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Mateo 22: Gozo y juicio

 Jesús volvió a dirigirse a ellos en parábolas:

-El Reino del Cielo se puede comparar con la situación que se produjo cuando un hombre que era rey hizo los preparativos para la boda de su hijo. Envió a sus siervos a decirles a los que habían sido invitados que vinieran a la boda, pero ellos se negaron a venir. El rey volvió a enviar a otros siervos. «Decidles a los invitados -les dijo-: Fijaos, ya tengo el banquete todo preparado; ya hemos matado los bueyes y los animales especialmente engordados; y todo está dispuesto. ¡Venid ala boda!» Pero ellos no hicieran caso a la invitación, y se fueron, uno a su hacienda, y otro, a sus negocios. El resto, hasta echare mano a los siervos y los trataron vergonzosamente y los mataron. El rey se puso furioso, y mandó sus ejércitos a destruir a aquellos asesinos y a. prenderle fuego a su ciudad. Y luego, les dijo a sus siervos: « La boda está preparada. Los que estaban invitados no merecían venir. Así que salid por los caminos, e invitad a la boda a todos los que encontréis.» Así que los siervos salieron por las carreteras y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos; y hubo numerosos huéspedes en la boda.

Los versículos 1-14 de este capítulo no contienen una parAbola, sino dos; y captaremos su significado mucho mAs fAcilmente y de una manera mAs completa si las tomamos por separado.

Los acontecimientos que se relatan en la primera de las dos parAbolas estAn totalmente de acuerdo con las costumbres judías normales. Cuando se hacían las invitaciones a una gran fiesta, como una fiesta de bodas, no se especificaba cuAndo tendría lugar; y cuando ya todo estaba preparado, se enviaban los siervos con la notificación final para decirles a los invitados que vinieran. Así que, el rey de esta parAbola hacía tiempo que había hecho las invitaciones; pero mandó aviso a los invitados de que ya podían venir cuando ya todo estuvo preparado -y se negaron de una manera insultante. Esta parAbola tiene dos significados. .

(i) Tiene un significado puramente local: remachaba lo que ya se había dicho en la parAbola de los labradores malvados; de nuevo se trataba de una acusación a los judíos. Los invitados que se negaron a ir cuando llegó el momento representan a los judíos. Desde tiempo inmemorial Dios los había invitado a ser Su pueblo escogido; sin embargo, cuando vino al mundo el Hijo de Dios, y fueron invitados a seguirle, se negaron despectivamente. El resultado fue que la invitación de Dios se hizo por los caminos y los senderos; y los que iban por ellos representan a los pecadores y a los gentiles que no esperaban nunca una invitación al Reino.

Como lo comprendió el evangelista, las consecuencias del rechazamiento fueron terribles. Hay un versículo en la parAbola que nos. da la impresión de estar fuera de lugar; y es porque probablemente no formaba, parte de la parAbola original tal como la dijo Jesús, sino que fue una interpretación del evangelista. Es el versículo 7, que dice que el rey mandó sus ejércitos contra los que rechazaron la invitación, y quemaron su ciudad.

Esta introducción de los ejércitos y esta quema de la ciudad parece a primera vista totalmente fuera de lugar en el contexto de las invitaciones a una fiesta de bodas. Pero Mateo estaba componiendo su evangelio en algún momento entre los años 80 y 90 d C. ¿Qué había sucedido durante el período entre el ministerio de Jesús y entonces? La respuesta es obvia: La destrucción de Jerusalén por los ejércitos de Roma en el año 70 d C. El templo fue saqueado y quemado; y la ciudad, destruida de tal manera que se hizo pasar por toda ella un arado. Un terrible desastre había acontecido a los que se negaron a reconocer al Hijo de Dios cuando vino.

El evangelista añade como comentario suyo las cosas terribles que sucedieron de hecho a la nación que se negó a aceptar el camino de Cristo. Y es, por supuesto, el sencillo hecho histórico que, si los judíos hubieran aceptado el camino de Cristo, y se hubieran conducido con amor, humildad y sacrificio, nunca habrían sido el pueblo rebelde y guerrero que acabó por provocar la ira vengativa de Roma, que no puedo soportar mAs sus maquinaciones políticas.

(ii) Igualmente, esta parAbola tiene mucho que decir en una escala mucho mAs amplia.

(a) Nos recuerda que la invitación de Dios es a una fiesta tan alegre como una fiesta de bodas. Su invitación es a la alegría. El considerar el Cristianismo como una renuncia lúgubre a todo lo que trae risa y regocijo y gozosa compañía es confundir toda su naturaleza. Es al gozo a lo que se invita al cristiano; y es el gozo lo que se pierde si se rechaza la invitación.

(b) Nos recuerda que las cosas que hacen a las personas sordas a la invitación de Cristo no son necesariamente cosas malas. Un hombre se fue a su hacienda; otro, a sus negocios. No se descarriaron por caminos de vicios salvajes o de aventuras inmorales. Fueron a ocuparse de las excelentes tareas de la administración eficaz del negocio de su vida comercial. Es muy fAcil estar tan ocupado con las cosas del tiempo que se olvidan las de la eternidad, estar tan preocupado con las cosas que se ven que se olvidan las que no se ven, escuchar las demandas insistentes del mundo que no se oye la suave invitación de la voz de Cristo. La tragedia de la vida es que son a menudo las cosas menos buenas las que desplazan a las mejores, las cosas que son buenas en sí mismas las que excluyen a las cosas excelentes. Una persona puede estar tan ocupada ganAndose honradamente la vida que no se da cuenta de que estA realmente perdiendo la vida; puede estar tan ocupada con la administración y organización de la vida que se olvida de vivir.

(c) Nos recuerda que la llamada de Cristo no es tanto a considerar el castigo que se nos viene encima como a ver lo que nos perderemos si no seguimos Su camino. Los que no quisieron ir fueron castigados, pero su verdadera tragedia fue que se perdieron la alegría de una fiesta de bodas. Si rechazamos la invitación de Cristo, algún día nos daremos cuenta de que lo peor no es lo que suframos, sino el darnos cuenta de las cosas preciosas que nos habremos perdido.

(d) Nos recuerda que en último anAlisis la invitación de Dios es la invitación de la gracia. Los que iban por los caminos y los senderos no tenían ningún derecho a la atención del rey; no podrían nunca haberse esperado el ser invitados a una fiesta de bodas reales, y todavía menos se les habría podido ocurrir que se lo habían ganado. No se les presentó de ninguna otra manera que por la hospitalidad que les ofrecía el rey a brazos y corazón abiertos. Fue la gracia la que ofreció la invitación, y la que congregó a aquellos invitados.

EL ESCRUTINIO DEL REY

Mateo 22:11-14

Jesús continuó diciendo:

-El rey entró a ver a los que estaban sentados a la mesa, y vio allí a uno que no llevaba ropa de boda. «Amigo -le dijo-, ¿cómo viniste aquí sin vestirte de boda?» El hombre se quedó mudo de miedo. Entonces el rey dio orden a sus sirvientes: «¡Atadle de pies y manos, y tiradle a la oscuridad de fuera! ¡Que llore y rechine los dientes allí!» Porque muchos son invitados, pero pocos son seleccionados.

Esta es otra parAbola distinta, pero es también una continuación y una ampliación de la anterior. Es la historia de un invitado que se presentó en la fiesta de bodas sin ir adecuadamente vestido.

