Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Mateo 3: Comienzo del ministerio de Jesús y predicación de Juan el Bautista

Mateo 3:1 En aquellos días se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,

Habían pasado casi treinta años desde el hecho narrado en el capítulo 2. Ahora Juan el Bautista aparece en la escena. Su tema era: “Arrepentíos de vuestros pecados y volveos a Dios”. Quería decir que debemos hacer un giro de 180 grados, del yo centralizado que conduce a acciones erróneas como las de mentir, chismear, robar, calumniar, vengarse, abusar y cometer actos sexuales inmorales, hasta situarnos en la senda que Dios describe en su Palabra. El primer paso para volvernos hacia Dios es confesar nuestros pecados, como Juan nos urge a que hagamos. Luego Dios nos recibirá y nos ayudará a vivir la vida que quiere que vivamos. Recuerde que solo Dios puede librarnos del pecado. El no espera que nos limpiemos nuestras vidas antes de acudir a El.

Mateo 3:2 y diciendo: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos[d] se ha acercado»,

El reino de los cielos empieza cuando Dios entra en la historia humana como hombre. Hoy Jesús reina en el corazón de los creyentes, pero el reino de los cielos no será una realidad hasta que la maldad que hay en el mundo sea juzgada y removida. La primera vez Cristo vino a la tierra como un siervo sufriente; cuando regrese vendrá como Rey y juzgará en la tierra como vencedor.

Herodes

La Biblia narra la historia. Ha demostrado ser un preciso y fidedigno registro de personas, hechos y lugares. Hay narraciones históricas independientes que verifican las descripciones y datos de muchas vidas famosas que ofrece la Biblia. Una de estas fue el padre de la familia herodiana, Herodes el Grande.

A Herodes se le recuerda como constructor de ciudades y gran reconstructor del templo de Jerusalén. Pero también destruyó personas. Mostró poca grandeza aun en sus acciones personales y en su carácter. Fue despótico al gobernar su territorio. Sus constantes celos lo llevaron a ser el asesino de muchos niños y de su esposa Mariamne.

El título de Herodes, rey de los judíos, se lo concedió Roma, pero el pueblo nunca lo aceptó. No era del linaje de David, y era sólo medio judío. A pesar de que Israel se benefició de los enormes esfuerzos de Herodes al reparar el templo de Jerusalén, no se le perdonó que refaccionara también templos paganos. Su costoso intento por ganar la lealtad de la gente fracasó porque era superficial. Su lealtad era para sí mismo.

Porque su título real no era legítimo, Herodes siempre estuvo preocupado y temeroso de perder su cargo. Sus acciones, cuando oyó de los magos que buscaban al nuevo rey, respaldan todo lo que sabemos en relación con él. Enseguida quiso localizar y matar al niño antes de que le causara problema. La matanza de niños inocentes que ordenó es una lección trágica de lo que puede suceder cuando las acciones están motivadas por el egoísmo. La suspicacia de Herodes afectó aun a su familia. Se autodestruyó.

Mateo 3:3 pues este es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: «Voz del que clama en el desierto: “¡Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas!”».

El profeta aludido es Isaías, uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento y uno de los más mencionados en el Nuevo. Como Isaías, Juan fue un profeta que urgió a que la gente confesara sus pecados y viviera para Dios. Ambos profetas enseñaron que el mensaje del arrepentimiento es de buenas nuevas a aquellos que escuchan y buscan el perdón sanador del amor de Dios, pero es mensaje terrible a aquellos que rehúsan oír y cortan su única fuente de esperanza eterna.

Juan el Bautista preparó el camino de Jesús. A las personas que no conocen a Jesús hay que prepararlas para encontrarse con El. Podemos prepararlos explicándoles que necesitan perdón, mostrando en nuestras vidas las enseñanzas de Jesús, y diciéndoles cómo Cristo puede dar sentido a sus vidas. Podemos rectificar la senda corrigiendo concepctos errados que pueden estar impidiéndoles acercarse a Cristo. Alguna persona que usted conoce puede estar abierta a establecer una relación con Cristo. ¿Qué puede hacer para prepararle la senda a esa persona?

