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2 Pedro 2: Los falsos profetas

A veces surgían falsos profetas de entre el pueblo, lo mismo que habrá entre vosotros falsos maestros, hombres que introducirán insidiosamente herejías destructivas y negarán al Señor que los compró; al obrar así atraerán sobre sí mismos una pronta destrucción.

El que surgieran falsos profetas en la Iglesia era algo que se podía esperar, porque en todas las generaciones había habido falsos profetas en Israel, responsables de haber descarriado al pueblo de Dios y de que vinieran desastres a la nación. Vale la pena estudiar la historia de los falsos profetas del Antiguo Testamento, porque sus características recurrían otra vez en tiempo de Pedro y siguen recurriendo todavía hoy.

(i) Los falsos profetas estaban más interesados en hacerse populares que en decir la verdad. Su política era decirle al pueblo lo que este quería oír. Los falsos profetas decían: ««Paz, paz,» ¡pero no hay paz!» (Jeremías 6:14). Veían visiones de paz cuando el Señor Dios decía que no había paz (Ezequiel 13:16). En los días de Josafat, Sedequías, el falso profeta, se puso sus cuernos de hierro y dijo que Israel acornearía a los sirios quitándolos de en medio como él lo hacía gráficamente; Miqueas, el profeta verdadero, predecía desastre si Josafat iba a la guerra. Por supuesto que Sedequías era popular y se aceptaba su mensaje; pero Josafat fue a la guerra con los sirios y pereció trágicamente (1 Reyes 22). En los días de Jeremías, Hananías profetizó el repentino fin del poder de Babilonia, mientras que Jeremías profetizaba que Israel la serviría; y de nuevo el profeta que le decía a la gente lo que quería oír era el más popular (Jeremías 28). Diógenes, el gran filósofo cínico, hablaba de los falsos maestros de su tiempo cuyo método consistía en seguir lo que condujera al aplauso de la multitud. Una de las primeras características del falso profeta es que le dice a la gente lo que esta quiere oír y no la verdad que necesita oír.

(ii) Los falsos profetas iban tras la ganancia personal. Como dijo Miqueas: «Sus sacerdotes enseñan por precio, sus profetas adivinan por dinero» (Miqueas 3:11). Enseñan por ganancia deshonesta (Tito 1: Il ), e identifican la bondad con la ganancia, convirtiendo la religión en un negocio sucio (1 Timoteo 6:5). Podemos ver a estos explotadores de la obra en la Iglesia Primitiva. En La Didajé, La Enseñanza de los Doce Apóstoles, que es lo que podríamos llamar el primer reglamento de la Iglesia, se establece que el profeta que pide dinero o que le pongan la mesa es un falso profeta. «Traficantes de Cristo» llama a los tales La Didajé (II). El falso profeta es un tipo codiciMb que ve en las personas presas que puede explotar para sus propios fines.

(iii) Los falsos profetas eran disolutos en su vida personal. Isaías escribe: « El sacerdote y el profeta erraron por la sidra, fueron trastornados por el vino» (Isaías 28:7). Jeremías dice: «En los profetas de Jerusalén he visto cosas terribles: cometen adulterios, andan con mentiras y fortalecen las- manos de los malos… hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas» (Jeremías 23:14-32). El falso profeta es en sí mismo una seducción al mal en vez de una inspiración al bien.

(iv) El falso profeta era sobre todo un hombre que apartaba a las personas más y más de Dios en lugar de acercarlas a Él. El profeta que invita al pueblo a ir tras dioses ajenos debe ser destruido sin piedad (Deuteronomio 13:1-5;18-20). El falso profeta se lleva a la gente en una dirección errónea.

Estas eran las características de los falsos profetas en la antigüedad y en los días de Pedro; y continúan siendo sus características.

Los pecados de los falsos profetas y cómo acaban estos

En este versículo Pedro tiene algunas cosas que decir acerca de estos falsos profetas y sus acciones.

(i) Introducen insidiosamente herejías destructivas. La palabra griega para herejía es haíresis. Viene del verbo haireisthai, que quiere decir escoger; y fue en su origen una palabra perfectamente respetable. Quería decir sencillamente una línea de fe y acción que una persona había escogido para sí. En el Nuevo Testamento se mencionan las hairéseis de los saduceos, los fariseos y los nazarenos (Hechos 5:17; 15:5; 24:5). Se podía hablar perfectamente de la haíresis de Platón sin querer decir por ello nada más que lo que pensaban los platonistas. Era perfectamente posible hablar de un grupo de médicos que practicaban un cierto método de tratamiento como una haíresis. Pero esta palabra cambió muy pronto de sentido en la Iglesia Cristiana. En el pensamiento de Pablo, las herejías y los cismas iban juntos como cosas condenables (1 Corintios 11:18s); hairéseis son parte de las obras de la carne; al hereje hay que advertirle y aun darle una segunda oportunidad, pero luego rechazarle (Tito 3:10). ¿Por qué este cambio? La razón es que antes de la venida de Jesús, Que es el camino, la verdad y la vida, no había tal cosa como una verdad definitiva y dada por Dios. A uno se le presentaba un número de alternativas, cada una de las cuales se era perfectamente libre para escoger creer. Pero con. la venida de Jesús vino la verdad de Dios a la humanidad, que la puede aceptar o rechazar. Un hereje, entonces, llegó a ser una persona que creía lo que ella quería creer en vez de aceptar la verdad de Dios que debería creer. Lo que estaba sucediendo en el caso de los lectores de Pedro era que algunos autodesignados profetas estaban persuadiendo insidiosamente a la gente a creer lo que ellos querían que fuera verdad, más bien que lo que Dios ha revelado como verdad. No se presentaban como enemigós del Cristianismo. Lejos de ello. Se presentaban como los mejores exponentes del pensamiento cristiano; y era así como, gradual y sutilmente, seducían a la gente apartándola de la verdad de Dios y llevándola a las opiniones privadas de otros, que es lo que es la herejía.