Uno de los grandes intereses de esta parAbola consiste en que vemos en ella a Jesús haciendo uso de una historia que ya les era familiar a Sus oyentes para Su propio fin. Los rabinos tenían dos historias acerca de reyes y ropa. La primera era acerca de un rey que invitó a sus cortesanos a una fiesta, sin decirles exactamente la fecha ni la hora; pero les dijo que debían lavarse, ungirse y vestirse para estar preparados para cuando se les avisara. Los que fueron prudentes se prepararon en seguida, y se pusieron a esperar a la puerta del palacio, porque creían que en el palacio se podía preparar una fiesta tan deprisa que no habría tiempo que esperar. Los insensatos creyeron que llevaría mucho tiempo el hacer los preparativos necesarios, y que tendrían tiempo de sobra. Así que se fueron, el albañil a su pasta, el alfarero a su arcilla, el herrero a su fragua, el lavandero a su lavandería, y prosiguieron con su trabajo. Pero, de pronto, la llamada a la fiesta les vino sin mAs aviso. Los prudentes estaban listos para sentarse, y al rey le cayeron muy bien, y comieron y bebieron; pero los que no se habían preparado ni puesto sus ropas de boda tuvieron que quedarse fuera tristes y hambrientos, contemplando la gran gozada que se habían perdido. Esa parAbola rabínica habla de la obligación de estar preparados para la llamada de Dios, y la ropa de boda representa la preparación que debemos hacer.

La segunda parAbola rabínica hablaba de un rey que les confió a sus siervos ropas reales. Los que fueron prudentes, tomaron las ropas y las guardaron cuidadosamente manteniéndolas en perfecto estado y en toda su prístina magnificencia. Los que fueron insensatos se pusieron las ropas para ir a su trabajo, y las arrugaron y ensuciaron. Llegó el día cuando el rey reclamó sus ropas. Los prudentes se las devolvieron limpias y preparadas; así que el rey las colocó en sus armarios y les dijo que se fueran en paz. Los insensatos se las devolvieron arrugadas y sucias. El rey mandó que se mandaran las ropas al lavandero, y que a esos siervos insensatos los metieran en la cArcel. Esta parAbola enseña que uno debe devolverle su alma a Dios en toda su pureza original, y que la persona que devuelva un alma sucia quedarA condenada.

Es probable que Jesús tuviera estas dos parAbolas en mente cuando contó la Suya propia. Entonces, ¿qué estaba tratando de enseñar? Esta parAbola contiene también tanto una lección local como otra universal.

(i) La lección local es esta. Jesús acaba de decir que el rey, para llenar de invitados su fiesta, envió a sus mensajeros por los caminos y los senderos para recoger gente. Esa era la parAbola de la puerta abierta. Predecía que los gentiles y los pecadores serían recibidos en el Reino. Esta parAbola presenta el equilibrio necesario. Es verdad que la puerta estA abierta para todos, pero cuando vengan, deben traer una vida que trate de ajustarse al amor que se les ha ofrecido. La gracia no es solo un regalo que se nos da; es también una grave responsabilidad que contraemos. Uno no puede seguir viviendo como vivía antes de encontrarse con Jesucristo. Debe vestirse de una nueva pureza y santidad y bondad. La puerta estA abierta para el pecador que quiera ser santo.

(ii) Esta es una lección permanente. La manera como venga una persona a algo demostrarA el espíritu en que venga. Si vamos de visita a casa de un amigo, no vamos con el mono que usamos en la obra o en la huerta. Sabemos muy bien que no es la ropa lo que le importa al amigo. Es una cuestión de respeto el presentarnos en casa de nuestro amigo tan decentes como podamos. El hecho de prepararnos para ir allí es una manera de mostrarle externamente a nuestro amigo nuestro afecto y nuestra estima. Así debe ser en la casa de Dios. Esta parAbola no tiene nada que ver con lo que nos ponemos para ir a la iglesia; sí con el espíritu en que vamos a la casa de Dios. Hay una manera de disponer la mente y el corazón y el alma: la ropa de la expectación, del sincero arrepentimiento, de la fe, del respeto; y esa es la ropa sin la que no deberíamos venir a la presencia de Dios. Demasiado a menudo vamos a la casa de Dios sin la menor preparación; si todos los hombres y las mujeres de la congregación fueran a la iglesia preparados para dar culto a Dios, después de una breve oración, de un breve pensamiento, de un breve examen de conciencia, entonces el culto sería un culto de verdad; el culto en que suceden cosas en las almas de las personas y en la vida de la iglesia y en los asuntos del mundo.

EL DERECHO HUMANO Y EL DIVINO

Mateo 22:15-22

A eso llegaron los fariseos, e intentaron hacerse un plan para enredar a Jesús en Sus propias palabras. Así es que Le enviaron a sus discípulos, de acuerdo con los herodianos, que Le dijeron:

Maestro, sabemos que eres sincero, y que enseñas el camino de Dios de verdad, sin hacer discriminaciones. Dinos entonces Tu opinión: ¿Es justo pagar tributo al César, o no?

Jesús Se dio perfecta cuenta de la malicia de ellos; así es que les contestó:

-¡Hipócritas! ¿Por qué tratáis de someterme a pruebas? Mostradme la moneda del tributo.

Ellos Le presentaron un denario. Entonces Jesús les preguntó:

-¿De quién son la imagen y la inscripción?

De César Le contestaron.

Pues entonces -les contestó Jesús-, dad al César lo que le pertenece al César, y a Dios lo que Le pertenece a Dios.

Cuando Le oyeron esta respuesta, se quedaron alucinados; y Le dejaron y se fueron.

Hasta este momento hemos visto a Jesús, como si dijéramos, a la ofensiva. Había dicho tres parAbolas en las que había acusado directamente a los dirigentes ortodoxos judíos. En la parAbola de los dos hijos (Mat_21:28-32 ), los líderes judíos aparecían bajo el disfraz del hijo hipócrita que no hizo la voluntad de su padre. En la parAbola de los viñadores malvados (Mat_21:33-46 ), éstos eran ellos. En la parAbola de la fiesta del rey (Mat_22:1-14 ), eran los invitados condenados.

Ahora vemos a los líderes judíos lanzando su contraataque; y lo hacen dirigiéndole a Jesús preguntas cuidadosamente formuladas. Le hacen esas preguntas en público, mientras la multitud observa y escucha, y su objetivo es hacer que Jesús Se desacredite con Sus propias palabras en presencia de la gente. Así es que aquí tenemos la pregunta de los fariseos, que estaba enmarcada sutilmente. Palestina era un país ocupado, y los judíos estaban sometidos al Imperio Romano. Y la pregunta era: «¿Es o no es legal pagar tributo a Roma?» Había, de hecho, tres impuestos regulares que cobraba el gobierno romano. Estaba el impuesto de la tierra, que tenían que pagarle los labradores al gobierno, y que era un décimo del grano y un quinto del vino y del aceite que produjeran; este impuesto se pagaba parcialmente en especie, y parcialmente en el dinero equivalente. Estaba el .impuesto sobre la renta, que era el 1 por, ciento de los ingresos de cada persona. Estaba el impuesto de capitación, este, lo tenían que pagar todos, los varones desde la edad de 14 años hasta la de 65 años, y todas las mujeres desde los 12 hasta los 65 años; era de 1 denarius -eso era lo que Jesús llamó la moneda del tributo, y era el equivalente de unas 15pesetas, cantidad que hay que evaluar recordando que 10 pesetas era: el jornal medio de un obrero. El impuesto que se menciona aquí era el de capitación.

La pregunta que los fariseos Le hicieron a Jesús era un verdadero dilema. Si contestaba que era ilegal el pago del impuesto, le acusarían inmediatamente a los oficiales del Imperio Romano como persona sediciosa, y Su arresto se produciría inmediatamente con toda seguridad. Si decía que era legal el pago del impuesto, Se desacreditaría a los ojos de la multitud. La gente, no solo resentía el impuesto como se resienten todos los impuestos; lo resentía aún mAs por razones religiosas. Para un judío; Dios era el único Rey; su nación era una teocracia; pagar impuestos a un rey terrenal era admitir la validez de su soberanía y, por tanto, insultar a Dios. Así que los mAs fanAticos .entre los judíos insistían en que cualquier impuesto. que se pagara a un rey extranjero era ilegal por necesidad. Contestara Jesús -como contestara -eso creían sus interrogadores- se metería en líos.

