para conquistar el pecado; no para hacernos malos, sino buenos; no para debilitarnos, sino para que surjamos de la prueba más fuertes y auténticos y puros. La tentación no es un castigo por ser humanos, sino la gloria de serlo. Es la prueba que sobreviene a una persona que Dios quiere usar. Así que debemos pensar en todo este incidente, no tanto como la tentación, sino como la prueba de Jesús.

Tenemos también que fijarnos en dónde tuvo lugar esta prueba. Fue en el desierto. Entre Jerusalén, en la meseta central que es la espina dorsal de Palestina, y el Mar Muerto se extiende el desierto. El Antiguo Testamento lo llama yesimón, que quiere decir la devastación, un nombre apropiado. Se extiende por un área de 50 por 25 kilómetros.

Sir George Adam Smith que se lo recorrió, nos lo describe. Es un área de arena amarilla, de caliza quebradiza y de cantos dispersos. Es un área de estratos deformes en los que las arrugas van en todas las direcciones como si estuvieran alabeadas y retorcidas. Las colinas son como montones de polvo; La piedra caliza está erosionada y pelada; las rocas están desnudas y puntiagudas; a menudo hasta el mismo suelo suena a hueco cuando lo pisan los pies humanos o los cascos de las caballerías. Deslumbra y reluce con el calor como un horno inmenso. Se precipita hacia el Mar Muerto en una caída de cuatrocientos metros de piedra caliza, pedernal y marga, entre salientes y entrantes y precipicios.

En ese desierto, Jesús podía estar más solo que en ningún otro lugar de Palestina. Jesús se fue al desierto completamente solo. Había recibido Su tarea; Dios Le había hablado; tenía que pensar cómo iba a emprender la obra que Dios Le había confiado; tenía que tener las cosas claras antes de empezar; tenía que estar solo.

Puede que a menudo erremos sencillamente porque nunca hacemos lo posible para estar solos. Hay ciertas cosas que una persona tiene que resolver a solas. Hay momentos cuando no nos sirve de nada el consejo que se nos pueda dar. Hay veces cuando una persona tiene que retenerse de actuar, y empezar a pensar. Puede que cometamos muchos errores precisamente porque no nos damos la oportunidad de estar a solas con Dios.

EL SAGRADO RELATO

Hay algunas consideraciones que debemos hacernos antes de proceder al estudio detallado del relato de las tentaciones.

(i) Los tres evangelistas sinópticos parecen hacer hincapié en que las tentaciones siguieron inmediatamente al bautismo de Jesús. Como dice Marcos «Inmediatamente el Espíritu Le impulsó al desierto» (Mar_1:12 ; R-V sigue manteniendo la palabra luego en su primera acepción: «Prontamente, sin dilación», D.R.A.E.).

Es una de las realidades de la vida el que después de todo gran momento viene un momento de reacción -y una y otra vez es en la reacción donde se oculta el peligro. Eso fue lo que le sucedió a Elías. Con un coraje imponente, Elías se enfrentó completamente solo y derrotó a los profetas de Baal en el monte Carmelo (1Re_18:17-40 ). Ese fue el gran momento del valor y del testimonio de Elías. Pero la matanza de los profetas de Baal provocó la ira de la malvada Jezabel, que se propuso acabar con Elías. «Entonces tuvo miedo y se levantó y huyó para salvar la vida a Beerseba» (1Re_19:3 ). El hombre que se había mantenido intrépidamente frente a todos sus rivales huye ahora para salvar la vida con el terror en los talones. Había llegado el momento de la reacción.

Parece ser ley de vida que precisamente después que nuestro poder de resistencia ha estado en su punto más alto se achanta hasta lo más bajo. El tentador escogió cuidadosa, sutil y astutamente su momento para atacar a Jesús -pero Jesús le venció. Haremos bien en mantenernos especialmente en guardia después de cada vez que la vida nos ha llevado a las alturas, porque es precisamente entonces cuando asalta el más grave peligro de las simas.

(ii) No tenemos por qué considerar esto como una experiencia externa de Jesús. Fue una lucha que tuvo lugar en Su propio corazón y mente y alma. La prueba está en que no existe ninguna montaña desde la que se puedan ver todos los reinos de la Tierra, pese al Tibidabo. Fue una batalla interior.

Es en nuestros pensamientos y deseos más íntimos como viene a nosotros el tentador. Lanza su ataque en nuestras propias mentes. Es verdad que es tan real que casi podemos hasta ver al diablo. Hasta este día se puede ver una mancha de tinta en la pared de la habitación de Lutero en el castillo de Wartburg en Alemania: Lutero le tiró el tintero al diablo que le estaba tentando. Pero el poder del diablo estribe en el hecho de que supera nuestras defensas y nos ataca desde dentro. Encuentra aliados y armas entre nuestros pensamientos y deseos más íntimos.

(iii) No tenemos que creer que Jesús derrotó definitivamente al tentador en una sola campaña, y que éste no volvió a atacarle ya nunca más. El tentador Le habló otra vez a Jesús en Cesarea de Filipo cuando Pedro trató de disuadirle de seguir el camino de la Cruz, y cuando tuvo que decirle a Pedro las mismas palabras que le había dicho al tentador en el desierto: «¡Quítate de en medio, Satanás!” (Mat_16:23 ). Al final de su recorrido, Jesús pudo decirles a sus discípulos: “ Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas” (Luc_22:28 ). Y nunca en toda la historia humana ha habido una lucha con la tentación como la que Jesús mantuvo en Getsemaní con el tentador que trataba de apartarle del camino de la Cruz (Luc_22:42-44 ).

“ La vigilancia eterna es el precio de la libertad.” En la milicia cristiana no hay licencia ni se dan permisos. A veces nos preocupamos porque creemos que deberíamos alcanzar una etapa en la que estuviéramos más allá de la tentación, una etapa en la que el poder del tentador ya estuviera quebrantado para siempre. Jesús nunca alcanzó esa etapa. Desde el principio hasta el fin de su carrera tuvo que mantenerse en la lucha; por eso puede ayudarnos a pelear la nuestra.

(iv) Una cosa sobresale en esta historia: Las tentaciones fueron tales que no podían sobrevenirle a una persona que no tuviera unos poderes muy especiales y supiera que los tenía. Sanday describe las tentaciones como “ el problema de qué hacer con los poderes sobrenaturales.» Las tentaciones que sobrevinieron a Jesús sólo le podían atacar a uno que supiera que había cosas extraordinarias que él podría hacer.

Debemos recordar siempre que una y otra vez somos atacados por medio de nuestros dones. La persona dotada con algún encanto tendrá la tentación de usarlo para salirse con la suya. La persona dotada con el poder de la palabra tendrá la tentación recurrir a la labia para presentar disculpas que justifiquen cualquier comportamiento suyo. La persona con una imaginación viva y gráfica sufrirá agonías de tentación que una persona flemática no experimentará nunca. La persona con grandes talentos mentales estará tentada a usarlos para su propio bien y no para el de otros, para convertirse en amo y no en servidor de la humanidad. Es un hecho inexorable de la tentación que es precisamente donde nos consideramos más fuertes donde debemos tener más cuidado de no bajar la guardia.

(v) Nadie puede leer este relato sin darse cuenta de que su fuente tiene que haber sido el mismo Jesús. No había nadie con Él en el desierto cuando se estaba librando esta batalla. Y tenemos noticias de ella solamente porque Jesús mismo tiene que habérselo contado a sus hombres. Es como si Jesús nos estuviera relatando una parte de su autobiografía espiritual.

Debemos siempre acercarnos a esta historia con una reverencia única y especial, porque Jesús nos descubre en ella Su más íntimo corazón y alma. Está refiriéndonos Su experiencia. Es la más sagrada de todas las historias, porque Jesús nos está diciendo en ella que puede ayudar a los demás en sus tentaciones porque Él mismo fue tentado. Nos descorre el velo de Sus propias luchas para ayudarnos en las nuestras.

EL ATAQUE DEL TENTADOR

El tentador lanzó su ataque contra Jesús en tres frentes, en cada uno de los cuales había algo inevitable.

(i) Está la tentación de hacer que las piedras se volvieran pan. El desierto estaba sembrado de pequeños cantos de caliza que parecían exactamente panecillos; hasta ellos le sugerirían a Jesús esta tentación.

Era una tentación doble. La tentación de que Jesús usara Sus poderes egoístamente y para Su propio provecho, y eso fue precisamente lo que Jesús siempre se negó a hacer. Siempre hay la tentación de usar egoístamente cualesquiera poderes que Dios nos haya dado.

Dios le ha dado un don a cada persona, y cada persona puede hacerse una de dos preguntas. Puede preguntarse: «¿Qué partido puedo yo sacar de este don?” o: «¿Cómo puedo yo usar este don para el bien de los demás?» Esta clase de tentación se nos puede presentar en la cosa más sencilla. Una persona puede poseer, por ejemplo, una voz agradable de escuchar; puede proponerse sacarle partido, y negarse a usarla a menos que se le pague. No hay razón para rehusar que se le pague, pero hay toda clase de razones para no deber usarla solamente para que se le pague. No hay persona que no tenga la tentación de usar egoístamente el don que Dios le haya asignado.

Pero esto de la tentación tiene otra cara. Jesús era el Mesías de Dios, y Él lo sabía. En el desierto se estaba enfrentando con la elección del método para ganar las almas para Dios. ¿Qué método había de usar para la tarea que Dios Le había asignado? ¿Cómo había de materializar Su visión y sueño?

Un camino infalible para convencer a la gente a que Le siguiera era darles pan, es decir, cosas materiales. ¿Acaso no lo justificaba la historia? ¿No había dicho Dios: “ Os haré llover pan del cielo?» ¿No incluían las visiones de la futura edad de oro ese mismo sueño? ¿No había dicho Isaías: “ No tendrán hambre ni sed?» (Isa_49:1 D) ¿No era el Banquete Mesiánico una figura consagrada entre los Testamentos de los sueños del Reino? Si Jesús hubiera querido darle pan a la humanidad, tendría suficiente justificación para hacerlo.

Pero el haberles dado pan a los hombres habría sido una doble equivocación. En primer lugar, habría sido sobornarlos para que Le siguieran. Habría sido convencer a la gente para que Le siguiera por lo que pudieran sacar, mientras que la recompensa que Jesús tenía para ofrecer era una Cruz. Llamaba a la gente a una vida de dar, no de obtener. Sobornar a la humanidad con cosas materiales habría sido la negación de todo lo que Él vino a decir y habría sido finalmente la derrota de Sus propios fines.

En segundo lugar, habría sido suprimir los síntomas sin tratar la enfermedad. La gente está hambrienta; pero debemos preguntarnos: ¿Por qué está hambrienta? ¿Es por culpa de su propia estupidez, y descuido, y holgazanería? ¿O es porque hay algunos que poseen egoístamente demasiado mientras otros carecen de lo necesario? La verdadera manera de curar el hambre es eliminar sus causas -y las causas están en el alma de las personas. Y, sobre todo, hay un hambre del corazón que no se puede satisfacer con cosas materiales.

Así es que Jesús contestó al tentador con las mismas palabras que expresan la lección que Dios había tratado de enseñarle a Su pueblo en el desierto: «La persona no vive solo de pan, sino de todo lo que proceda de la boca del Señor” (Deu_8:3 ). La única manera de encontrar la verdadera satisfacción es aprender a depender totalmente de Dios.

(ii) Entonces el tentador reforzó su ataque en otro frente. En una visión, llevó a Jesús al pináculo del templo. Eso puede querer decir una de dos cosas.

El templo estaba edificado en la cima del monte de Sión, que formaba como una meseta donde estaban situados los edificios del templo. Había una esquina en la que se unían el pórtico de Salomón y el pórtico Real, y en esa esquina había una caída de ciento cincuenta metros al valle del torrente de Cedrón. ¿Por qué no había de ponerse Jesús en ese pináculo, tirarse y aterrizar ileso en el fondo del valle? El pueblo seguiría admirado al que fuera capaz de semejante hazaña.

Otra posibilidad sería que, en la cubierta del templo mismo había un saliente donde se colocaba todas las mañanas un sacerdote con una trompeta en la mano, esperando el primer arrebol de la aurora a través de las colinas de Hebrón. A la primera señal del alba tocaba la trompeta para anunciar la hora del sacrificio de la mañana. ¿Por qué no podía Jesús ponerse allí, y saltar precisamente al patio del templo, haciendo que Le siguieran todos estupefactos? ¿No había dicho Malaquías: “ Y vendrá súbitamente a Su templo el Señor?» (Mal_3:1 ). ¿No había una promesa de que los ángeles llevarían en sus manos al hombre de Dios para que no le sobreviniera ningún daño? (Sal_91:11 s).