(ii) Estas personas negaban al Señor que los había comprado. Esta idea de que Cristo se comprara personas para Sí mismo se extiende por todo el Nuevo Testamento. Viene de Su propia palabra de que había venido para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). La idea es que esas personas eran esclavas del pecado y Jesús las compró para Sí al precio de Su vida, para hacerlas libres. «Por precio fuisteis comprados,» dice Pablo (1 Corintios 7:23). «Cristo nos redimió~ (nó compró) de la maldición de la ley» (Gálatas 3:13). En el nuevo cántico del Apocalipsis la multitud del Cielo dice que Jesucristo los compró con Su sangre de todo linaje, lengua, pueblo y nación (Apocalipsis 5:9). Está claro que esto quiere decir dos cosas. Quiere decir que el cristiano, por derecho de compra, pertenece absolutamente a Cristo; y quiere decir que una vida que costó tanto no se puede malgastar en el pecado o en cosas sin valor. Los herejes de la carta de Pedro estaban negando al Señor que los había comprado. Eso puede querer decir que estaban diciendo que no conocían a Cristo; y puede querer decir que estaban negando Su autoridad. Pero no es tan sencillo; se podría decir que no es tan honrado. Hemos vista que esas personas pretendían ser cristianas; más: pretendían ser los cristianos más sabios y avanzados. Tomemos una analogía humanó. Supongamos que un hombre dice que ama a su mujer, y sin embargo le es continuamente infiel. Con sus acciones de infidelidad niega, da el mentís, a sus palabras de amor. Supongamos que un hombre proclama tener una amistad eterna con otro, y sin embargo le es desleal sistemáticamente. Sus acciones niegan, dan el mentís a sus protestas de amistad. Lo que estas personas que le hacían la vida imposible a los lectores de Pedro estaban haciendo era decir que amaban y servían a Cristo, mientras las cosas que enseñaban y hacían eran una clara negación de Él.

(iii) El fin de estas malas personas sería la destrucción. Estaban introduciendo insidiosamente herejías destructivas, pero estas herejías acabarían por destruirlos a ellos. No hay un camino más seguro a la condenación final que el enseñar a otros a pecar.

La obra de la falsedad

Y habrá muchos que sigan el sendero de sus desvergonzadas inmoralidades, trayendo descrédito al verdadero Camino. En su perversa ambición, los falsos maestros os explotarán con razonamientos forjados con astucia. Su sentencia ya está dictada desde antaño y sigue vigente, así que su destrucción no se duerme. En este breve pasaje vemos cuatro cosas acerca de los falsos maestros y su enseñanza.

(i) Vemos la causa de la falsa enseñanza: la mala ambición. La palabra griega es pleonexía; pleon quiere decir más y exía viene del verbo éjein, que quiere decir tener. Pleonexía es el deseo de poseer más, pero adquiere un cierto sabor. El desear poseer más no es un pecado ni mucho menos siempre; se dan muchos casos en los que es un deseo perfectamente honorable, como en el caso de la virtud, del conocimiento, o de la habilidad. Pero pleonexía viene a significar el deseo de poseer lo que uno no tiene derecho a desear, y mucho menos a apropiarse. Así que puede querer decir un deseo codicioso del dinero o las cosas de otras personas; el deseo concupiscente de alguna persona; la ambición diabólica de prestigio y poder. La falsa enseñanza viene del deseo de poner las ideas propias en lugar de la verdad de Jesucristo; el falso maestro es culpable de nada menos que de usurpar el lugar de Cristo.

(ii) Vemos el método de la enseñanza falsa. Es usar astutamente razonamientos forjados. La falsedad se resiste fácilmente cuando se presenta como falsedad; es cuando se disfraza ¡ verdad cuando se hace más peligrosa. No hay más que una pie-i, dra de toque. La enseñanza de cualquier maestro debe resistir: la prueba de las palabras y la presencia del mismo Jesucristo:

(iii) Vemos el efecto de la falsa doctrina. Era doble. Animaba a la gente a seguir el camino de una inmoralidad desvergonzada. La palabra griega es asélgueía, que describe la actitud de la persona que ha perdido totalmente la vergüenza y no le importa el juicio ni de Dios ni de los hombres. Debemos, recórdar~o que había detrás de esta falsa doctrina. Era la perversión de la Gracia de Dios como justificación, no del pecador, sino del pecado mismo. Los falsos maestros le decían a la gente que la gracia es inagotable y que, por tanto, eran libres para pecar todo lo que quisieran porque para eso estaba la Gracia. Esta falsa enseñanza tenía un segundo efecto. Desacreditaba el Cristianismo. En los primeros tiempos, exactamente como ahora, todo cristiano era un anuncio bueno o malo del Cristianismo y de la Iglesia Cristiana. Pablo acusaba a los judíos de que habían traído descredito sobre el nombre de Dios con sus actitudes y obras (Romanos 2:24). En las Epístolas Pastorales se exhorta a las mujeres más jóvenes a que se comporten modesta y castamente para que la Iglesia no caiga en descrédito (Tito 2:5). Cualquier enseñanza que repela a las personas del Cristianismo en lugar de atraerlas es una doctrina falsa y la obra de los enemigos de Cristo.