Mateo 3:4 Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas y miel silvestre.

Juan era bien distinto a los demás líderes de su época. Mientras muchos eran avaros, egoístas y dedicados mayormente a ganar la alabanza de la gente, Juan se preocupaba solo en alabar a Dios. Habiéndose apartado de la maldad e hipocresía de sus días, vivió en forma diferente para mostrar que su mensaje era nuevo. Juan no solo predicaba la Ley de Dios, sino que la vivía.

Juan tiene que haber tenido un aspecto extraño! Mucha gente iba a oír a aquel predicador que vestía ropa excéntrica y se alimentaba con comida poco común. Algunos iban, probablemente, movidos por la curiosidad y terminaron arrepintiéndose de sus pecados al oír su mensaje poderoso. La gente puede hallar rara nuestra forma de vivir y valorar las cosas. Podemos aprovechar esa curiosidad para hablar de cómo Cristo transformó nuestra vida.

Jesus empieza su ministerio

Jesús abandonó Nazaret, el pueblo donde se crió, para empezar su ministerio terrenal. Después que Juan el Bautista lo bautizara en el río Jordán y que Satanás lo tentara en el desierto, regresó a Galilea. Entre la tentación y su traslado a Capernaum ministró en Judea, Samaria y Galilea.

Mateo 3:5 Acudía a él Jerusalén, toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán,¿Por qué Juan atraía tanta gente? Era el primer profeta verdadero en el lapso de unos 400 años. Enfrentó al rey Herodes y a los líderes religiosos, lo que no solo era peligroso sino fascinante para la gente común. Pero Juan también tenía palabras duras para con ellos: ellos también eran pecadores y necesitaban arrepentirse. Su mensaje era poderoso y real. La gente estaba esperando a un profeta como Elías y ¡Juan parecía serlo!

Mateo 3:6 y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

Cuando usted se lava las manos, los resultados enseguida se notan. Pero el arrepentimiento tiene lugar en lo interior con una limpieza que no es vista en forma inmediata. De manera que Juan se valió de acto simbólico que la gente podía ver: el bautismo. El bautismo lo usaban los judíos para iniciar a los convertidos al judaísmo. De modo que la audiencia de Juan conocía bien el rito. El bautismo era señal de arrepentimiento y perdón. Arrepentirse es “cambiar de actitud”, e incluye un cambio de conducta. Es dar vuelta del pecado hacia Dios. ¿Usted se ha arrepentido del pecado en su vida? ¿Pueden ver otros la diferencia en usted? Una vida cambiada con una conducta nueva y diferente hace del arrepentimiento algo real y visible.

El río Jordán tiene unos 110 km de largo, en lo que sería la parte más importante, esto es, entre el Mar de Galilea y el Mar Muerto. Jerusalén se halla unos 30 km al oeste del río. Era el límite de Israel en la parte este y muchos acontecimientos significativos en la historia de la nación tuvieron lugar allí. En el río Jordán los israelitas renovaron su pacto con Dios. En ese mismo lugar Juan el Bautista los invitó a hacer lo mismo, esta vez a través del bautismo.

Mateo 3:7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: «¡Generación de víboras!, ¿quién os enseñó a huir de la ira venidera?

Los líderes religiosos judíos estaban divididos en grupos diferentes. Dos de los más prominentes eran los fariseos y los saduceos. Los fariseos se separaban de todo lo que no fuera judío y seguían escrupulosamente tanto las leyes del Antiguo Testamento como las tradiciones orales que les había llegado a través de los siglos. Los saduceos creían que solo el Pentateuco era la Palabra de Dios (de Génesis a Deuteronomio). Mayormente eran descendientes de la nobleza sacerdotal, mientras que los fariseos venían de todos los niveles sociales. Ambos grupos se rechazaban mutuamente, pero en forma conjunta se opusieron a Jesús. Juan el Bautista criticó a los fariseos por ser legalistas e hipócritas que seguían al pie de la letra la Ley mientras pasaban por alto su verdadera intención. Criticó a los saduceos por usar la religión para favorecer su posición política.