Esto era precisamente lo que prometían los falsos mesías que surgían cada dos por tres. Un tal Teudas había hecho salir al pueblo prometiéndole que a su palabra se dividirían las aguas del Jordán en dos partes. Un famoso pretendiente egipcio (Hec_21:38) había prometido que con una sola palabra arrasaría las murallas de Jerusalén. Simón Mago, se dice, había prometido volar por los aires, pero pereció en el intento. Estos pretendientes habían ofrecido credenciales que no pudieron cumplir. Jesús podía cumplir todo lo que prometiera. ¿Por qué no había de seguir ese método?

Jesús tenía dos buenas razones para no adoptar ese curso de acción. La primera, que el que busque atraer a sí a las personas proveyéndolas de sensaciones habrá elegido un camino que, literalmente, no tiene futuro. La razón es bien sencilla: para conservar el poder tendría que seguir produciendo sensaciones cada vez más grandes. Las maravillas tienen un tiempo limitado. La sensación de este año será algo corriente el que viene. Un evangelio basado en el sensacionalismo estaría condenado al fracaso. La segunda, que esa no es la manera en que se ha de usar el poder de Dios. “ No intentarás someter al Señor tu Diosa prueba,» dijo Jesús (Deu_6:16 ). Lo que quería decir era que no es bueno querer ver hasta dónde puede uno llegar con Dios; no tiene sentido ponerte deliberadamente en una situación peligrosa, atrevida e innecesariamente, y esperar que Dios te libre de las consecuencias.

Dios espera que asumamos riesgos por fidelidad a Él, pero no para elevar nuestro prestigio. La fe que depende de las señales y los milagros no es la verdadera fe. Si la fe no puede creer sin las sensaciones es que no es realmente fe, sino una duda que está buscando una prueba, y buscándola donde no la puede encontrar. El poder salvador de Dios no es algo con lo que se puede jugar ni experimentar, sino algo en lo que hay que confiar sin aspavientos en la vida diaria.

Jesús rechazó el sensacionalismo porque sabía que conducía, y conduce, al fracaso; y porque buscar sensaciones no es confiar, sino desconfiar de Dios.

(iii) Así es que el tentador atacó todavía por otro frente. Era el mundo lo que Jesús había venido a salvar, y Le vino a la mente una representación del mundo. La voz del tentador Le dijo: .«¡Póstrate y adórame, y yo Te daré todos los reinos del mundo!» ¿No había dicho Dios mismo a Su escogido: “ Pídeme, y Te daré por herencia las naciones, y como posesión Tuya los confines de la Tierra»? (Sal_2:8 ).

Lo que quería decir el tentador era: «¡Transige! ¡Lleguemos a un acuerdo! ¡No pongas el listón demasiado alto! Hazte un poco el ciego al mal y a las cosas discutibles, y Te harás con las masas.» Esta era la tentación a pactar con el mundo en vez de presentarle clara y terminantemente las demandas de Dios. Era la tentación a avanzar retirándose, y a tratar de cambiar el mundo haciéndose como él.

La contestación de Jesús no se hizo esperar: “ Al Señor tu Dios temerás, a Él solo servirás y por Su nombre jurarás” (Deu_6:13 ). Jesús estaba absolutamente seguro de que no se puede vencer al mal entrando en componendas con él. Estableció la insobornabilidad de la fe cristiana. El Cristianismo no se puede doblegar para ponerse al nivel del mundo, sino elevar al mundo a su propio nivel. Ningún otro principio funcionará.

Así es que Jesús hizo Su decisión. Decidió que nunca sobornaría a nadie para que Le siguiera; decidió que el camino del sensacionalismo no era para Él, y decidió que no podía transigir en el mensaje que predicara ni en la fe que demandara. Su elección significaba inevitablemente la Cruz -pero la Cruz significaba también inevitablemente la victoria final.

EL HIJO DE DIOS EN CAMPAÑA

Cuando se enteró Jesús de que habían entregado a Juan a las autoridades, se retiró a Galilea. Se marchó de Nazaret y fue a fijar Su residencia a Cafernaún, que está a la orilla del lago, en el distrito de Zabulón y Neftalí. Esto se hizo para que se cumpliera lo que había dicho Dios por medio del profeta Isaías: “ ¡Tierra de Zabulón, y tierra de Nefatlí, camino de la mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles! La gente que moraba en las tinieblas ha visto una gran luz, una gran luz les ha resplandecido a los que estaban asentados en la tierra y ala sombra de la muerte.»

Desde aquel tiempo Jesús se puso a proclamar Su Mensaje y a decir:

-¡Arrepentíos, que el Reino del Cielo se ha acercado!

No pasó mucho tiempo antes que le sobreviniera el desastre a Juan. Le detuvieron y le metieron en la cárcel en las mazmorras del castillo de Maqueronte por orden del rey Herodes. Su crimen había sido el denunciar públicamente que Herodes había seducido a la mujer de su hermano, y luego se había casado con ella después de divorciarse de la mujer anterior. No está uno nunca a salvo si denuncia a un déspota oriental, y el valor de Juan le trajo en consecuencia primero la cárcel y luego la muerte. Más tarde volveremos a los detalles de esa historia que Mateo no nos dice hasta Mat_14:3-12 .

Jesús supo que Le había llegado el momento de ponerse en campaña.

Fijémonos en lo que fue lo primero que hizo. Se marchó de Nazaret y puso su residencia en el pueblo de Cafernaún. Había una especie de finalidad simbólica en esa mudanza. En aquel momento Jesús se marchó de su casa para no volver a vivir en ella nunca más. Es como si se cerrara la puerta que dejaba atrás antes de abrir la que tenía delante. Era un corte limpio entre lo antiguo y lo nuevo. Se había terminado un capítulo y empezaba otro. A veces llegan a la vida esos momentos de decisión. Siempre es mejor recibirlos con un corte hasta quirúrgico que vacilar indecisamente entre dos cursos de acción.

Fijémonos adónde fue Jesús. Se fue a Galilea. Cuando Jesús se fue a Galilea para empezar Su misión y Su ministerio, Él sabía lo que estaba haciendo. Galilea era el distrito más septentrional de Palestina. Se extendía desde el río Litani, el antiguo Leontes, al Norte hasta la llanura de Esdrelón al Sur. Por el Oeste no llegaba hasta la costa del Mediterráneo, porque la banda costera estaba en posesión de los fenicios. Limitaba por el Nordeste con Siria, y su frontera oriental eran las aguas del Mar de Galilea. Galilea no era muy extensa; sólo ochenta kilómetros de Norte a Sur por cuarenta de Este a Oeste.

Pero, aunque fuera pequeña, Galilea estaba densamente poblada; era con mucho la región más fértil de Palestina; su fertilidad era fenomenal y proverbial. Había un dicho de que era más fácil criar una legión de olivos en Galilea que un chico en Judasa. Josefo, que fue en un tiempo gobernador de la provincia, dice: “ Es rica por todas partes de suelo y pastos, produciendo todas las variedades de árboles e invitando por su productividad hasta a los que tienen menos interés en la agricultura; está toda labrada; no se deja ninguna parte en barbecho, y es. productiva en su totalidad.» En consecuencia, Galilea tenía una enorme población comparada con su tamaño. Josefo nos dice que había doscientos cuatro pueblos en ella, ninguno con menos de quince mil habitantes. Jesús empezó Su misión en la parte de Palestina donde había más personas que pudieran oírle; empezó Su obra en un área que hervía de gente a la que se podía proclamar el Evangelio.

Pero Galilea no era sólo un distrito populoso; sus habitantes tenían ciertas características. De todas las partes de Palestina, Galilea era la más abierta a las nuevas ideas. Josefo dice de los galileos: “ Siempre les gustaban las innovaciones, y estaban dispuestos por naturaleza a los cambios, y alucinaban con las sediciones.» Siempre estaban dispuestos a seguir a un líder y empezar una insurrección. Eran notoriamente vivos de genio y dados a las peleas. Pero, a pesar de todo, eran de lo más caballerosos. «Los galileos -dice Josefo- no están nunca desprovistos de coraje.” «La cobardía no fue nunca una característica de los galileos.” «Les importaba más el honor que la ganancia.» Las características innatas de los galileos eran tales que los hacían tierra fértil para que se les predicara el Evangelio.

Su apertura a nuevas ideas se debía a ciertos Hechos.

(i) El nombre de Galilea viene de la palabra hebrea Galil, que quiere decir círculo. El nombre completo de la zona era Galilea de los gentiles. Plummer sugiere que quería decir “ la pagana Galilea.» Pero la frase procedía del hecho de que Galilea estaba literalmente rodeada de gentiles. Por el Oeste, sus vecinos eran los fenicios. Por el Norte y el Este, los sirios. y hasta por el Sur estaba el territorio de los samaritanos. Galilea era de hecho la única parte de Palestina que estaría inevitablemente en contacto con influencias e ideas no judías. Galilea no tenía más remedio que estar abierta a nuevas ideas más que ninguna otra parte de Palestina.

(ii) Por Galilea pasaban las grandes carreteras del mundo, como ya hemos visto cuando hablábamos del pueblo de Nazaret. El Camino del Mar iba de Damasco a Egipto y África pasando por Galilea. La carretera del Este que llegaba hasta las últimas fronteras pasaba por Galilea. El tráfico del mundo pasaba por Galilea. Allá lejos al Sur, Judasa estaba remetida en una esquina, aislada y encerrada. Como se ha dicho muy bien, “ Judasa no está de camino a ninguna parte; Galilea está de camino a todas partes.» Judasa podía erigir una valla para protegerse de todas las influencias extranjeras y de todas las nuevas ideas; Galilea nunca podría hacerlo. Era inevitable que llegaran las nuevas ideas a Galilea.

(iii) La posición geográfica de Galilea había afectado su historia. Una y otra vez había sido invadida y conquistada, y las oleadas de extranjeros habían fluido a menudo sobre ella y algunas veces la habían inundado.

En sus orígenes había sido asignada a las tribus de Aser, Neftalí y Zabulón cuando los israelitas llegaron por primera vez a la tierra (Josué 9); pero estas tribus no habían tenido nunca un éxito total en expulsar a los habitantes nativos cananitas, y desde el principio Galilea tuvo una población mezclada. Más de una vez las invasiones extranjeras la habían barrido desde el Norte y el Este desde Siria, y en el siglo VIII a.C. los asirios la habían inundado totalmente, llevándose al exilio a la mayor parte de su población y asentando a extranjeros en su tierra. Inevitablemente esto produjo una considerable inyección de sangre extranjera en Galilea.

Desde el siglo VIII hasta el II a.C. había estado mayormente en manos gentiles. Cuando volvieron los judíos del exilio bajo Nehemías y Esdras, muchos de los galileos se mudaron al Sur para vivir en Jerusalén. En 164 a.C., Simón Macabeo persiguió a los asirios al Norte, echándolos de Galilea a su propia tierra; y en su viaje de vuelta se llevó consigo a Jerusalén el resto de los Galileos que quedaba.

La cosa más sorprendente de todas fue que el año 104 a.C. Aristóbulo reconquistó Galilea para la nación judía e hizo circuncidar a la fuerza a los habitantes de Galilea, haciéndolos así judíos quisieran que no. La historia había obligado a Galilea a abrir sus puertas a nuevos tipos de sangre y a nuevas ideas y a nuevas influencias.

Las características naturales de los galileos, y la preparación de la historia, habían hecho de Galilea el único lugar de toda Palestina donde un nuevo maestro con un nuevo mensaje tenía una oportunidad bien real de que le oyeran, y fue allí donde Jesús empezó Su misión y anunció por primera vez Su Mensaje.

EL HERALDO DE DIOS

Antes de salirnos de este pasaje hay algunas cosas más que debemos notar.

Fue al pueblo de Cafarnaún a donde se mudó Jesús. La forma correcta del nombre es Capernaúm. La forma Capernaúm no aparece en absoluto hasta el sigo V d.C., pero a algunos se nos ha lijado en la memoria de tal manera que sigue manteniéndose en la Reina-Valera.

Ha habido mucha discusión acerca de la localización de Cafarnaún. Se han sugerido dos lugares. La identificación más corriente, y la más probable, es que Cafarnaún es Tell Hum que está al lado occidental del extremo norte del Mar de Galilea; la identificación alternativa y menos probable, es que fuera Jan Minyeh, que está a unos cuatro kilómetros más al suroeste. En cualquier caso, no quedan más que unas ruinas para mostrar dónde estuvo Cafarnaún una vez.

