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Mateo 21: El principio del último acto del drama

 Cuando llegaron cerca de Jerusalén, a la altura de Betfagué, en el Monte de los Olivos, Jesús envió por delante a dos de Sus discípulos y les dijo:

-Entrad en la aldea que tenemos delante, y en seguida os encontraréis una asna atada con su pollino. Soltadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: «El Maestro los necesita. Luego los devolverá.»

Esto se hizo para que se cumpliera lo que se dijo por medio del profeta cuando dijo: «Decidle a la Hija de Sión: «Fíjate: Tu Rey viene a ti, benigno y cabalgando en una asna con su asnillo, hijos de animal de yugo. «»

Así que los discípulos fueron, y cumplieron las órdenes de Jesús, y trajeron el asna y el asnillo, pusieron sus túnicas sobre ellos, y Él se montó encima.

El gentío innumerable extendía las túnicas en el camino. Otros cortaban ramas de los árboles y las extendían a Su paso. Y la gente que iba delante y la que iba detrás gritaban:

-¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito en el nombre del Señor sea el Que viene! ¡Hosanna en las alturas!

Cuando entraba en Jerusalén, toda la ciudad se conmocionó.

-¿Quién es Este? -preguntaban; y la gente decía:

-¡Este es el profeta Jesús, que viene de Nazaret de Galilea!

Con este pasaje nos introducimos en el último acto de la vida de Jesús; y aquí tenemos un momento dramático de veras en un doble sentido.

Era el tiempo de la Pascua, y Jerusalén y todo el país de alrededor estaba abarrotado de peregrinos. Treinta años después, un gobernador tuvo que hacer el censo de los corderos que se mataron en Jerusalén para la Pascua, y descubrió que su número se aproximaba al cuarto de millón. La norma de, la Pascua era que tenían que reunirse por lo menos diez: personas para cada cordero, lo que quiere decir que en esa Pascua hubo en Jerusalén más de dos millones y medio de personas. La ley era que todos los varones judíos que vivieran en un radio de cuarenta kilómetros de Jerusalén tenían que venir a la Pascua; pero no solo venían judíos de Palestina, sino de todos los rincones del mundo para estar presentes en la mayor de sus fiestas nacionales. Jesús no podía haber escogido un momento más dramático. Se dirigió a una ciudad abarrotada de gente y cargada de expectaciones religiosas.

No creemos que esta fuera una decisión repentina de Jesús, adoptada casualmente en un momento. Era algo que había preparado de antemano. La impresión que nos hace el relato es que Él estaba llevando a cabo planes que había preparado de antemano. Envió a sus discípulos «a la aldea» para recoger la asna y su asnillo. Mateo menciona Betfagué solamente; pero Marcos menciona también a Betania (Mar_11:1 ). Sin duda se trataba de Betania. Jesús ya había hecho los preparativos para que Le prepararan una asna y su asnillo, porque debe de haber tenido muchos amigos en Betania; y la frase: «El Maestro los necesita» parece haber sido una contraseña convenida para que los amos de los animales supieran que había llegado la hora convenida por Jesús.

Así es que Jesús entró cabalgando en Jerusalén. El hecho de que el asno no se había usado nunca antes es especialmente apropiado para el santo propósito. La becerra roja que se usaba en ceremonias de purificación debía ser un animal «sobre el cual no se había puesto yugo» (Num_19:2 ; Deu_21:3 ); la carreta en el que se llevaba el arca del Señor había de ser una que no se hubiera usado antes para ningún otro propósito (1Sa_3:7 ). La especial santidad de la ocasión se subrayaba por el hecho de que en el asna no había cabalgado antes ninguna persona.

La multitud recibió a Jesús como Rey. Extendieron sus túnicas a Su paso. Eso había sido lo que habían hecho los amigos de Jehú cuando le proclamaron rey (2Ki_9:13 ). Arrancaron ramas de los árboles y ondearon ramas de palmera. Eso es lo que habían hecho cuando entró en Jerusalén Simón Macabeo después de una de sus más notables victorias (1 Macabeos 13:51).

Recibieron a Jesús con el saludo que se daba a los peregrinos que venían ala fiesta: «¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!» (Psa_118:26 ).

Gritaban: «¡Hosanna!» Debemos tratar de comprender lo que esto quería decir. Hosanna quiere decir salva ahora, y era la llamada de auxilio que un pueblo en angustia dirigía a su rey o a su Dios. Es realmente una cita del Psa_118:25 : «¡Sálvanos, Te suplicamos, oh Señor!» La frase «¡Hosanna en las alturas!» debe de querer decir: «¡Que hasta los ángeles en lo más alto de las alturas del Cielo griten a nuestro Dios: «¡Salva ahora!»»

Puede que la palabra hosanna hubiera perdido algo de su sentido original, y se hubiera convertido en un grito de bienvenida y aclamación, como «¡Hola!» Pero esencialmente es un grito de un pueblo pidiendo liberación y ayuda en el día de su angustia; es el clamor del pueblo oprimido a su Salvador y Rey.

LA INTENCIÓN DE JESÚS

Podemos suponer que las acciones y los gestos de Jesús en este incidente eran programados y deliberados. Estaba siguiendo un método para despertar las conciencias que estaba íntimamente relacionado con los métodos de los profetas. Una y otra vez en la historia religiosa de Israel, cuando un profeta presentía que las palabras no conseguían penetrar la barrera de la indiferencia o la incomprensión, presentaba su mensaje en una acción dramática que la gente no podía por menos de ver y entender. De entre los muchos ejemplos que encontramos en el Antiguo Testamento vamos a escoger dos de los más sobresalientes.

Cuando se vio claro que el reino no podría soportar los excesos y extravagancias de Roboam, y que Jeroboam estaba destinado a representar el nuevo poder, el profeta silonita Ahías eligió una manera dramática para predecir el futuro. Se puso una capa nueva, y salió a encontrar a Jeroboam a solas; tomó la capa nueva, y la rasgó en doce piezas; luego tomó diez de ellas y se las dio a Jeroboam, y se quedó con dos; con esta acción dramática anunció que diez de las doce tribus estaban a punto de rebelarse apoyando a Jeroboam, mientras que solo dos seguirían fieles a Roboam (1Ki_11:29-32 ). Aquí tenemos el mensaje profético presentado en forma dramática.

Cuando Jeremías se convenció de que Babilonia estaba a punto de conquistar Palestina, a pesar de lo confiado que estaba el pueblo, hizo coyundas y yugos, y los envió a Edom, a Moab, a Amón, a Tiro y a Sidón; y se colocó un yugo al cuello para que todos lo vieran. Mediante esta acción dramática presentó claramente el hecho de que nada sino la esclavitud los esperaba (Jeremías, 27:1-6); y cuando Hananías, el falso profeta con un optimismo equivocado, quiso mostrar que creía que las premoniciones sombrías de Jeremías estaban totalmente equivocadas, tomó el yugo de los hombros de Jeremías y lo rompió (Jer_28:1 Os).

Los profetas tenían la costumbre de expresar su mensaje en forma dramática cuando presentían que las palabras no eran suficientes. Y eso fue lo que hizo Jesús cuando entró en Jerusalén.

Hay dos alegorías tras la acción dramática de Jesús.

(i) Está la visión .de Zec_9:9 , en la que el profeta vio venir al Rey a Jerusalén «humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un Pollino hijo de asna.» En primera instancia, la acción dramática de Jesús era una presentación deliberada como Mesías. Se estaba ofreciendo a Sí mismo al pueblo, en un momento en que Jerusalén estaba hirviendo de judíos de todo el país y de todo el mundo, como el Ungido de Dios. Veremos a continuación lo que Jesús quería decir con Su presentación; pero no hay duda de que eso fue lo que hizo.

(ii) Puede que hubiera otra intención en el gesto de Jesús. Uno de los mayores desastres de la historia judía fue la captura de Jerusalén por Antíoco Epífanes, hacia 175 a C. Antíoco estaba decidido a erradicar el judaísmo y a introducir en Palestina la manera de vivir y la religión griega. Profanó el templo ofreciendo carne de puerco en el altar, y sacrificios al Zeus Olímpico, y hasta convirtiendo las cámaras del templo en prostíbulos públicos. Fue entonces cuando los Macabeos se rebelaron contra él, consiguiendo por último rescatar su tierra. A su debido tiempo Jerusalén fue rescatada y el templo profanado fue restaurado y purificado y rededicado. En 2 Macabeos 10:7 leemos acerca del regocijo de aquel gran día: «Por tanto tomaron ramas, brotes tiernos, y palmas, y cantaron Salmos al Que les había permitido purificar Su santo lugar.» Aquel día la gente llevaba palmas y ramas y cantaba Salmos; es casi la misma descripción de la reacción de la multitud que recibió a Jesús en Jerusalén.

Es por lo menos posible que Jesús conociera aquello, y que entrara en Jerusalén con la intención de purificar la Casa de Dios como lo había hecho Judas Macabeo doscientos años antes. Eso fue exactamente lo que hizo Jesús. Bien puede ser que estuviera diciendo en forma dramática, no solamente que El era el Ungido de Dios, sino también que había venido a limpiar la Casa de Dios de los abusos que profanaban su culto. ¿No había dicho Malaquías que el Señor vendría repentinamente a Su templo? (Mal_3:1 ). Y en su visión de juicio, ¿no había visto Ezequiel que el terrible juicio de Dios empezaría en el santuario? (Eze_9:6 ).

LAS CREDENCIALES DEL REY

Para concluir nuestro estudio de este incidente, observemos a Jesús en el centro de la escena. Nos muestra tres cosas acerca de Él.