(iv) Vemos que el fin último de la enseñanza falsa es que conduce a la destrucción. Se dictó sentencia contra los falsos profetas mucho tiempo atrás; el Antiguo Testamento pronunció su condenación (Deuteronomio 13:1-5). Podría parecer que esa sentencia había quedado inoperante o latente, pero era todavía válida y llegaría el día cuando los falsos maestros pagaran el terrible precio de su falsedad. Nadie que guíe a otros por el camino del error escapará a su propio juicio.

La suerte de los malvados y el rescate de los integros

Si Dios no dejó impunes ni siquiera a los ángeles que habían pecado, sino los condenó a lo más profundo del infierno y los entregó a los pozos de las tinieblas donde permanecen a la espera del juicio; y si no dejó impune al mundo antiguo, pero mantuvo a salvo a Noé, el predicador de la justicia, con otros siete, cuando desató el diluvio sobre un mundo de gente impía; y si redujo a cenizas a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuando las sentenció a destrucción, dando así un ejemplo de lo que les sucedería a los que hubieran de actuar impíamente en cualquier tiempo, pero rescató al justo Lot, que se angustiaba por la conducta desvergonzadamente inmoral de la gente sin ley, porque era de tal manera íntegro en todo lo que oía y veía, que era uncí tortura para su alma íntegra el vivir día a día entre tal gente y tales acciones inmorales…

Si así sucedió entonces, podéis estar seguros de que el Señor sabe rescatar de la prueba a los que son sinceramente religiosos, y mantener a los injustos a la espera del castigo hasta que llegue el Día del Juicio, y especialmente a aquellos que tienen la vida dominada por los deseos que contaminan la carne y que desprecian los poderes celestiales. Son hombres osados y ególatras; no se privan de hablar mal de las glorias angélicas, cuando los ángeles, que les son superiores en fuerza y poder, no profieren acusaciones contra ellas en la presencia del Señor.

Aquí tenemos un pasaje que nos presenta un poder indudable y una oscuridad no menos indudable. El rojo vivo de su intensidad retórica reverbera a través de él hasta nuestros días; pero suscita alusiones que serían aterradoramente eficaces para aquellos que las- escucharan por primera vez, aunque ya han dejado de sernos familiares. Cita tres notorios ejemplos de pecado y su destrucción; y en dos de ellos muestra como, cuando fue obliterado el pecado, los íntegros fueron rescatados y preservados por la misericordia y la gracia de Dios. Veamos esos ejemplos uno a uno.

El pecado de los ángeles

Antes de referir la historia que subyace bajo esto en la leyenda judía hay dos- palabras independientes que debemos considerar. Pedro dice que Dios condenó a los ángeles rebeldes a las profundidades más bajas del infierno. Literalmente, el griego dice que Dios condenó a los ángeles al tártaro (tartarún). Tártaro no era una concepción hebrea, sino griega. En la mitología griega, el tártaro era el infierno más bajo; estaba tan por debajo del hades como el Cielo por encima de la Tierra. En particular era el lugar al que habían sido lanzados los titanes que se habían rebelado contra Zeus, el padre de los dioses y de los hombres.

La segunda palabra es la que nos habla de los pozos de oscuridad. Aquí hay una duda. Hay dos palabras griegas, ambas bastante infrecuentes, que se mezclan en este pasaje. Una es siros o seiros, que quería decir originalmente un gran cántaro de arcilla para guardar grano. Luego pasó a significar los grandes pozos subterráneos en los que se guardaba el grano y que servían como graneros. Siros ha dado en español por vía del provenzal la palabra silo, que todavía describe las torres en las que se almacena el grano. Todavía más tarde la palabra pasó a significar un pozo que era una trampa para lobos u otras fieras. Si creemos que ésta es la palabra que usa Pedro, lo que cónfirman los mejores manuscritos, esto quiere decir que los ángeles malvados fueron arrojados a grandes pozos subterráneos donde permanecen en la oscuridad como castigo. Esto está de acuerdo con la idea de un tártaro muy por debajo del hades.

Pero hay una palabra muy parecida, seira, que quiere decir una cadena. Ésta es la traducción que se adoptaba en las ediciones antiguas de la Reina-Valera (versículo 4, «cadenas de oscuridad»). Los manuscritos griegos de Segunda de Pedro varían entre seiroi, pozos y seirai, cadenas. Pero los mejores manuscritos tienen seiroi, y pozos de oscuridad hace mejor sentido que cadenas de oscuridad; así que estamos de acuerdo con la Reina-Valera desde la revisión de 1960.

La historia de la caída de los ángeles está profundamente arraigada en el pensamiento hebreo y experimentó mucho desarrollo con el paso de los años. La historia original se encuentra en Génesis 6:1-5. Allí se llama a los ángeles los hijos de Dios, como es corriente en el Antiguo Testamento. En Job, los hijos de Dios vienen a presentarse delante del Señor, y Satanás está entre ellos (Job 1:6; 2:1; 38:7). El salmista habla de los hijos de los dioses (Salmo 89:6). Estos ángeles vinieron a la Tierra y sedujeron a las mujeres mortales. El fruto de estas extrañas uniones fue la raza de los gigantes; y por medio de ellos se introdujo en la Tierra la maldad. Está claro que esta es una antigua, antigua historia, que pertenece a la infancia de la raza.

Esta historia estaba ya considerablemente desarrollada en el Libro de Enoc, de donde Pedro extrajo sus alusiones, porque en sus días ese era un libro que conocía todo el mundo. En Enoc se llama a los ángeles Los Guardianes. El líder de su rebelión fue Semyaza o Azazel. Instigados por él descendieron al Monte Hermón en los días de Jared, el padre de Enoc. Tomaron esposas mortales a las que instruyeron en la magia y en artes que les daban poder. Originaron la raza de los gigantes, y los gigantes a los nefLdim, los gigantes que habitaban la tierra de Canaán y a los que los israelitas les tenían miedo (Números 13:33).