Mateo tenía la costumbre de encontrar en el Antiguo Testamento algo que podía usar como una profecía acerca de cualquier acontecimiento de la vida de Jesús. Encuentra esta profecía en Isa_9:1 s. De hecho, es otra de las profecías que Mateo extrae violentamente de su contexto y usa en su extraordinaria manera. Es una profecía que se retrotrae al reinado de Peka. En aquellos días, la parte septentrional de Palestina, incluyendo Galilea, había sido arrasada por el ejército invasor de los asirios; y ésta fue originalmente una profecía de la liberación de estos territorios conquistados que tendría lugar algún día. Mateo encuentra en ella una profecía que anunciaba la luz que traería Jesús.

Por último, Mateo nos da un breve sumario del mensaje que proclamaba Jesús. La Reina-Valera dice que Jesús comenzó a predicar. La palabra predicar ha bajado de categoría en el mundo; se conecta en las mentes de muchas personas con el aburrimiento. La palabra en griego es kéryssein, que es la que se usa para la proclamación de un heraldo del rey. Kéryx es la palabra griega para heraldo y el heraldo era el que traía un mensaje directamente del rey.

Esta palabra nos comunica ciertas características de la predicación de Jesús, y éstas son las características que debería tener toda predicación.

(i) El heraldo tenía en su voz una nota de seguridad. No había la menor duda acerca de su mensaje; no venía con tal veces ni con puede que o probablemente; venía con un mensaje definitivo. Goethe decía: «Háblame de tus certezas; que para dudas ya tengo yo bastantes.» La predicación es la proclamación de certezas, y nadie puede hacer que otros acepten como seguro lo que para él está en duda.

(ii) El heraldo tenía en su voz una nota de autoridad. Hablaba en nombre del rey; establecía y anunciaba la ley del rey, la orden del rey, la decisión del rey. Como se dijo de un gran predicador, «no suponía entre nebulosas; sabía.” La predicación, como se ha dicho, es la aplicación de la autoridad profética a la situación presente.

(iii) El mensaje del heraldo procedía de una fuente más allá de sí mismo; procedía del rey. La predicación habla desde una fuente más allá del predicador. No es la expresión de las opiniones personales de un hombre; es la voz de Dios trasmitida al pueblo por medio de una persona. Era con la voz de Dios como Jesús hablaba a los hombres.

El mensaje de Jesús constaba de un mandamiento que era la consecuencia de una nueva situación. “ ¡Arrepentíos!” -decía. «Volveos de vuestros propios caminos, y volved a Dios. Levantad vuestra mirada de la tierra y ponedla en el cielo. Cambiad el sentido de vuestra dirección, y dejad de alejaros de Dios y empezad a caminar hacia Dios.» Ese mandamiento había llegado a ser urgentemente necesario porque el Reinado de Dios estaba a punto de empezar. La eternidad había invadido el tiempo; Dios había invadido la Tierra en Jesucristo, y por tanto era de suprema importancia el escoger la dirección y el lado correctos.

CRISTO LLAMA A UNOS PESCADORES

Cuando Jesús iba pasando por la orilla del Mar de Galilea vio a dos hermanos -Simón, al que llaman Pedro, y su hermano Andrés- que estaban echando la red al mar, porque eran pescadores. Y Jesús les dijo:

-¡Seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres!

Ellos dejaron las redes inmediatamente y Le siguieron. Jesús pasó más adelante y vio a otros dos hermanos, SantiagoJas. hijo de Zebedeo y su hermano Juan. Estaban en una barca con su padre Zebedeo preparando las redes para la pesca. Jesús también los llamó, y ellos dejaron inmediatamente la barca y a su padre, y siguieron a Jesús.

Toda Galilea se centraba alrededor del Mar de Galilea. Éste tiene veinte kilómetros de largo de Norte a Sur y catorce de ancho de Este a Oeste. El Mar de Galilea es por tanto pequeño, y es interesante el hecho de que Lucas, el gentil, que había visto mucho mundo, nunca lo llama mar (thalassa), sino siempre lago (limné). Tiene una forma ovalada, más ancho por arriba que por abajo. Se encuentra en una gran falla de la superficie de la Tierra por la que corre el valle del Jordán, y la superficie del Mar de Galilea está a doscientos diez metros bajo el nivel del Marcos El hecho de encontrarse a esta profundidad en la superficie de la Tierra le da un clima muy cálido y hace la tierra de alrededor inmensamente fértil. Es uno de los lagos más encantadores del mundo. W. M. Thomson lo describe: “ Visto desde cualquier punto de las alturas circundantes es una bella extensión de agua -un espejo bruñido engastado en un marco de colinas y de montañas abruptas que se erigen y ruedan hacia atrás y hacia arriba hasta donde cuelga el cuadro de Hermón sobre la bóveda azul de los cielos.”

En los días de Josefo había no menos de nueve ciudades populosas en sus orillas. En la década de los treinta, cuando H. V. Morton lo vio, sólo quedaba Tiberíades, que era poco más que una aldea. Hoy es la ciudad mayor de Galilea, y sigue creciendo.

En los días de Jesús, el Mar de Galilea estaba abarrotado de barcas de pesca. Josefo, en una cierta expedición, no tuvo dificultad para reunir doscientas cuarenta barcas de pesca para salir de Tariquea; pero ahora los pescadores son pocos y dispersos.

Había tres métodos de pesca. Estaba la pesca de anzuelo.

Estaba la pesca con red. Esta solía ser circular y de unos tres metros de ancho. Se lanzaba hábilmente al agua desde la tierra o desde los bajíos al borde de la orilla del lago. Llevaba unas pesas de plomo alrededor de la circunferencia. Se hundía en el mar y rodeaba a los peces; entonces se tiraba de ella a través del agua como si se tratara de una tienda de campaña con forma de campana, en la que se cogían los peces. Esa era la clase de red que estaban manipulando Pedro y Andrés, y SantiagoJas. y Juan, cuando Jesús los vio. Se llamaba amfibléstron.

La red barredera se usaba desde una barca, o mejor desde dos. Se echaba al agua con cuerdas en las cuatro esquinas. Llevaba pesas en un lado; así que, como si dijéramos, se quedaba derecha de pie en el agua. Cuando las barcas iban remando con la red por detrás, ésta tomaba la forma de un gran cono, en el que cogían los peces y se traían a las barcas. Esta clase de red es la que se menciona en la parábola de la red; y se llamaba saguéné.

Jesús pasaba por la orilla del lago; conforme iba andando, llamó a Pedro y Andrés, y a SantiagoJas. y Juan. No tenemos que creer que era la primera vez que los veía, o ellos a Él. Según Juan el Evangelista, por lo menos algunos de ellos ya eran discípulos de Juan el Bautista (Jua_1:35 ). Sin duda ya habían hablado con Jesús y Le habían escuchado; pero fue en este momento cuando les llegó el desafío de una vez para siempre de asociarse con Él.

Los griegos solían contar cómo habían encontrado Jenofonte a Sócrates por primera vez. Sócrates se le encontró en una callejuela, y le cerró el paso con el bastón. Primero le preguntó si sabía dónde podía comprar esto y aquello, y si sabía dónde se hacía esto y lo otro. Jenofonte le dio la información requerida. A continuación Sócrates le preguntó:

-¿Sabes dónde hacen a los hombres buenos y virtuosos? -No -le contestó Jenofonte. Y entonces Sócrates le dijo:

-¡Pues sígueme y aprende!

Jesús también llamó así a estos pescadores a seguirle. Es interesante ver la clase de personas que eran. No eran gente de gran preparación intelectual, o influyente, o rica, o de posición social. Tampoco eran pobres. Eran simplemente trabajadores, sin una posición social especial y, seguro que cualquiera habría dicho, sin un gran futuro. Eran hombres normales y corrientes los que Jesús escogió.

Una vez acudió a Sócrates un hombre que no tenía nada especial, que se llamaba Esquines.

Soy un pobre hombre -le dijo-; no tengo nada más, pero me doy a ti.

¿Te das cuenta -le dijo Sócrates- de que me das lo que tiene más valor?

Lo que Jesús necesita es gente corriente que se Le den a sí mismos. Jesús puede hacer cualquier cosa con personas así.

Además, estos hombres eran pescadores. Muchos investigadores han indicado que un buen pescador tiene que tener estas cualidades que le pueden hacer un buen pescador de hombres.

(i) Debe tener paciencia. Debe aprender a esperar pacientemente hasta que piquen los peces. Si es inquieto y no se puede estar quieto nunca hará un buen pescador. El buen pescador de hombres tendrá necesidad de paciencia. Rara vez obtenemos resultados rápidos en la predicación o en la enseñanza. Tenemos que aprender a esperar.

(ii) Debe tener perseverancia. Tiene que aprender a no desanimarse nunca, sino seguir intentando. El buen predicador y maestro no debe desanimarse cuando no parece que sucede nada. Siempre debe estar dispuesto a intentar otra vez.

(iii) Debe tener coraje. Como decía un viejo griego cuando rezaba por la protección de los dioses: “ ¡Mi barca es tan pequeña y el mar tan grande!” Debe estar dispuesto a arriesgarse y a arrostrar la furia de la mar y de la tempestad. El buen predicador y maestro debe ser consciente de que hay siempre un peligro en decirle a la gente la verdad. La persona que dice la verdad, más a menudo que lo contrario, se juega la reputación y la vida.

(iv) Debe tener vista para el momento oportuno. El pescador sensato sabe muy bien que hay veces que es inútil intentar pescar. Sabe cuándo echar la red y cuándo no. El buen predicador y maestro elige el momento. Hay veces que la gente recibe la verdad, y veces cuando la resiente. Hay veces que la verdad los mueve, y veces que la verdad los endurece en su oposición a la verdad. El predicador y maestro sensato sabe que hay un tiempo de hablar, y un tiempo de callar.

(v) Debe escoger el cebo de acuerdo con el pez. Un pez acudirá a un cebo, y otro a otro. Pablo decía que se hacía todo a todos para estar en condiciones de ganar a algunos. El predicador y maestro sensato sabe que el mismo enfoque no sirve para todas las personas. Puede que tenga que descubrir y reconocer sus propias limitaciones. Puede que tenga que descubrir que hay ciertos ambientes en los que puede trabajar y otros en los que no.

(vi) El pescador sensato tiene que mantenerse fuera de la vista. Si hace notar su presencia, o aun su sombra, seguro que los peces no picarán. El predicador y maestro sensato siempre tratará de presentarle a su audiencia, no su propia persona, sino a Jesucristo. Su objetivo es que la gente fije la mirada, no en él, sino en la Figura que está detrás.

EL MÉTODO DEL MAESTRO

Jesús hizo un viaje circular por toda Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando toda clase de enfermedades y dolencias entre la gente; y la fama de Sus actividades se corrió por toda Siria, deforma que Le traían a todos los que estaban enfermos, los que estaban aquejados de las dolencias y dolores más diversos, los que estaban poseídos por demonios, epilépticos y paralíticos; y Jesús los sanaba. Y Le seguían grandes multitudes procedentes de Galilea, y de Decápolis, y de Jerusalén, y de Judasa, y del otro lado del Jordán.

Jesús había escogido Galilea para empezar Su misión, y ya hemos visto lo bien preparada que estaba Galilea para recibir la semilla. Dentro de Galilea, Jesús escogió empezar Su campaña en las sinagogas.

La sinagoga era la institución más importante de la vida judía. Había una diferencia entre las sinagogas y el templo. No había más que un solo templo, el de Jerusalén, pero dondequiera que hubiese la más pequeña colonia de judíos, había una sinagoGálatasGa. El templo existía exclusivamente para ofrecer sacrificios; allí no había predicación ni enseñanza. La sinagoga era esencialmente una institución docente. Las sinagogas se han desmido como «las universidades religiosas populares de su tiempo.» Si un hombre tenía alguna enseñanza o ideas religiosas que quería propagar, la sinagoga era incuestionablemente donde debía empezar.

Además, el culto de la sinagoga ofrecía al nuevo maestro una oportunidad. Constaba de tres partes. La primera eran oraciones. La segunda parte, lecturas de la Ley y de los Profetas, en las que tomaban parte miembros de la congregación. La tercera parte era la plática. El hecho importante y curioso era que no había una persona fija que hiciera la plática. No había tal cosa como un ministerio profesional. El presidente de la sinagoga se encargaba de los preparativos del culto. Se le podía pedir a cualquier forastero distinguido que hiciera la plática, y cualquiera que tuviese un mensaje que compartir se ofrecía voluntario para hacerlo; y, si el gobernador o presidente de la sinagoga le consideraba persona capacitada para hablar, se lo permitía. Así que, al principio, la puerta y el púlpito de la sinagoga estaban abiertos para Jesús. Empezó en la sinagoga porque era allí donde podía encontrar las personas más sinceramente religiosas de aquel tiempo, y se le ofrecía la oportunidad de hablarles. Después de la plática había un tiempo de coloquio, preguntas y discusión. La sinagoga era el lugar ideal para presentarle al pueblo una nueva enseñanza.

