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Mateo 21: El principio del último acto del drama

Nos dice que hay dos clases de personas muy corrientes en este mundo. La primera son las personas cuya profesión es mucho mejor que su práctica. Prometen y se comprometen a cualquier cosa; hacen grandes protestas de piedad y de fidelidad; pero se quedan muy atrás en la práctica y el cumplimiento. La segunda son aquellos cuya práctica es mucho mejor que su profesión. Pretenden ser inflexibles materialistas hasta la médula, pero a veces los descubrimos haciendo cosas amables y generosas casi en secreto, como si les diera vergüenza. Profesan no tener ningún interés en la iglesia ni en la religión, y sin embargo, cuando se llega al grano, viven vidas más cristianas que muchos que se confiesan cristianos.

Todos nos hemos encontrado con gente así, con algunos cuya práctica está a mucha distancia de la piedad que profesan, y con otros cuya práctica está muy por delante de la profesión cínica y hasta atea que hacen a veces. La verdadera lección de la parábola es que, aunque la segunda ciase es con mucho preferible a la primera, ninguna de las dos es perfecta. La persona realmente buena es aquella en que se dan en armonía la profesión y la práctica. Además, esta parábola nos enseña que las promesas no pueden nunca ocupar el lugar de las obras, y que las palabras bonitas nunca pueden sustituir a las buenas obras. El hijo que dijo que iría, y no fue, tenía todos los síntomas de la cortesía y del respeto. Al contestar a su padre le. llamó « señor» con todo respeto; pero la cortesía que no pasa de palabras es totalmente ilusoria. La verdadera cortesía es la obediencia voluntaria y agradablemente otorgada. Por otra parte, la parábola nos enseña que uno puede echar a perder muy fácilmente lo bueno que haga por la manera como lo haga. Puede hacer una cosa que esté bien con una falta de gracia y de agrado que echa a perder toda la obra. Aquí aprendemos que la manera cristiana está en la promesa y en su cumplimiento, y que la señal del cristiano es la obediencia cortés y amablemente cumplida. .

LA VIÑA DEL SEÑOR

Mateo 21:33-46

Jesús les dijo:

-Escuchadme otra parábola. Había un propietario que plantó una viña, y le hizo una valla todo alrededor, y cavó un lagar en ella, y edificó una torre, se la arrendó a unos campesinos, y se fue de la tierra. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, les mandó a sus siervos a los labradores a recoger el producto; pero los labradores echaron mano a los siervos, y apalearon a uno de ellos, y mataron a otro, y apedrearon a otro. De nuevo el propietario les envió a otros siervos como la primera vez, e hicieron lo mismo con ellos. Más tarde les mandó a su hijo. «Le tendrán respeto a mi hijo, « se dijo. Pero los labradores, cuando vieron al hijo, se dijeron entre sí: «¡Ese es el heredero! Venid, matémosle, y quedémonos con la herencia.» Y le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando el propietario de la viña venga, ¿qué les hará a aquellos campesinos?

-¡Les dará a esos malvados su merecido -contestaron los oyentes-, y arrendará la viña a otros campesinos que le paguen los frutos a su debido tiempo!

-¿Es que no habéis leído en las Escrituras -les siguió diciendo Jesús-: «La piedra que rechazaron los edificadores ha llegado a ser la principal piedra del ángulo? Esto es cosa del Señor, y algo maravilloso a nuestros ojos»? Por eso es por lo que os digo que el Reino de Dios os será arrebatado, y se dará a una nación que produzca sus frutos. Y el que caiga contra la piedra se destrozará; pero al que le caiga encima, le reducirá a polvo.

Cuando los principales sacerdotes y los fariseos oyeron Sus parábolas, sabían que iban por ellos. Trataron de encontrar la manera de echarle mano a Jesús, pero tenían miedo de la gente, que Le consideraba un profeta.

Al interpretar una parábola, lo normal es tener en cuenta el punto principal, y no hay que darle mucha importancia a los detalles. Normalmente, al tratar de encontrarle un sentido a cada detalle se comete la equivocación de tratar la parábola como si fuera una alegoría. Pero en este caso es diferente. En esta parábola los detalles tienen un significado, y los principales sacerdotes y los fariseos sabían muy bien lo que Jesús quería decirles con esta parábola.

Todos los detalles se fundaban en lo que, para los que la oían, eran Hechos conocidos. La nación judía como la viña del Señor era una imagen profética familiar. «La viña del Señor de los Ejércitos es la casa de Israel» (Isa_5:7 ). La valla era un seto de espinos muy cerrados para que no entraran ni los jabalíes que estropearían la viña ni los ladrones que pudieran robar las uvas. Las viñas grandes tenían su lagar, que consistía en dos surcos, ya fueran Hechos en la roca o construidos de ladrillos; uno estaba algo más alto que el otro, y estaba conectado con este por un canal. Las uvas se pisaban en el irás alto, y el zumo pasaba al más bajo. La torre cumplía un doble propósito. Servía como atalaya de vigilancia, para que no entraran ladrones cuando las uvas estaban maduras; y servía también de refugio para los trabajadores.

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