Estos gigantes se volvieron caníbales, y fueron culpables de toda clase de malos deseos y crímenes, y especialmente de una arrogancia insolente con Dios y con los hombres. La literatura judía hace muchas referencias a ellos y a su orgullo. Sabiduría 14:6 dice cómo perecieron los orgullosos gigantes. Eclesiástico 16:7 cuenta cómo cayeron por la misma fuerza de su estupidez.

No tenían sabiduría y perecieron en su necedad (Baruc 3:26-28). Josefo dice que eran arrogantes y despectivos con todo lo bueno y sólo confiaban en su propia fuerza (Antigüedades 1.3.1). Job dice que Dios acusó a sus ángeles de necedad (Job 4:18).

Esta antigua historia hace una extraña y fugaz aparición en las cartas de Pablo. En 1 Corintios 11:10; Pablo dice que las mujeres ceben llevar la cabeza cubierta en la iglesia por causa de los ángeles. Detrás de este dicho extraño se encuentra la antigua creencia de que fue el encanto del pelo largo de las mujeres de la antigüedad lo que despertó el deseo de los ángeles; Pablo quiere evitar que se repita la historia.

Por último, hasta los ángeles se quejaron del dolor y la miseria que habían traído al mundo aquellos gigantes por medio del pecado de los ángeles. En consecuencia, Dios envió a Sus arcángeles. Rafael ató de pies y manos a Azazel y le encerró en las tinieblas; Gabriel mató a los gigantes; y los Guardianes, los ángeles rebeldes, fueron encerrados en los abismos de oscuridad por debajo de las montañas durante setenta generaciones y luego confinados para siempre en el fuego eterno. Esta es la historia que Pedro tenía en mente, y que sus lectores conocían muy bien. Los ángeles habían pecado y Dios había enviado su destrucción, y fueron encerrados para siempre en los pozos de oscuridad y en las profundidades del infierno. A eso conduce el pecado de la rebelión.

La historia no se detuvo ahí; reaparece en otra de sus formas en este pasaje de Segunda de Pedro. En el versículo 10, Pedro habla de los que llevan vidas dominadas por deseos contaminantes de la carne y que desprecian los poderes celestiales. La palabra original es kyriotés, que es el nombre de uno de los rangos de ángeles. Hablan mal de las glorias angélicas. La palabra original es doxai, que también designa a uno de los rangos de ángeles. Se burlan de los ángeles y los ponen en ridículo.

Aquí es donde se introduce el segundo plano de la historia. Está claro que esta historia de los ángeles es muy primitiva y, con el paso del tiempo, llegó a ser una historia peregrina y embarazosa por atribuir a los ángeles concupiscencia. Así que en el pensamiento posterior judío y cristiano se desarrollaron dos líneas. La primera, se negó que la historia implicara en absoluto a los ángeles. Los hijos de Dios se dijo que eran hombres buenos que pertenecían a los descendientes de Set, y las hijas de los hombres se dice que eran las malas mujeres descendientes de Caín que corrompieron a los hombres buenos. No hay la menor evidencia escritura) para esta distinción y esta salida de emergencia. En segundo lugar, se alegorizó toda la historia. Sugirieron, por ejemplo Filón, que nunca se pretendió que se tomara literalmente, que describía la caída del alma humana bajo el ataque de las seducciones de los placeres sensuales. Agustín declaraba que no se podía tomar esta historia literalmente ni hablar así de los ángeles. Cirilo de Alejandría dijo que no se podía tomar literalmente porque, ¿no dijo Jesús que en la otra vida las personas serían como los ángeles y no se casarían? (Mateo 22:30). Crisóstomo dice que si la historia se tomara literalmente, no estaría lejos de ser blasfemia. Y Cirilo llegó a decir que la historia no era otra cosa que un incentivo al pecado si se tomaba como literalmente cierta.

Está claro que se empezó a ver que esta era una historia bastante peligrosa. Aquí tenemos la clave de lo que Pedro quiere decir cuando habla de las personas que desprecian los poderes celestiales y traen descrédito sobre las glorias angélicas hablando despectivamente de ellas. Los hombres a los que Pedro combatía estaban convirtiendo su religión en una excusa para la inmoralidad desbordada. Cirilo de Alejandría deja muy claro que en su tiempo la historia se podía usar como un incentivo al pecado. Muy probablemente eso era lo que estaba sucediendo con los hombres malvados en tiempos de Pedro que citaban el ejemplo de los ángeles como una justificación para su propio pecado. Estaban diciendo: «Si los ángeles vinieron del Cielo y tomaron mujeres mortales, ¿por qué no nosotros?» Estaban haciendo la conducta de los ángeles una excusa para su propio pecado.

Tenemos que seguir adelante con este pasaje. Acaba muy oscuramente en el versículo 11. Dice que los ángeles, que son más grandes en fuerza y en poder que nosotros, no pronunciaron una acusación despectiva contra ellos en la presencia de Dios. Una vez más Pedro está aludiendo a cosas que serían suficientemente claras para los de su tiempo pero que son oscuras pala nosotros. Su referencia puede ser a una de dos historias.

(a) Puede que se estuviera refiriendo a la misma historia que Judas en Judas 9; que al arcángel Miguel se le encargó el entierro del cuerpo de Moisés. Satán reclamaba el cuerpo sobre la base de que eso le correspondía a él ya que Moisés había matado una vez a un Egipcio. Miguel no alegó un cargo de calumnia contra Satanás; todo lo que dijo fue: «Que el Señor te reprenda.» La enseñanza es que hasta un ángel tan grande como Miguel no proferiría una acusación contra un ángel tan oscuro como Satanás. Le dejó el asunto a Dios. Si Miguel se retrajo de reprender a un ángel malo, ¿cómo pueden algunos hacer acusaciones denigrantes contra los ángeles de Dios?