La seriedad de este. ataque se muestra en el hecho de que los fariseos y los herodianos se pusieron de acuerdo para presentarlo, porque normalmente estos dos partidos eran diametralmente opuestos. Los fariseos eran los supremamente ortodoxos, que resentían el pago del impuesto a un rey extranjero como una ofensa al derecho de Dios. Los herodianos eran el partido de Herodes, rey de Galilea, que les debía su poder a los Romanos, y que funcionaba mano a mano con ellos. Los fariseos y los herodianos eran unos cómplices de lo mAs extraños; olvidaron .sus diferencias movidos por un odio común a Jesús y el deseo común de eliminarle. Cualquiera que insista en su manera de ver las cosas, sea cual sea., odiarA a Jesús.

Esta pregunta del pago del impuesto, no tenía un interés exclusivamente histórico: Mateo estaba escribiendo entre los años 80 y 90 d C. El templo había sido destruido el año 70 d C. Mientras estuvo en pie; todo judío había estado obligado a pagar el medio siclo del impuesto del templo. Después de la destrucción del templo, el gobierno romano demandó que ese impuesto se pagarA al templo de Júpiter Capitolino en Roma. EstA claro que esa disposición les revolvía el estómago A todos los judíos. El asunto de los impuestos era un problema real durante el ministerio de Jesús, y seguía siéndolo en los días de la Iglesia Primitiva.

Pero Jesús fue sabio. Pidió que le enseñaran un denarius, que estaba estampado con la efigie del emperador. El acuñar moneda era una señal de soberanía. Tan pronto como un rey subía al trono acuñaba su propia moneda. Hasta un pretendiente producía moneda para mostrar la realidad de su realeza; y esa moneda se consideraba propiedad del rey cuya imagen llevaba. Jesús preguntó de quién era la imagen de la moneda. La respuesta fue que de César. « Bien; pues entonces dijo Jesús-, devolvédsela a César; es suya. Dadle a César lo que le pertenece, y dadle a Dios lo que Le pertenece.»

En Su sabiduría incomparable, Jesús nunca estableció reglas ni normas; por eso Su enseñanza es atemporal, y nunca pierde su actualidad. Jesús siempre establecía principios. Aquí establece uno sumamente grande e importante.

Todo cristiano tiene una doble nacionalidad. Es ciudadano de un país, en el que estA viviendo. A ese país le debe muchas cosas. Le debe la seguridad frente a personas sin ley que solamente puede proveer un gobierno organizado; le debe todos los servicios públicos. Para poner un ejemplo, pocas personas son lo suficientemente ricas como para tener su propio sistema de iluminación, o de limpieza, o de provisión de agua. Estos son servicios públicos. En el estado del bienestar, el ciudadano le debe al estado todavía mAs: enseñanza, servicios médicos, provisión en caso de desempleo y jubilación. Esto coloca al cristiano en una deuda de obligación. Porque el cristiano es una persona de honor, debe ser un ciudadano responsable. El fallar como ciudadana es también fallar como cristiano. Problemas indecibles pueden sobrevenirle aun país o a una industria cuando los cristianos se niegan a asumir su parte en la administración, y se la dejan a personas no cristianas, egoístas, interesadas, partidistas. El cristiana, tiene un deber para con el César en compensación por los privilegios que le aporta el gobierno del César.

El cristiano es también un ciudadano del Cielo. Hay asuntos de religión y dé principio en los que la responsabilidad del cristiano es para con Dios. Bien puede ser que las dos ciudadanías nunca entren en conflicto. No tienen por qué. Pero cuando el cristiano estA convencido de que es la voluntad de Dios que haga algo, debe hacerlo; o si estA convencido de que algo es contra la voluntad de Dios, debe oponerse a ello, y no participar en ello. ¿Dónde se encuentra la frontera entre los dos deberes? Jesús no lo dice. Eso es algo que tiene que discernir la propia conciencia de cada cual. Pero un auténtico cristiano y esta es una verdad permanente que Jesús establece aquí es al mismo tiempo un buen ciudadano de su país y un buen ciudadano del Reino del Cielo. No debe faltar a sus deberes para con Dios ni para con los hombres. Debe decirse, con Pedro: «Temed a Dios. Honrad al emperador» (1Pe_2:17 ).

EL DIOS VIVO DE LAS PERSONAS VIVAS

Mateo 22:23-33

Aquel mismo día, los saduceos, que niegan que haya resurrección, se dirigieron a Jesús y le cuestionaron.

Maestro – dijeron-, Moisés dijo: «Si alguno muere sin dejar hij0, Y su hermano se casarA con su mujer, y tendrán descendencia para el hermano muerto.» Había entre nos los siete hermanos. El primero se casó, y murió sin dejar hijos; así que le dejó su mujer a su hermano. Lo mismo. sucedió con el segundo, y con el tercero, y así hasta el séptimo de ellos. La última de todos en morir fue la mujer. ¿De cuál de los siete será esposa en la Resurrección? Porque todos la tuvieron por tal.

Estáis en un error -les contestó Jesús-, porque no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios. En la Resurrección no se casan ellos ni ellas, sino que son como los Angeles del Cielo. Ahora bien, en cuanto a la Resurrección de los muertos, ¿es que no habéis leído nunca lo que dijo Dios? «Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Dios no es el Dios de los muertos, sino de los vivos.

Cuando la gente escuchó esta respuesta de Jesús, se quedaron admirados de Su enseñanza.

Como los fariseos Le habían hecho a Jesús el contraataque y habían sido derrotados, los saduceos los relevaron en la lucha.

Los saduceos no eran muy numerosos, pero eran la clase rica, aristocrAtica y gobernante. Los principales sacerdotes, por ejemplo, eran saduceos. En política eran colaboracionistas; totalmente dispuestos a cooperar con el gobierno romano si así podían conservar su posición y privilegios. En su manera de pensar estaban bastante dispuestos a aceptar las ideas griegas.

En cuanto a sus creencias judías, eran tradicionalistas. Rechazaban la ley oral de los escribas, que para los fariseos tenía tanta importancia como la Ley escrita. Pero llegaban mAs lejos todavía: la única parte de las Escrituras que consideraban normativa era el Pentateuco, la Ley por excellence, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. No aceptaban como Escritura ni los Profetas ni los Libros Poéticos. Particularmente se oponían a los fariseos porque negaban completamente cualquier vida después de la muerte, que era uno de los puntos en los que insistían los fariseos. Los fariseos, por supuesto que establecían que cualquier persona que negara la Resurrección de los muertos estaba excluida de todas las bendiciones de Dios.

Los saduceos insistían en que la doctrina de la vida después de la muerte no se podía demostrar con el Pentateuco. Los fariseos decían que sí, y eran curiosos los versículos que citaban como pruebas. Citaban Num_18:28 , que dice: «Dad la ofrenda del Señor al sacerdote Aarón.» Esa es una ordenanza de carActer permanente. El verbo estA en el tiempo presente; ¡por tanto Aarón estA todavía vivo! Citaban Deu_31:16 como prueba de la Resurrección «Y este pueblo se levantarA,» aunque la segunda mitad del versículo prosigue: «para prostituirse tras los dioses ajenos de la tierra.» Citaban Deu_32:39 : «Yo hago morir, y Yo hago vivir.» Fuera del Pentateuco citaban Isa_26:19 : «Tus muertos vivirAn.» No se puede decir que ninguna de las citas de los fariseos fuera concluyente; y no se había podido presentar nunca ningún argumento real a favor de la Resurrección de los muertos basado en el Pentateuco.

Los fariseos insistían mucho en la resurrección del cuerpo. Discutían detalles rebuscados, tales como si se resucitaría vestido o desnudo; si vestido, ¿resucitaría uno con la ropa que tenía puesta cuando murió, o con otra? Usaban 1Sa_28:14 (el pasaje de la pitonisa de Endor que hizo subir el espíritu de Samuel a petición de Saúl) para demostrar que después de la muerte las personas conservan la apariencia que tuvieron en este mundo. Hasta discutían si las personas resucitaban con los defectos físicos con los que, o de los que habían muerto; ¡si no fuera así, no serían las mismas personas! Todos los judíos resucitarían en la Tierra Santa, así es que decían que había pasillos bajo la tierra y, cuando enterraban a un judío en una tierra extranjera, su cuerpo venía rodando por esos pasillos hasta la patria. Los fariseos mantenían como doctrina fundamental la Resurrección corporal de los muertos. Los saduceos la negaban totalmente.

