(ii) Estas personas negaban al Señor que los había comprado. Esta idea de que Cristo se comprara personas para Sí mismo se extiende por todo el Nuevo Testamento. Viene de Su propia palabra de que había venido para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). La idea es que esas personas eran esclavas del pecado y Jesús las compró para Sí al precio de Su vida, para hacerlas libres. «Por precio fuisteis comprados,» dice Pablo (1 Corintios 7:23). «Cristo nos redimió~ (nó compró) de la maldición de la ley» (Gálatas 3:13). En el nuevo cántico del Apocalipsis la multitud del Cielo dice que Jesucristo los compró con Su sangre de todo linaje, lengua, pueblo y nación (Apocalipsis 5:9). Está claro que esto quiere decir dos cosas. Quiere decir que el cristiano, por derecho de compra, pertenece absolutamente a Cristo; y quiere decir que una vida que costó tanto no se puede malgastar en el pecado o en cosas sin valor. Los herejes de la carta de Pedro estaban negando al Señor que los había comprado. Eso puede querer decir que estaban diciendo que no conocían a Cristo; y puede querer decir que estaban negando Su autoridad. Pero no es tan sencillo; se podría decir que no es tan honrado. Hemos vista que esas personas pretendían ser cristianas; más: pretendían ser los cristianos más sabios y avanzados. Tomemos una analogía humanó. Supongamos que un hombre dice que ama a su mujer, y sin embargo le es continuamente infiel. Con sus acciones de infidelidad niega, da el mentís, a sus palabras de amor. Supongamos que un hombre proclama tener una amistad eterna con otro, y sin embargo le es desleal sistemáticamente. Sus acciones niegan, dan el mentís a sus protestas de amistad. Lo que estas personas que le hacían la vida imposible a los lectores de Pedro estaban haciendo era decir que amaban y servían a Cristo, mientras las cosas que enseñaban y hacían eran una clara negación de Él.
(iii) El fin de estas malas personas sería la destrucción. Estaban introduciendo insidiosamente herejías destructivas, pero estas herejías acabarían por destruirlos a ellos. No hay un camino más seguro a la condenación final que el enseñar a otros a pecar.
La obra de la falsedad
Y habrá muchos que sigan el sendero de sus desvergonzadas inmoralidades, trayendo descrédito al verdadero Camino. En su perversa ambición, los falsos maestros os explotarán con razonamientos forjados con astucia. Su sentencia ya está dictada desde antaño y sigue vigente, así que su destrucción no se duerme. En este breve pasaje vemos cuatro cosas acerca de los falsos maestros y su enseñanza.
(i) Vemos la causa de la falsa enseñanza: la mala ambición. La palabra griega es pleonexía; pleon quiere decir más y exía viene del verbo éjein, que quiere decir tener. Pleonexía es el deseo de poseer más, pero adquiere un cierto sabor. El desear poseer más no es un pecado ni mucho menos siempre; se dan muchos casos en los que es un deseo perfectamente honorable, como en el caso de la virtud, del conocimiento, o de la habilidad. Pero pleonexía viene a significar el deseo de poseer lo que uno no tiene derecho a desear, y mucho menos a apropiarse. Así que puede querer decir un deseo codicioso del dinero o las cosas de otras personas; el deseo concupiscente de alguna persona; la ambición diabólica de prestigio y poder. La falsa enseñanza viene del deseo de poner las ideas propias en lugar de la verdad de Jesucristo; el falso maestro es culpable de nada menos que de usurpar el lugar de Cristo.
(ii) Vemos el método de la enseñanza falsa. Es usar astutamente razonamientos forjados. La falsedad se resiste fácilmente cuando se presenta como falsedad; es cuando se disfraza ¡ verdad cuando se hace más peligrosa. No hay más que una pie-i, dra de toque. La enseñanza de cualquier maestro debe resistir: la prueba de las palabras y la presencia del mismo Jesucristo:
(iii) Vemos el efecto de la falsa doctrina. Era doble. Animaba a la gente a seguir el camino de una inmoralidad desvergonzada. La palabra griega es asélgueía, que describe la actitud de la persona que ha perdido totalmente la vergüenza y no le importa el juicio ni de Dios ni de los hombres. Debemos, recórdar~o que había detrás de esta falsa doctrina. Era la perversión de la Gracia de Dios como justificación, no del pecador, sino del pecado mismo. Los falsos maestros le decían a la gente que la gracia es inagotable y que, por tanto, eran libres para pecar todo lo que quisieran porque para eso estaba la Gracia. Esta falsa enseñanza tenía un segundo efecto. Desacreditaba el Cristianismo. En los primeros tiempos, exactamente como ahora, todo cristiano era un anuncio bueno o malo del Cristianismo y de la Iglesia Cristiana. Pablo acusaba a los judíos de que habían traído descredito sobre el nombre de Dios con sus actitudes y obras (Romanos 2:24). En las Epístolas Pastorales se exhorta a las mujeres más jóvenes a que se comporten modesta y castamente para que la Iglesia no caiga en descrédito (Tito 2:5). Cualquier enseñanza que repela a las personas del Cristianismo en lugar de atraerlas es una doctrina falsa y la obra de los enemigos de Cristo.
(iv) Vemos que el fin último de la enseñanza falsa es que conduce a la destrucción. Se dictó sentencia contra los falsos profetas mucho tiempo atrás; el Antiguo Testamento pronunció su condenación (Deuteronomio 13:1-5). Podría parecer que esa sentencia había quedado inoperante o latente, pero era todavía válida y llegaría el día cuando los falsos maestros pagaran el terrible precio de su falsedad. Nadie que guíe a otros por el camino del error escapará a su propio juicio.
La suerte de los malvados y el rescate de los integros
Si Dios no dejó impunes ni siquiera a los ángeles que habían pecado, sino los condenó a lo más profundo del infierno y los entregó a los pozos de las tinieblas donde permanecen a la espera del juicio; y si no dejó impune al mundo antiguo, pero mantuvo a salvo a Noé, el predicador de la justicia, con otros siete, cuando desató el diluvio sobre un mundo de gente impía; y si redujo a cenizas a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuando las sentenció a destrucción, dando así un ejemplo de lo que les sucedería a los que hubieran de actuar impíamente en cualquier tiempo, pero rescató al justo Lot, que se angustiaba por la conducta desvergonzadamente inmoral de la gente sin ley, porque era de tal manera íntegro en todo lo que oía y veía, que era uncí tortura para su alma íntegra el vivir día a día entre tal gente y tales acciones inmorales…
