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Mateo 21: El principio del último acto del drama

(ii) Nos muestra Sus credenciales. Jesús se presentó con toda claridad como el Mesías de Dios, como el Ungido de Dios. También probablemente mostró Sus credenciales como el Purificador del templo. Si Jesús Se hubiera conformado con proclamarse profeta, lo más seguro es que no Le habrían quitado la vida. Pero Él no podía darse por satisfecho con nada menos que el lugar que Le correspondía. Con Jesús es todo o nada. Hemos de reconocerle como Rey, o no recibirle de ninguna manera.

(iii) Igualmente nos muestra Su invitación. No era sentarse en un trono lo que pretendía, sino ser Rey de los corazones. Vino humildemente y cabalgando sobre un asnillo. Debemos tener cuidado de entender el verdadero sentido de ese gesto. En Occidente, el burro es una acémila despreciable; pero en Oriente el asno se consideraba un animal noble. Era corriente que un rey entrara en una ciudad cabalgando sobre un asno; pero en ese caso era señal de que venía en son de paz. El caballo era la montura para la guerra; el asno era la montura para la paz. Así que cuando Jesús Se presentó como Rey, Se presentó como Rey de Paz. Mostró que había venido, no para destruir, sino para amar; no para condenar, sino para salvar; no por la fuerza de las armas, sino por la del amor.

Así pues, a la misma vez, vemos el coraje de Cristo, las credenciales de Cristo, la invitación de Cristo. Era Su última invitación a que Le abrieran, no las puertas de sus palacios, sino las de sus corazones.

LA IRA Y EL AMOR

Sería difícil encontrar otra historia evangélica en la que tuviéramos que hacer un esfuerzo tan deliberado y consciente para ser honrados con un pasaje. Es fácil usar este como base para una condenación global de todo el culto del templo. Hay que decir dos cosas.

Había muchos comerciantes y buhoneros en el atrio del templo, pero también había muchos que buscaban a Dios de corazón. Como había dicho Aristóteles mucho antes, una persona y una institución han de juzgarse por sus mejores, no por sus peores resultados.

La otra cosa que debe decirse es sencillamente esta: Que la persona o la iglesia que no tenga pecado arroje la primera piedra. Los vendedores no eran todos explotadores, y hasta los que aprovechaban la oportunidad para obtener un rápido provecho no eran sencillamente buitres de dinero. El gran investigador judío Israel Abrahams hace un comentario sobre la explicación tradicional cristiana más corriente de este pasaje: «Cuando Jesús trastornó las mesas de los cambistas y echó a los vendedores de palomas del templo hizo un gran servicio al judaísmo… Pero, -¿eran los cambistas y los vendedores de palomas las únicas personas que había en el templo? ¿Y eran todos los que compraban o vendían una paloma meros ritualistas? La Semana Santa pasada estuve en Jerusalén, y por toda la fachada de la Iglesia del Santo Sepulcro vi los puestos de los vendedores de reliquias, de cuenquecitas pintadas, de cintas grabadas, de velas de colores, de crucifijos dorados, de botellas de agua del Jordán. Allí, los cristianos pregonaban y discutían y regateaban, una multitud de vendedores y compradores delante de la iglesia consagrada a la memoria de Jesús. ¡Como me habría gustado que Jesús viniera otra vez a trastornar y echar a esos falsos siervos Suyos, de la misma manera que lo hizo a Sus falsos hermanos en Israel hace mucho!» Y en España, entre otros, debemos un juicio parecido a José María Gironella en su El escándalo de la Tierra Santa.

Este incidente nos muestra ciertas cosas acerca de Jesús.

(i) Nos muestra la más violenta manifestación de Su ira dirigida contra los que explotaban a sus semejantes, y especialmente contra los que los explotaban en el nombre de la religión. Fue Jeremías el que dijo que hay quienes convierten el templo en una cueva de ladrones (Jer_7:11 ). Jesús no podía soportar el ver cómo se explotaba a la gente sencilla.

La Iglesia ha guardado silencio demasiadas veces en situaciones semejantes; tiene el deber de proteger a los que no se pueden proteger a sí mismos en situaciones económicas altamente competitoivas.

(ii) Nos muestra que Su ira se dirigía especialmente contra los que les hacen imposible a las personas sencillas dar culto a Dios en la Casa de Dios. Fue Isaías el que dijo que la Casa de Dios era una casa de oración para todos los pueblos (Isa_56:7 ). El Atrio de los Gentiles era de hecho la única parte del templo donde podían entrar los gentiles. No tenemos por qué pensar que los gentiles que fueran allí serian solo turistas. Algunos por lo menos deben de haber ido con un profundo anhelo en sus almas de orar y de adorar a Dios. Pero en medio de ese rugido de comprar y vender y regatear y ofertar, la oración era imposible. Se les impedía entrar a la presencia de Dios a los que la buscaban en la Casa de Dios.

Dios no daré nunca por inocentes a los que les hacen imposible a otros adorarle. Puede suceder todavía. Un espíritu de amargura, de discusión, de rivalidad, se puede introducir en la iglesia haciendo imposible la oración y el culto. Los miembros y los responsables pueden llegar a estar tan preocupados con sus derechos y sus siniestros, con sus dignidades y sus prestigios, con la práctica y el procedimiento, que al final nadie puede adorar a Dios en el ambiente que se ha creado. Hasta los ministros de Dios pueden estar más interesados en imponerle a la congregación sus maneras de hacer las cosas que en predicar el Evangelio, y lo que se produce es un culto con un ambiente que hace imposible la verdadera adoración. El culto de Dios y las discusiones de los hombres no pueden desarrollarse juntos. Tengamos siempre presente la ira, de Jesús contra lo que les bloqueaban a sus semejantes el acceso a Dios.

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