Pero Jesús no sólo predicaba; también sanaba a los enfermos. No nos sorprende que las noticias de lo que estaba haciendo se divulgaran, y acudieran multitudes a oírle, y a verle, y a beneficiarse de su piedad.

Venían de Siria. Siria era la gran provincia romana de la que formaba parte Palestina. Se extendía hacia el Norte y el Nordeste, con la gran ciudad de Damasco como su centro. Eusebio nos transmite una de las leyendas más preciosas, que se remonta a este tiempo (Historia Eclesiástica 1: 13). Esta historia relata que había un rey llamado Abgar en Edesa que estaba enfermo. Así que, se dice, Le escribió una carta a Jesús: “ Abgar, gobernador de Edesa, a Jesús el muy excelente Salvador Que ha aparecido en el país de Jerusalén: Saludos. He tenido noticias de Ti y de Tus curaciones, realizadas sin medicina ni hierbas; porque se dice que haces que los ciegos vean y los cojos anden, limpias a los leprosos, echas a los espíritus y demonios, sanas a los afligidos de enfermedades crónicas y levantas a los muertos. Ahora bien, como he sabido todo esto acerca de Ti, he llegado a la conclusión de que una de dos cosas debe ser verdad: O bien Tú eres Dios, Que, habiendo descendido del Cielo, haces estas cosas, o bien eres un hijo de Dios por lo que haces. Te escribo, por tanto, para pedirte que vengas a curarme la enfermedad que padezco. Porque he oído que los judíos murmuran contra Ti y conspiran males contra Ti. Ahora bien: Yo tengo una ciudad pequeñita pero excelente que es lo bastante grande para nosotros dos.» Se decía que Jesús le había contestado: “ ¡Bendito seas por haber creído en Mí sin haberme visto; porque está escrito acerca de Mí que los que Me han visto no creerán en Mí, mientras que los que no Me han visto creerán y serán salvos. Pero, en cuanto a tu invitación para que vaya allí, tengo que cumplir aquí todas las cosas para las que he sido enviado; y, después de cumplirlas, volver otra vez al Que Me envió. Sin embargo, después de ascender, te enviaré a uno de mis discípulos para que te cure de tu enfermedad y para loros vida a ti y a los tuyos.» La leyenda continúa diciendo que Tadeo fue a Edesa y curó a Abgar. Tal vez sea sólo una leyenda; pero muestra que se creía que hasta en la lejana Siria se había oído de Jesús y se anhelaba de todo corazón la ayuda y la sanidad que únicamente Él podía dar.

Naturalmente venían de toda Galilea; y las noticias acerca de Jesús se extendieron hacia el Sur hasta Judasa y Jerusalén, y también de allí venían. Venían también de la región al otro lado del Jordán que se llamaba Perea, que se extendía desde Pela al Norte hasta Petra al Sur. También venían de Decápolis, que era una federación de diez ciudades griegas independientes, todas ellas, excepto Escitópolis, estaban al otro lado del Jordán.

Esta lista es simbólica, porque en ella vemos no sólo judíos sino también gentiles que acudían a Jesucristo por lo que sólo Él podía darles. Ya se estaban uniendo a Él los fines de la Tierra.

LAS ACTIVIDADES DE JESÚS

Este pasaje tiene mucha importancia porque nos da un breve sumario de las tres grandes actividades de la vida de Jesús.

(i) Vino proclamando el Evangelio; o como dice la Reina Valera, vino predicando. Ahora bien: como ya hemos visto, la predicación es la proclamación de certezas. Por tanto, Jesús vino a derrotar la ignorancia humana. Vino a decirnos la verdad acerca de Dios, lo que nunca habríamos podido descubrir por nosotros mismos. Vino a poner el punto final al suponer y al andar a tientas, y a mostrarnos cómo es Dios.

(ii) Vino enseñando en las sinagogas. ¿Cuál es la diferencia entre enseñar y predicar? Predicar es la proclamación sin reserva de certezas; la enseñanza es la explicación de su significado y relevancia. Por tanto, Jesús vino para derrotar los malentendidos humanos. Hay veces cuando se conoce la verdad y se malinterpreta. Se conoce la verdad y se sacan conclusiones erróneas de ella. Jesús vino a revelarnos el sentido de la verdadera religión.

(iii) Vino sanando a todos los que tenían necesidad de sanidad. Es decir: Jesús vino para derrotar el dolor humano. Lo importante acerca de Jesús es que no se conformó con decirnos la verdad meramente en palabras; vino para poner la verdad en acción. Florence Allshorn, la gran maestra misionera decía: “ Un ideal no es nunca tuyo hasta que se te sale por la punta de los dedos.” El ideal no es nuestro hasta que se materializa en obras. Jesús hacía realidad Su propia enseñanza en obras de ayuda y sanidad.

Jesús vino predicando para derrotar toda ignorancia. Vino enseñando para derrotar todos los malentendidos. Vino sanando para derrotar todo dolor. Nosotros, también, debemos proclamar nuestras certezas; nosotros, también, debemos estar dispuestos a explicar nuestra fe; nosotros, también, debemos traducir el ideal a la acción y a las obras.

EL SERMÓN DEL MONTE

Como ya hemos visto, Mateo tiene un esquema cuidadosamente preparado en su evangelio.

En su relato del bautismo de Jesús nos Le muestra dándose cuenta de que ha sonado Su hora, de que Le ha llegado la llamada a la acción y que tiene que iniciar Su cruzada. En su relato de las tentaciones de Jesús nos Le presenta eligiendo deliberadamente el método que va a usar para llevar a cabo Su labor, y rechazando deliberadamente otros métodos que Él sabía que eran contrarios a la voluntad de Dios. Si uno asume una gran tarea necesita ayudantes, asistentes y personal; así es que Mateo pasa a mostrarnos a Jesús seleccionando los hombres que serán Sus colaboradores.

Pero si los ayudantes y asistentes han de hacer su trabajo inteligente y eficazmente habrá que empezar por instruirlos. Y aquí, en el Sermón del Monte, Mateo nos muestra a Jesús instruyendo a Sus discípulos en el Mensaje que era Suyo y que ellos habían de transmitir a la humanidad. En el relato de Lucas del Sermón del Monte esto aparece aún más claro. Sigue inmediatamente a lo que podríamos llamar la elección oficial de los Doce (Luc_6:13 ss).

Por esta razón, un gran investigador. llamó al Sermón del Monte «El sermón de ordenación de los Doce.» De la misma manera que hay que presentarle su tarea a un joven pastor que está a punto de encargarse de su primer trabajo; así Jesús les dirigió a los Doce este sermón de ordenación antes de que salieran a realizar su labor. Por esa razón otros investigadores le han dado al Sermón del Monte otros títulos. Se ha llamado “ El compendio de la doctrina de Cristo,” “ La Carta Magna del Reino,» “ El manifiesto del Rey.” Todos están de acuerdo en que en el Sermón del Monte tenemos la esencia de la enseñanza de Jesús al círculo más íntimo de Sus seguidores.

EL SUMARIO DE LA FE

Es un hecho que esto es aún más verdad de lo que parece a primera vista. Hablamos del Sermón del Monte como si fuera un sermón determinado predicado en una sola ocasión. Pero es mucho más que eso. Hay buenas e indiscutibles razones para creer que el Sermón del Monte es mucho más que un sermón; que es, de hecho, una especie de epítome de todos los sermones que predicó Jesús.

(i) Cualquiera que lo oyera por primera vez en su forma actual estaría agotado mucho antes del final. Hay demasiado material es él para una sola audición. Una cosa es sentarse y leerlo, haciendo pausas o deteniéndose a pensar cuando se quiere, y otra escucharlo seguido por primera vez. Podemos leerlo a nuestro paso, reconociendo y saboreando cada palabra; pero oírlo por primera vez en su forma presente sería deslumbrarnos del exceso de luz mucho antes de que se terminara.

(ii) Hay algunas secciones del Sermón del Monte que surgen, por así decirlo, sin previo aviso; no tienen conexión con lo precedente ni con lo consiguiente. Por ejemplo: Mat_5:31 s, y Mat_7:7 -I1 están desconectadas de su contexto. Hay una cierta dislocación en el Sermón del Monte.

(iii) Lo más importante es que, tanto Mateo como Lucas nos dan una versión del Sermón del Monte. En la versión de Mateo hay 107 versículos. De estos 107, 29 se encuentran juntos en Luc_6:20-49 ; 47 no tienen paralelo en la versión de Lucas, y 34 se encuentran desperdigados por todo el evangelio de Lucas en diferentes contextos.

Por ejemplo: el símil de la sal está en Mat_5:13 y en Luc_14:34 s; el símil de la lámpara está en Mat_5:15 y en Luc_8:16 ; el dicho de que no se omitirá ni un punto ni una tilde de La ley está en Mat_5:18 y en Luc_16:17 . Es decir, que pasajes que son consecutivos en el evangelio de Mateo aparecen en capítulos ampliamente separados del evangelio de Lucas.

Para tomar otro ejemplo: el dicho acerca de la mota en el ojo de nuestro hermano y la viga en el nuestro está en Mat_7:1 -5 y en Luc_6:37-42 ; y el pasaje en que Jesús exhorta a pedir y buscar y encontrar está en Mat_7:7-12 y en Luc_11:9-13.

Si tabulamos estos pasajes lo vemos todavía más claro.

Este tiempo de prueba muestra que Jesús era realmente el Hijo de Dios, capaz de superar a Satanás y sus tentaciones. Una persona no puede demostrar obediencia verdadera si no tiene la oportunidad de ser desobediente. En Deu_8:2, Dios guió a Israel hacia el desierto para afligirlos y probarlos. Quería ver cómo reaccionaban y si estaban dispuestos a obedecerle. También nosotros seremos probados. Sabiendo que la prueba vendrá, debiéramos estar alertas y listos para enfrentarla. Hay que tomar en cuenta Mat_26:41 : “la carne es débil”. ¡Sus convicciones son buenas si resisten bajo presión!

Satanás tentó a Eva en el jardín, y aquí tienta a Jesús en el desierto. Satanás es un ángel caído. Existe de veras, no es simbólico, y constantemente está luchando en contra de los que obedecen y siguen a Dios. Las tentaciones de Satanás son reales. El quiere que hagamos las cosas a su manera o la nuestra, pero no como Dios quiere. Jesús un día va a reinar sobre toda la creación, pero Satanás quería que Jesús se proclamara rey prematuramente. Si Jesús lo hacía, su misión en la tierra, morir por nuestros pecados y darnos la oportunidad de tener vida eterna, se arruinaba. Cuando las tentaciones parecen ser duras, o cuando piense que pueden ser racionalizadas, piense que el diablo podría estar procurando estorbar el propósito de Dios para su vida.

Esta tentación de Satanás sirvió para mostrarnos que Jesús era humano y proporcionó a Jesús la oportunidad de reafirmar el plan de Dios para su ministerio. También nos da un ejemplo a seguir cuando somos tentados. La tentación de Jesús fue importante porque demuestra su ausencia de pecado. Fue tentado y no cedió a la tentación.

4.1ss Satanás tentó a Jesús, pero Jesús nunca pecó. Podríamos sentirnos sucios después de una tentación; sin embargo, la tentación en sí no es pecado. Pecamos cuando cedemos y desobedecemos a Dios. Recordarlo nos ayudará a mantenernos alejados de la tentación.

Jesús no fue tentado en el templo ni en su bautismo, sino en el desierto; estaba cansado, solitario y hambriento, y por lo tanto muy vulnerable. Satanás, con frecuencia, nos tienta cuando somos vulnerables: cuando estamos cansados, solitarios, enfrentando decisiones importantes o incertidumbre. Pero Satanás gusta también de tentarnos por medio de nuestras virtudes, en el momento en que somos susceptibles al orgullo (véase la nota de Luk_4:3ss). Debemos estar en guardia en todo momento contra sus ataques.

Las tentaciones de Satanás se enfocan en tres cosas: (1) deseos físicos, (2) posesiones y poder, y (3) orgullo (en 1Jo_2:15-16 hallará una lista similar). Pero Jesús no cedió. Heb_4:15-16 dice que Jesús fue tentado como nosotros lo somos, pero que El no cedió ni una vez y no pecó. El sabe por experiencia propia lo que estamos experimentando. El desea y tiene todo poder para ayudarnos en nuestras dificultades. Cuando sea tentado, vuélvase a El en busca de fortaleza.