Los saduceos presentaron un problema que ellos creían que reducía al absurdo la doctrina de la resurrección de los muertos. Había una costumbre día que se llamaba el levirato. Es discutible ¡asta qué punto se practicaba. Si un hombre casado moría sin dejar hijos, su hermano estaba obligado a casarse con la viuda, y el primer hijo que tuvieran recibiría el nombre del difunto. Si el hombre se negaba a casarse con la viuda, los dos se presentaban ante los ancianos; la mujer tenía que desatarle el zapato al hombre, escupirle en la cara y maldecirle; y el hombre quedaba bajo el estigma de haber rehusado tener un hijo para su hermano Deu_25:5-10 ). Los saduceos citaron un caso de matrimonio de levirato en el que siete hermanos fueron muriendo sucesivamente sin dejar descendencia, aunque casAndose con la misma mujer, y entonces preguntaron: «Cuando tenga lugar la Resurrección, ¿de quién serA esposa la mujer que estuvo casada con todos?» Era una trampa de pregunta.

Jesús empezó estableciendo un principio: Toda aquella cuestión se basaba en un error fundamental, el de pensar que el Cielo es como la Tierra, y la vida en la eternidad es como la vida en el tiempo. La respuesta de Jesús fue que cualquiera que lea las Escrituras se darA cuenta de que ese problema no existe; porque el Cielo no va a ser simplemente la continuación o la extensión de este mundo. HabrA relaciones nuevas y mejores que trascenderAn las relaciones físicas del tiempo.

De ahí pasó Jesús a demoler toda la posición de los saduceos. Habían mantenido siempre que no había ningún texto en el Pentateuco que se pudiera usar para demostrar la Resurrección de los muertos. Ahora bien, ¿cuAl era el título mAs corriente de Dios en el Pentateuco? «El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob.» Dios no puede ser un Dios de muertos, y de cadAveres en pudrición. El Dios viviente tiene que ser el Dios de los vivientes. La posición de los saduceos quedó demolida. Jesús había hecho lo que no habían conseguido hacerlos rabinos mAs sabios. Refutó a los saduceos con textos de la misma Escritura, y demostró que hay una vida después de la muerte que no se puede concebir en términos terrenales. La gente se admiró de un Hombre que era un maestro de la discusión, y hasta los mismos fariseos tendrían que contenerse para no vitorearle.

EL DEBER CON DIOS Y CON LOS HOMBRES

Mateo 22:34-40

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús haba hecho callar a los saduceos, se reunieron. Uno de ello; que era un experto en la Ley, Le dirigió a Jesús. une pregunta de prueba: .

-¿CuAl de los mandamientos de la Ley es el mAs importante?

Jesús le contestó:

-«Ama al Señor tu Dios con todo el corazón, y el alma, y la mente.» Este es el mandamiento más grande. e importante; y hay un segundo que se le parece: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

En Mateo, esta pregunta parece mAs bien la vuelta de los fariseos al ataque; pero en Marcos; la atmósfera es diferente. Según nos cuenta Marcos la historia (Mar_12:28-34 ), el escriba no Le hizo esta pregunta a Jesús para hacerle caer. Se la dirigió en señal de aprobación por lo que había dicho, y para ofrecerle a Jesús la oportunidad de contestar correctamente otra vez. Y al final del pasaje el escriba y Jesús estAn muy cerca.

Bien podemos decir que aquí Jesús estableció la definición completa de la religión.

(i) La religión consiste en amar a Dios. El versículo que Jesús cita es Deuteronomio 6: S. Ese versículo era parte de la semA , el credo bAsico y esencial del judaísmo; la frase con la que empiezan todos los cultos judíos, y el primer texto que todos los niños judíos aprenden de memoria. Esto quiere decir que hay que darle a Diosa n tenor total, un amor que domine nuestras emociones, que deja nuestros pensamientos y que sea la dinAmica de nuestras acciones. La religión empieza con el amor que es la entrega tal de la vida a Dios.

(ii) El segundo mandamiento que cita Jesús procede de Lev_19:18 . Nuestro amor a Dios debe desembocar en el amor a nuestros semejantes. Pero debe notarse el orden en que aparecen estos mandamientos. El amor a Dios es primero, y el amor a los hombres, segundo. Solo cuando amamos a Dios podemos amar a nuestros semejantes. La enseñanza bíblica acerca del hombre no es que el hombre es una. colección de elementos químicos, ni parte de la creación animal, sino una criatura que estA hecha a la imagen de Dios (Gen_1:26 s). Es por esta razón por la que debe amarse a los hombres. La verdadera base de toda democracia. es de hecho el amor de Dios. Suprimid el amor de Dios, y podemos airarnos con el hombre por su torpeza para aprender; podemos volvemos pesimistas por su dificultad, para mejorar; podernos insensibilizarnos ante la mecAnica de su pensamiento: El amor al ser humano estA profundamente enraizado en el amor de Dios.

Ser verdaderamente religioso es amar a Dios y amar a los seres humanos que Dios ha hecho a Su imagen; y amar a Dios y a la humanidad, no con un sentimentalismo nebuloso, sino con esa entrega total que conduce a la devoción a Dios y al servicio prActico a los seres humanos.

NUEVOS HORIZONTES

Mateo 22:41-46

Cuando se reunieron allí los fariseos, Jesús les hizo una pregunta:

¿Qué opináis vosotros del Mesías? ¿De quién es hijo? -Hijo de David -Le contestaron. Y Jesús les dijo: Pues entonces, ¿cómo es que David, en el Espíritu, Le llama Señor, cuando dice: «El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a Mi diestra hasta que ponga a Tus enemigos bajo Tus pies?» Si David le llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?

Y nadie podía darle la respuesta;. así es que desde aquel día ya no se atrevió nadie a hacerle preguntas,

A nosotros puede que esto nos parezca una de las cosas mAs oscuras que dijo nuca Jesús. Puede que lo sea, pero es una afirmación sumamente importante. Aun si, a primera vista, no captamos totalmente el significado, podemos presentir la atmósfera de terror y admiración y misterio que lo rodea.

Ya hemos visto que Jesús se negaba a permitir que, sus seguidores Le proclamaran Mesías hasta que Él les hubiera enseñado lo que quena decir el mesiazgo. Las ideas que ellos tenían del Mesías requerían el cambio mAs radical.

El título mAs corriente del Mesías era Hijo de David. DetrAs de él .se ocultaba la expectación de que algún día llegaría un gran Príncipe . de la dinastía de David que derrotaría a. los enemigos de Israel y conduciría al pueblo a la conquista de todo el mundo. Se pensaba en el Mesías corrientemente en términos de poder y de gloria nacionalista, política y militar. Este es otro intento que hace Jesús de alterar esa concepción.

Jesús les preguntó a los fariseos de quién entendían ellos que era hijo el Mesías; y contestaron como Él esperaba: « Hijo de David.» Jesús entonces les citó el Psa_110:1 : «El Señor dice a mi Señor: Siéntate a Mi diestra.» Todos estaban de acuerdo en que ese texto se refería al Mesías. En él, el primer Señor es Dios; y el segundo Señor es el Mesías. Eso supone decir que David llama Señor al Mesías. Pero, si el Mesías es hijo de David, ¿cómo pudo llamar David a su propio hijo Señor?

La conclusión obvia del razonamiento es que es inadecuado llamar al Mesías Hijo de David. No es el Hijo de David; es el Señor de David. Cuando Jesús sanó a los ciegos, ellos Le habían llamado Hijo de David (Mat_20:30 ). Cuando entró en Jerusalén, la multitud Le saludó y aclamó como Hijo de David (Mat_21:9 ). J s estA diciendo aquí: «No es bastante llamar al Mesías Hijo e David. No es bastante creerle un Príncipe de la dinastía de David y un conquistador terrenal, debéis ir mAs allA, porque el Mesías es el Señor de David.»