(i) Nos muestra Su coraje. Jesús sabía perfectamente bien que estaba entrando en una ciudad hostil. Por muy entusiasmada que se mostrara la multitud, las autoridades Le odiaban y habían jurado eliminarle; y eran ellas las que tenían la última palabra. En tales circunstancias, cualquiera habría considerado que el valor era compatible con la prudencia; y, si Jesús tenía que ir a Jerusalén, bien hubiera podido entrar a cubierto de la noche, y dirigirse a Su refugio por las calles traseras. Pero Jesús entró en Jerusalén de una manera que Le colocaba en el centro del escenario, y atraía todas las miradas. En Sus últimos días hubo en todas Sus acciones un desafío magnífico y sublime; y aquí empieza el último acto al arrojar el guante y desafiar a las autoridades para que llegaran con Él a lo peor de sus planes.

(ii) Nos muestra Sus credenciales. Jesús se presentó con toda claridad como el Mesías de Dios, como el Ungido de Dios. También probablemente mostró Sus credenciales como el Purificador del templo. Si Jesús Se hubiera conformado con proclamarse profeta, lo más seguro es que no Le habrían quitado la vida. Pero Él no podía darse por satisfecho con nada menos que el lugar que Le correspondía. Con Jesús es todo o nada. Hemos de reconocerle como Rey, o no recibirle de ninguna manera.

(iii) Igualmente nos muestra Su invitación. No era sentarse en un trono lo que pretendía, sino ser Rey de los corazones. Vino humildemente y cabalgando sobre un asnillo. Debemos tener cuidado de entender el verdadero sentido de ese gesto. En Occidente, el burro es una acémila despreciable; pero en Oriente el asno se consideraba un animal noble. Era corriente que un rey entrara en una ciudad cabalgando sobre un asno; pero en ese caso era señal de que venía en son de paz. El caballo era la montura para la guerra; el asno era la montura para la paz. Así que cuando Jesús Se presentó como Rey, Se presentó como Rey de Paz. Mostró que había venido, no para destruir, sino para amar; no para condenar, sino para salvar; no por la fuerza de las armas, sino por la del amor.

Así pues, a la misma vez, vemos el coraje de Cristo, las credenciales de Cristo, la invitación de Cristo. Era Su última invitación a que Le abrieran, no las puertas de sus palacios, sino las de sus corazones.

LA IRA Y EL AMOR

Sería difícil encontrar otra historia evangélica en la que tuviéramos que hacer un esfuerzo tan deliberado y consciente para ser honrados con un pasaje. Es fácil usar este como base para una condenación global de todo el culto del templo. Hay que decir dos cosas.

Había muchos comerciantes y buhoneros en el atrio del templo, pero también había muchos que buscaban a Dios de corazón. Como había dicho Aristóteles mucho antes, una persona y una institución han de juzgarse por sus mejores, no por sus peores resultados.

La otra cosa que debe decirse es sencillamente esta: Que la persona o la iglesia que no tenga pecado arroje la primera piedra. Los vendedores no eran todos explotadores, y hasta los que aprovechaban la oportunidad para obtener un rápido provecho no eran sencillamente buitres de dinero. El gran investigador judío Israel Abrahams hace un comentario sobre la explicación tradicional cristiana más corriente de este pasaje: «Cuando Jesús trastornó las mesas de los cambistas y echó a los vendedores de palomas del templo hizo un gran servicio al judaísmo… Pero, -¿eran los cambistas y los vendedores de palomas las únicas personas que había en el templo? ¿Y eran todos los que compraban o vendían una paloma meros ritualistas? La Semana Santa pasada estuve en Jerusalén, y por toda la fachada de la Iglesia del Santo Sepulcro vi los puestos de los vendedores de reliquias, de cuenquecitas pintadas, de cintas grabadas, de velas de colores, de crucifijos dorados, de botellas de agua del Jordán. Allí, los cristianos pregonaban y discutían y regateaban, una multitud de vendedores y compradores delante de la iglesia consagrada a la memoria de Jesús. ¡Como me habría gustado que Jesús viniera otra vez a trastornar y echar a esos falsos siervos Suyos, de la misma manera que lo hizo a Sus falsos hermanos en Israel hace mucho!» Y en España, entre otros, debemos un juicio parecido a José María Gironella en su El escándalo de la Tierra Santa.

Este incidente nos muestra ciertas cosas acerca de Jesús.

(i) Nos muestra la más violenta manifestación de Su ira dirigida contra los que explotaban a sus semejantes, y especialmente contra los que los explotaban en el nombre de la religión. Fue Jeremías el que dijo que hay quienes convierten el templo en una cueva de ladrones (Jer_7:11 ). Jesús no podía soportar el ver cómo se explotaba a la gente sencilla.

La Iglesia ha guardado silencio demasiadas veces en situaciones semejantes; tiene el deber de proteger a los que no se pueden proteger a sí mismos en situaciones económicas altamente competitoivas.

(ii) Nos muestra que Su ira se dirigía especialmente contra los que les hacen imposible a las personas sencillas dar culto a Dios en la Casa de Dios. Fue Isaías el que dijo que la Casa de Dios era una casa de oración para todos los pueblos (Isa_56:7 ). El Atrio de los Gentiles era de hecho la única parte del templo donde podían entrar los gentiles. No tenemos por qué pensar que los gentiles que fueran allí serian solo turistas. Algunos por lo menos deben de haber ido con un profundo anhelo en sus almas de orar y de adorar a Dios. Pero en medio de ese rugido de comprar y vender y regatear y ofertar, la oración era imposible. Se les impedía entrar a la presencia de Dios a los que la buscaban en la Casa de Dios.

Dios no daré nunca por inocentes a los que les hacen imposible a otros adorarle. Puede suceder todavía. Un espíritu de amargura, de discusión, de rivalidad, se puede introducir en la iglesia haciendo imposible la oración y el culto. Los miembros y los responsables pueden llegar a estar tan preocupados con sus derechos y sus siniestros, con sus dignidades y sus prestigios, con la práctica y el procedimiento, que al final nadie puede adorar a Dios en el ambiente que se ha creado. Hasta los ministros de Dios pueden estar más interesados en imponerle a la congregación sus maneras de hacer las cosas que en predicar el Evangelio, y lo que se produce es un culto con un ambiente que hace imposible la verdadera adoración. El culto de Dios y las discusiones de los hombres no pueden desarrollarse juntos. Tengamos siempre presente la ira, de Jesús contra lo que les bloqueaban a sus semejantes el acceso a Dios.

(iii) Aún nos queda otra cosa que notar. Nuestro pasaje termina diciéndonos que Jesús sanaba a los ciegos y a los cojos en el atrio del templo. Todavía estaban allí; Jesús no echó del templo a todo el mundo. Solamente los que tenían conciencias culpables huyeron ante Su mirada airada. Los que necesitaban a Jesús, se quedaron.

Jesucristo nunca despide a la necesidad con las manos vacías. La ira de Jesús nunca fue meramente negativa; nunca se quedó en el ataque a lo que estaba mal; siempre pasó a ayudar positivamente a los que estaban en necesidad. En una Persona verdaderamente grande, la ira y el amor pueden ir mano a mano. La ira se enfrentó con los que explotaban a los sencillos y cerraban el paso a los buscadores; pero el amor recibió a los que tenían una gran necesidad. La fuerza destructiva de la ira debe ir de la mano del poder sanador del amor.

LA ESCENA DEL TEMPLO

 

Seguidamente Jesús entró en el recinto del templo de Dios, y echó de allí a todos los que estaban vendiendo y comprando, y trastornó las mesas de los cambistas y de los que vendían palomas. Y les dijo:

-Escrito está: «Mi Casa se conocerá como una casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones.»

Y los ciegos y los cojos acudían a Él en el templo, y Él los sanaba.

Si la entrada en Jerusalén había constituido un desafío, aquí tenemos otro desafío que se añadió al anterior. Para contemplar la escena que se desarrolla ante nuestros ojos tenemos que visualizar la forma del templo.

En el Nuevo Testamento griego hay dos palabras que se traducen por templo. Y con propiedad. Pero hay una clara diferencia entre ellas. El templo mismo se llama el naós. Era un edificio relativamente pequeño, que contenía el Lugar Santo, y el Lugar Santísimo en el que solamente entraba el sumo sacerdote una vez al año el solemne Día de la Expiación: Pero. el naós mismo estaba rodeado de un amplio espacio que ocupaban los atrios de manera sucesiva y ascendente. En primer lugar desde fuera estaba el Atrio de los Gentiles, en el que podía entrar cualquiera, pero más allá del cual no podían pasar los gentiles bajo pena de muerte. A continuación estaba el Atrio de las Mujeres, al que se entraba por .la Puerta Hermosa del templo, en el .que podían entrar todos los israelitas. Después estaba el Atrio de los Israelitas, al que se entraba por la llamada Puerta de Nicanor, una gran. puerta de bronce corintio para abrir y cerrar la cual se necesitaban veinte hombres. Era en este atrio donde se reunían los varones para los cultos del templo. Por último estaba el Atrio de los Sacerdotes; al que solo los sacerdotes podían entrar. En él se encontraban el gran altar de los holocaustos, el altar del incienso, el candelabro de los siete brazos, la mesa de los panes de la proposición y el gran estanque de bronce; y en la parte posterior de este atrio se encontraba el naós propiamente dicho. Toda esta área, incluyendo todos los atrios, también se llama en las traducciones de la Biblia templo; la palabra griega es hierón. Sería mejor conservar la diferencia del original, y retener la palabra templo para el templo propiamente dicho, es decir, el naos, y usar la expresión el recinto del templo para toda el área, es decir, el hierón.

El escenario de este incidente fue el Atrio de los Gentiles, en el que cualquiera podía entrar. Siempre había gente y actividad en él; pero en la Pascua estaba abarrotado a más no poder de peregrinos de todo el mundo. Habría allí, en cualquier época, muchos gentiles, porque el templo de Jerusalén era famoso en todo el mundo, hasta tal punto que hasta los escritores latinos lo describían como uno de los edificios más maravillosos del mundo.