Jesús estaba hambriento y débil luego de un ayuno de cuarenta días, pero optó por no usar su poder divino para satisfacer la necesidad natural de alimento. Los alimentos, el hambre y los deseos de comer son buenos, pero el momento no lo era. Había decidido poner a un lado el uso ilimitado e independiente de su poder divino a fin de experimentar su humanidad en plenitud. También nosotros podemos ser tentados a satisfacer un deseo normal en una forma incorrecta o en un mal momento. Si somos indulgentes con el sexo antes del matrimonio o si robamos para obtener alimentos, estamos procurando satisfacer deseos que Dios nos ha dado en maneras que Dios desaprueba. Recuerde, muchos de nuestros deseos son normales y buenos pero deben ser satisfechos en la forma correcta y en el momento oportuno.

Jesús fue capaz de resistir todas las tentaciones de Satanás porque no solamente conocía las Escrituras, sino que las obedecía. Eph_6:17 dice que la Palabra de Dios es un arma, espada de dos filos, para ser usada en combate espiritual. Saber versículos bíblicos es importante para resistir los ataques de Satanás, pero debemos obedecerlos también. Note que el diablo también se sabe versículos de las Escrituras, pero no los obedece. Conocer y obedecer la Biblia es cumplir los deseos de Dios antes que los de Satanás.

El templo era el centro religioso de la nación y el lugar donde los judíos esperaban la llegada del Mesías (Mal_3:1). Herodes el Grande había renovado el templo en la esperanza de ganar la confianza de los judíos. El templo era el edificio más alto de la región, y el pináculo del templo era probablemente la pared que sobresalía del lado de la colina, desde donde se podía ver el valle. Desde este lugar, Jesús podía ver a Jerusalén y varios kilómetros a la redonda.

Dios no es nuestro mago en los cielos. En respuesta a las tentaciones de Satanás, Jesús dijo que a Dios no debía ponerle pruebas necias (Deu_6:16). Usted puede desear pedir a Dios que haga algo para demostrar su existencia o su amor. En cierta oportunidad un hombre pidió a Jesús que enviara una señal para que la gente creyera. Jesús le dijo que el que no cree a través de lo que está escrito en la Biblia no creerá aunque alguien resucite para amonestarle (véase Luk_16:31). El quiere que vivamos por fe, no por vista. No tiente a Dios ni trate de manipularlo.

¡Satanás citó las Escrituras para hacer que Jesús pecara! Algunas veces los amigos presentan razones atractivas y convincentes para inducirnos a hacer lo que sabemos que no es correcto. Inclusive buscan versículos bíblicos que aparentemente apoyan su punto de vista. Estudie la Biblia cuidadosamente, fíjese en el contexto de los versículos, de modo que pueda entender los principios de Dios y qué es lo que El quiere para usted. Solo al comprender realmente lo que la Biblia dice en su totalidad, podrá reconocer errores de interpretación cuando la gente use versículos fuera de contexto y los tuerzan para que digan lo que quieren que diga.

¿Tenía Satanás poder para dar a Jesús los reinos del mundo? ¿Acaso Dios no tiene control sobre ellos? Satanás pudo haber estado mintiendo acerca de lo que implicaba su poder o pudo estar refiriéndose a su dominio temporal en la tierra por causa de la naturaleza pecadora de la humanidad. La tentación que le presentó a Jesús fue la de mostrar al mundo que él ya era su gobernante, sin tener que ejecutar el plan de salvación. El diablo estuvo tratando de distorsionar la perspectiva de Jesús buscando que su atención estuviera puesta en el poder del mundo y no en los planes de Dios.

Satanás le ofreció a Jesús el mundo entero si se ponía de rodillas y le adoraba. Hoy Satanás nos ofrece el mundo tratando de halagarnos con poder y materialismo. Podemos hacer frente a las tentaciones en la misma forma en que lo hizo Jesús. Si alguna vez usted anhelara lo que el mundo le ofrece, tome nota de Deu_6:13 : “A Jehová tu Dios temerás, y a El solo servirás”.

Los ángeles, como los que ayudaron a Jesús, tienen un papel significativo como mensajeros de Dios. Son seres espirituales que tuvieron que ver con la vida terrenal de Jesús al (1) anunciar su nacimiento a María, (2) tranquilizar a José (3) dar nombre a Jesús, (4) anunciar su nacimiento a los pastores, (5) proteger a Jesús, enviar su familia a Egipto, (6) socorrerlo en el Getsemaní. Para mayor información sobre los ángeles, véase la nota en 1.20.

Jesús se trasladó de Nazaret, donde vivía, a Capernaum, unos 32 km al norte. En Capernaum llegó a estar su centro de operaciones durante su ministerio en Galilea. Probablemente se trasladó para (1) mantenerse al margen de la oposición intensa y de la apatía en Nazaret, (2) impactar en la población más numerosa (Capernaum era una ciudad activa y el mensaje de Jesús pudo llegar a mayor cantidad de personas y esparcirse más rápidamente), (3) valerse de mayores recursos y apoyo a su ministerio.

El traslado de Jesús cumplía la profecía de Isa_9:1-2 que señalaba que Jesús, el Mesías, sería luz a la tierra de Zabulón y Neftalí, la región de Galilea en la que Capernaum estaba localizada.

Mateo continúa vinculando el ministerio de Jesús con el Antiguo Testamento al referirse a Isaías. Esto era una ayuda para la audiencia judía, quienes conocían las Escrituras.

“El reino de los cielos” significa lo mismo que el “Reino de Dios” en Marcos y Lucas. Mateo usó esta frase tomando en cuenta a los judíos, quienes por respeto y profunda reverencia no pronunciaban el nombre de Dios. El reino de los cielos está cerca, porque ha llegado a nuestros corazones. Véase la nota del 3.2.

Jesús empezó su ministerio con la misma frase que la gente había oído de Juan el Bautista: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. El mensaje es el mismo hoy. Ser seguidor de Cristo significa apartarnos de nuestro egocentrismo, del dominio del “ego”, y poner nuestra vida bajo la dirección de Cristo.

El mar de Galilea es en realidad un lago grande. Unos treinta pueblos de pescadores lo rodeaban en los días de Jesús, y Capernaum era el mayor.

Jesús dijo a Pedro y a Andrés que debían dejar su pesquería para convertirse en “pescadores de hombres” y ayudar a la gente a hallar a Dios. Jesús les invitaba a que dejaran un negocio productivo para ser espiritualmente productivos. Todos tenemos que pescar almas. Si seguimos el ejemplo de Cristo y sus enseñanzas y las ponemos en práctica, podremos “atrapar” a los que están a nuestro alrededor para Cristo como lo hace el pescador que atrapa peces en su red y los pone en su bote.

Aquellos hombres ya conocían a Jesús. El había hablado con Pedro y Andrés anteriormente (Joh_1:35-42) y había predicado en la región. Cuando Jesús los llamó, ellos sabían qué clase de hombre era y estaban dispuestos a seguirle. No estaban en un trance hipnótico cuando le siguieron, sino totalmente convencidos de que siguiéndole sus vidas cambiarían para siempre.

Santiago y su hermano, Juan, así como Pedro y Andrés, fueron los primeros discípulos que Jesús llamó para que trabajaran con El. Al llamarlos Jesús, se levantaron y dejaron inmediatamente sus tareas. No respondieron con excusas. Respondieron de inmediato y le siguieron. Jesús nos llama a cada uno de nosotros a seguirlo. Cuando nos pide que lo sirvamos, debemos actuar como lo hicieron ellos y de una vez.

Jesús predicaba, enseñaba y sanaba. Estos fueron los tres aspectos más sobresalientes de su ministerio. Al enseñar mostraba su interés de que entendieran; al predicar mostraba su interés en una entrega, y al sanar mostraba su interés en la persona total. Sus milagros de sanidad autenticaban sus enseñanzas y su predicación, y demostraban que de veras venía de Dios.

Jesús pronto desarrolló un ministerio de predicación poderoso y con frecuencia hablaba en la sinagoga. La mayor parte de los pueblos que tenían diez o más familias judías tenían una sinagoga. El edificio servía para reunirse los sábados y como escuela durante la semana. El líder de la sinagoga no era un predicador sino más bien un administrador. Su tarea consistía en invitar rabinos para que enseñaran y predicaran. La costumbre incluía invitar a rabinos visitantes como Jesús a hablarles.

Jesús predicaba las buenas nuevas o buenas noticias a todo el que quisiera oírlas. Las buenas nuevas son que el reino de los cielos ya llegó, que Dios está con nosotros, y que se ocupa de nosotros. Puede sanarnos, no solo de las enfermedades físicas, sino también de las espirituales. No hay pecado ni problema demasiado grande ni demasiado pequeño para El. Las palabras de Jesús eran buenas nuevas porque ofrecían libertad, esperanza, paz y vida eterna con Dios.

Decápolis formaba una liga de diez ciudades gentiles unidas por el comercio y la defensa mutua. La expresión “y le siguió mucha gente”, indica que judíos y gentiles atravesaban largas distancias para oírle.

LAS TENTACIONES

Tentación: Haz pan

Necesidad real tomada como base para la tentación: Necesidad física: Hambre

Dudas que pudiera haber tenido: ¿Enviará Dios comida?

Debilidades que Satanás buscó explotar: Hambre, impaciencia, necesidad de “probar su carácter de Hijo”

Respuesta de Jesús : Deu_8:3 “Esperar en Dios” Enfoque: Propósitos de Dios

Tentación: Desafía a Dios a que te rescate (basado en un pasaje mal aplicado del Psa_91:11-12).

Necesidad real tomada como base para la tentación: Necesidad emocional: Seguridad

Dudas que pudiera haber tenido: ¿Me protegerá Dios?

Debilidades que Satanás buscó explotar: Orgullo, inseguridad, necesidad de probar a Dios

Respuesta de Jesús : Deu_6:16 “No tentar a Dios” Enfoque: Plan de Dios

Tentación: ¡Adórame! (a Satanás)

Necesidad real tomada como base para la tentación: Necesidad sicológica: Significado, poder, logro

Dudas que pudiera haber tenido: ¿Reinará Dios?

Debilidades que Satanás buscó explotar: Anhelo de poder inmediato, soluciones fáciles, necesidad de demostrar igualdad con Dios

Respuesta de Jesús : Deu_6:13 “No transigir con el maligno” Enfoque: Dios mismo

A manera de prueba final en su preparación, Satanás tentó a Jesús en el desierto. Tres partes de la tentación se registran en Mateo. Nos son comunes porque nosotros enfrentamos las mismas tentaciones. Como muestra el bosquejo, la tentación es una combinación de necesidad real y duda lógica que provoca un deseo inapropiado. Jesús demostró la importancia y la efectividad de conocer y aplicar las Escrituras al combatir la tentación.

Sus tentaciones

Para entender mejor las tentaciones de Jesús, nos conviene repasar varios temas introductorios: ¿Cuándo sucedió el evento? ¿Qué relación hay entre el bautismo y las tentaciones? ¿Dónde sucedió? ¿Cuál es el significado de los 40 días de ayuno? ¿Quién es el tentador? ¿Fue una experiencia objetiva o subjetiva? ¿Pudo haber pecado Jesús? ¿Qué significa el término “tentar”?

Consideraciones introductorias“ Los tres Evangelios sinópticos concuerdan en fijar las tentaciones después del bautismo. Mateo emplea un adverbio temporal tóte G5119 traducido”entonces”, para iniciar esta sección, el cual meramente indica secuencia de tiempo, sin especificar el lapso de tiempo. Lucas usa una conjunción que normalmente se traduce “y”, o “pero”. Lucas dice: Entonces [y] Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto… (Luk_4:1). Más que la conjunción ilativa “y”, al decir volvió del Jordán y fue llevado…, Lucas une los dos eventos en forma inseparable. Pero Marcos es más explícito aun al decir: En seguida, el Espíritu le impulsó al desierto… (Mar_1:12). Todas las evidencias indican que fue bautizado en el Jordán y fue llevado directamente de allí al lugar de las tentaciones.

Mateo y Lucas informan que Satanás se presentó a Jesús después de finalizar los cuarenta días, pero Marcos dice que estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás (Mar_1:13), implicando que era tentado durante los cuarenta días. Lucas insinúa que Jesús fue tentado durante los cuarenta días, pero que tuvo hambre y que el diablo le tentó a convertir piedras en pan después de los cuarenta días. Concluimos que Jesús fue tentado a lo largo de los cuarenta días, pero que las tres tentaciones fueron la culminación del proceso.