(b) Puede que estuviera haciendo referencia a un desarrollo posterior de la historia de Enoc. Enoc cuenta que cuando la conducta de los gigantes se hizo intolerable en la Tierra, los hombres presentaron sus quejas a los arcángeles Miguel, Uriel, Gabriel y Rafael. Los arcángeles llevaron esta queja a Dios; Pero ellos no se volvieron contra los ángeles malos que eran los responsables de todo; simplemente elevaron el caso a Dios para que Él decidiera (Enoc 9).

Por lo que podemos ver ahora, la situación tras las alusiones de Pedro es que los hombres malvados que eran esclavos de la concupiscencia pretendían que los ángeles habían sido sus ejemplos y su justificación, y así los calumniaban; Pedro les recuerda que ni siquiera los arcángeles se atrevieron a hablar despectivamente de otros ángeles, y les preguntaba cómo podían atreverse a hacerlo los hombres.

Este es un pasaje difícil y extraño; pero el sentido está claro. Aun los ángeles, cuando pecaron, fueron castigados. ¡Cuánto más los seres humanos! Los ángeles no se podían rebelar contra Dios y evadir las consecuencias. ¿Cómo las podrán evitar los hombres? Y estos no tienen por qué buscar la manera de echarles la culpa a otros, ni siquiera a los ángeles; lo único que es responsable de su pecado es su propia rebeldía.

La gente del diluvio y el rescate de Noé

La segunda ilustración de destrucción de malvados que escoge Pedro podría decirse que procede de la primera. El pecado que introdujeron en el mundo los ángeles rebeldes condujo a aquella situación intolerable que acabó con la destrucción del diluvio (Génesis 6:5). En medio de la destrucción, Dios no se olvidó de los que estaban de Su parte. Noé se salvó con otros siete: Su mujer; sus hijos, Sem, Cam y Jafet, y las mujeres de estos. Noé ocupaba un lugar muy especial en la tradición judía.

No sólo se le consideraba el único que se había salvado; también como el predicador que había hecho todo lo posible para apartar a los hombres de sus malos caminos. Josefo dice: «Muchos ángeles de Dios yacieron con mujeres y engendraron hijos, que fueron violentos y despreciaron todo bien, por culpa de confiar en su propia fuerza… Pero Noé, disgustado y apenado por el comportamiento de ellos, trató de inducirlos a cambiar y mejorar sus actitudes y conducta» (Antigüedades 1.3.1).

En este pasaje, la atención se concentra, no tanto en los que fueron destruidos como en el hombre que se salvó. Noé se presenta como el tipo de los que, en medio de la destrucción de los malvados, reciben la salvación de Dios. Sus cualidades sobresalientes son dos.

(i) En medio de una generación pecadora, él permaneció fiel a Dios. Más tarde Pablo había de exhortar a los suyos a no conformarse al mundo sino transformarse en algo distinto (Romanos 12:2). Bien podría decirse que a menudo el pecado más peligroso de todos es la conformidad. El ser como todo el mundo es siempre fácil; y el ser diferente, difícil. Pero desde los días de Noé hasta ahora, el que quiera ser un siervo de Dios debe estar preparado a ser diferente del mundo.

(ii) La leyenda posterior escogió otra característica de Noé. Fue predicador de la integridad. La palabra para predicador que se usa aquí es kéryx, que quiere decir literalmente un heraldo. Epictetollamaba al filósofo el kéryx de los dioses. El predicador es el que trae a los-demás un anuncio de parte de Dios. Aquí hay algo de un sentido muy considerable. El que es bueno se preocupa no sólo de salvar su propia alma sino igualmente de salvar las almas de los demás. Para preservar su propia pureza, no vive aparte .de los demás. Se preocupa de traerles el mensaje de Dios. Uno no debiera nunca guardarse para sí la gracia que ha recibido. Siempre es nuestro deber llevar la luz a los que están en tinieblas, guiar al descarriado y advertir a todos los que van por mal camino.

La destrucción de Sodoma y Gomorra y el rescate de Lot

El tercer ejemplo es la destrucción de Sodoma y Gomorra y el rescate de Lot. Esta terrible y dramática historia se nos cuenta en Génesis 18 y 19. Empieza con la intercesión de Abraham para que Dios no destruya a los íntegros con los culpables y su petición de que, aunque no haya más que diez justos en las ciudades, éstas sean libradas (Génesis 18:16-33). A esto sigue uno de los relatos más sombríos del Antiguo Testamento.

Los visitantes angélicos vinieron a Lot y él los persuadió para que pararan en su casa; pero los hombres de Sodoma rodearon la casa exigiendo que les sacaran a esos extranjeros para satisfacer en ellos su concupiscencia antinatural (Génesis 19:1-11). Con aquella acción terrible -al mismo tiempo violación de la hospitalidad, ofensa a los ángeles y furia del vicio contra naturaquedó sellada la condenación de aquellas ciudades. Lot y su familia quedaron a salvo de la destrucción del Cielo excepto su esposa, que se quedó atrás volviendo la vista con añoranza y se convirtió en un pilar de sal (Génesis 19:1226). «Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, se acordó de Abraham, y sacó a Lot de en medio de la destrucción con que asoló las ciudades donde Lot estaba» (Génesis 19:29). Aquí tenemos de nuevo una historia de la destrucción por el pecado y del rescate de los íntegros. Como en el caso de Noé, vemos en Lot las características de un hombre íntegro.