En este Atrio de loa Gentiles se llevaban a cabo dos clases de transacciones. Una era el cambio de dinero. Todos los judíos tenían que pagar el impuesto del templo de medio siclo, y ese ir1puesto se pagaba poco antes de la Pascua. Un mes antes, se instalaban puestos en todos los pueblos y aldeas; donde se podía pagar en dinero; pero después de una cierta fecha solo se podía pagar en el templo mismo; y sería allí donde lo pagaría la inmensa mayoría de los peregrinos judíos de otras tierras:

Este impuesto tenía que pagarse en cierta moneda en curso, aunque para los propósitos generales se usaba en Palestina toda clase de monedas. No se podía pagar en lingotes de plata, sino en moneda en curso; no se podía pagar en monedas de aleaciones inferiores o que estuvieran deformadas, sino solo en monedas de plata pura. Se podía pagar en los siclos: del santuario, en los medios siclos galileos y especialmente en la moneda tiria, que era de calidad reconocida.

La función de los cambistas era cambiar la moneda no aceptable por otra aceptable. Esa parecía ser a todas luces una función necesaria; pero el problema era que estos cambistas cargaban el equivalente de 2 pesetas por hacer el cambio; y, si la moneda era de más valor que el medio siclo, cargaban otras dos pesetas por devolver el cambio. Es decir: muchos peregrinos tenían que pagar, no solamente su medio siclo -que sería el equivalente de unas 15 pesetas-, sino otras 4 pesetas de comisión; y esto hay que compararlo con el salario de un trabajador que sería de unas 10 pesetas al día.

Esta comisión se llamaba el qolbón. No todo se lo embolsaban los cambistas. Una parte se consideraban ofrendas voluntarias; parte de ello se dedicaba a mantener las carreteras en buen estado; parte se dedicaba a la compra de planchas de oro con las que había la intención de cubrir totalmente la techumbre del templo propiamente dicho, y parte de ello se ingresaba en el tesoro del templo. El asunto no era necesariamente un abuso en su totalidad; pero el problema era que se prestaba al abuso. Se prestaba a la explotación de los peregrinos que habían venido a adorar a Dios, y no cabe duda de que los cambistas obtenían grandes beneficios.

La venta de palomas era peor. Para la mayor parte de los visitantes del templo alguna clase de ofrenda era esencial. Las palomas, por ejemplo, se necesitaban cuando una mujer venía a purificarse después de tener un hijo, o cuando un leproso venía a que se le diera el certificado de curación (Lev_12:8 ; Lev_14:22 ; Lev_15:14; Lev_15:29 ). Era fácil comprar animales para el sacrificio fuera del templo; pero los animales que se ofrecieran tenían que ser sin defecto. Había inspectores oficiales de animales, y era de temer que, por lo que fuera, rechazarían los animales comprados fuera, y dirigirían a la persona a los puestos del templo.

Eso no tendría por qué causar un gran perjuicio si los precios hubieran sido iguales dentro y fuera del templo; pero un par de palomas podía costar 8 pesetas fuera del templo, y tanto como 150 dentro. Este era un abuso antiguo. Un cierto rabino, Simón Ben Gamaliel, era recordado con gratitud porque « había hecho que se vendieran palomas por monedas de plata en lugar de oro.» Está claro que había atacado un abuso. Además, estos puestos donde se vendían las víctimas se llamaban los bazares de Anás, porque eran propiedad privada de la familia del sumo sacerdote de ese nombre.

Aquí tampoco había por qué cometer abusos. Tiene que haber habido muchos comerciantes honrados y comprensivos. Pero los abusos se introdujeron rápida y fácilmente. Burkitt decía que «el templo se había convertido en el lugar de reunión de los mangantes,» la peor clase de monopolio comercial e intereses económicos. Sir George Adam Smith escribía: «En aquellos días, cada sacerdote tiene que haber sido un comerciante.» Por todas partes acechaban a los pobres y humildes peregrinos toda clase de peligros de explotación desvergonzada y fue esa explotación lo que puso al rojo vivo la indignación de Jesús.

EL CONOCIMIENTO DE LOS SENCILLOS DE CORAZÓN

Mateo 21:15-17

Cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las obras maravillosas que realizaba Jesús, y a los niños gritando en el templo: «¡Hosanna al Hijo de David,» se pusieron furiosos, y Le dijeron:

-¿Es que no oyes lo que están diciendo estos?

-¡Sí! -les contestó Jesús. ¿Y es que vosotros no habéis leído: «De la boca de los bebés y de los lactantes Tú has hecho que proceda la alabanza perfecta?»

Y Jesús los dejó, y Se fue de la ciudad a Betania para alojarse allí.

Algunos estudiosos han tenido dificultad con este pasaje. Se dice que era improbable que hubiera multitudes de niños en el recinto del templo; y que, si hubiera niños allí, la policía del templo se habría encargado de ellos rápida y eficazmente si hubieran osado gritar como supone este pasaje. Ahora bien, en un momento anterior del relato Lucas tiene un incidente en el que los discípulos aparecen lanzando gritos entusiastas a Jesús, y donde las autoridades se describen, tratando de silenciarlos (Luk_19:39 s). Los discípulos de un rabino se llamaban a menudo sus hijos o niños. Vemos, por ejemplo, la frase hijitos míos que aparece en los escritos de Juan. Así que se sugiere que Lucas y Mateo están realmente contando la misma historia, y que los niños eran realmente los discípulos de Jesús.

Pero no hay que recurrir a esa explicación. El uso que hace Mateo de la cita de Psa_8:2 deja bien claro que tenía en mente niños en sentido literal; y en cualquier caso, estaban sucediendo cosas aquel día en el atrio del templo que no habían sucedido nunca antes. No pasaba todos los días eso de que los comerciantes y los cambistas fueran expulsados del templo; ni tampoco cada día eran sanados los ciegos y los cojos. Puede que normalmente habría sido imposible que hubiera niños gritando en el templo, pero aquel día no era un día ordinario.

Si tomamos esta historia como se nos presenta, y escuchamos de nuevo las frescas, cristalinas voces de los niños gritando sus alabanzas, nos encontramos cara a cara con un gran hecho. Hay verdades que solamente los sencillos de corazón pueden ver, y que están ocultas a los sabios y a los entendidos y a los sofisticados. Sucede muchas veces que el Cielo está más cerca de un niño que del más inteligente de los mayores.

Thorvaldsen, el gran escultor noruego, hizo una vez una escultura de Jesús. Querían ver si la escultura hacía la debida impresión en los que la vieran. Trajo a verla a un chiquillo, y le preguntó: «¿Quién crees que es?» El chico contestó: «Un gran hombre.» Thorvaldsen se dio cuenta de que no había acertado. Así que deshizo la escultura y empezó de nuevo. Cuando la terminó trajo otra vez al niño y le hizo la misma pregunta: « ¿Quién crees que es?» El niño sonrió y respondió: «Es el Jesús Que dijo: «Dejad a los niños venir a Mí.»» Thorvaldsen se dio cuenta de que esa vez sí había acertado. La escultura había pasado la prueba de los ojos de un niño.

Esa no era una mala prueba. George Macdonald dijo una vez que él no le daba mucho valor al supuesto cristianismo de una persona a cuya puerta, o a la puerta dé cuyo jardín, los niños tuvieran miedo de jugar. Si un niño cree que una persona es buena, lo más probable es que lo sea; si un niño se mantiene a distancia, la persona puede que sea grande, pero seguro que no se parece a Cristo. En alguno de sus escritos, Barrie traza el retrato de una madre metiendo a su niño en la cama por la noche cuando está medio dormido con una pregunta muda en sus ojos y en su corazón: «Hijo mío, ¿me he portado bien hoy?» La bondad que puede encontrarse con la clara mirada de un niño y pasar la prueba de la sencillez de un niño es la auténtica. Era sencillamente natural el que los niños reconocieran a Jesús cuando los eruditos estaban ciegos.

EL CAMINO DE LA HIGUERA

Mateo 21:18-22

Cuando Jesús iba volviendo a la ciudad por la mañana temprano, sintió hambre. Entonces vio una higuera al borde del camino y se dirigió a ella, pero no encontró nada más que -hoSantiago Y le dijo:

-¡Que no produzcas fruto nunca más!

E inmediatamente la higuera se secó.

Cuando los discípulos lo vieron, se quedaron atónitos; y dijeron:

-¿Como es que se secó la higuera de pronto?

-Os digo la pura verdad -les contestó Jesús-: Si tenéis fe y no lo dudáis, no solo haréis lo qué le sucedió a la higuera; sino que hasta diréis a este monte: «¡Desarráigate y tírate al mar!,» y sucederá. Todo lo que pidáis en oración, si lo creéis, lo recibiréis.

Pocos sinceros lectores de la Biblia negarán que este es tal vez el pasaje que nos hace sentimos más incómodos de todo el Nuevo Testamento. Si lo tomamos literalmente, nos muestra a Jesús en una acción que es incompatible con todo lo que creemos de Él. Debemos, por tanto, acercarnos a este pasaje con un sincero deseo de descubrir la verdad que contiene y con el valor de pensar hasta resolverlo.

Marcos también nos cuenta esta historia Mar_11:1214; Mar_11:20 s), pero con una diferencia notable. En Mateo, la higuera se secó inmediatamente. En griego, parajréma, que la antigua Reina-Valera traducía por luego con el sentido clásico de inmediatamente. Por otra parte, en Marcos no le sucedió nada al árbol en seguida, y fue solo la mañana siguiente cuando iban pasando por allí, cuando los discípulos vieron que la higuera se había secado. De la existencia de estas dos versiones de la historia podemos concluir sin lugar a duda que el relato experimentó algunos cambios; y, puesto que Marcos es el evangelio más antiguo, es igualmente claro que su versión debe de estar más próxima a los Hechos históricos.