Mateo 3:8 Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

Juan el Bautista exhortaba a la gente a ir más allá de las palabras y los ritos: debían cambiar de conducta. Dios mira más allá de nuestras palabras y actividades religiosas para ver si nuestras palabras respaldan nuestras vidas y juzga nuestras palabras por las acciones que las acompañan. ¿Están de acuerdo sus palabras con sus acciones?

Mateo 3:9 y no penséis decir dentro de vosotros mismos: “A Abraham tenemos por padre”, porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Así como se espera que un árbol frutal dé frutos, el pueblo de Dios debiera producir una cosecha de buenos actos. Dios no usa al que dice ser cristiano pero no hace nada para demostrarlo. Como mucha gente en los días de Juan que eran pueblo de Dios solo de nombre, no hay valor alguno en nosotros si simplemente somos cristianos de nombre. Si los demás no pueden ver nuestra fe en la forma en que vivimos, quizás no somos miembros del pueblo de Dios.

Mateo 3:10 Además, el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

El mensaje de Dios no ha experimentado cambios desde el Antiguo Testamento: las personas serán juzgadas por sus vidas improductivas. Dios espera que seamos activos en nuestra obediencia. Juan compara a las personas que dicen creer en Dios y que no viven para Dios con “árboles improductivos” que serán talados. Para ser productivos para Dios, debemos obedecer sus enseñanzas, resistir la tentación, servir y ayudar activamente a nuestro prójimo y predicar de nuestra fe. ¿Cuán productivo es usted para Dios?

Mateo 3:11 Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento, pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Juan bautizaba a las personas como señal de que habían pedido a Dios el perdón de sus pecados y se habían decidido a vivir como El quería que lo hicieran. El bautismo es una señal exterior. Pero la señal incuestionable del arrepentimiento es la vida cambiada para bien. No es el agua del bautismo lo que cambia vidas, sino la actitud del corazón. Juan dijo que Jesús bautizaría con el Espíritu Santo y fuego. Esto predecía el Pentecostés, cuando Jesús enviaría al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego a dotar de poder a sus seguidores para que predicaran el evangelio. También simboliza la obra del Espíritu Santo trayendo juicio de Dios sobre aquellos que rehúsan arrepentirse. Todos serán bautizados un día: ahora por el Espíritu Santo o más tarde por el fuego del juicio.

Mateo 3:12 Su aventador está en su mano para limpiar su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en fuego que nunca se apagará».

El grano es la parte de la planta que es utilizable; la paja es la cáscara exterior sin valor. Por ser inútil, la paja se quema; el grano, en cambio, se guarda en el granero. Las personas que no se hayan arrepentido serán juzgadas y desechadas porque no tienen valor en la obra de Dios; los que se arrepientan y crean serán salvos y Dios los usará.

Mateo 3:13 El bautismo de Jesús
Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él.

Juan estaba explicando que el bautismo de Jesús sería mucho más valioso que el suyo, ¡cuando sorpresivamente Jesús se presentó para ser bautizado! Juan no se sentía calificado. Mas bien quería que Jesús lo bautizara. ¿Por qué se bautizó Jesús? No tenía de qué arrepentirse porque no había pecado. Jesús se bautizó porque

  1. estaba confesando personalmente el pecado de la nación, como Nehemías, Esdras, Moisés y Daniel lo hicieron;
  2. apoyaba lo que Juan estaba haciendo;
  3. estaba inaugurando su ministerio público;
  4. se estaba identificando con la gente del pueblo, no con los fariseos criticones que no hacían más que vigilarlo;
  5. estaba describiendo su ministerio venidero de muerte y resurrección. Jesús, el hombre perfecto, no tenía que bautizarse, pero aceptó el bautismo en servicio obediente al Padre, y Dios le manifestó aprobación.