(i) Lot vivía en medio del mal, cuya mera contemplación era una aflicción para él. Moffatt nos recuerda el dicho de Newman: «Nuestra gran seguridad contra el pecado consiste en que nos escandaliza.» Aquí tenemos algo muy significativo. Sucede a menudo que, cuando los males surgen por primera vez, la gente se escandaliza; pero, con el paso del tiempo, dejan de escandalizarse de ellos y los aceptan como cosa normal. Hay muchas cosas de las que deberíamos escandalizarnos. En nuestra propia generación hay problemas de prostitución y promiscuidad, de alcoholismo y drogadicción, de una extraordinaria fiebre de juego que tiene al país en sus garras, la rotura del vínculo matrimonial, violencia, vandalismo y crimen, terrorismo, muerte en las carreteras, chabolismo y otras miserias que siguen esperando solución. En muchos casos, lo trágico es que estas cosas han dejado de escandalizarnos y se aceptan como parte del orden normal de las cosas. Para bien del mundo y de nuestras almas debemos mantener alerta la sensibilidad que se escandaliza del pecado.

(ii) Lot vivía en medio del mal, y sin embargo escapó a su contagio. En medio del pecado de Sodoma él permaneció fiel a Dios. Si no se olvida, se tiene en la gracia de Dios un antiséptico que preserva de la infección del pecado. No se tiene por qué ser esclavo del entorno en que uno se encuentra.

(iii) Cuando las cosas llegaron a sus peores consecuencias, Lot estuvo dispuesto a cortar por lo sano con su entorno. Estuvo dispuesto, por mucho que no quisiera hacerlo, a dejarlo para siempre. Fue porque su esposa no estaba tan dispuesta a cortar definitivamente con la situación por lo que pereció. Hay un versículo extraño en la historia del Antiguo Testamento. Dice que, como Lot se demoraba, .los seres angélicos los asieron de la mano (Génesis 19:16). Hay veces en que la influencia del Cielo trata de obligarnos a salir de una situación mala. Puede pasarle a cualquier persona esto de tener que escoger entre la seguridad y empezar de nuevo; y hay veces en que una persona sólo puede salvar su alma desasiéndose totalmente de su situación presente y empezando otra vez a partir de cero. Fue precisamente así como Lot encontró su salvación; y fue al fracasar en hacerlo cómo su mujer perdió la suya.

Retrato de un malvado

Los versículos 9-11 nos presentan el retrato del malvado. Pedro, con unos pocos trazos rápidos y enérgicos de su pluma nos describe las características sobresalientes del que merece ser tenido por una mala persona.

(i) Es una persona dominada por el deseo. Su vida está bajo el control de los deseos de la carne. Tal persona es culpable de dos pecados.

(a) La naturaleza de una persona tiene dos lados. Tiene un lado físico: instintos, pasiones e impulsos que comparte con la creación animal. Estos instintos son buenos si se mantienen en su propio lugar. Son incluso necesarios para preservar la vida individual y la continuación de la raza. La palabra temperamento quiere decir literalmente una mezcla. El cuadro que hay detrás es que la naturaleza humana consiste en una gran variedad de ingredientes, todos mezclados y revueltos. Está claro que la eficacia de cualquier mezcla depende de que cada ingrediente se halle en su debida proporción. Cuando se hallan en exceso o en defecto, la mezcla no es como es debido. La persona humana tiene una naturaleza física y también una naturaleza espiritual; y su humanidad depende de la correcta mezcla de las dos. La persona dominada por el deseo ha permitido que su naturaleza animal usurpe un lugar que no le corresponde; ha dejado que los ingredientes se salgan de su justa proporción, y la receta de su humanidad se ha desquiciado.

(b) Hay una razón para esta falta de proporción: el egoísmo. El mal raíz de la vida dominada por la concupiscencia es que parte de la suposición de que nada importa más que la gratificación de sus propios deseos y la expresión de sus propios sentimientos. Ha dejado de tener en cuenta o respetar a los demás. El egoísmo y el deseo van de la mano. Una persona mala es la que ha permitido que un lado de su naturaleza ocupe un lugar mucho mayor de lo que debería, y esto porque es esencialmente egoísta.

(ii) Es una persona osada. El término griego es tolmetes, del verbo tolmán, osar. Hay, dos maneras de ser atrevido. Hay una audacia noble, característica del verdadero coraje. Y hay una osadía desvergonzada, que se complace en lanzarse a hacer cosas que ofenden la decencia y el derecho. Como decía un personaje de Shakespeare: « Oso hacer todo lo que corresponde a un hombre. El que pretende hacer más, no lo es.» La mala persona es la que tiene la osadía de desafiar lo que sabe que es la voluntad de Dios.

(iii) Es una persona para la que no cuenta más que su voluntad. Ésta no es realmente una traducción adecuada. La palabra original es authádés, derivada de autós, el yo, y hedomai, agradar, y se usa de una persona que no tiene idea de nada más que de agradarse a sí misma. En ella hay siempre un elemento de obstinación. Si una persona es authádés, no habrá lógica ni sentido común, ni apelación, ni sentido de la decencia que le impida hacer lo que quiere. Como dice R. C. Trench: « Al mantener obstinadamente su propia opinión, o insistir en sus propios derechos, pasa por encima de los derechos, opiniones e intereses de los demás.» El que es authádés se empeña tozuda y arrogante y hasta brutalmente en seguir su propio camino. Los malos son los que no tienen consideración ni para la apelación humana ni para la dirección divina.

(iv) Es una persona que desprecia a los ángeles. Ya hemos visto que esto se retrotrae a alusiones a la tradición hebrea que nos resultan oscuras. Pero tiene un sentido más amplio. El malo insiste en vivir en un solo mundo. Para él no existe el mundo espiritual, y nunca escucha las voces del más allá. Es- de lft Tierra, terrenal. Ha olvidado que hay Cielo, y está ciego y sordo a las señales y sonidos del Cielo que se abren paso hasta él.

Engañarse a uno mismo y a otros

Pero éstos, como bestias salvajes que no reconocen más ley que la de sus instintos, nacidas para ser apresadas y destruidas, hablan mal de lo que no saben; su propia corrupción los destruirá a ellos; y llegarán a sentirse defraudados, perdiendo hasta la recompensa que se prometían con su iniquidad. Consideran un placer el libertinaje a la luz del día. Son manchas y defectos, regodeándose en sus disipaciones, andando de parranda con sus camarillas entre vosotros.

Tienen los ojos repletos de adulterio, insaciables de contemplar el pecado. Atrapan las almas que no están firmemente cimentadas en la fe. Tienen corazones entrenados para la ambición a rienda suelta de cosas que no tienen ‹ derecho a tener. Son criaturas malditas.

Pedro se lanza a una invectiva imponente que reverbera un ardor feroz y una indignación moral llameante. Los malvados son como bestias brutas, esclavos de sus instintos animales. Pero la bestia nace para la cautividad y la muerte, dice Pedro; no puede tener otro destino. Aún así hay algo autodestructivo en el placer carnal. El hacer de tal placer el todo y la finalidad de la vida es una táctica suicida y, a fin de cuentas, hasta el placer se pierde. La enseñanza de Pedro aquí es esta, y es eternamente válida. Si una persona se dedica a estos placeres carnales, acaba por destruirse en su salud física y en su carácter intelectual y espiritual, pero ni siquiera a ese precio puede disfrutar. El glotón acaba por destruir su apetito, el borracho su salud, el sensual su cuerpo, el autopermisivo su carácter y paz mental.

Estas personas se refocilan en las orgías a plena luz del día, en las jaranas disolutas y en el libertinaje desmadrado. Son manchas en la comunidad cristiana; son como los defectos de los animales, que los descalifican para ser ofrecidos a Dios. Una vez más debemos notar que lo que Pedro está diciendo no es solamente verdad religiosa sino también sano sentido común. Los placeres del cuerpo está demostrado que están sujetos a la ley de rendimientos decrecientes. Por sí mismos pierden su emoción de tal manera que con el-paso del tiempo se vuelven menos y menos gratificantes. El lujo tiene que volverse más y más lujoso; el vino tiene que fluir más y.más abundante; hay que llegar a todo para hacer la emoción más aguda e intensa. Además uno se hace menos y menos capaz de gozar esos placeres. Se ha entregado a una vida que no tiene futuro y a un placer que acaba en dolor.

Pedro prosigue. En el versículo 14 usa una frase extraordinaria que estrictamente no se puede traducir. La hemos traducido: «Tienen ojos llenos de adulterio.» La traducción literal sería: « Tienen ojos que están llenos de una adúltera.» El sentido más probable es que ven a una posible adúltera en cualquier mujer, planteándose cómo pueden persuadirla para gratificar sus deseos. « La mano y el ojo -dicen los maestros judíos- son los agentes de bolsa del pecado.» Como dijo Jesús, tales personas miran para codiciar (Mateo 5:28). Han llegado a tal punto que no pueden mirar a nadie sin una incitación lujuriosa.

Como Pedro lo expresa, hay en todo esto una deliberación terrible. Tienen corazones entrenados en una ambición a rienda suelta para cosas que no tienen derecho a poseer. Nos ha requerido toda una frase el traducir una sola palabra, pleonexía, que quiere decir el deseo de tener más de las cosas que uno no tiene derecho ni a desear, menos aún de tener. El cuadro es terrible.

La palabra que usa para entrenado se usa de los atletas que se ejercitan para los juegos. Aquellas personas han entrenado sus mentes de hecho para que no se concentren más que en deseos prohibidos. Han peleado deliberadamente con su conciencia hasta destruirla; han luchado intencionadamente con sus mejores sentimientos hasta conseguir estrangularlos. Todavía queda en este pasaje una acusación más. Ya sería bastante malo el que estas personas se engañaran a sí mismas; todavía es peor el que engañen a los demás. Atrapan las almas que no están fundadas firmemente en la fe. La palabra que se usa para atrapar es deleázein, que quiere decir pescar con cebo. Una persona llega a ser realmente mala cuando se propone hacer igualmente malos a los demás. Cada persona debe cargar con la responsabilidad de sus propios pecados; pero el añadirse la responsabilidad por los pecados de otros es asumir una carga insoportable.

Por mal camino

Han dejado el buen camino y van a la deriva siguiéndole los pasos a Balaam hijo de Beor, al que te encantaba la ganancia que produce la injusticia, y que estaba convicto de rebeldía. Una acémila muda le habló con voz humana,dándole el alto a la locura del profeta.

Pedro compara a las personas malas de su tiempo con el profeta Balaam. En la mente popular judía, Balaam había llegado a representar a todos los falsos profetas. Su historia se nos cuenta en Números 22-24. Balac, rey de Moab estaba alarmado ante el avance continuo y aparentemente irresistible de los israelitas. Intentando controlarlo mandó buscar a Balaam para que viniera y le maldijera a los israelitas, ofreciéndole grandes recompensas. Balaam se negó a ello todo lo que pudo; pero su corazón codicioso anhelaba las ricas recompensas que le ofrecía Balac. A petición renovada de éste, Balaam jugó con fuego y estuvo dispuesto a encontrarse con él. En el camino, su burra se paró viendo al ángel del Señor que estaba cerrándole el paso, y reprendió a Balaam.

Es verdad que Balaam no sucumbió al soborno de Balac; pero si ha habido alguna vez un hombre que haya querido aceptar soborno, ese hombre era él. En Números 25 sigue otra historia. Nos dice que los israelitas fueron seducidos para dar culto a Baal y fornicar con las mujeres moabitas. Los judíos creían que Balaam había sido el responsable de aquello; y cuando llegaron a poseer la tierra, « También mataron a espada a Balaam hijo de Beor» (Números 31:8). En vista de todo esto, Balaam se convirtió cada vez más en el prototipo del falso profeta. Tenía dos características que se repetían en los malvados de tiempos de Pedro.

(i) Balaam era codicioso. La historia de Números nos hace ver cómo le picaban los dedos por coger el oro de Balac. Es verdad que no lo tomó; pero lo deseaba. Los malvados del tiempo de Pedro eran codiciosos; dispuestos a apropiarse lo que pudieran y a explotar su membresía en la iglesia para obtener ganancias.

(ii) Balaam enseñó a pecar a Israel. Sacó al pueblo del camino derecho al camino tortuoso. Persuadió a los israelitas a olvidarse de lo que Le habían prometido a Dios. Los malvados de tiempos de Pedro seducían a los cristianos a salir del camino cristiano y les hacían quebrantar las promesas de lealtad que Le habían hecho a Jesucristo.

La persona que ama la ganancia y que seduce a otros al mal queda condenada para siempre.

Los peligros de la recaída

Esa gente no son más que fuentes sin agua, nieblas que disipa el turbión, a las que está reservada una densísima oscuridad que no se levanta nunca. Con una charla a la vez arrogante y vacía, enredan con sus invitaciones a la desvergüenza las pasiones sensuales de los que acaban de apartarse de la compañía de los que viven en el error, prometiéndoles la libertad, aunque ellos mismos están esclavizados a la corrupción moral; porque una persona se encuentra en un estado de esclavitud en las garras de todo lo que la reduce a la impotencia. Si habían escapado de la corrupción del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, y se dejan enredar otra vez en todo lo anterior quedando reducidos por ello a la impotencia moral, acaban todavía peor de como estaban en un principio. Más cuenta les habría traído no haber conocido el camino de la integridad, que el haberlo conocido y luego volverse atrás de lo que habían recibido como lo que Dios manda. En ellos se cumple el refrán: «El perro vuelve ‹ a su vómito, » y «La puerca lavada vuelve a revolcarse en la ciénaga.»

Pedro sigue profiriendo sus tremendas denuncias a los malvados. Halagan sólo para engañar. Son como pozos sin agua y como nieblas que barre y disipa el viento. Pensemos en un viajero por el desierto al que se dice que hay una fuente más adelante en la que puede calmar la sed, y que cuando llega allí se la encuentra seca. Pensemos en un labrador que anhela la lluvia para sus cosechas resecas, y ve que el viento le arrebata la nube que prometía lluvia: Como dice Bigg: «Un maestro que no tiene conocimiento. es como una fuente sin agua.» Estos hombres son como los pastores de-Milton, cuyas «hambrientas ovejas levantan la vista pero no .son apacentadas.» Prometen un evangelio,.: pero a fin de cuentas no tienen nada que ofrecer al alma sedienta.

Su enseñanza es una combinación de arrogancia y futilidad. La libertad cristiana siempre conlleva peligro. Pablo les dice a los suyos que es de veras que han sido llamados a la libertad, pero que no deben usarla como una oportunidad para la carne (Gálatas 5:13). Pedro les dice a los suyos que es de veras que son libres, pero que no deben usar su libertad como «cobertura de malicia» (1 Pedro 6:16, antigua R-V). Estos falsos maestros ofrecían la libertad, pero era la libertad para pecar todo lo que quisieran. No apelaban a lo mejor de la persona, sino a lo peor. Pedro tenía muy claro que lo hacían porque eran esclavos de sus propias concupiscencias. Séneca decía: « El estar esclavizado a uno mismo es la más onerosa de todas las esclavitudes.» Persio hablaba de las concupiscencias disolutas de su tiempo como «los amos que crecen dentro de ese pecho enfermo vuestro.» Estos maestros estaban ofreciendo la libertad cuando ellos mismos eran esclavos, y la libertad que ofrecían era la libertad de hacerse esclavos de la sensualidad. Su mensaje era arrogante porque era la contradicción del mensaje de Cristo; era fútil porque el que lo siguiera se encontraría en la esclavitud. Aquí tenemos otra vez en el trasfondo la herejía fundamental que convierte la gracia en una justificación del pecado en vez de un poder y una llamada a la nobleza.

Si habían llegado a conocer el verdadero camino de Cristo y habían recaído en esto, estaban peor que nunca. Eran como el hombre de la parábola cuyo estado postrero era peor que el primero (Mateo 12:45; Lucas 11:26). Si uno no ha conocido nunca el buen camino, no se le puede condenar por no seguirlo; pero, si lo ha conocido, y después ha tomado otro deliberadamente, ha pecado contra la luz; mejor le hubiera sido no haber conocido nunca la verdad, porque su conocimiento de ella se ha convertido en su condenación. Una persona no debería olvidar nuca la responsabilidad que conlleva el conocimiento.

Pedro termina despectivamente. Esos malvados son como los perros que vuelven a comerse lo que han vomitado (Proverbios 26: I1), o como la puerca que han cepillado bien y que vuelve a revolcarse en el cieno. Han visto a Cristo, pero están tan degenerados moralmente por su propia elección que prefieren refocilarse en las honduras del pecado antes que ascender a las cimas de la virtud. Es una advertencia terrible el que una persona pueda llegar a tal estado que ya no se pueda desenredar de los tentáculos del pecado que la oprimen, y la virtud haya perdido para ella todo su encanto.

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