El templo estaba edificado en la cima del monte de Sión, que formaba como una meseta donde estaban situados los edificios del templo. Había una esquina en la que se unían el pórtico de Salomón y el pórtico Real, y en esa esquina había una caída de ciento cincuenta metros al valle del torrente de Cedrón. ¿Por qué no había de ponerse Jesús en ese pináculo, tirarse y aterrizar ileso en el fondo del valle? El pueblo seguiría admirado al que fuera capaz de semejante hazaña.
Otra posibilidad sería que, en la cubierta del templo mismo había un saliente donde se colocaba todas las mañanas un sacerdote con una trompeta en la mano, esperando el primer arrebol de la aurora a través de las colinas de Hebrón. A la primera señal del alba tocaba la trompeta para anunciar la hora del sacrificio de la mañana. ¿Por qué no podía Jesús ponerse allí, y saltar precisamente al patio del templo, haciendo que Le siguieran todos estupefactos? ¿No había dicho Malaquías: “ Y vendrá súbitamente a Su templo el Señor?» (Mal_3:1 ). ¿No había una promesa de que los ángeles llevarían en sus manos al hombre de Dios para que no le sobreviniera ningún daño? (Sal_91:11 s).
Esto era precisamente lo que prometían los falsos mesías que surgían cada dos por tres. Un tal Teudas había hecho salir al pueblo prometiéndole que a su palabra se dividirían las aguas del Jordán en dos partes. Un famoso pretendiente egipcio (Hec_21:38) había prometido que con una sola palabra arrasaría las murallas de Jerusalén. Simón Mago, se dice, había prometido volar por los aires, pero pereció en el intento. Estos pretendientes habían ofrecido credenciales que no pudieron cumplir. Jesús podía cumplir todo lo que prometiera. ¿Por qué no había de seguir ese método?
Jesús tenía dos buenas razones para no adoptar ese curso de acción. La primera, que el que busque atraer a sí a las personas proveyéndolas de sensaciones habrá elegido un camino que, literalmente, no tiene futuro. La razón es bien sencilla: para conservar el poder tendría que seguir produciendo sensaciones cada vez más grandes. Las maravillas tienen un tiempo limitado. La sensación de este año será algo corriente el que viene. Un evangelio basado en el sensacionalismo estaría condenado al fracaso. La segunda, que esa no es la manera en que se ha de usar el poder de Dios. “ No intentarás someter al Señor tu Diosa prueba,» dijo Jesús (Deu_6:16 ). Lo que quería decir era que no es bueno querer ver hasta dónde puede uno llegar con Dios; no tiene sentido ponerte deliberadamente en una situación peligrosa, atrevida e innecesariamente, y esperar que Dios te libre de las consecuencias.
Dios espera que asumamos riesgos por fidelidad a Él, pero no para elevar nuestro prestigio. La fe que depende de las señales y los milagros no es la verdadera fe. Si la fe no puede creer sin las sensaciones es que no es realmente fe, sino una duda que está buscando una prueba, y buscándola donde no la puede encontrar. El poder salvador de Dios no es algo con lo que se puede jugar ni experimentar, sino algo en lo que hay que confiar sin aspavientos en la vida diaria.
Jesús rechazó el sensacionalismo porque sabía que conducía, y conduce, al fracaso; y porque buscar sensaciones no es confiar, sino desconfiar de Dios.
(iii) Así es que el tentador atacó todavía por otro frente. Era el mundo lo que Jesús había venido a salvar, y Le vino a la mente una representación del mundo. La voz del tentador Le dijo: .«¡Póstrate y adórame, y yo Te daré todos los reinos del mundo!» ¿No había dicho Dios mismo a Su escogido: “ Pídeme, y Te daré por herencia las naciones, y como posesión Tuya los confines de la Tierra»? (Sal_2:8 ).
Lo que quería decir el tentador era: «¡Transige! ¡Lleguemos a un acuerdo! ¡No pongas el listón demasiado alto! Hazte un poco el ciego al mal y a las cosas discutibles, y Te harás con las masas.» Esta era la tentación a pactar con el mundo en vez de presentarle clara y terminantemente las demandas de Dios. Era la tentación a avanzar retirándose, y a tratar de cambiar el mundo haciéndose como él.
La contestación de Jesús no se hizo esperar: “ Al Señor tu Dios temerás, a Él solo servirás y por Su nombre jurarás” (Deu_6:13 ). Jesús estaba absolutamente seguro de que no se puede vencer al mal entrando en componendas con él. Estableció la insobornabilidad de la fe cristiana. El Cristianismo no se puede doblegar para ponerse al nivel del mundo, sino elevar al mundo a su propio nivel. Ningún otro principio funcionará.
Así es que Jesús hizo Su decisión. Decidió que nunca sobornaría a nadie para que Le siguiera; decidió que el camino del sensacionalismo no era para Él, y decidió que no podía transigir en el mensaje que predicara ni en la fe que demandara. Su elección significaba inevitablemente la Cruz -pero la Cruz significaba también inevitablemente la victoria final.