La relación inmediata de las tentaciones con el bautismo es importante. Las tentaciones son claramente mesiánicas, es decir, tienen que ver con su misión como el Mesías. Cuando fue bautizado, fue ungido con el Espíritu Santo y oyó la voz divina reconociéndolo como el Hijo de Dios, o sea, el Rey ungido (Sal. 2) y el Siervo Sufriente (Isa_42:1), que establecería el reino de Dios entre los hombres. Faltaba definir la naturaleza de ese reino y los métodos que usaría para establecerlo. Las tentaciones cumplen esa función. Jesús tiene que decidir entre la expectativa popular de un Mesías que establecería un reino terrenal, basado en poder militar, para alcanzar de nuevo la gloria del reinado davídico, o por otro lado, establecer un reino espiritual por medio del sufrimiento y muerte. Aunque Jesús en las tentaciones optó por el reino espiritual, los discípulos tardaron hasta después de la cruz para entenderlo y aceptarlo (ver 16:21-28; Act_1:6). Mucho del cristianismo, hasta el día de hoy, sigue ignorando la verdadera naturaleza del reino de Dios y los métodos adecuados para establecerlo.

Dios desde la eternidad tuvo en mente establecer su reino. Quiso hacerlo por medio de Abraham y su descendencia, con los cuales hizo el pacto (Gen_12:1-3). Ese plan no fue realizado por causa de la desobediencia de Israel, su “Hijo Escogido”. Por más glorioso que haya sido el reino de David, no cumplió con el reino de Dios. El reino que Dios no pudo establecer con Israel, por causa de su desobediencia, lo cumple ahora por medio de su propio Hijo, obediente en todo detalle hasta la muerte. Debemos, pues, considerar las tentaciones como ocasión para demostrar la confianza absoluta del Hijo en el Padre y la obediencia fiel hasta la muerte.

En esta relación estrecha entre el bautismo y las tentaciones encontramos otra verdad que merece atención. A menudo, después de un evento espiritual glorioso, sublime, inspirador, Dios nos pone a prueba. Así fue la experiencia de Elías después de una muestra notable de fe y coraje cuando venció a los profetas de Baal y en seguida, fue amenazado por Jezabel (1 Rey. 18, 19). Abraham, el que fue llamado de su patria para formar el pueblo de Dios, el que creyó en la promesa de Dios de darle un hijo, siendo Sara estéril y ambos muy avanzados en edad, y habiendo recibido ese hijo de promesa por una demostración del poder milagroso de Dios, fue severamente probado cuando Dios demandó a su único hijo en sacrificio (Gén. 22). Jesús acababa de haber experimentado tres fenómenos sobrenatuales en su bautismo, una experiencia realmente celestial; e inmediatamente vienen las tentaciones.

Existen muchas conjeturas en cuanto al lugar del ayuno y las tentaciones. El texto dice solamente que fue llevado al desierto (v. 1), al templo (v. 5) y luego a un monte alto (v. 8). Marcos agrega que estaba con las fieras (Mar_1:13), indicando un lugar alejado de las poblaciones. Si aceptamos que fue bautizado en el Jordán frente a Jericó, según las tradiciones, es lógico pensar que las tentaciones tuvieran lugar no muy lejos de allí. Algunos como Broadus mencionan, como escenario de las tentaciones, un lugar llamado “Cuarentenia” (= cuarenta días), ubicado a unos doce kms. del lugar tradicional de su bautismo y otros Betarabá, ubicado cerca de Jericó.

La mención de cuarenta días y cuarenta noches llama la atención. Recordamos que Moisés estuvo ayunando cuarenta días y cuarenta noches en el monte de Sinaí, en presencia de Dios, cuando recibió las tablas de la ley, a mediados de su ministerio. Elías estuvo huyendo cuarenta días y cuarenta noches, aparentemente sin comer, cuando Jezabel lo amenazó, al fin de su ministerio. También, Israel estuvo cuarenta años en el desierto. Pero Jesús inició su ministerio con el ayuno. En el caso de Jesús, parece que el único significado de los cuarenta días es que representa un ayuno muy prolongado que serviría para debilitarlo físicamente, como es natural para todo ser humano, de modo que sentiría agudamente el hambre en el momento de la tentación. Por supuesto, Jesús utilizó este tiempo en comunión íntima con su Padre, orando y meditando.

Mateo, en este pasaje, introduce por primera vez a uno de los personajes más destacados y más activos en su Evangelio, y lo hace con tres nombres o términos descriptivos: el diablo (v. 1), el tentador (v. 3) y Satanás (v. 10). Estos tres términos se usan indistintamente en referencia a la misma persona. A través de la Biblia Satanás se presenta como alguien que tiene facultades personales: piensa, tiene propósito y planifica, tiene poder, lleva a cabo sus propósitos. El que cree que el diablo es meramente una influencia impersonal tendrá mucha dificultad para explicar su acción en la Biblia y en nuestro mundo hoy en día.

Otros nombres que se le dan en el NT son: Beelzebub (Mar_12:24), el malo (Mar_13:19), el enemigo (Mar_13:39), homicida y padre de mentira (Joh_8:44), Belial (2Co_6:15), vuestro adversario (1Pe_5:8), pecador (1Jo_3:8), Abadón y Apolión (destructor o exterminador; Apoc. 9:11), el dragón (Apoc. 12:3), y la serpiente antigua que engaña (Apoc. 12:9). Los nombres que se usan más frecuentemente son diablo y Satanás. El término “diablo”1228 es una transliteración del término griego que significa “calumniador”, o “acusador falso”. “Diablo” es un vocablo compuesto derivado de un verbo bállo G906 y una preposición (diá) y significa literalmente “lanzar a través, o por medio de”. De allí se deriva el significado “calumniador”, uno que lanza dardos verbales contra otro para destruirlo. El nombre “Satanás” significa “adversario”, o “antagonista”.

La Biblia no procura explicar el origen del diablo, pero da por sentado su existencia. El diablo es probablemente un ángel caído que se rebeló contra Dios. Se presenta siempre obrando contra Dios y todos los que se someten a él. Los nombres citados arriba dan una idea clara de su naturaleza malvada, pero Satanás nunca se presenta en su verdadera naturaleza. Es muy sutil y es capaz de engañar hasta a los más fieles. Pablo dice que se disfraza como ángel de luz (2Co_11:14). Los fariseos pensaban que era el príncipe de los demonios (2Co_9:34; 2Co_12:24), siendo estos sus siervos y mensajeros.

Al leer el relato de las tentaciones de Jesús, surge la pregunta natural: ¿Fue una experiencia real, objetiva, cara a cara con Satanás en forma visible, o fue una visión o una lucha espiritual interior? Los comentaristas están divididos sobre el tema. No hay nada explícito en el relato que insinúa algo menos que una experiencia literal y objetiva. Por lo contrario, el hecho de que Jesús mismo haya relatado esta experiencia a los discípulos, sin aclarar aparentemente que no fue una experiencia objetiva, es un dato que se debe considerar seriamente . Tampoco hay evidencia de que Jesús haya tenido visiones o experiencias de éxtasis durante su vida terrenal. Sin embargo, si aceptamos esta posición, debemos hacerlo conscientes de algunos problemas inherentes: ¿Cómo pudo estar en el pináculo del templo sin que otros lo hubiesen visto? Por otro lado, no hay montaña suficientemente alta como para ver todos los reinos del mundo y su gloria (v. 8), y tampoco se menciona la forma corporal en que se presentó el diablo.

Algunos comentaristas como Stagg argumentan que una experiencia interior, no objetiva, no resta importancia o realidad a las tentaciones. ¿Es más real la tentación cuando Satanás llega en forma corporal? Todo lo contrario, normalmente Satanás nos ataca en forma invisible. La tentación está muy adentro en el corazón humano, y es allí donde está el campo de batalla, aun cuando primeramente nos enfrentamos con una tentación en forma objetiva. Es allí donde uno se confronta con Satanás y vence, o es vencido. Una de las anécdotas más citadas de la vida de Martín Lutero es acerca de un encuentro tan real que tuvo con Satanás que lanzó el tintero hacia el lugar donde sentía su presencia. No lo vio en forma corporal, pero sentía su presencia.

Quizás la pregunta más difícil en relación con las tentaciones de Jesús es ésta: ¿Pudo haber cedido a las tentaciones? Nuestra primera reacción, casi por instinto, es: ¡NO! No podemos admitir ni la posibilidad de que el Hijo de Dios pudiera pecar. Pero al meditar la pregunta y estudiar el texto, llegamos a la conclusión que sí. Procuramos explicar esta conclusión, pero reconocemos que es un misterio que desafía toda explicación cabal. Es obvio que este evento no tendría sentido si las tentaciones no fuesen reales. Para ser reales, Jesús tenía que haber tenido la posibilidad y la libertad de escoger entre las dos opciones. Si no fuera así, Jesús mismo sería un hipócrita, y ésta fue la actitud que él condenó más severamente en otros.

No debemos olvidar que Jesús tenía una naturaleza tanto humana como divina. Algunos creen que Jesús fue tentado en su naturaleza humana, no en la divina. Otros opinan que Jesús tenía la misma naturaleza humana de Adán, antes de su pecado, una naturaleza sin pecado, pero capaz de pecar; una naturaleza capaz de no pecar, pero no incapaz de pecar. El comentarista Edersheim dice que tenía una naturaleza humana capaz de pecar, pero era una persona impecable, según Heb_4:15.

Sería un grave error negar la humanidad de Jesús. La libertad de decidir a favor o en contra de la voluntad de Dios es parte esencial de la humanidad. El fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado (Heb_4:15). Esto no significa que haya enfrentado toda tentación posible, pero sí, significa que enfrentó toda clase de tentación. Lo hizo con los mismos recursos que están a nuestro alcance, y de allí el gran valor y desafío de este evento para los creyentes en toda época.

La última cuestión que es necesario considerar antes de entrar en el texto es: ¿Qué significa el término “tentar”? Este término, en todo el mundo hispano, comunica la idea de una intención mala, de inducir a otro a obrar mal. La palabra griega es peirázo G1598 . Es una palabra que ha creado gran confusión en las distintas traducciones. A veces se traduce “probar” y a veces “tentar”. Por ejemplo, BJ traduce el término equivalente en Génesis 22:1 como “tentar” mientras la RVA lo traduce “probar”. Por otro lado, Santiago afirma que Dios no es tentado por el mal, y él no tienta a nadie (Jam_1:13). El término significa básicamente “probar” o “examinar”, y el contexto determina si la intención es de probar para hacer caer en el pecado, o probar para demostrar o comprobar el carácter de uno. Satanás siempre prueba (tienta) con la intención de hacer caer, de destruir. Dios siempre prueba con el fin de fortalecer y comprobar nuestra fe. En relación con el caso de Job, la intención de Dios fue de demostrar la fe de Job, pero la de Satanás fue la de hacerlo caer.

Eva fue probada por Satanás en tres áreas: apetito físico (bueno para comer ), sentido de lo hermoso (atractivo a la vista), y deseo espiritual (codiciable para alcanzar sabiduría ) (Gen_3:6). En todas estas áreas, se trataba de cosas buenas y necesarias para la vida. Se ha observado que Satanás atacó a Jesús precisamente en estas tres áreas según el relato en Mateo 4. Normalmente Satanás procura inducirnos a obrar en áreas buenas, aun nobles y espirituales, pero con motivos y métodos ilegítimos. Como alguien ha dicho: “El pecado es la expresión ilegítima de un deseo legítimo.”

Es evidente que Jesús fue llevado, o impulsado, por el Espíritu al desierto para ser probado, del punto de vista de Dios, pero tentado, del punto de vista de Satanás. Esta experiencia fue la voluntad de Dios; fue parte de su plan para establecer su reino. El agente activo fue el Espíritu Santo —llevado por el Espíritu—, pero no hubo resistencia de parte de Jesús. Humildemente se sometió al propósito de Dios como Hijo obediente. Para ser tentado es un infinitivo de propósito, corroborando la evidencia mencionada arriba de que era el propósito de Dios que Jesús fuese probado.

La primera tentación (vv. 3, 4). Satanás toma la iniciativa. Sería mejor traducir la partícula condicional “si” más bien como un reconocimiento por parte de Satanás: Puesto que eres Hijo de Dios (v. 3). Satanás no procura sembrar una duda en cuanto a la divinidad de Jesús; la acepta, pero procura inducirlo a utilizar su poder en una forma ilegítima, para satisfacer sus necesidades físicas. Ese fue el primer ataque también lanzado a Eva en el Edén: algo bueno para comer (Gen_3:6). En efecto le dice: “Puesto que tú eres el Hijo de Dios, tienes poder para aliviar tu hambre con un milagro. Tienes derecho, pues el Hijo del Dueño del universo no debe sufrir; merece lo mejor y además, si mueres de hambre no habrá reino.”

De entrada, Satanás intenta apelar a lo que fue una verdadera necesidad: hambre física, real y agudizante. La tentación parece ser, de un punto de vista, el camino más lógico, necesario y bueno. Sin embargo, Satanás intentaba dos cosas malvadas que tenían una relación directa con el reino que Jesús vino a establecer: llevar a Jesús a (1) desconfiar de la bondad y provisión de su Padre para sus necesidades y (2) comenzar un reino en base a comida milagrosa. En el comienzo, y a través de su ministerio terrenal, Jesús afirmó una y otra vez su confianza absoluta en la bondad de su Padre. Se negó a establecer su reino en base a pan milagroso, aunque tal reino fuera muy popular (ver Joh_6:26).

Jesús responde a la iniciativa de Satanás con una cita bíblica (Deu_8:3), utilizando la espada del Espíritu (Eph_6:17). Es un pasaje que él, probablemente, había atesorado en su corazón desde la niñez. ¡Cuán importante es aprender de memoria pasajes bíblicos para usar en situaciones de apremio ante Satanás! (Comp. Job_119:11.) Jesús era consciente de la necesidad de comida para sustentar el cuerpo físico. En varias ocasiones alimentó a los discípulos y las multitudes (Job_14:13-21; Job_25:35; Joh_21:5-9).

Era también consciente que el hombre necesita más que el pan material. Hay otra necesidad real, imprescindible, urgente y espiritual en el corazón del hombre: toda palabra que sale de la boca de Dios. La satisfacción de esa necesidad espiritual sería de primera prioridad en su reino. Jesús decidió edificar su reino no sobre los que lo buscaban por los panes y peces, sino sobre los que encontraban en él el verdadero pan de vida (Joh_6:33).

La segunda tentación (vv. 5-7). La segunda tentación se relacionaba con la expectativa de una venida dramática del Mesías al templo (comp. Mal_3:1-2). Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto (v. 1), pero en la segunda tentación el diablo le llevó a la santa ciudad (v. 5), a Jerusalén, y le puso de pie sobre el pináculo del templo. El término “pináculo” significa “pequeña ala, punto extremo, o punto más alto de un edificio”. Se describe el lugar más probable como el punto más alto de la torre, o pequeño patio, ubicado en el ángulo sudeste del templo, donde un sacerdote se paraba cada mañana para esperar el comienzo del nuevo día y anunciarlo como señal del momento para realizar el primer sacrificio de la mañana.

Otra vez Satanás tienta a Jesús apelando a su relación con Dios: Si [puesto que] eres Hijo de Dios… (v. 6). Le tienta a probar la promesa de Dios, para ver si Dios sería fiel en protegerlo. Si alguien tiene derecho a esperar una intervención milagrosa de parte de Dios, sería su propio Hijo. Satanás pretende también mandar al Hijo de Dios: … échate abajo… La insinuación es que esta demostración de su confianza en Dios, por un lado, y la intervención milagrosa y espectacular de parte de Dios, por otro lado, recibiría el aplauso y aceptación del pueblo. Jesús necesitaba obtener atención y aceptación de parte del pueblo para iniciar su reino. Ya de niño, a los doce años de edad, había preguntado: ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? (Luk_2:49). Los asuntos de [su] Padre incluían establecer el reino de Dios. Parecía que este método lo lograría con creces. Sería fácil, dramático, instantáneo, bueno y “bíblico” (comp. Job_91:11-12).

Una táctica de Satanás es citar las Escrituras fuera de contexto, o quizá omitir una parte esencial del texto. Al citar el Salmo 91, omite las palabras para que te guarden en todos tus caminos (v. 12b). Esta porción del texto significa que Dios se hace responsable de protegernos de peligros cuando estamos en “todos los caminos” de obediencia, cumpliendo su voluntad, y cuando de repente surgen sorpresivamente peligros y amenazas. No es una garantía absoluta e incondicional de su protección cuando uno necia y deliberadamente se expone al peligro y muerte.

Jesús entendió la sutileza de Satanás, y contestó citando de memoria otro pasaje: No pondrás a prueba al Señor tu Dios (v. 7; cita de Deu_6:16). Satanás presentó la tentación como una oportunidad de que Jesús mostrara su confianza en Dios, pero él lo vio como presunción y provocación. El Padre había prometido proteger y proveer para el Hijo. El Hijo que ama y confía en su Padre no necesita poner a prueba la promesa de provisión y de protección de parte del Padre. El amor y confianza de parte del Hijo se demuestra por medio del sometimiento, la obediencia y la fidelidad, no por demandas ni por ponerse deliberadamente en una situación peligrosa que obligue al Padre a intervenir. Jesús por otro lado, se negó a iniciar su reino con métodos ilegítimos y espectaculares. Los que negocian con tales métodos logran juntar multitudes de curiosos, pero pronto tales seguidores abandonan las filas cuando entienden la verdadera naturaleza del reino (comp. Joh_6:66).

La tercera tentación (vv. 8-10). Satanás toma la iniciativa otra vez. Habiendo fracasado dos veces, se anima a intentar con otra táctica. Las tentaciones anteriores se relacionaban con el reino que Jesús vino a establecer, pero no tan directamente como ésta. Mateo arregla las tentaciones en orden de menor a mayor implicancia en cuanto al reino de Dios. Lucas invierte el orden de las últimas dos. Le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria (v. 8). Desde uno de los picos más altos cerca de Jericó, uno puede ver los caminos que conducen a todos los reinos del mundo. En alguna forma Satanás se arregló para que Jesús pudiera contemplar el mundo entero, el mundo que el Padre amaba de tal manera que dio a su Hijo (como dice Joh_3:16). Este es el mundo que el Hijo vino a salvar.

La oferta de Satanás revela su astucia en el máximo grado: Todo esto te daré, si postrado me adoras (v. 9). Sabe que Jesús vino para hacer de los reinos de este mundo el reino de su Padre (ver Apoc. 11:15). En un sentido, Satanás tenía el derecho de ofrecerle a Jesús los reinos del mundo, porque Dios le había cedido un poder limitado sobre el mundo, de modo que era conocido como el príncipe de este mundo (Joh_12:31; Joh_14:30; Joh_16:11; Eph_2:2). Jesús, con un solo acto de adoración a Satanás, podría recibir el poder limitado que Satanás tenía sobre el mundo. Sería el camino fácil, rápido, y en parte cumpliría su misión. Evitaría la humillación y el sufrimiento de parte del Hijo.

Con firmeza Jesús rechaza la tentación; lo manda “a mudar” con un mandato terminante: Vete, Satanás (v. 10). Aplica la medida bíblica: Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y él huirá de vosotros (Jam_4:7). Además, emplea otra vez la “espada del Espíritu”, citando la Palabra de Dios: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás (v. 10; cita de Deu_6:13). Jesús mismo así demostró la gran verdad de que nadie puede servir a dos señores (Deu_6:24). Vemos el uso de una excelente combinación de recursos que también están a nuestro alcance para vencer al enemigo de nuestras almas.

Las tres tentaciones, una tras otra, con ritmo acelerado, hacen recordar la parábola que Jesús contó al terminar el Sermón del monte acerca de las tres pruebas que vinieron contra las dos casas: Cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa (Deu_7:25). Vemos que Jesús estaba fundado sobre la peña y pudo soportar las pruebas, porque él oía las palabras de su Padre y las hacía (Deu_7:24).

Dios quiso establecer su reino de justicia en el mundo por medio de Abraham y sus descendientes. Ese propósito no se logró por causa de la rebeldía y desobediencia de Israel, nación que Dios consideró como su propio hijo. Pero ahora, por medio de su Hijo Jesucristo, sometido y obediente a su propósito eterno, Dios establecerá su reino en el corazón de los hombres que se someten a él y le obedecen. Jesús ha escogido el camino largo, duro, de sufrimiento, según las profecías del Siervo Sufriente. En un sentido real, desde el comienzo de su ministerio, Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén (Luk_9:51) y allí ser crucificado. Este es el significado de las tentaciones para el Hijo de Dios.

Mateo termina este episodio indicando que Satanás, vencido, se retiró. Lucas agrega: … se apartó de él por algún tiempo (Luk_4:13). Una victoria sobre Satanás, por más contundente que sea, da poco respiro, pues él se retira solamente para agrupar sus ejércitos y atacar desde otro ángulo (ver 16:23). Dios ahora manifiesta su bondad proveyendo para las necesidades físicas que Jesús se negó a satisfacer en forma egoísta. Los ángeles vinieron y le servían como diákonos G1247, término que frecuentemente se refiere a servir comida en la mesa (comp. Act_6:1-7).

Los tres sinópticos omiten el largo (aproximadamente un año) e importante ministerio de Jesús en Judea, que sucedió después de las tentaciones de Jesús y antes del comienzo oficial del ministerio en Galilea. Hemos observado que los evangelistas seleccionaban solamente los eventos y enseñanzas de Jesús que tenían que ver con su propósito particular. Solamente Juan relata los sucesos que tuvieron lugar durante este ínterin, mayormente en Jerusalén y Judea.

Verdades prácticas

1. La prueba o tentación que soportan los cristianos es la dificultad o riesgo propio del evangelio. Es una lucha permanente por tratar de responder a las exigencias del Señor.

2. Por medio de la prueba es posible llegar a conocernos mejor, saber cuál es la medida de nuestra fortaleza espiritual y hasta dónde llega nuestra confianza en Dios.

3. Cada prueba hace que nuestra fe se muestre en acción. Es el llamado a poner en funcionamiento todos los recursos espirituales que Dios nos ha otorgado para enfrentar el desafío de esa hora.

4. Toda persona llamada para un servicio especial ha de rendir primeramente un examen. Hay que ser fiel al Señor. Recordemos el dicho de Jesús: “El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel.” El Señor prueba nuestra fidelidad a cosas “menores” para luego obligarnos las tareas “mayores.”

5. El que persevera aun siendo probado es felicitado por el Señor y tiene como recompensa la corona de vida (Jam_1:12).

Su sede en Capernaúm,Jam_4:12-17

Habiendo establecido la naturaleza de su reino y los métodos que usaría para extenderlo, Jesús ahora está pronto para ganar los primeros seguidores. Mateo y Marcos comentan que la noticia del encarcelamiento de Juan el Bautista sirvió de motivo para que Jesús regresara a Galilea. Mateo espera hasta el cap. 14 para explicar por qué Juan fue encarcelado. La razón más probable de su salida de Judea en este preciso momento la encontramos si comparamos 4:1 con Joh_1:19. Los fariseos de Jerusalén estaban celosos por las multitudes que seguían a Juan. Cuando Juan fue encarcelado, su atención se volvió a Jesús. Solo Mateo agrega que dejó la ciudad de su niñez y estableció su residencia y centro de operaciones en Capernaúm, donde permaneció durante unos dos años.

Mateo tenía interés especial en Capernaúm porque era su propia ciudad. Tampoco pierde la oportunidad de mencionar luego que Jesús también la consideró como su propia ciudad (Joh_9:1). Más aún, Mateo entendía que las profecías mesiánicas (Isa_9:1-2) señalaban a Capernaúm como ciudad sede en el ministerio del Mesías (v. 14). Camino del mar se refiere a la zona hacia el mar Mediterráneo, mientras que al otro lado del Jordán (v. 15b) se refiere al lado oeste del río Jordán, desde el punto de vista de los que estaban en cautiverio. Después de profetizar juicio y muerte, Isaías proclama el comienzo de un nuevo día, una nueva esperanza que vendría por medio de un descendiente de David que establecería un reino de paz. Este reino no comenzaría en Jerusalén, capital del judaísmo, sino en la región del norte, una región que yacía en tinieblas espirituales. Mateo insinúa que la gran luz (v. 16) que vio el pueblo que moraba en tinieblas fue el Mesías, pero Juan lo declara explícitamente (Joh_1:4-9; Joh_8:12; Joh_9:5).

Desde entonces Jesús comenzó a predicar… (v. 17) es una expresión que sugiere que en algún sentido su ministerio público comenzó después del encarcelamiento de Juan (v. 12), o sea, un año después de su bautismo. Aunque pasó la mayor parte del primer año después del bautismo en Judea, realizó varios viajes breves a Galilea. Sin embargo, parece ser que fue en este momento que estableció en forma más permanente su sede en Capernaúm. Desde entonces (v. 17) es la misma expresión que se encuentra en 16:21 donde a partir de ese momento, Jesús comenzó a preparar sus discípulos para su muerte. El comentarista Tasker entiende que esta expresión indica un resumen de su ministerio público en Galilea y que en 16:21 indica un resumen de su enseñanza privada a los discípulos.

Un aspecto fundamental del ministerio de Jesús fue su predicación (kerussein G2784). El término “predicar” significa “proclamar” como mensajero a voz en cuello, al estilo de los profetas, con un mensaje urgente. El contenido del mensaje de Jesús era idéntico al de Juan el Bautista y se resumía en una palabra: Arrepentíos (v. 17; comp. 3:2). Ante la inminencia de la venida del reino de los cielos que ya estaba iniciándose, era urgente un cambio radical de pensar, de parte del oyente, en cuanto a su vida personal y en cuanto a su relación con Dios. El reino ya había llegado a ser una realidad presente.

Sus primeros discípulos : cuatro pescadores, 4:18-22

Dos temas de interés surgen de este pasaje: (1) la estrategia del Rey, revelada en el llamado extendido a cuatro hombres, y el propósito del llamado, y (2) la respuesta de los hombres llamados.

La estrategia del Rey“ Jesús había iniciado su reino, pero la extensión de su reino no dependería solamente de él. Su estrategia no era nueva, pues siempre Dios ha llamado a hombres y mujeres para representarle y comunicar su mensaje. Marcos expresa esta estrategia en forma escueta: Llamó a sí a los que él quiso… para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar… (Mar_3:13-14). La iniciativa es de parte de Dios, él llama a los que él quiere, es un llamado soberano. Algunos comentaristas entienden que el propósito básico, la preocupación principal y la prioridad número uno de Jesús durante todo su ministerio público no era tanto la predicación a las multitudes, ni la sanidad de los enfermos, sino el llamado y preparación de los apóstoles para llevar adelante su reino en el mundo.

Este llamado a los cuatro pescadores no significa que haya sido el primer contacto con Jesús. Juan indica que en relación con el bautismo y las tentaciones de Jesús, Andrés y Pedro, Felipe y Natanael, y probablemente Juan el apóstol comenzaron a seguirlo (Joh_1:35-51). Dos de ellos (Andrés y Pedro) habían sido discípulos de Juan el Bautista y lo dejaron para seguir a Jesús. La primera experiencia, relatada por Juan, fue un llamado general de seguirlo como discípulos. En cambio este llamado, extendido un año después, es un llamado de dejarlo todo para dedicar sus vidas, sin reserva, como apóstoles, para la extensión del reino.

Jesús expresa el propósito del llamado en términos que ellos podían entender perfectamente. Eran pescadores profesionales. Entendían bien el proceso de atrapar peces, las mejores áreas donde pescar, la mejor hora del día, el tiempo más favorable, el arte de bajar y levantar la red, cómo clasificar los peces que servían y los que no servían, la manera más sana de guardar los peces para comercializarlos. Además, para ser un buen pescador, uno debe tener mucha paciencia, perseverancia y valor. Es una excelente analogía que sin mayores explicaciones, comunica la tarea a la cual Jesús les llamaba. Antes habían trabajado para ganarse la vida materialmente, ahora trabajarían para ganar a otras personas espiritualmente para vida eterna. Antes habían vivido para sí mismos; ahora vivirían para el beneficio de otros.

La respuesta de los llamados“ La respuesta de los cuatro pescadores se resume en una palabra: … le siguieron (v. 20). Es un verbo de tiempo pretérito indefinido (aoristo en griego), indicando acción puntual, instantánea y definitiva. Este mismo verbo es uno de los términos que se emplea más frecuentemente para describir a los que confiaban en Jesús y le obedecían; eran sus seguidores. Más que caminar literalmente tras él, en sus huellas significa reconocerlo como su maestro y señor soberano, del cual uno aprende y luego al cual obedece. Este llamado se caracterizó por tres calificaciones: (1) Fue una respuesta inmediata y espontánea. Mateo emplea el mismo adverbio temporal (euthéos G2112; de inmediato, en seguida) para indicar la acción inmediata (vv. 20, 22). (2) Fue un cambio radical en cuanto a su profesión anterior:dejaron sus redes (v. 20) y dejaron la barca (v. 22; comp. Luk_14:33). Fue un gran paso de fe, pues dejaron su medio de sostenimiento, indicando confianza de que aquel que los llamó proveería para suplir sus necesidades. (3) Fue una respuesta radical en cuanto a los vínculos familiares: dejaron… a su padre (v. 22; comp. 8:21, 22; Luk_14:26-27).

Estos cuatro pescadores constituyeron entre los apóstoles el primer grupo de cuatro. Jesús luego agregó dos grupos más de cuatro. Tres de estos primeros cuatro discípulos (Pedro, Juan y Jacobo) constituyeron el círculo más íntimo de los doce. Tuvieron el privilegio de estar solos con Jesús en algunos de los momentos más sublimes de su ministerio: cuando levantó a la hija de Jairo (Mar_5:37), en el monte de la transfiguración (Mar_17:1) y en Getsemaní (Mar_26:37).

El hecho de que Jesús haya escogido hombres comunes y del vulgo (Act_4:13), dejando de lado los líderes religiosos de Jerusalén, atrajo celo, crítica y creciente oposición del judaísmo oficial. Parece que fue un escándalo para los mismos parientes de Jesús, quienes pensaban que estaba fuera de sí (Mar_3:21, Mar_3:31-35).

Jesús, por su parte, estableció ciertas condiciones y demandas para sus seguidores más íntimos: humildad, amor, confianza, disposición para aprender y obediencia espontánea e inmediata hasta la muerte, si fuera necesario. Jesús demostró estas mismas condiciones de carácter a través de su vida terrenal. En su reino estas cualidades valen más que títulos honoríficos o de herencia, riquezas, raza, apariencia física, preparación académica o popularidad. Todos los apóstoles que Jesús escogió eran galileos, menos Judas Iscariote. Los galileos eran generalmente menos legalistas, más sinceros y sencillos, menos hipócritas y con menos prejuicios que sus compatriotas de Jerusalén y Judea. Seguramente este hecho no escapó a la atención de Jesús.

Verdades prácticas Jesucristo nunca desatendió las necesidades de su tiempo y de su gente. El texto indica que el Maestro enseñaba, predicaba y sanaba toda dolencia en el pueblo (Mar_4:23). Era un ministerio integral, o encarnacional.

Si la iglesia es la continuación del Jesucristo encarnado no debe descuidar lo que en un principio él enseñó. Las iglesias evangélicas en América Latina han pasado por tres etapas dando diferentes énfasis: En un comienzo el énfasis era evangelizador y misionero, luego se destacó el ministerio de la educación, y hoy surge, como si nunca hubiera existido, la preocupación social por parte de los cristianos. El hecho de que Jesús sanara toda dolencia implica que él se preocupó por todo aquello que tiene atado o esclavizado a los hombres: el pecado primeramente, y luego todas sus consecuencias espirituales y materiales. Pero lo más maravilloso es que Jesucristo quiere rescatar al hombre enteramente, en cuerpo y espíritu, liberarle de toda aflicción, angustia, opresión, y enfermedad. Y esto todavía hoy sigue siendo tarea de la iglesia.

6 Su primer ministerio : triple enfoque,Mar_4:23-25

De esta descripción del ministerio público de Jesús en Galilea, aprendemos varias cosas que merecen mención: la extensión, las limitaciones y la naturaleza de su ministerio.

La extensión geográfica del ministerio público de Jesús“ Aparentemente Juan el Bautista limitó su recorrido a la zona adyacente del río Jordán. En cambio, Jesús recorrió amplios territorios, desde Jerusalén en el sur hasta Siria en el norte, desde el mar Mediterráneo en el oeste hasta Perea y Decápolis al este del río Jordán. En esta breve ocasión Jesús recorrió la provincia de Galilea que tenía una dimensión de unos 100 kms. del norte al sur y 60 kms. del este al oeste. Josefo informa que había 204 ciudades importantes en Galilea y que cerca del año 65 había tres millones de habitantes. La práctica de Jesús fue de ir hacia la gente, no la de sentarse y esperar que llegasen a él.

Más que su recorrido, la extensión de su ministerio incluía las multitudes numerosas que acudían de zonas distantes para ver, escuchar y recibir los beneficios de este joven profeta de Nazaret. Las cinco zonas mencionadas son impresionantes por su extensión: toda Galilea, toda Siria, Decápolis y Perea (al este del río Jordán), Jerusalén y Judea. Tres cosas llamaban poderosamente la atención a la gente: Exhibía una vida de singular integridad, enseñaba y predicaba con autoridad y sanaba toda clase de enfermedad. Su fama corrió por toda Siria (v. 24). Traduciendo más literalmente la frase sería: Las cosas que la gente escuchaba acerca de él se fueron para toda Siria. Su vida y ministerio fueron noticias de primera plana y corrieron como fuego en pasto seco. Jesús iba a la gente, y la gente venía hacia él de todas partes, dándole un ministerio aparentemente sin límites.

Las limitaciones de su ministerio“ Hay dos evidencias de que Jesús limitaba su ministerio mayormente a los judíos durante este período. Mateo observa que Jesús enseñaba en las sinagogas de ellos (v. 23), es decir, de los judíos. El término sinagoga es una transliteración de un vocablo griego que significa “asamblea” G4864, o “reunión”. Se refiere a una institución judía que nació probablemente durante el cautiverio babilónico cuando los judíos no podían adorar en el templo en Jerusalén. Una condición para la formación de una sinagoga era la existencia de por lo menos diez cabezas de familias en el área. Los líderes eran laicos, no sacerdotes, y eran llamados príncipes, o ancianos, juntamente con los asistentes (Luk_4:20). Practicaban la disciplina y aun la expulsión (Joh_9:22; Joh_12:42; Joh_16:2). Realizaban cultos los sábados, días festivos y generalmente el segundo y quinto día de cada semana. Enseñaban y exhortaban con la ley mosaica y los profetas del AT. Solamente los judíos y prosélitos asistían a las reuniones en las sinagogas. Jesús aprovechó la oportunidad que le brindaban para hacer uso de la palabra en las sinagogas y anunciarles el mensaje del reino. Podemos observar que Mateo, con una sola excepción (Joh_23:34), se refiere a las sinagogas de ellos (v. 23, etc.), indicando quizá que cuando escribió su Evangelio, los creyentes ya habían sido echados de las sinagogas.

El otro dato que indica que el ministerio de Jesús se limitaba mayormente a los judíos se encuentra en la expresión en el pueblo (v. 23b). Esta expresión seguramente se refiere al pueblo judío.

La naturaleza de su ministerio público“ El ministerio público de Jesús consistía en tres actividades: enseñar, predicar y sanar. El orden de estas tres actividades no es antojadizo (ver también 9:35). Jesús fue primeramente un maestro; enseñaba, y sus seguidores fueron llamados discípulos, o alumnos. “El Maestro” fue uno de los títulos más usados en referencia a él (ver 8:19; 9:11; 10:38). Muchos entienden que el Sermón del monte es más bien una serie de enseñanzas acerca del reino, pues Jesús se sentó (5:1), la postura de un maestro o rabí. Seguramente el tema de sus enseñanzas, como también su predicación, era el “reino de los cielos”: su naturaleza, cómo entrar, cómo vivir y servir como súbditos. Fue un evangelio del reino (v. 23b), o sea, unas “buenas nuevas” del MesíasRey quien libraría a los creyentes de la esclavitud del pecado y los introduciría en su reino que no tendría fin jamás.

La segunda actividad fue la predicación del evangelio del reino (v. 23b; comp. v. 17). Esta actividad comprende la postura del mensajero divino, como profeta, quien anuncia con voz fuerte un mensaje de parte de Dios de interés para el pueblo y exhorta al pueblo a obedecer las demandas de Dios. Aunque hay mucha semejanza entre la enseñanza y la predicación, y todo buen predicador debe ser también buen maestro (Eph_4:11b), la predicación se destaca por su apelación a las emociones y a una decisión inmediata, mientras que la enseñanza apela más bien a la mente. La predicación presenta certezas, la enseñanza es una explicación del significado de las certezas. Con todo, la diferencia es más bien un asunto de énfasis y modo de presentación.

La tercera actividad en el ministerio público de Jesús fue la sanidad de los enfermos. Es una actividad que demuestra el poder milagroso de Dios, obrando por medio de Jesucristo. Mateo menciona en términos generales que sanaba toda enfermedad y toda dolencia (v. 23), que le trajeron (para que él los sanara) a los que tenían males: los que padecían diversas enfermedades y dolores (v. 24). Estas expresiones indican por lo menos que no había ninguna clase de enfermedad que Jesús no podía sanar. Veremos luego que Mateo presenta distintas clases de milagros, demostrando que Jesús tenía poder sobre todo el universo.

Además de emplear términos generales para describir las enfermedades que Jesús sanó, Mateo menciona específicamente tres enfermedades: los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos (v. 24). Reservamos la descripción de estas enfermedades a los casos concretos e individuales que Jesús atendió más adelante. Observamos solamente que el relato de Mateo sugiere una relación estrecha entre los endemoniados y los lunáticos (Eph_17:14-20).

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