¿Qué quería decir Jesús? No podía querer decir mAs que una cosa: qué Su verdadera descripción es Hijo de Dios. Hijo de David no es un título adecuado; Hijo de Dios sí lo es. Y en ese caso, el mesiazgo no se ha de concebir en términos de conquistas davídicas; sino en términos de amor divino y sacríficial. Aquí, pues, Jesús presenta Sus mayores credenciales. En él vino, no un conquistador terrenal que repetiría los triunfos militares de David, sino el Hijo de Dios que demostraría el amor dé Dios sobre la Cruz.

Habría pocos aquel día que captaran algo de la grandeza de lo que Jesús quería decir; pero cuando Jesús pronunció estas palabras, aun el mAs torpe de ellos sentiría el escalofrío de la presencia del misterio eterno: Tendrían el sentimiento sobrecogedor de que habían oído la voz de Dios; y por un momento; en este Hombre Jesús vislumbraron el rostro del mismo Dios.

Si una persona es característica y temperamentalmente una criatura irritable, de mal genio e irascible, propensa a entregarse a exabruptos incontrolados de ira apasionada, su ira no es ni efectiva ni impresionante. Nadie le presta mucha atención a la ira de una persona de mal genio. Pero cuando una persona que es característicamente mansa y humilde, cortés y amable, rompe de pronto en una ira ardiente, hasta la persona menos perspicaz se sorprende y lo toma en serio. Por eso es por lo que la ira de Jesús es un espectAculo tan sobrecogedor. Rara vez en la literatura encontramos una denuncia tan sostenida y descarnada como la que encontramos en este capítulo en el que la ira de Jesús se dirige contra los escribas y los fariseos. Antes de empezar a estudiar este capítulo en detalle, serA conveniente que veamos brevemente lo que representaban los escribas y los fariseos.

Los judíos tenían un profundo y constante sentido de la continuidad de su religión; y la mejor manera de ver lo que representaban. los fariseos y los escribas serA investigando cuAndo entraron en el esquema de la religión judía. Al principió de un tratado de la MisnA que figura en todas sus liturgias, Pirqé Abót, Los Dichos de los Padres, leemos: « Moisés recibió la Ley en el Monte Sinaí, y se la transmitió a Josué; Josué a los ancianos; los ancianos, a los profetas; los profetas, a los hombres de la Gran Sinagoga.» Toda la religión judía estA basada en primer lugar en los Diez Mandamientos, y luego en el Pentateuco, la Ley.

La historia de los judíos estaba diseñada para hacerlos el pueblo de la Ley. Como cualquier otra nación, ellos tenían sus sueños de grandeza; pero las experiencias de la historia habían hecho que ese sueño tomara una dirección característica. Habían sido conquistados por los asirios, los babilonios, los persas, y Jerusalén se había quedado desolada. Estaba claro que no podrían ser preeminentes en poder político. Pero, aunque el poder político era una imposibilidad obvia, ellos sin embargo poseían la Ley, y para ellos la Ley era la misma Palabra de Dios, la posesión mAs grande y preciosa del mundo.

Llegó un día en su historia cuando esa preeminencia de la Ley fue asumida públicamente; llegó lo que no se podría llamar sino un deliberado acto de decisión en el cual el pueblo de Israel llegó a ser en el sentido mAs exclusivo el pueblo de la Ley. Bajo Esdras y Nehemías, se le permitió al pueblo .volver a Jerusalén, y reedificar su ciudad en ruinas, e iniciar de nuevo su vida nacional. Cuando aquello sucedió, llegó un día en el que Esdras, el Escriba, tomó el Libro de la Ley y se lo leyó al pueblo; y allí sucedió algo que fue nada menos que una dedicación nacional de todo el pueblo a la observancia de la Ley (Neh_8:1-8 ).

Desde aquel día, el estudio de la Ley se convirtió en la mAs grande de todas las profesiones; y ese estudio de la Ley se confió a los hombres la Gran Sinagoga; los escribas.

Ya hemos visto cómo se desmenuzaban los grandes principios de la Ley en mil y miles de reglas y normas (véase lo dicho , fin la sección de Mat_5:17-20 ). Ya hemos visto que la Ley decía que no se debe trabajar el sAbado, y cuAnto habían trabajado los escribas para definir lo que es un trabajo, cómo establecieron hasta los pasos que se podían andar en sAbado, y las cargas mínimas que se podían llevar, y las cosas que se podían o que no -se podían hacer. Para cuando esta interpretación de la Ley se terminó, hicieron falta mAs de sesenta volúmenes para contener la masa de preceptos resultantes.

La vuelta del pueblo a Jerusalén y la primera dedicación a la Ley tuvo lugar hacia el año 450 a C., pero no fue hasta mucho después cuando surgieron los fariseos. Hacia el año 175 a C., Antíoco Epífanes de Siria hizo un intento deliberado y brutal para erradicar la religión judía e introducir la religión y la forma de vida de Grecia. Fue entonces cuando surgieron los fariseos como un grupo separado. El nombre quiere decir los separados, y eran hombres que dedicaban toda su vida al cumplimiento detallado y minucioso de todas las reglas y disposiciones que los escribas habían desarrollado. A la vista de la amenaza que se cernía sobre ellos, decidieron dedicar toda su vida a una larga observancia del judaísmo en su forma mAs elaborada y ceremonial y legal. Eran hombres que aceptaron el siempre creciente número de reglas y normas religiosas extraídas de la Ley.

Nunca fueron muy numerosos; cuando mAs, no pasaron de los seis mil; porque el hecho escueto era que, si un hombre iba a aceptar y cumplir todas las reglas y normas de la Ley, no le quedaría tiempo para nada mAs; tenía que retirarse, que separarse de la vida ordinaria para dedicarse a guardar la Ley.

Así que los fariseos podían ser una de dos cosas. Primero, eran consagrados legalistas; la religión era para ellos la observancia de todos los detalles de la Ley. Pero, segundo -y esto es algo que no se debe olvidar nunca, eran hombres que tomaban la religión desesperadamente en serio; porque nadie habría aceptado la tarea imposiblemente exigente de vivir una vida así, a menos que lo tomara absolutamente en serio. Podían, por tanto, desarrollar al mismo tiempo todos los defectos del legalismo, y todas las virtudes de una autodedicación completa. Un fariseo podría ser, o un legalista disecado, arrogante, o un hombre con una sincera y ferviente devoción a Dios.

El decir esto no es pronunciar un veredicto típicamente cristiano sobre los fariseos, porque los mismos judíos: expresaban. El Talmud distingue siete clases diferentes de fariseos.

(i) Estaba el fariseo del hombro. Era meticuloso en la observancia de la Ley, pero llevaba sus buenas obras siempre al hombro. Buscaba una reputación de pureza y bondad, verdad que obedecía la Ley, pero con la finalidad de que lo miraran y admiraran los demAs.

(ii) Estaba el fariseo espera un poco. Era el fariseo que siempre podía presentar una disculpa legalmente vAlida paro aplazar una buena obra. Profesaba el credo de los fariseos mAs rigurosos, pero siempre tenía una disculpa para quedarse atrAs en la prActica. Hablaba mucho, pero obraba poco.

(iii) Estaba el fariseo acardenalado y sangrante. El Talmud habla de la plaga de fariseos auto fastidiantes. Recibieron estos nombres por la siguiente razón. Las mujeres ocupaban el estrato mAs bajo en la escala social en Palestina. Ningún rabino que se apreciara sería sorprendido hablando con una mujer en público, aunque fuera su mujer o su hermana. Estos fariseos llegaban todavía mAs lejos; no se permitirían ni siquiera mirar a una mujer por la calle. Para evitarlo, cerraban los ojos y se chocaban con las paredes y las esquinas y todo obstAculo imaginable. Así era como se hacían los cardenales que les granjeaban una reputación de piedad extraordinaria.