Mateo 3:14 Pero Juan se le oponía, diciendo: –Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú acudes a mí?

Mateo 3:15 Jesús le respondió: –Permítelo ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.[s] Entonces se lo permitió.

Póngase en los zapatos de Juan. Su labor va bien, la gente está reaccionando positivamente, su ministerio está floreciente. Pero usted sabe que el propósito de su trabajo es preparar los corazones de la gente para la llegada de Jesús. Jesús llega, y su llegada pone a prueba su integridad. ¿Podrá dirigir a sus seguidores hacia El? Juan pasó la prueba al bautizar públicamente a Jesús. Muy pronto iba e decir: “Es necesario que El crezca, pero que yo mengüe”. ¿Podemos, a semejanza de Juan, poner nuestro ego y labor fecunda a un lado a fin de encaminar a otros hacia Jesús? ¿Estamos dispuestos a perder nuestra posición para que los demás se beneficien?

Mateo 3:16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió enseguida del agua, y en ese momento los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y se posaba sobre él.

Mateo 3:17 Y se oyó una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia».

Según la doctrina de la Trinidad, Dios es tres personas aunque es uno en esencia. En este pasaje, las tres personas de la Trinidad están presentes y activas. Dios el Padre habló; Dios el Hijo se bautizó; Dios el Espíritu Santo descendió sobre Jesús. Dios es uno, pero a la vez es tres personas. Este es uno de los misterios incomprensibles de Dios.

Los fariseos y saduceos

Los fariseos y saduceos eran los dos grupos religiosos más importantes en Israel en el tiempo de Jesús. Los fariseos tenían una mentalidad más religiosa, mientras que los saduceos se destacaban por ser más políticos. Ambos grupos no se aceptaban ni confiaban mutuamente, sin embargo, se aliaron en su enemistad hacia Jesús.

Cuando vino Jesús a Juan para que Le bautizara, Juan se quedó perplejo y no quería bautizarle. Juan estaba convencido de que era él mismo el que necesitaba lo que Jesús tuviera para él, y no Jesús el Que necesitara nada de Juan.

Desde que se empezó a pensar en el relato evangélico, el bautismo de Jesús ha resultado difícil de entender. El bautismo de Juan era una llamada al arrepentimiento, con el fin de obtener el perdón de los pecados; pero, si Jesús era el Que creemos que era, no tenía necesidad de arrepentirse, ni necesitaba por tanto que Dios Le perdonara. El bautismo de Juan era para los pecadores que reconocieran su pecado, y por tanto no parecía aplicable a Jesús en absoluto.

Un escritor del principio de la Iglesia sugirió que Jesús vino a bautizarse solamente para complacer a Su Madre y a Sus hermanos, y que fue la insistencia de ellos lo que casi Le obligó a someterse a aquello. El Evangelio según los Hebreos, que fue uno de los evangelios que no fueron incluidos en el Nuevo Testamento, tiene un pasaje sobre esto: “ He aquí que la Madre del Señor y Sus hermanos Le dijeron: “Juan el Bautista está bautizando para la remisión de los pecados; vayamos a ser bautizados por él.” Pero Él les dijo: “¿Qué pecado he cometido Yo para tener que ir a que Me bautice? Salvo, tal vez, que esto que acabo de decir sea ignorancia.”»

Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los pensadores estaban perplejos con el hecho de que Jesús Se sometiera al bautismo. Pero había razones, y buenas razones, para que lo hiciera.