Es necesario entender los hábitos de crecimiento y producción de la higuera. La higuera es el favorito de todos los árboles. La descripción de la Tierra Prometida era cuna tierra de trigo y cebada, de viñas y de higueras» (Deu_8:8 ). Las granadas y los higos fueron parte de los tesoros que trajeron los exploradores para mostrar la maravillosa fertilidad de la tierra (Num_13:23 ). El panorama de paz y prosperidad que es corriente en todo el Antiguo Testamento es la descripción de un tiempo en el que cada uno se sentará bajo su propia parra y bajo su propia higuera (1Ki_4:25 ; Mic_4:4 ; Zacarías :10). La descripción de la ira de Dios es la del día en que 1 herirá y destruirá las higueras (Psa_105:33 ; Jer_8:13 ; Oseas -2:12). La higuera, era el símbolo mismo de la fertilidad y la paz y la prosperidad:

La higuera misma es un árbol de aspecto agradable; su tronco puede tener hasta 1 metro de diámetro. Alcanza una altura de 5 a 8 metros; y la copa puede extenderse de 8 a 10 metros.

Su sombra era, por tanto, .muy apreciada: En Chipre, cómo en los otros países mediterráneos, se ven higueras a la puerta de las casas de. campo, y Tristram nos cuenta que a menudo se refugiaba a su sombra para encontrar alivio al calor. Es corriente que las higueras den sombra a los pozos, lo que hace que se encuentren agua y sombra en el mismo sitio. A menudo era a la sombra de una higuera donde uno buscaba tranquilidad para meditar y orar; por eso se sorprendió Natanael de que Jesús se hubiera fijado en él cuando estaba debajo de la higuera (Joh_1:48 ).

Pero es el hábito de la higuera de producir fruto lo que es pertinente aquí. La higuera es única en dar dos cosechas al año, las brevas y los higos. La primera la da en las ramas vieSantiago Muy al principio del año aparecen pequeños bultitos verdes al final de las ramas. Se llaman pagguim, que son los que llegarán a ser las brevas: Estos brotes de fruto aparecen en abril, pero no son comestibles. Poco a poco aparecen las hojas y se abren las flores; y otra cosa única acerca de la higuera es que está en la plenitud de fruto y hoja y flor todo al mismo tiempo; eso sucede en junio; ninguna higuera da nunca fruto en abril; eso sería demasiado pronto. El proceso se repite con las ramas nuevas, y la segunda cosecha está lista para el otoño.

Lo más raro de esta historia es doble. Primero, nos dice que una higuera estaba llena de hojas en abril. Jesús estaba en Jerusalén para la Pascua; la Pascua caía el 15 de abril; y este incidente tuvo lugar una semana antes. La segunda cosa es que Jesús esperaba encontrar higos en la higuera cuando no podía tenerlos; y Marcos especifica: «Porque no era tiempo de higos» (Mar_11:13 ).

La dificultad de esta historia no es tanto la de la posibilidad, sino una dificultad moral; y es doble. Primero, vemos a Jesús maldiciendo una higuera por no hacer lo que no podía hacer. El árbol no podía haber producido fruto la segunda semana de abril, y sin embargo vemos que Jesús lo maldijo por no tener fruto. Segundo, vemos a Jesús usando sus poderes milagrosos para sus propios fines. Eso es precisamente lo que decidió no hacer nunca en las tentaciones del desierto. Jesús se negó entonces a hacer que las piedras se convirtieran en pan para satisfacer Su propia hambre. La verdad escueta es esta: Si hubiéramos leído que alguien había maldecido una higuera por no dar higos en abril, hubiéramos dicho que era un gesto de petulancia malhumorada, que surgía de una desilusión personal. En Jesús, eso nos resulta inconcebible; por tanto debe de haber alguna explicación. ¿Cuál?. Algunos han encontrado la explicación en las siguientes líneas. En Lucas tenemos la parábola de la higuera estéril. Por dos veces, el hortelano pidió que se tuviera paciencia con ella; por dos veces se le concedieron misericordia y espera; por último, en vista de que seguía sin dar fruto, fue destruida Luk_13:6-9 ). Lo curioso es que Lucas tiene la parábola, pero no cuenta este incidente de la higuera que se secó. Mateo y Marcos tienen este incidente, pero no cuentan la parábola. Parece que los evangelistas se dieron cuenta de que si incluían la una no tenían por qué incluir la otra. Se sugiere que la parábola de la higuera estéril se malentendió y se convirtió en un incidente real. La confusión cambió una historia que Jesús contó en una acción que Jesús realizó. Eso no es imposible ni mucho menos; pero nos parece que la verdadera explicación se debe buscar en alguna otra parte. Y ahora vamos a buscarla.

PROMESA SIN CUMPLIMIENTO

Cuando estábamos estudiando la entrada de Jesús en Jerusalén vimos que los profetas acostumbraban hacer acciones simbólicas; que, cuando presentían que las palabras no penetraban, hacían algo dramático que las hiciera penetrar en las conciencias. Supongamos que hubiera alguna acción simbólica en esta historia.

Jesús, supongamos, iba de camino a Jerusalén. Junto al camino vio un árbol frondoso. Era perfectamente legítimo coger higos, si hubiera habido algunos. La ley judía lo permitía Deu_23:34 s), y Thomson, en La Tierra y el Libro, nos dice que, aun en tiempos modernos, las higueras al borde del camino son propiedad común. Jesús se acercó a la higuera sabiendo muy bien que no podía tener fruto, y sabiendo muy bien que algo raro le pasaría para tener ese aspecto. Podría ser una de dos cosas. La higuera podría haber vuelto a su estado silvestre, como les sucede a los rosales que se vuelven a veces escaramujos. O podría ser un árbol enfermo de algo. Entonces Jesús dijo: «Este árbol nunca producirá fruto; de seguro que se secará.» Era el diagnóstico de Alguien que conocía la Naturaleza. Y al día siguiente se confirmó que el diagnóstico de la experta mirada de Jesús era perfectamente correcto.

Si esta fue una acción simbólica, tenía por finalidad enseñar algo. Lo que pretendía enseñar eran dos cosas acerca de la nación judía.

(i) Enseñaba que la inutilidad invita al desastre. Esa es una ley de vida. Cualquier cosa que es inútil lleva camino de ser eliminada; todas las cosas pueden justificar su existencia solamente cumpliendo el fin para el que fueron creadas. La higuera era inútil; por tanto, estaba condenada.

La nación de Israel había sido creada con un solo propósito: que de ella viniera el Ungido de Dios. Él había venido; la nación había fracasado al no reconocerle; más: estaba a punto de crucificarle. La nación había fracasado en su propósito, que era recibir y reconocer al Hijo de Dios; por tanto estaba condenada.

El fracasar en la realización del propósito de Dios trae como consecuencia el desastre. Cualquier persona es juzgada en el mundo en términos de utilidad. Aun si una persona está impedida en la cama, puede ser de la mayor utilidad por su paciente ejemplo y su oración.

Nadie tiene por qué ser inútil; y el que es inútil está abocado al desastre.

(ii) Enseñaba que la profesión sin práctica está condenada. El árbol tenía hoSantiago Las hojas eran el reclamo de tener higos; aquella higuera no tenía higos; su pretensión era falsa; por tanto fue condenada. La nación judía profesaba tener fe en el propósito de Dios, pero en la práctica estaba tras la vida del Hijo de Dios; por tanto, estaba condenada.

La profesión sin la práctica no era solamente la maldición de los judíos; ha sido a lo largo de los siglos la maldición de la Iglesia. Durante sus primeros días en África del Sur, en Pretoria, Gandhi hizo investigaciones con el Cristianismo. Fue a una iglesia cristiana varios domingos; pero nos dice: « La congregación no me hizo la impresión de ser especialmente religiosa, no era una asamblea de almas devotas, sino parecían más bien personas mundanas que iban a la iglesia para pasar el rato o para cumplir con una costumbre.» Por tanto Gandhi concluyó que no había nada en el Cristianismo que él no tuviera ya, y la Iglesia Cristiana se perdió a Gandhi, lo que tuvo consecuencias incalculables para la India y para el mundo.

La profesión sin la práctica es algo de lo que todos somos más o menos culpables. Produce un daño incalculable a la Iglesia Cristiana, y está condenado al desastre, porque produce una fe que no puede hacer más que secarse. Bien podemos creer que Jesús usó la lección de una higuera enferma y degenerada para decirles a los judíos -y a nosotros- que la inutilidad invita al desastre, y la profesión sin práctica está condenada. Eso es seguramente lo que quiere decir esta historia, porque no podemos pensar que Jesús, literal y físicamente, maldijera una higuera por no dar fruto en una estación en que no le era posible darlo.

LA DINÁMICA DE LA ORACIÓN

Este pasaje concluye con ciertas palabras de Jesús acerca de la dinámica de la oración. Si estas palabras se entienden mal, no pueden producir sino quebranto; pero si se entienden correctamente no pueden producir sino poder.

En ellas Jesús dice dos cosas: Que la oración puede eliminar montañas, y que, si pedimos con fe, recibiremos. Está abundantemente claro que estas promesas no se han de tomar física y literalmente. Ni Jesús mismo ni ningún otro trasladó jamás una montaña física, geográfica, mediante la oración. Más aún, muchas y muchas personas han pedido con fe apasionada que algo sucediera o que no sucediera, que algo les fuera concedido o que alguien no tuviera que morir; y aquellas oraciones no fueron contestadas afirmativamente. ¿Qué es entonces lo que Jesús nos promete acerca de la oración?

(i) Promete que la oración nos da la capacidad para hacer. La oración nunca fue una evasión fácil; no consistió nunca en dejarle a Dios las cosas para que Él las haga por nosotros. La oración es poder. No es pedirle a Dios que haga algo; es pedirle que nos capacite para hacerlo nosotros. La Oración no es seguir el camino más fácil; es la manera de recibir poder para seguir el camino difícil. Es el canal por el que nos llega el poder para asumir y arrostrar y eliminar montañas de dificultad por nosotros mismos con la ayuda de Dios. Si fuera simplemente un método para que las cosas se nos hagan, la oración nos sería muy perjudicial, porque nos volvería blandos, perezosos e ineficaces. La oración es el medio por el que recibimos poder para hacer cosas por nosotros mismos. Por tanto, nadie debe orar y luego sentarse y esperar; debe orar, y levantarse y obrar; pero descubrirá que, cuando lo haga así, una nueva dinámica entrará en su vida, y que es cierto que con Dios todas las cosas son posibles, y lo imposible se convierte en algo que se puede hacer.

(ii) La oración es capacidad para aceptar, y al aceptar, transformar. No está diseñada para traer liberación de una situación; sí para capacitar para aceptarla y transformarla: Hay dos grandes ejemplos de esto en el Nuevo Testamento.

Uno es el ejemplo de Pablo. Desesperadamente pidió ser librado del aguijón que tenía en su carne. No fue librado de esa situación; fue capacitado para aceptarla; y en aquella misma situación descubrió la fortaleza que se hacía perfecta en su necesidad y la gracia que era suficiente para asumir todas las cosas. En esa fuerza y gracia la situación fue no solamente aceptada sino transformada en gloria (2Co_12:1-10 ).

El otro es el de Jesús mismo. En Getsemaní oró que pasara de Él aquel cáliz, y ser librado de la situación agónica en que se encontraba; esa petición no podía serle concedida, pero en aquella oración Jesús encontró la capacidad para aceptar la situación; y al ser aceptada, la situación fue transformada, y la agonía de la Cruz condujo directamente a la gloria de la Resurrección. Debemos recordar siempre que la oración no trae liberación de una situación; trae su conquista. La oración no es una manera de huir de una situación, sino el medio por el que podemos arrostrarla caballerosamente.

(iii) La oración trae la capacidad para soportar. Es natural e inevitable que, en nuestra necesidad humana y con nuestros corazones y debilidades, haya cosas que temamos no poder soportar. Vemos alguna situación desarrollarse; vemos algún suceso trágico aproximarse con un fatalismo sombrío; vemos alguna tarea acechándonos de frente que obviamente va a demandar más de lo que nosotros podemos aportar. En tales momentos, nuestro sentir inevitable es que no podemos soportar aquello. La oración no elimina la tragedia, ni nos proporciona una evasión, ni la exención de la tarea; nos hace capaces de soportar lo insoportable; de arrostrar lo inaceptable; de llegar más allá de nuevas posibilidades sin sucumbir.

Mientas la oración sea una evasión, no cosecharemos más que desilusiones; pero cuando la consideremos el medio para conquistar y la dinámica divina, sucederán cosas.

LA IGNORANCIA OPORTUNA

Mateo 21:23-27

Cuando Jesús entró en el recinto del templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se Le acercaron cuando estaba enseñando y Le dijeron:

-¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién es el que Te ha dado esa autoridad?

-Yo también os haré una pregunta -les contestó Jesús-, y si Me la contestáis, Yo también os diré con qué autoridad hago estas cosas: ¿De dónde procedía el bautismo de Juan? ¿Era del Cielo, o de los hombres?

Ellos se pusieron a discutir entre sí, y se decían: «Si decimos que del Cielo, nos dirá que por qué no le creímos; y si decimos que de los hombres, tenemos miedo de la gente, porque todos consideran a Juan un profeta.» Así es que Le contestaron a Jesús:

No lo sabemos.

Y Jesús también les dijo a ellos:

-Pues tampoco Yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

Cuando pensamos en las cosas extraordinarias que Jesús había estado haciendo, no podemos sorprendernos de que las autoridades judías Le preguntaran qué derecho tenía para hacerlas. En aquel momento, Jesús no estaba dispuesto a darles la respuesta directa de que Su autoridad venía del hecho de ser Hijo de Dios. El hacerlo habría supuesto precipitar el fin. Había obras que todavía tenía que realizar; y enseñanza que tenía que impartir.

A veces requiere más coraje esperar el momento oportuno que lanzarse sobre el enemigo y precipitar el final. Para Jesús todo tenía que suceder en el tiempo de Dios. Y aún no había llegado la hora en que había de producirse el desenlace final de toda Su misión en el mundo.

Así que esquivó la preguntó de. las autoridades judías con otra pregunta propia qué los colocaba en un dilema. Les preguntó si el ministerio de Juan el Bautista era cosa del Cielo o de los hombres; si tenía un origen divino o meramente humano. Los que salieron al Jordán para bautizarse, ¿respondían a un impulso meramente, humano, o estaban de hecho reaccionando a un desafío divino? Ese era el dilema de las autoridades judías. Si decían que el ministerio de Juan procedía de Dios, no tenían más remedio que admitir que Jesús era el Mesías, porque Juan había dado un testimonio claro y terminante de ello. Y, si decían que el ministerio de Juan no procedía de Dios, tendrían que enfrentarse con la ira de la gente, que estaba convencida de que Juan era un mensajero de Dios.

Por un momento, los principales sacerdotes y los ancianos judíos guardaron silenció; y luego salieron con la respuesta más anodina de todas las respuestas posibles. Dijeron :«No lo sabemos.» Era la manera más lastimosa de confesar su falta de autoridad. Tenían la obligación de saber; era parte del deber del sanedrín, del que eran miembros, el distinguir entre los profetas verdaderos y los falsos; y estaban confesándose incapaces de distinguirlos. Su dilema los condujo a una vergonzosa autohumillación.

Aquí tenemos una sombría advertencia. Hay tal cosa como la cobardía de una ignorancia voluntariamente asumida. Si una persona consulta la conveniencia más que el principio, su primera pregunta no será: « ¿Dónde está la verdad?» sino: «¿Qué es lo menos arriesgado decir?» Una y otra vez su sumisión a la conveniencia la conducirá a un silencio cobarde. Dirá torpemente: « No sé la respuesta,» cuando la sabe perfectamente pero tiene miedo de darla. La verdadera pregunta no es: «¿Qué es lo menos peligroso que puedo decir?» sino: «¿Qué es lo que debo decir?»

La ignorancia del miedo de liberadamente asumida, el silencio cobarde de la conveniencia; son cosas vergonzosas. Si uno sabe la verdad, está obligado a decirla, aunque se le caiga el cielo enci1na.

EL MEJOR DE DOS MALOS HIJOS

Mateo 21:28-32

Jesús entonces les dijo.-

-¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y se dirigió al primero y le dijo: «Hijo, ve a trabajar hoy en mi viña. « Y el hijo le contestó: «¡No me dala gana!» Pero después cambió de actitud y fue. Entonces el padre se dirigió al otro hijo, y le habló de la misma manera. Y él le contestó: «Sí, señor. Iré con mucho gusto.» Pero no fue. ¿Cuál de estos dos hizo la voluntad de su padre?

-¡El primero! -Le contestaron a Jesús.-Os diré la pura verdad-les dijo entonces Jesús-: Los publicanos y las rameras se os adelantan a entrar en el Reino del Cielo. Porque os vino Juan con una demanda de justicia, y no creísteis en él; pero los publicanos y las rameras sí le creyeron; y cuando vosotros lo visteis, ni siquiera entonces cambiasteis de actitud y creísteis en él.

El sentido de esta parábola está claro como el agua. Los dirigentes judíos eran los que decían que obedecerían a Dios, pero no lo hicieron; los publicanos y las rameras eran los que decían que vivirían su vida, pero siguieron el camino de Dios.

La clave de la interpretación correcta de esta parábola está en que no alaba realmente a ninguno de los dos hijos. Nos presenta el retrato de dos clases de personas muy imperfectas, de las que una clase es sin embargo mejor que la otra. Ninguno de los dos hijos de la parábola era la clase de hijo que le produce una gran satisfacción y alegría a su padre. Los dos dejaban mucho que desear; pero el que al final obedeció era incalculablemente mejor que el otro. El hijo ideal habría sido el que aceptara las órdenes del padre con obediencia y respeto, y que las cumpliera sin discusión ni demora. Pero hay verdades en esta parábola que van más allá de la situación en que se pronunció por primera vez.

Nos dice que hay dos clases de personas muy corrientes en este mundo. La primera son las personas cuya profesión es mucho mejor que su práctica. Prometen y se comprometen a cualquier cosa; hacen grandes protestas de piedad y de fidelidad; pero se quedan muy atrás en la práctica y el cumplimiento. La segunda son aquellos cuya práctica es mucho mejor que su profesión. Pretenden ser inflexibles materialistas hasta la médula, pero a veces los descubrimos haciendo cosas amables y generosas casi en secreto, como si les diera vergüenza. Profesan no tener ningún interés en la iglesia ni en la religión, y sin embargo, cuando se llega al grano, viven vidas más cristianas que muchos que se confiesan cristianos.

Todos nos hemos encontrado con gente así, con algunos cuya práctica está a mucha distancia de la piedad que profesan, y con otros cuya práctica está muy por delante de la profesión cínica y hasta atea que hacen a veces. La verdadera lección de la parábola es que, aunque la segunda ciase es con mucho preferible a la primera, ninguna de las dos es perfecta. La persona realmente buena es aquella en que se dan en armonía la profesión y la práctica. Además, esta parábola nos enseña que las promesas no pueden nunca ocupar el lugar de las obras, y que las palabras bonitas nunca pueden sustituir a las buenas obras. El hijo que dijo que iría, y no fue, tenía todos los síntomas de la cortesía y del respeto. Al contestar a su padre le. llamó « señor» con todo respeto; pero la cortesía que no pasa de palabras es totalmente ilusoria. La verdadera cortesía es la obediencia voluntaria y agradablemente otorgada. Por otra parte, la parábola nos enseña que uno puede echar a perder muy fácilmente lo bueno que haga por la manera como lo haga. Puede hacer una cosa que esté bien con una falta de gracia y de agrado que echa a perder toda la obra. Aquí aprendemos que la manera cristiana está en la promesa y en su cumplimiento, y que la señal del cristiano es la obediencia cortés y amablemente cumplida. .

LA VIÑA DEL SEÑOR

Mateo 21:33-46

Jesús les dijo:

-Escuchadme otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, y le hizo una valla todo alrededor, y cavó un lagar en ella, y edificó una torre, se la arrendó a unos campesinos, y se fue de la tierra. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, les mandó a sus siervos a los labradores a recoger el producto; pero los labradores echaron mano a los siervos, y apalearon a uno de ellos, y mataron a otro, y apedrearon a otro. De nuevo el propietario les envió a otros siervos como la primera vez, e hicieron lo mismo con ellos. Más tarde les mandó a su hijo. «Le tendrán respeto a mi hijo, « se dijo. Pero los labradores, cuando vieron al hijo, se dijeron entre sí: «¡Ese es el heredero! Venid, matémosle, y quedémonos con la herencia.» Y le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando el propietario de la viña venga, ¿qué les hará a aquellos campesinos?

-¡Les dará a esos malvados su merecido -contestaron los oyentes-, y arrendará la viña a otros campesinos que le paguen los frutos a su debido tiempo!

-¿Es que no habéis leído en las Escrituras -les siguió diciendo Jesús-: «La piedra que rechazaron los edificadores ha llegado a ser la principal piedra del ángulo? Esto es cosa del Señor, y algo maravilloso a nuestros ojos»? Por eso es por lo que os digo que el Reino de Dios os será arrebatado, y se dará a una nación que produzca sus frutos. Y el que caiga contra la piedra se destrozará; pero al que le caiga encima, le reducirá a polvo.

Cuando los principales sacerdotes y los fariseos oyeron Sus parábolas, sabían que iban por ellos. Trataron de encontrar la manera de echarle mano a Jesús, pero tenían miedo de la gente, que Le consideraba un profeta.

Al interpretar una parábola, lo normal es tener en cuenta el punto principal, y no hay que darle mucha importancia a los detalles. Normalmente, al tratar de encontrarle un sentido a cada detalle se comete la equivocación de tratar la parábola como si fuera una alegoría. Pero en este caso es diferente. En esta parábola los detalles tienen un significado, y los principales sacerdotes y los fariseos sabían muy bien lo que Jesús quería decirles con esta parábola.

Todos los detalles se fundaban en lo que, para los que la oían, eran Hechos conocidos. La nación judía como la viña del Señor era una imagen profética familiar. «La viña del Señor de los Ejércitos es la casa de Israel» (Isa_5:7 ). La valla era un seto de espinos muy cerrados para que no entraran ni los jabalíes que estropearían la viña ni los ladrones que pudieran robar las uvas. Las viñas grandes tenían su lagar, que consistía en dos surcos, ya fueran Hechos en la roca o construidos de ladrillos; uno estaba algo más alto que el otro, y estaba conectado con este por un canal. Las uvas se pisaban en el irás alto, y el zumo pasaba al más bajo. La torre cumplía un doble propósito. Servía como atalaya de vigilancia, para que no entraran ladrones cuando las uvas estaban maduras; y servía también de refugio para los trabajadores.

Las medidas que tomó el propietario de la viña eran muy normales. En tiempos de Jesús, Palestina era un lugar dedicado a pequeños lujos; era por tanto muy familiar que los propietarios se ausentaran y dejaran sus propiedades a cargo de otros que se lo pagaban a su debido tiempo. La renta se podía pagar de cualquiera de tres maneras. Podía ser una cantidad fija de dinero, o una cantidad de frutos independientemente de cómo fuera la cosecha, o un tanto por ciento concertado de la cosecha.

Aun la actuación de los arrendatarios de la parábola no era del todo inaudita. El país estaba hirviendo de problemas económicos; los obreros eran rebeldes y causaban problemas muchas veces, y la acción de los arrendatarios al eliminar al hijo no era ni mucho menos imposible.

Como ya hemos dicho, sería fácil para los oyentes de esta parábola el hacer las identificaciones. Antes de estudiar esta parábola en detalle, vamos a dejar sentadas estas identificaciones. La viña es la nación de Israel, y su propietario es Dios. Los labradores son los líderes religiosos de Israel, que estaban a cargo de mantener el buen estado de la nación. Los mensajeros que fue mandando el propietario sucesivamente son los profetas que Dios enviaba y que eran a menudo rechazados y asesinados. El hijo que llegó al final no era otro que Jesús mismo. Allí, en una historia verosímil, Jesús presentó al mismo tiempo Su destino y la condenación de Israel.

PRIVILEGIO Y RESPONSABILIDAD

Mateo 21:33-46 (continuación)

Esta parábola tiene mucho que decirnos en tres direcciones.

(i) Tiene mucho que decirnos acerca de Dios.

(a) Dice que Dios confió en los hombres. El propietario de la viña se la confió a los labradores. No les estuvo vigilando todo el tiempo; se marchó del país, y los dejó a cargo de su tarea. Dios nos concede a los humanos el honor de confiarnos Su trabajo. Cualquier tarea en que nos ocupemos nos ha sido encomendada por Dios.

(b) Habla de la paciencia de Dios. El propietario mandó un mensajero tras otro. No se presentó repentinamente para vengarse cuando el primer mensajero fue maltratado. Les dio a los agricultores oportunidad tras oportunidad para que respondieran a su requerimiento. Dios tiene paciencia con las personas a pesar de sus pecados y no quiere descartarlas.

(c) Habla del juicio de Dios. Por último, el propietario de la viña se la quitó a los agricultores y se la entregó a otros. El juicio severo de Dios tiene lugar cuando nos quita la tarea que nos había encomendado. Una persona ha llegado a su más bajo nivel cuando ha dejado de serle útil a Dios.

(ii) Tiene mucho que decirnos acerca de las personas.

(a) Habla del privilegio humano. La viña estaba perfectamente equipada con la cerca, el lagar, la torre, cosas que les facilitarían la tarea a los agricultores, y les permitirían cumplirla bien. Dios no solamente nos da una tarea; también nos da los medios para realizarla.

(b) Habla de la libertad humana. El propietario dejó que los agricultores hicieran su tarea como quisieran. Dios no es un capataz tiránico; es como un comandante sabio que asigna sus servicios a sus hombres y confía en que los cumplan.

(c) Habla de la responsabilidad humana. A todas las personas les llega el día de rendir cuentas. Tenemos que responder de la manera en que hemos llevado a cabo la tarea que Dios nos ha asignado.

(d) Habla de la deliberación del pecado humano. Los labradores llevaron a cabo una táctica consciente de rebelión y desobediencia con el amo. El pecado es la voluntaria oposición a Dios; consiste en seguir nuestro propio camino cuando sabemos muy bien cuál es el camino de Dios.

(iii) Tiene mucho que decirnos acerca de Jesús.

(a) Nos habla de las credenciales de Jesús. Nos muestra con total claridad a Jesús colocándose por encima de la sucesión de los profetas. Los que habían venido antes que Él eran mensajeros de Dios; no se les podía negar ese honor; pero eran siervos. Él era el Hijo. Esta parábola contiene una de las más claras presentaciones que Jesús hizo nunca de ser único, de ser diferente hasta de los más grandes de los que Le habían precedido.

(b) Nos habla del sacrificio de Jesús. Deja claro que Jesús sabía lo que Le esperaba. En la parábola, las manos de los malvados mataron al hijo. Jesús no tuvo nunca la menor duda acerca de lo que Le esperaba. Él no murió porque no tuviera más remedio; fue a la muerte voluntariamente y con los ojos abiertos.

EL SÍMBOLO DE LA PIEDRA

La parábola concluye con la referencia a la piedra. Contiene realmente dos figuras.

(i) La primera está bien clara. Es la figura de una piedra que los constructores rechazaron, pero que llegó a ser la más importante del edificio: La figura está tomada del Psa_118:22 : «La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo.» En un principio el salmista se refería en esta figura a la nación de Israel; que era la nación despreciada y rechazada. A los judíos los odiaba todo el mundo. Habían sido siervos y esclavos de muchas naciones; pero, a pasar de todo, la nación que despreciaba todo el mundo era el pueblo escogido de Dios.

Puede ser que los hombres rechazaran a Cristo, y Le negaran, y trataran de eliminarle; pero llegará el día cuando descubran que el Cristo que rechazaron es la Persona más importante del mundo y de la Historia. El emperador romano Juliano el Apóstata trató de retrasar el reloj, de desterrar el Cristianismo y reinstaurar los viejos dioses paganos. Falló en toda la línea; y al final, un autor dramático le hace decir: «El desplazar a Cristo del pináculo más alto de la Historia no estaba a mi alcance.» El Hombre en la Cruz, ha llegado a ser el Juez y el Rey de todo el mundo.

(ii) La segunda imagen de la piedra está en el versículo 44, aunque ha de notarse que algunos manuscritos lo omiten. Es una figura más difícil, de una piedra que quebranta a una persona que tropieza en ella, y que reduce a polvo a una persona si cae sobre ella. Es una figura compuesta de tres pasajes del Antiguo Testamento. El primero es Isa_8:13-15 : «Al Señor de los Ejércitos, a Él santificad; sea Él vuestro temor, y Él sea vuestro miedo. Entonces Él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, por tropezadero para caer y por lazo y red al morador de Jerusalén. Muchos de entre ellos tropezarán, caerán y serán quebrantados; se enredarán y serán apresados.» El segundo está en Isa_28:16 : «He aquí que Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada; angular, preciosa, de cimiento estable.» El tercero está en Dan_2:34; Dan_2:44 , donde se nos presenta la figura extraña de una piedra, no cortada por manos humanas, que destroza a los enemigos de Dios.

La idea detrás de esto es que todas las figuras del Antiguo Testamento acerca de una piedra se resumen en Jesucristo. Jesús es la piedra fundamental sobre laque se construye todo, y la piedra angular que mantiene unido todo el edificio. Que el rechazar Su camino es golpear la cabeza contra los muros de la Ley de Dios. El desafiarle es a fin de cuentas quedar desintegrado. Por muy extrañas que estas imágenes nos parezcan, les resultarían familiares a todos los judíos que conocieran los Profetas.

Mateo 21:1-46

21.2-5 Mateo cita a una asna y un pollino, mientras que los otros Evangelios se refieren sólo al pollino. Era el mismo acontecimiento, pero Mateo señala la profecía en Zec_9:9, donde un asno y un pollino son mencionados. Muestra la manera en que las palabras del profeta se cumplieron por medio de las acciones de Jesús, probando que era el Mesías. La llegada de Jesús a Jerusalén en el pollino destaca su realeza mesiánica, como también su humildad.

21.8 Este es uno de los pocos lugares en los Evangelios donde la gloria de Jesús es reconocida en la tierra. Jesús audazmente declara ser Rey y la multitud con júbilo lo aclama. Pero esa misma gente cedería a la presión política y lo abandonaría poco después. Este acontecimiento se celebra el Domingo de Ramos. Este día nos debe recordar que debemos guardarnos de aclamar a Cristo en forma superficial.

21.12 Esta fue la segunda vez que Jesús despejó el templo (véase Joh_2:13-25). Mercaderes y cambistas tenían sus puestos en el atrio de los gentiles en el templo, y lo llenaban de mercadería en lugar de dejarlo para los gentiles que iban a adorar a Dios. Los mercaderes vendían animales para el sacrificio a precios elevados, aprovechándose de los que habían llegado desde muy lejos. Los cambistas canjeaban la moneda corriente por la del templo, única moneda que los mercaderes aceptaban. Con frecuencia engañaban a los extranjeros que no sabían el tipo de cambio. No sólo los mercaderes y cambistas eran deshonestos, sino que abusaban de los que habían ido a adorar a Dios. Su comercio en la casa de Dios irritaba a los que intentaban adorar. Esto, naturalmente, airó a Jesús. Cualquier práctica que interfiera con la adoración a Dios debiera prohibirse.

21.19 ¿Por qué Jesús maldijo a la higuera? No fue un acto apresurado motivado por la ira, sino una parábola escenificada. Jesús estaba expresando su enojo contra una religión sin sustancia. Así como la higuera tenía buen aspecto de lejos pero al examinarla de cerca no tenía frutos, el templo impresionaba a primera vista pero sus sacrificios y otras actividades eran vacíos porque no se ofrecía adoración sincera a Dios (véase 21.43). Si usted sólo aparenta tener fe sin acompañarla de obras, se parece a la higuera que se secó y murió porque no dio frutos. La fe genuina incluye el dar frutos para el Reino de Dios. Si desea más información sobre la higuera, véase la nota en Mar_11:13-26.

21.21 A muchos inquietan las afirmaciones de Jesús de que si tenemos fe y no dudamos podemos mover montañas. Jesús, por supuesto, no estaba sugiriendo a sus seguidores que usaran la oración como «magia» para mover montañas a su antojo. Más bien estaba señalando con firmeza la falta de fe de los discípulos y nuestra. ¿Qué clase de montañas enfrenta usted? ¿Se lo ha mencionado a Dios? ¿Cuán firme es su fe?

21.22 Esto no garantiza que podemos conseguir todo lo que queramos simplemente por pedírselo a Jesús. Dios no actúa como garante de pedidos que podrían herirnos o que violarían su propia naturaleza o voluntad. La declaración de Jesús no es un cheque en blanco. Nuestra oración debe centrarse en la obra del Reino de Dios. Si creemos, nuestras peticiones estarán supeditadas a la voluntad de Dios, y El se sentirá gustoso de contestarlas.

21.23-25 En el mundo de Jesús, así como en el nuestro, la gente buscaba la señal exterior de autoridad: educación, título, posición, conexiones. Pero la autoridad de Jesús provenía de su esencia, de lo que era, y no de ningún adorno exterior o superficial. Como seguidores de Cristo, Dios nos ha dado autoridad: podemos hablar y actuar confiadamente en su nombre porque tenemos su autorización.

21.23-27 Los fariseos querían saber de dónde tenía Jesús autoridad. Si decía que de Dios, lo acusaban de blasfemia. Si decía que actuaba en su propia autoridad, la multitud se convencería de que los fariseos tenían una autoridad superior. Pero Jesús les contestó con una pregunta que parecía no tener nada que ver con el asunto, pero que ponía de manifiesto sus verdaderos motivos. Ellos en realidad no querían una respuesta sino atraparlo. Jesús demostró que los fariseos usaban la verdad sólo si esta apoyaba sus puntos de vista y causas.

21.25 Si desea más información sobre Juan el Bautista, véase Mateo 3 y el perfil en Juan 1.

21.30 El hijo que dijo que obedecería y no lo hizo representa a Israel en los días de Jesús. Decían que querían hacer la voluntad de Dios, pero con frecuencia desobedecían. Es peligroso fingir obedecer a Dios cuando nuestros corazones están lejos de El, porque Dios conoce las intenciones de nuestros corazones. Nuestras palabras deben estar respaldadas por nuestras acciones.

21.33ss Los personajes principales en esta parábola son (1) el dueño: Dios, (2) la viña: Israel, (3) los labradores: los líderes religiosos judíos, (4) los agentes: los profetas y sacerdotes que permanecieron fieles a Dios y predicaron a Israel, (5) el hijo: Jesús (21.38), (6) los otros labradores: los gentiles. Jesús estaba poniendo al descubierto el complot asesino de los líderes (21.45).

21.37 En su deseo de alcanzarnos con su amor, Dios envió a su Hijo. Su vida perfecta, sus palabras de verdad y su sacrificio de amor fueron para motivarnos a que lo escuchemos y sigamos como Señor. Si rechazamos su gracia, rechazamos a Dios.

21.42 Jesús se refiere a sí mismo como la piedra rechazada por los edificadores. A pesar de haber sido rechazado por muchas personas, sería la cabeza del ángulo de su nuevo edificio, la Iglesia (véanse Act_4:11 y 1Pe_2:7).

21.44 Con esta metáfora el Señor enseña que una piedra puede afectar a la gente en formas diversas, dependiendo de la manera en que se relacionen con ella (véanse Isa_8:14-15; Isa_28:16; Dan_2:34, Dan_2:44-45). Lo ideal es edificar sobre la piedra, pero muchos pueden tropezar con ella. Y en el juicio final aplastará a los enemigos de Dios. Cristo, «la cabeza del ángulo», al final será la «piedra que desmenuzará». El ofrece ahora misericordia y perdón, pero dice que después ofrecerá. ¡No esperemos para decidir!

Mateo 21:1-11

En estos versículos se nos describe la entrada que Jesús hizo en Jerusalén cuando ya se acercaba la hora de su crucifixión.

Hay algo muy singular en ese episodio de la vida de nuestro Señor. Al leerlo más parece que se nos narra la entrada de un rey victorioso. Una gran muchedumbre lo acompaña a manera de séquito triunfal; en torno suyo se oyen ruidosas alabanzas y loores; toda la ciudad está en agitación. Todos los detalles de ese acontecimiento parecen opuestos al curso normal de la vida del Redentor; son muy desemejantes a los hechos de Aquel que «no hizo oír su voz en las plazas, mas se apartó muchas veces de la multitud y encargó a los que sanaba que no contaran a nadie lo que les había hecho.»Y sin embargo no es difícil descubrir y explicar las razones que motivaron dicho suceso. Veamos cuales fueron.

Nuestro Señor sabia bien que la misión que había venido a llenar se acercaba a su fin; que ya había terminado su último viaje y que solo le faltaba ofrecer su cuerpo como sacrificio en el Calvario. Sabiendo esto, le pareció que ya no era necesario obrar en secreto, sino que, por el contrario, había cierta conveniencia en que entrase de una manera señaladamente pública y solemne a la ciudad en donde iba a ser entregado. Era propio que antes de que ofreciera el gran sacrificio por los pecados del mundo, todas las miradas se fijaran en la víctima. He aquí la razón por la cual entró públicamente: he aquí la razón por la cual atrajo hacia sí las miradas de toda una multitud asombrada. Un hecho como ese no debía verificarse en una encrucijada.

Réstanos examinar las lecciones de carácter práctico que de estos versículos se desprenden.

En ellos puede verse un ejemplo de la manera como las profecías acerca del primer advenimiento de nuestro Señor tuvieron su cumplimiento. Se nos dice que Zacarías había profetizado lo siguiente: «He aquí, tu Rey te viene, manso, y sentado sobre una asna y un pollino..

Esa predicción se cumplió al pié de la letra, y no figurada o místicamente. Como el profeta lo anunció, así sucedió. Quinientos cincuenta años habían trascurrido desde el día en que se hizo dicha predicción, y habiendo llegado el tiempo señalado, el Mesías prometido entró en Sión real y verdaderamente montado en un pollino. Es bien seguro que para los habitantes de Jerusalén esa circunstancia no tuvo nada de trascendental, pues tenían aún vendados los ojos ; pero es no menos seguro que la profecía tuvo su cumplimiento.

Ahora bien, del cumplimiento de la palabra de Dios en el pasado, podemos inferir algo acerca de su cumplimiento en el porvenir.

Fundadamente pues podemos esperar que las profecías con relación al segundo advenimiento del Señor se cumplan tan rigurosamente como las primeras. Si vino realmente en persona la primera vez, vendrá realmente en persona la segunda. Si la primera vez vino en humildad a sufrir, la segunda vendrá en gloria a reinar.

También puede verse en el presente pasaje cuan poco vale la alabanza y buena acogida de los hombres. De todo el gentío que se agolpó al rededor de nuestro Señor a su entrada a Jerusalén, ninguna persona se dignó acompañarlo cuando fue entregado en manos de hombres perversos. Muchos de los que lo saludaron con un Hosanna, gritaron cuatro días después: ¡Crucifícale, crucifícale! Ese hecho, que solo revela fielmente lo que es la naturaleza humana, está demostrando a las claras que es una necedad indisculpable el tener en más estima la alabanza de los hombres que la de Dios. Nada a la verdad es tan efímero e incierto como la popularidad. Es arena movediza, terreno deleznable que hunde todas las esperanzas que sobre ella se funden.

Desdeñémosla y cortejemos la aprobación de aquel Ser que «es el mismo ayer hoy y para siempre.» Heb_12:8.

Mateo 21:12-22

En estos versículos se nos refieren dos acontecimientos de nuestro Señor que tienen un significado típico y figurado.

El primero es la visita da nuestro Señor en el templo. La casa de su Padre se encontraba en un estado que revelaba fielmente el estado de la iglesia judaica–todo en desorden, en confusión. El atrio de ese sagrado edificio era vergonzosamente profanado con especulaciones humanas. En su recinto se compraba y se vendía. Allí unos negociantes estaban prontos a suministrar a los judíos que venían de los países distantes las víctimas que necesitasen para sus sacrificios. Allá un cambista se sentaba y se mantenía listo para cambiar toda clase de dinero extranjero por la moneda corriente del país. Se tenían de venta becerros, carneros, chivos y palomas, como si el lugar fuese plaza de mercado. Se dejaba oír constantemente el retintín de las monedas, como si ese santo lugar fuese un banco o una bolsa. He ahí el espectáculo que se presentó a las miradas de nuestro Señor. El lo contempló todo con santa indignación; «echó fuera todos los que vendían y compraban;» y «trastornó las mesas de los cambiadores.» No se le hizo resistencia alguna, porque todos sabían que tenía razón; ni se le hizo siquiera una objeción, porque todos tenían la convicción de que lo que estaba haciendo era reformar un abuso que se había permitido por el vil lucro. Qué mucho que dijera a los negociantes cuando salían del templo: «Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho..

Lo que nuestro Señor hizo entonces prefiguró lo que hará en su segundo advenimiento. Entonces purificará la iglesia visible a la manera que purificó el templo. Sí, la limpiará de toda cosa inmunda y perversa, y echará de su seno a los falsos discípulos. Las siguientes palabras de Malaquías merecen que se las mediten con frecuencia: «¿Y quién podrá sufrir el tiempo de su venida? O, ¿quién podrá estar cuando él se mostrará? Porque él será como fuego purgante y como jabón de lavadores.» Mal_3:2.

El otro suceso que llama la atención en estos ver sículos se refiere a la maldición que nuestro Señor pronunció contra la higuera. Se nos cuenta que, habiendo sentido hambre, se acercó a una higuera que había al lado del camino, más no encontró en ella nada sino hojas, y por esto le dijo que nunca jamas produjera fruto, cuya predicción se cumplió fielmente, pues luego la higuera se seco. a este suceso no hay otro análogo en los Evangelios. Es casi la única vez que Jesús destruyó una de sus obras para enseñar una lección espiritual. Esa higuera marchita predicaba un sermón a los transeúntes.

Por una parte, era emblema de la iglesia judaica, tal cual existía cuando nuestro Señor estuvo en la tierra. Tenia su templo, sus sacerdotes, sus oficios diarios, sus fiestas anuales, sus Escrituras. Más debajo de tan verdinas hojas, no tenía fruto ninguno. No tenia ni fe, ni amor, ni humildad, ni espiritualidad, ni santidad, ni voluntad de recibir al Mesías. Joh_1:11. Por lo tanto, la iglesia judaica iba a marchitarse a semejanza de la higuera. Iba a ser despojada de todo su esplendor, y sus miembros serian esparcidos por toda la tierra. Jerusalén seria destruida; el templo seria quemado; los sacrificios diarios serian suprimidos. El árbol se marchitaría hasta la raíz. Y así sucedió en efecto.

Y ¿es esto solo lo que simboliza? ¿No están todas las ramas estériles de la iglesia de Cristo en peligro de marchitarse? Sin duda que sí. En tanto que el hombre se contente con lo que puede llamarse las hojas de la religión, es decir, con las meras exterioridades, su alma se halla en gran peligro. Los frutos, los frutos del Espíritu, son la única prueba de que estamos verdaderamente vinculados a Jesucristo y de que nos hallamos en el camino del cielo.

Mateo 21:23-32

Contienen estos versículos una conversación que tuvo lugar entre nuestro Señor Jesucristo y los principales sacerdotes y ancianos del pueblo. Esos enemigos encarnizados de todo lo santo habían observado la profunda sensación que se habia seguido a la entrada de Jerusalen y la purificación del templo, y bien luego se agolparon como enjambre de avispas en torno de nuestro Señor y buscaron pretextos para acusarle.

Es de notarse, en primer lugar, cuan dispuestos están los enemigos de la verdad a desconfiar de la autoridad de los que hacen a sus semejantes mayores bienes que ellos. Los príncipes de los sacerdotes no tenían nada que decir acerca de los preceptos de nuestro Señor; ni hicieron cargo alguno contra su conducta o la de sus discípulos: lo único que disputaron fue su autoridad. ‹›¿Con qué autoridad,» le preguntaron, «haces estas cosas ?.

Repetidas veces se ha hecho la misma acusación contra los siervos de Dios siempre que se han empeñado en contener el progreso de la corrupción eclesiástica. Es el arma de que siempre han echado mano los hijos de este mundo para impedir toda restauración benéfica, toda reforma. Poco les importa que algún humilde obrero de la viña del Señor pueda decir que el Espíritu ha efectuado por su conducta tantas conversiones. Nunca dejan de preguntar: «¿Con qué autoridad haces estas cosas?.

Es de observarse, en segundo lugar, el tino extraordinario con que nuestro Señor contestó la pregunta que se le hizo. Sabiendo cuál era el intento con que se le hacia, replicó que El también les haría una pregunta, y que si se la contestaban, les diría entonces con qué autoridad hacia las cosas que habían visto. La pregunta era esta: «El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?.

No se vaya a creer que esa fue una respuesta evasiva. Nuestro Señor dejó en realidad de ese modo contestada la pregunta de sus adversarios. El sabia que estos no se atreverían a negar que Juan el Bautista era un hombre enviado de Dios; y que una vez que concediesen esa verdad solo tendría que recordarles lo que Juan habia dicho respecto de El, es a saber, que era el Cordero de Dios que quitaba los pecados del mundo. Tan luego como reconociesen que Juan era enviado de Dios, tendrían que reconocer la divinidad de Jesús. Si el bautismo de Juan era del cielo, Jesús era el verdadero Cristo.

Es de observarse, en último lugar, cuan poderosos son los estímulos que Jesús ofrece a los que se arrepienten. Esto se sigue de la parábola de los dos hijos.

Habiéndoseles dicho a estos que fueran a trabajar en la viña del Señor, uno de ellos, a semejanza de los corrompidos publícanos, rehusó obedecer al principio, mas después se arrepintió y fue. El otro, a semejanza de los hipócritas fariseos, fingió que iría de buen grado, mas en realidad no fue. ¿Cuál de los dos,» preguntó nuestro Señor, «hizo la voluntad de su padre?» Aun sus mismos adversarios se vieron obligados a contestar que el primero.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo se complace en recibir a los pecadores. No desfallezcamos, pues, aunque hayamos sido grandes pecadores: si nos arrepentimos y creemos en Jesucristo no tenemos por que perder las esperanzas de la salvación. Animemos también a los demás a que se arrepientan. Jamás dejarán de cumplirse las siguientes palabras: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.» 1Jo_1:9.

Mateo 21:33-46

Pronuncióse la parábola que este pasaje contiene con referencia especial a los judíos: ellos eran los labradores a que se hizo alusión. Empero encierra verdades que sin duda fueron enunciadas también para nuestro provecho. Examinémoslas una por una.

1. Que Dios concede a algunas naciones altos privilegios. a Israel lo eligió como pueblo peculiar suyo, separándolo de las otras naciones de la tierra y concediéndole bendiciones innumerables. O para expresarlo en otros términos, Dios hizo con los judíos como un labrador con la tierra que deslinda y cultiva, en tanto que los campos adyacentes quedan vírgenes e incultos. La raza de Israel era la viña del Señor.

Y, por lo que a nosotros, los de algunas otras razas, toca, ¿no poseemos privilegios algunos? Sin duda que sí: tenemos la Biblia, y libertad para leerla; el Evangelio, y libertad para oírlo predicar; poseemos en abundancia bendiciones de que muchos de nuestros semejantes no disfrutan. ¡Cuan agradecidos no debemos sentirnos por ello! 2. Que las naciones no siempre saben aprovechar sus privilegios.

Cuando el Señor separó a los judíos de los demás pueblos de la tierra, fue para que le sirviesen y obedeciesen sus leyes. Cuando un hombre se ha afanado en el cultivo de una viña, tiene motivo para esperar que produzca algún fruto. Mas los Israelitas no hicieron nada en retorno por las misericordias que habían recibido de Dios. Se mezclaron con los paganos, y adquirieron sus hábitos; se desviaron en pos de los ídolos; violaron los estatutos de Dios; profanaron su templo ; desoyeron la voz de sus profetas ; ultrajaron a los que envió para que los exhortasen al arrepentimiento ; y por último, para cúmulo de la perversidad, dieron muerte al Hijo de Dios, a Jesucristo nuestro Señor.

Y nosotros ¿qué uso hacemos de nuestros privilegios? Es de temerse que en nuestro carácter de nación libre no vivimos de una manera que corresponda a las bendiciones que nos han sido prodigadas. El fruto que el Señor recibe de su viña de nuestro país es muy pequeño comparado con lo que debiera ser.

3. Que Dios pide a veces cuenta estricta a las naciones y a las corporaciones religiosas que abusan de sus privilegios.

La longanimidad de nuestro Señor para con los Judíos llegó al fin a su término. Cuarenta años después habiéndose al fin desbordado el cáliz de la iniquidad de estos, recibieron un castigo severo por sus pecados: «les fue quitado el reino de Dios, y fue dado a gente que hacia fruto de él.» Y ¿habrá de sucedemos lo mismo a nosotros? ¿Quién puede asegurar que no? Solo podemos decir como el profeta: «Señor, tú lo sabes.»Se sabe sí que muchas desgracias han sobrevenido a las naciones y a las corporaciones cristianas en los últimos 1800 años. El reino de Dios ha sido quitado a las iglesias de África; y el poder Mahometano ha oprimido a la mayor parte de las iglesias del Oriente. Tócanos, pues, a todos los creyentes interceder por nuestros respectivos países.

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