(iv) Estaba el fariseo que se describía diversamente como el fariseo del mortero con su mano, o el fariseo de la joroba, o el fariseo tambaleante. Los tales andaban con tal apariencia de humildad que iban torcidos como la mano del mortero en el mortero, o como jorobados. Eran tan «humildes» que ni siquiera levantaban los pies del suelo, lo que los hacía tropezar en todos los obstAculos que se encontraran. Su humildad era una mankra de hacerse la publicidad ostentosamente.

(v) Estaba el fariseo siempre contabilizante o contador. Esta clase de fariseo siempre estaba llevando la cuenta de sus buenas obras, haciendo el balance entre sí mismo y Dios, y creía que a cada buena obra suya ponía a Dios un poco mAs en deuda con él. Para él la religión se había de valorar en términos de una cuenta de debe y haber.

(vi) Estaba el fariseo tímido o timorato. Siempre tenía miedo del castigo divino. Por tanto, siempre estaba limpiando lo de fuera del vaso y el plato, para parecer siempre bueno. Veía la religión en términos de juicio, y la vida en términos de una evasión aterrada de este juicio.

(vii) Finalmente estaba el fariseo temeroso de Dios. Era el fariseo que real y verdaderamente amaba a Dios y se deleitaba en obedecer la Ley de Dios, por muy difícil que fuera.

Esa era la clasificación que hacían de los fariseos los mismos judíos; y conviene notar que había seis tipos malos para solo uno bueno. No pocos de los que escucharon la denuncia que hizo Jesús de los fariseos estarían de acuerdo con cada una de Sus palabras.

Mateo 22:1-46

22.1-14 En aquellos lugares se esperaban dos invitaciones cuando se organizaba un banquete. La primera solicitaba la asistencia del invitado, la segunda indicaba que todo estaba listo. Aquí el Rey, Dios, invita tres veces, y las tres veces le rechazan la invitación. Dios quiere que nos unamos a El en su banquete, que durarA por la eternidad. Por eso nos envía invitación tras invitación. ¿La aceptó?

22.11, 12 Era costumbre que los invitados a una boda recibían una vestimenta especial. Ni se pensó que alguien podría rechazar esta vestimenta. Sería un insulto al anfitrión, el que daría por sentado que el invitado no quería participar en la celebración de las bodas. Jesús estA hablando aquí de la vestimenta de justicia que se requiere para entrar en el banquete de Dios en el Reino. Este ropaje es una figura de la aceptación total que se da ante los ojos de Dios a cada creyente en Cristo. Cristo ha provisto esta vestimenta para cada creyente, pero cada persona debe decidir usarla a fin de poder entrar al banquete del rey (vida eterna). Hay una invitación pendiente, pero debemos estar preparados. Para mayores datos relacionados con la metAfora de la vestimenta de justicia y salvación, véanse Psa_132:16; Isa_61:10; Zec_3:3-5; Rev_3:4-5; Rev_19:7-8.

22.15-17 Los fariseos, un grupo religioso, se oponían a la ocupación romana en Palestina. Los herodianos eran un partido político judío que apoyaba a Herodes Antipas y la política instituida por Roma. Normalmente, estos dos grupos eran enemigos enconados, pero se unieron contra Jesús. Juntos, varios representantes de estos dos grupos preguntaron a Jesús en cuanto al pago de impuestos a Roma, pensando que podrían arrinconarlo. Si Jesús manifestaba estar de acuerdo con que se pagara impuestos al César, los fariseos dirían que se oponía a Dios, el único Rey que reconocían. Si Jesús decía que no debían pagar impuestos, los herodianos lo entregarían a Herodes por rebelión. A los fariseos no los impulsaba el amor a las leyes de Dios, y los herodianos no estaban motivados por el amor a la justicia romana. La respuesta de Jesús puso al descubierto sus motivos malvados y los avergonzó.

22.17 Se requería que los judíos pagaran impuestos para sostener al gobierno. Los judíos aborrecían esto porque el dinero iba directamente al tesoro del César, donde parte sufragaba los gastos de los templos paganos y el estilo de vida decadente de los romanos aristócratas. La imagen del César en las monedas era un recordatorio permanente de la sujeción de Israel a Roma.

22.19 El denario era el salario de un día de trabajo.

22.21 Jesús no cayó en la trampa y mostró que tenemos doble ciudadanía (1Pe_2:17). La ciudadanía terrenal requiere que paguemos los servicios y beneficios recibidos. La del reino de los cielos requiere que ofrezcamos a Dios obediencia y consagración.

22.23ss Como los fariseos y herodianos no pudieron atrapar a Jesús, los saduceos con disimulo lo intentaron. No creían en la resurrección porque el Pentateuco (Génesis a Deuteronomio) no tiene una enseñanza directa al respecto. Los fariseos no habían podido hacer uso de un argumento convincente tomado del Pentateuco para defender la resurrección, y los saduceos pensaron que tenían atrapado a Jesús. Pero este les demostró lo contrario (véase en 22.31, 32 la respuesta de Jesús).

22.24 Si desea mAs información sobre Moisés, véase su perfil en Exodo 14.

22.24 La ley decía que cuando el esposo moría sin dejar un hijo, el hermano soltero del hombre tenía la responsabilidad de casarse con la viuda y cuidarla (Deu_25:5-6). Así protegían a esas mujeres, que por lo general no tenían otros medios para vivir.

22.29, 30 Los saduceos preguntaron cómo sería el matrimonio en la eternidad. Jesús les respondió que era mAs importante comprender el poder de Dios que conocer cómo serA el cielo. En cada generación y cultura, los puntos de vista acerca del cielo o la vida eterna tienden a basarse en imAgenes y experiencias de la vida presente. Jesús manifestó que estos puntos de vista errados tienen como origen el desconocimiento de la Palabra de Dios. No debemos considerar la eternidad enmarcada en nuestras ideas ni entender a Dios en términos humanos. Debiéramos concentrarnos mAs en nuestra relación con Dios que en saber cómo es el cielo. Con el tiempo lo sabremos, y veremos que es infinitamente mejor que nuestras expectativas.

22.31, 32 Tomando en cuenta que los saduceos solo aceptaban el Pentateuco, Jesús respondió en base a Exodo (3.6). Dios no diría: «Yo soy el Dios de tus padres», si pensaba que Abraham, Isaac y Jacob estaban muertos. Desde la perspectiva de Dios, ellos vivían. Jesús usó un tiempo verbal presente para referirse a la resurrección y la vida eterna que todos los creyentes disfrutan en El.

22.34 Uno podría pensar que los fariseos se alegraron al ver silenciados a los saduceos. La pregunta con la que los saduceos siempre los atrapaban había sido al fin contestada por Jesús. Pero los fariseos eran demasiado orgullosos para mostrarse impresionados. La respuesta de Jesús les daba una victoria teológica sobre los saduceos, pero estaban mAs interesados en acaban con Jesús que en aprender una verdad.

22.35-40 Los fariseos, que habían logrado clasificar unas seiscientas leyes, con frecuencia trataban de distinguir entre lo mAs importante y lo menos importante. De modo que uno de ellos «experto en leyes» le pidió a Jesús que identificara la ley mAs importante. Jesús citó Deu_6:5 y Lev_19:18. Al cumplir estos dos mandamientos, una persona cumplía las restantes, ya que resumen los Diez Mandamientos y las otras leyes morales del Antiguo Testamento.

22.37-40 Jesús dice que si amamos a Dios y a nuestro prójimo por naturaleza guardamos los mandamientos. Esto es mirar la ley de Dios de manera positiva. En vez de estar preocupAndonos de lo que no podemos hacer, debiéramos concentrarnos en aquello que sí podemos hacer para mostrar que amamos a Dios y a los demAs.

22.41-45 Los fariseos, herodianos y saduceos le habían presentado sus preguntas. Ahora Jesús invierte los papeles y les formula una pregunta bien interesante: quién pensaban que era el Mesías. Los fariseos sabían que el Mesías sería un descendiente de David pero no que también sería Dios mismo. Jesús usó el Salmo 110.1 para mostrarles que el Mesías era muy superior a David (Heb_1:13 emplea el mismo texto para probar la identidad de Jesús). La pregunta mAs importante que hemos de responder es qué creemos acerca de Cristo. Las demAs preguntas espirituales son irrelevantes hasta que creemos que Jesús es quien dijo que es.

Mateo 22:1-14

El escritor Olshausen ha dicho que las parAbolas son como piedras preciosas talladas con muchos lados y que arrojan su lustre en diversas direcciones. Esto es aplicable A la de que nos vamos A ocupar. Obsérvese: 1. Que se compara la salvación que el Evangelio ofrece A unas bodas.

El Evangelio provee todo lo que se requiere para satisfacer las necesidades del alma; todo lo que es menester para saciar el hambre y la sed espirituales.

Ofrece en copiosa abundancia la paz de Dios, esperanzas halagüeñas en la vida presente y gloria en la venidera. Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, ofrécenos en su amor unirnos A El, restablecernos al seno de la familia de Dios como hijos queridos, revestirnos de su propia justicia, darnos un lugar en su reino, y presentarnos puros y sin mancha ante el trono de su Padre en el último día. El Evangelio es, en una palabra, pan al hambriento, gozo al dolorido, asilo al desvalido, amparo al errante.

2. Que las exhortaciones del Evangelio son amplias, comprensivas e ilimitadas.

Nuestro Señor dijo en la parAbola que los criados del rey dijeron A los convidados: « Todo estA aparejado: venid A las bodas..

Por lo que A Dios respecta nada falta para la salvación de las almas de los pecadores. El Padre estA pronto para recibir con amor; el Hijo estA pronto para perdonar y purificar A los culpables; el Espíritu lo estA para santificar y renovar; los Angeles lo estAn para regocijarse de la conversión del pecador; la gracia lo estA para darle su auxilio, la Biblia para instruirlo, el cielo para darle asilo. Solo una cosa se necesita, y es que el pecador esté también dispuesto A arrepentirse.

3. Que muchos rechazan la salvación ofrecida en el Evangelio.

Nuestro Señor dijo que aquellos individuos A quienes los criados invitaron A las bodas «no hicieron caso y se fueron.. Millares hay que concurren A la predicación del Evangelio, y que no reciben de ello provecho alguno. La oyen domingo tras domingo, año tras año, mas no experimentan esa fe que salva. No sienten la necesidad del Evangelio; ni perciben su sublimidad. Tal vez no sienten odio hacia las verdades que encierra, ni hacen burla de él o lo atacan de una manera directa; mAs no le dan acogida en el corazón. He ahí su única culpa, pero es una culpa gravísima. Muchos se verAn en el fuego eterno no tanto por haber quebrantado directamente los diez mandamientos, cuanto por haber tenido en poco la verdad. Cristo murió por ellos en la cruz, mas no hacen caso de El.

4. Que en el último día todos los que hubieren hecho falta profesión de fe serAn públicamente descubiertos y condenados por toda la eternidad.

Jesús dijo que cuando al fin se habían conseguido convidados A las bodas el rey se presentó A verlos, y notó A un hombre que no tenia vestido de boda; y que habiéndole preguntado cómo había concurrido así, y no habiendo recibido respuesta alguna, mandó A sus criados que lo atasen y que lo echasen en las tinieblas exteriores.

Mientras el mundo sea lo que es siempre habrA falsos discípulos en la iglesia de Jesucristo. Es imposible leer los corazones de los hombres. JamAs podrAn excluirse completamente A los pérfidos y A los hipócritas dé las filas de los verdaderos cristianos. Mas en el último día no habrA engaños: el omnipotente Dios sabrA distinguir A los buenos de los malos. Solo la verdadera fe podrA amparara al hombre de la severidad de su juicio. De nada le servirA al hipócrita el haber hablado con entusiasmo acerca de la religión y el haber tenido fama de ser muy buen cristiano. Su triunfo tiene que ser efímero: A pesar de todo su brillo serA despojado de su disfraz, y desnudo, desamparado, mudo, sin esperanza y abrumado por la conciencia de su culpabilidad, tendrA que comparecer ante el tribunal de Dios. Arrojado serA en las tinieblas exteriores, y allí cosecharA los amargos frutos de lo que en este mundo hubiere sembrado. Como nuestro Señor dijo, allí serA el lloro y el crujir de dientes.

Ahora bien ¿llevamos nosotros el vestido de boda? Esa es la pregunta que la parAbola nos sugiere. Ruegue A Dios que cada día resuenen en nuestros oídos estas palabras: «Muchos son llamados; mas pocos escogidos!.

Mateo 22:15-22

En este pasaje se nos describe el primero de unos ataques artificiosos que en continuada serie se hicieron contra nuestro Señor durante los últimos días que estuvo en la tierra. Sus encarnizados adversarios, los fariseos, percibieron cuAnto influjo estaba adquiriendo tanto por medio de sus milagros como por medio de su predicación, y se resolvieron A reducirlo al silencio o A darle la muerte. Por eso «consultaron como le tomarían en alguna palabra,» y enviaron A sus discípulos, con los de Heródes, para que le hiciesen una pregunta complicada. Lo que querían era hacerlo decir algo que les sirviese de pretexto para acusarlo. Mas su treta no les salió bien, y tuvieron que alejarse en confusión.

Entre otras cosas merecen notarse las siguientes : 1. Las palabras de adulación que los fariseos dirigieron A nuestro Señor. ¡Qué bien podían hablar! ¡Qué palabras tan almibaradas las de que podían valerse! Se imaginaron, sin duda, que de ese modo podían desconcertar A nuestro Señor. De ellos habría podido decirse con verdad: «Ablandan mAs que manteca las

palabras de su boca, mas guerra hay en su corazón.» Psa_55:21.

Toca A los cristianos estar alerta para no dejarse seducir de la adulación. Es un error suponer que la persecución y los ultrajes son las únicas armas de que se vale SatanAs. La Escritura nos presenta muchos ejemplos que pueden servirnos de escarmiento. ¿Qué perdió A Sansón? No los ejércitos de los filisteos, sino el mentido amor de una mujer filistea. ¿Qué motivó la reincidencia de Salomón? No el poder de sus enemigos políticos, sino los halagos de sus numerosas esposas. ¿CuAl fue la causa del gran desatino que cometió Exequias? No fue la espada de Senaquerib ni las amenazas de Rab-shakeh, sino la lisonja de los embajadores babilonios. PrecavAmonos del adulador. JamAs es SatanAs tan temible como cuando se aparece en figura de Angel de luz, ni el mundo tan peligroso como cuando parece sonreírnos.

2. El maravilloso acierto con que nuestro Señor contestó A sus adversarios. Los fariseos y los herodianos le preguntaron si era lícito dar tributo al César, creyendo sin duda que no podría contestarles Sin caer en sus redes. Si él hubiera replicado simplemente que era justo dar el tributo, lo habrían acusado ante el pueblo de que había desacatado los privilegios de Israel, y había considerado A los hijos de AbrahAn no ya como libres, sino como vasallos de un poder

extranjero. Si, por otra parte, hubiera contestado que no era lícito pagar el tributo, lo habrían acusado ante los romanos como sedicioso y rebelde contra César.

Pero nuestro Señor con su conducta desbarató sus planes completamente. Pidió que se le mostrase moneda del tributo; y les preguntó de quién era la figura que sobre ella había estampada. Le contestaron que del César, reconociendo así que César ejercía sobre ellos funciones gubernativas, puesto que el que acuñaba la moneda corriente regia doquiera que esa moneda circulaba como legal. La respuesta de nuestro Señor fue tan pronta como concluyente: «Pagad, pues, A César lo que es de César, y A Dios lo que es de Dios.» El principio que estas palabras entrañan es de grandísima importancia. El cristiano debe, por una parte, obediencia al gobierno civil bajo cuyo amparo vive, en todo lo temporal. Aunque no apruebe todos los actos de ese gobierno, tiene que someterse A sus leyes mientras estén vigentes. Pero, por otra parte, debe obediencia al Dios de la Biblia en todo lo que sea puramente espiritual. Ni la pérdida temporal, ni la privación de derechos civiles, ni la opresión de las autoridades dominantes, deben inducirlo A hacer lo que estA claramente prohibido en la Biblia.

Esta cuestión es, sin duda, harto difícil y delicada. Aun los hombres rectos y sabios han diferido mucho entre sí al determinar en donde termina lo que es del César y empieza lo que es de Dios. Para juzgar con acierto acerca de esta clase de cuestiones, todo cristiano verdadero debe implorar constantemente el auxilio divino.

Mateo 22:23-33

Los saduceos, A imitación de los fariseos y los herodianos, intentaron confundir A nuestro Señor con preguntas complicadas; mas tampoco lograron su intento. Es digno de notarse, en primer lugar, que las objeciones absurdas que los escépticos alegan contra la Biblia son antiguas. Los saduceos querían demostrar cuan absurda era la doctrina de la resurrección y de la vida venidera; con ese fin se acercaron A nuestro Señor para referirle un cuento que probablemente habían inventado A propósito: le dijeron que cierta mujer se había casado sucesivamente con siete hermanos que habían muerto sin dejar hijos, y le preguntaron de quién de ellos seria esposa en el otro mundo cuando todos resucitasen. El objeto de la pregunta era claro: lo que querían en realidad era echar por tierra la doctrina de la resurrección, insinuando, que por fuerza tendrA que haber disputas, confusión y desorden, si después de muertos todos volvieren A vivir.

No debemos sorprendernos si A nosotros se nos hicieren objeciones semejantes respecto de las doctrinas de la Escritura, y especialmente de las que se refieren A la otra vida. Dos cosas conviene que tengamos presentes: primera, que en una religión que dimana de Dios, tiene que haber misterios, y que un niño puede hacer preguntas que el filósofo mAs profundo no se halle capaz de contestar; y segunda, que hay verdades innumerables que son claras y explícitas, verdades que bien podemos acatar, creer y practicar.

Es digno de observarse, en segundo lugar, qué texto tan notable fue el que citó nuestro Señor en prueba de la resurrección. Fue el texto las palabras que dirigió Dios A Moisés en el zarzal: «Yo soy Dios de AbrahAn, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.» Exo_3:6. Por vía de explicación agregó Jesús lo siguiente: « Dios no es de los muertos sino de los vivos.» Dos siglos hacia que Jacob, el Último de los tres, había muerto y había sido llevado al sepulcro; y sin embargo Dios los mencionó como si todavía fuesen sus siervos, y él fuese su Dios. No dijo, «Yo era el Dios,» etc., sino, «Yo soy el Dios,» etc. El aniquilamiento jamAs tendrA lugar. El sol, la luna, las estrellas, las gigantescas montañas, las profundidades del mar se reducirAn algún día A la nada; pero el mAs tierno y débil parvulito del hombre mAs miserable vivirA para siempre en el otro mundo.

Merece notarse, por último, lo que nuestro Señor dijo respecto del estado de hombres y mujeres en el otro mundo. Los saduceos creían que la vida futura seria tan sensual como la presente. Nuestro Señor les manifestó que aunque los hombres tuvieran entonces un cuerpo material, la constitución y necesidades consiguientes de éste serian muy distintas de lo que son ahora. Nótese sí que aludió solo A los que se salvan. Estas fueron sus palabras: « En la resurrección, ni se casan, ni se dan en casamiento; mas son como los Angeles de Dios en el cielo.» Es muy poco lo que sabemos acerca de la gloria. QuizA nos formaremos una idea mAs clara considerando lo que no serA que considerando lo que serA. Allí no se sentirA ni hambre ni sed; las enfermedades y el dolor no tendrAn cabida; no habrA decadencia, vejez ni muerte: no habrA necesidad del matrimonio, de los nacimientos, ni de la sucesión constante de población, pues los que fueren admitidos en el cielo morarAn allí para siempre. Y, para tratar de lo que serA la gloria, se sabe que los que se salven serAn «Como los Angeles de Dios.» A semejanza de ellos le servirAn A Dios de una manera perfecta, incansable y decidida; estarAn siempre en su presencia; se complacerAn en cumplir su voluntad; y rendirAn alabanza al Cordero.

Mateo 22:34-46

Notemos qué resumen tan admirable contienen estos versículos de, nuestro deber para con Dios y para con nuestro prójimo. Nuestro Señor dijo en contestación A la pregunta que le hizo un abogado relativamente A cuAl era el mayor mandamiento: AmarAs al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente.»Y luego agregó: «AmarAs A tu prójimo como A ti mismo.» Y concluyó con estas palabras: «De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas..

El amor es el secreto, la clave de la obediencia A los preceptos divinos. Cuando los sentimientos que para con Dios nos animan son los que animarían para con un padre, hallaremos verdadero placer en cumplir su voluntad; sus mandamientos no nos serAn gravosos, ni le serviremos como esclavos que temen el lAtigo del sobrestante. Ningunos sirven con tanta fidelidad como los que sirven por amor. El temor del castigo, o la esperanza de la recompensa no son estímulos tan poderosos. Aquellos que cumplen U voluntad de Dios de todo corazón, la cumplen mejor. El padre que desee educar bien A sus niños debe enseñarlos A amar A Dios.

El amor es asimismo el secreto de la buena conducta para con nuestros semejantes. El que ama A su prójimo se abstiene de causarle perjuicio alguno, ya sea éste en mengua de su persona, sus bienes o su reputación. Y no se contentarA con esto, sino que procurarA dispensarle todos los beneficios posibles, propendiendo de todos modos por su bienestar y felicidad, y haciendo esfuerzos por aminorar sus pesares y aumentar sus goces. En tal hombre que nos ama siempre tendremos confianza, sabiendo que jamAs nos harA de intento mal alguno y que en todas nuestras desgracias se portarA para con nosotros como verdadero amigo.

Mas ¿cómo obtendremos este amor para con Dios? No es un sentimiento innato. Hemos nacido en el pecado, y como pecadores, tenemos miedo de Dios. ¿De qué modo, pues, seamos capaces de amarlo? La verdad es que jamAs podremos amarlo de veras hasta que tengamos paz con El, mediante la expiación e intercesión de nuestro Señor Jesucristo. La fe es la fuente verdadera del amor para con Dios. MAs aman los que mAs agradecidos se sienten. «Nosotros le amamos A él, porque él primero nos amó.» 1Jo_4:19.

Y ¿cómo adquirimos el amor para con nuestro prójimo? Tampoco es este un sentimiento innato, pues por naturaleza somos malévolos, envidiosos, aborrecibles, y aborrecedores. Tit_3:3. JamAs amaremos debidamente A nuestros semejantes hasta que el Espíritu Santo no purifique nuestros corazones. Es menester que nazcamos de nuevo. Es menester que empecemos nueva vida y nuestros Animos sean trasformados A semejanza del de Jesús. Entonces y solo entonces experimentaremos verdadero amor para con nuestros prójimos. «El fruto del Espíritu es amor.» Gal_4:22. La parte final del pasaje contiene una pregunta que nuestro Señor hizo A los fariseos. Después de haber contestado acertadamente las preguntas de sus adversarios, El les hizo A estos la siguiente: «¿Qué os parece del Cristo?» «¿Cuyo hijo es?» Al punto ellos replicaron: «De David.» Les exigió entonces que explicasen como era que David, en el libro de Salmos (Psa_110:1) lo llamaba Señor; mas ellos no pudieron contestarle una sola palabra. Es bien seguro que el salmo que citó era bien conocido A los escribas y fariseos, mas no sabían ellos explicar su aplicación, cosa que solo podía hacerse concediendo la preexistencia y divinidad del Mesías, en tanto que la única idea que tenían acerca del Mesías se reducía A la de que era mero hombre como ellos. Con razón agregó Mateo, inspirado por el Espíritu Santo: «Ni osó alguno desde aquel día preguntarle mAs.

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