  1. Jesús había estado esperando treinta años en Nazaret, cumpliendo fielmente los deberes normales del hogar y del taller de carpintería. Todo ese tiempo sabía que había un mundo que Le estaba esperando. Todo ese tiempo fue haciéndose más y más consciente de Su expectativa. El éxito de cualquier empresa viene determinado por la sabiduría con que se elige el momento de embarcarse en ella. Jesús tiene que haber estado esperando que llegara Su momento, que sonara Su hora. Y cuando surgió Juan, Jesús reconoció que Su hora había llegado.
  2. ¿Por qué había de ser así? Había una razón muy sencilla y vital. Es un hecho que nunca en toda la historia antes de este hecha había tenido que bautizarse ningún judío. Los judíos conocían y usaban el bautismo, pero solamente para los prosélitos que llegaban al judaísmo de otra o de ninguna religión. Era natural que fueran bautizados los prosélitos, que estaban manchados por el pecado y contaminados; pero ningún judío había concebido jamás que él, un miembro del pueblo elegido, un hijo de Abraham, seguro de la salvación de Dios, pudiera nunca necesitar ser bautizado. El bautismo era para los pecadores, y ningún judío se consideraba pecador y excluido de Dios. Entonces, por primera vez en toda su historia nacional, los judíos reconocían su propio pecado y su perentoria necesidad de Dios. Nunca antes había habido un movimiento así de arrepentimiento y búsqueda de Dios.

Ese era el mismísimo momento que Jesús había estado esperando. El pueblo era consciente de su pecado y de su necesidad de Dios como nunca antes. Esta era Su oportunidad; y en Su bautismo Se identificó con todas las personas que había venido a salvar, en el momento del nuevo despertar de su conciencia y de su búsqueda de Dios.

La voz que oyó Jesús en Su bautismo es de suprema importancia. «Este es Mi Hijo amado -dijo-, en Quien encuentro plena satisfacción.» La frase está formada por dos citas: «Este es Mi Hijo amado» es una cita del Salmo_2:7 . Todos los judíos creían que ese Salmo era una descripción del Mesías, el poderoso Rey Que había de venir de Dios. “ En Quien Mi alma tiene contentamiento» se encuentra en Isaías 42:1 , que es una descripción del Siervo Doliente, una descripción que culmina en Isaías 53.

Así es que, en Su bautismo, Jesús recibió dos confirmaciones: la seguridad de que Él era sin duda el Escogido de Dios, y la seguridad de que el camino que tenía delante conducía a la Cruz. En ese momento supo Jesús sin la menor duda que Su trono había de ser la Cruz. En ese momento supo que estaba destinado a ser conquistador, pero que Su conquista habría de lograrse con la sola arma del poder del amor doliente. En ese momento se Le pusieron delante tanto Su misión como la única manera en que habría de cumplirla.

El tiempo de la prueba

Mateo desarrolla la vida de Jesús paso a paso. Empieza mostrándonos como nació Jesús en este mundo. Sigue mostrándonos, al menos por implicación, que Jesús tuvo que cumplir fielmente Sus obligaciones para con Su hogar antes de cumplir Su deber para con el mundo, que Jesús tenía que mostrarse fiel en las pequeñas tareas antes de que Dios Le confiara la tarea más importante del mundo y de la Historia.

Ahora pasa a mostrarnos cómo, al surgir en la escena Juan el Bautista, Jesús supo que había sonado Su hora y Le había llegado el momento de asumir Su obra. Juan nos muestra a Jesús identificándose con un pueblo que buscaba a Dios como nunca antes. En ese momento nos muestra a Jesús dándose cuenta de que Él era sin duda el Escogido de Dios, pero que el camino de la victoria había de pasar por la Cruz.

Cuando una persona tiene una visión, su problema inmediato es cómo hacerla realidad; tiene que encontrar la manera de convertir el sueño en un hecho. Ese era el problema con que se enfrentaba Jesús. Había venido a conducir a la humanidad de vuelta a Dios. ¿Cómo habría de hacerlo? ¿Qué método tendría que adoptar: el del conquistador poderoso, o el del amor doliente y sacrificial? Ese era el problema con que se enfrentaba Jesús en Sus tentaciones. Se Le había encomendado una labor. ¿Qué método habría de escoger para cumplir la tarea que Dios Le había encargado llevar a cabo?

    Páginas: 1 2 3 4

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar