La gente del diluvio y el rescate de Noé
La segunda ilustración de destrucción de malvados que escoge Pedro podría decirse que procede de la primera. El pecado que introdujeron en el mundo los ángeles rebeldes condujo a aquella situación intolerable que acabó con la destrucción del diluvio (Génesis 6:5). En medio de la destrucción, Dios no se olvidó de los que estaban de Su parte. Noé se salvó con otros siete: Su mujer; sus hijos, Sem, Cam y Jafet, y las mujeres de estos. Noé ocupaba un lugar muy especial en la tradición judía.
No sólo se le consideraba el único que se había salvado; también como el predicador que había hecho todo lo posible para apartar a los hombres de sus malos caminos. Josefo dice: «Muchos ángeles de Dios yacieron con mujeres y engendraron hijos, que fueron violentos y despreciaron todo bien, por culpa de confiar en su propia fuerza… Pero Noé, disgustado y apenado por el comportamiento de ellos, trató de inducirlos a cambiar y mejorar sus actitudes y conducta» (Antigüedades 1.3.1).
En este pasaje, la atención se concentra, no tanto en los que fueron destruidos como en el hombre que se salvó. Noé se presenta como el tipo de los que, en medio de la destrucción de los malvados, reciben la salvación de Dios. Sus cualidades sobresalientes son dos.
(i) En medio de una generación pecadora, él permaneció fiel a Dios. Más tarde Pablo había de exhortar a los suyos a no conformarse al mundo sino transformarse en algo distinto (Romanos 12:2). Bien podría decirse que a menudo el pecado más peligroso de todos es la conformidad. El ser como todo el mundo es siempre fácil; y el ser diferente, difícil. Pero desde los días de Noé hasta ahora, el que quiera ser un siervo de Dios debe estar preparado a ser diferente del mundo.
(ii) La leyenda posterior escogió otra característica de Noé. Fue predicador de la integridad. La palabra para predicador que se usa aquí es kéryx, que quiere decir literalmente un heraldo. Epictetollamaba al filósofo el kéryx de los dioses. El predicador es el que trae a los-demás un anuncio de parte de Dios. Aquí hay algo de un sentido muy considerable. El que es bueno se preocupa no sólo de salvar su propia alma sino igualmente de salvar las almas de los demás. Para preservar su propia pureza, no vive aparte .de los demás. Se preocupa de traerles el mensaje de Dios. Uno no debiera nunca guardarse para sí la gracia que ha recibido. Siempre es nuestro deber llevar la luz a los que están en tinieblas, guiar al descarriado y advertir a todos los que van por mal camino.
La destrucción de Sodoma y Gomorra y el rescate de Lot
El tercer ejemplo es la destrucción de Sodoma y Gomorra y el rescate de Lot. Esta terrible y dramática historia se nos cuenta en Génesis 18 y 19. Empieza con la intercesión de Abraham para que Dios no destruya a los íntegros con los culpables y su petición de que, aunque no haya más que diez justos en las ciudades, éstas sean libradas (Génesis 18:16-33). A esto sigue uno de los relatos más sombríos del Antiguo Testamento.
Los visitantes angélicos vinieron a Lot y él los persuadió para que pararan en su casa; pero los hombres de Sodoma rodearon la casa exigiendo que les sacaran a esos extranjeros para satisfacer en ellos su concupiscencia antinatural (Génesis 19:1-11). Con aquella acción terrible -al mismo tiempo violación de la hospitalidad, ofensa a los ángeles y furia del vicio contra naturaquedó sellada la condenación de aquellas ciudades. Lot y su familia quedaron a salvo de la destrucción del Cielo excepto su esposa, que se quedó atrás volviendo la vista con añoranza y se convirtió en un pilar de sal (Génesis 19:1226). «Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura, se acordó de Abraham, y sacó a Lot de en medio de la destrucción con que asoló las ciudades donde Lot estaba» (Génesis 19:29). Aquí tenemos de nuevo una historia de la destrucción por el pecado y del rescate de los íntegros. Como en el caso de Noé, vemos en Lot las características de un hombre íntegro.
(i) Lot vivía en medio del mal, cuya mera contemplación era una aflicción para él. Moffatt nos recuerda el dicho de Newman: «Nuestra gran seguridad contra el pecado consiste en que nos escandaliza.» Aquí tenemos algo muy significativo. Sucede a menudo que, cuando los males surgen por primera vez, la gente se escandaliza; pero, con el paso del tiempo, dejan de escandalizarse de ellos y los aceptan como cosa normal. Hay muchas cosas de las que deberíamos escandalizarnos. En nuestra propia generación hay problemas de prostitución y promiscuidad, de alcoholismo y drogadicción, de una extraordinaria fiebre de juego que tiene al país en sus garras, la rotura del vínculo matrimonial, violencia, vandalismo y crimen, terrorismo, muerte en las carreteras, chabolismo y otras miserias que siguen esperando solución. En muchos casos, lo trágico es que estas cosas han dejado de escandalizarnos y se aceptan como parte del orden normal de las cosas. Para bien del mundo y de nuestras almas debemos mantener alerta la sensibilidad que se escandaliza del pecado.
(ii) Lot vivía en medio del mal, y sin embargo escapó a su contagio. En medio del pecado de Sodoma él permaneció fiel a Dios. Si no se olvida, se tiene en la gracia de Dios un antiséptico que preserva de la infección del pecado. No se tiene por qué ser esclavo del entorno en que uno se encuentra.
(iii) Cuando las cosas llegaron a sus peores consecuencias, Lot estuvo dispuesto a cortar por lo sano con su entorno. Estuvo dispuesto, por mucho que no quisiera hacerlo, a dejarlo para siempre. Fue porque su esposa no estaba tan dispuesta a cortar definitivamente con la situación por lo que pereció. Hay un versículo extraño en la historia del Antiguo Testamento. Dice que, como Lot se demoraba, .los seres angélicos los asieron de la mano (Génesis 19:16). Hay veces en que la influencia del Cielo trata de obligarnos a salir de una situación mala. Puede pasarle a cualquier persona esto de tener que escoger entre la seguridad y empezar de nuevo; y hay veces en que una persona sólo puede salvar su alma desasiéndose totalmente de su situación presente y empezando otra vez a partir de cero. Fue precisamente así como Lot encontró su salvación; y fue al fracasar en hacerlo cómo su mujer perdió la suya.
