Lo más raro de esta historia es doble. Primero, nos dice que una higuera estaba llena de hojas en abril. Jesús estaba en Jerusalén para la Pascua; la Pascua caía el 15 de abril; y este incidente tuvo lugar una semana antes. La segunda cosa es que Jesús esperaba encontrar higos en la higuera cuando no podía tenerlos; y Marcos especifica: «Porque no era tiempo de higos» (Mar_11:13 ).
La dificultad de esta historia no es tanto la de la posibilidad, sino una dificultad moral; y es doble. Primero, vemos a Jesús maldiciendo una higuera por no hacer lo que no podía hacer. El árbol no podía haber producido fruto la segunda semana de abril, y sin embargo vemos que Jesús lo maldijo por no tener fruto. Segundo, vemos a Jesús usando sus poderes milagrosos para sus propios fines. Eso es precisamente lo que decidió no hacer nunca en las tentaciones del desierto. Jesús se negó entonces a hacer que las piedras se convirtieran en pan para satisfacer Su propia hambre. La verdad escueta es esta: Si hubiéramos leído que alguien había maldecido una higuera por no dar higos en abril, hubiéramos dicho que era un gesto de petulancia malhumorada, que surgía de una desilusión personal. En Jesús, eso nos resulta inconcebible; por tanto debe de haber alguna explicación. ¿Cuál?. Algunos han encontrado la explicación en las siguientes líneas. En Lucas tenemos la parábola de la higuera estéril. Por dos veces, el hortelano pidió que se tuviera paciencia con ella; por dos veces se le concedieron misericordia y espera; por último, en vista de que seguía sin dar fruto, fue destruida Luk_13:6-9 ). Lo curioso es que Lucas tiene la parábola, pero no cuenta este incidente de la higuera que se secó. Mateo y Marcos tienen este incidente, pero no cuentan la parábola. Parece que los evangelistas se dieron cuenta de que si incluían la una no tenían por qué incluir la otra. Se sugiere que la parábola de la higuera estéril se malentendió y se convirtió en un incidente real. La confusión cambió una historia que Jesús contó en una acción que Jesús realizó. Eso no es imposible ni mucho menos; pero nos parece que la verdadera explicación se debe buscar en alguna otra parte. Y ahora vamos a buscarla.
PROMESA SIN CUMPLIMIENTO
Cuando estábamos estudiando la entrada de Jesús en Jerusalén vimos que los profetas acostumbraban hacer acciones simbólicas; que, cuando presentían que las palabras no penetraban, hacían algo dramático que las hiciera penetrar en las conciencias. Supongamos que hubiera alguna acción simbólica en esta historia.
Jesús, supongamos, iba de camino a Jerusalén. Junto al camino vio un árbol frondoso. Era perfectamente legítimo coger higos, si hubiera habido algunos. La ley judía lo permitía Deu_23:34 s), y Thomson, en La Tierra y el Libro, nos dice que, aun en tiempos modernos, las higueras al borde del camino son propiedad común. Jesús se acercó a la higuera sabiendo muy bien que no podía tener fruto, y sabiendo muy bien que algo raro le pasaría para tener ese aspecto. Podría ser una de dos cosas. La higuera podría haber vuelto a su estado silvestre, como les sucede a los rosales que se vuelven a veces escaramujos. O podría ser un árbol enfermo de algo. Entonces Jesús dijo: «Este árbol nunca producirá fruto; de seguro que se secará.» Era el diagnóstico de Alguien que conocía la Naturaleza. Y al día siguiente se confirmó que el diagnóstico de la experta mirada de Jesús era perfectamente correcto.
Si esta fue una acción simbólica, tenía por finalidad enseñar algo. Lo que pretendía enseñar eran dos cosas acerca de la nación judía.
(i) Enseñaba que la inutilidad invita al desastre. Esa es una ley de vida. Cualquier cosa que es inútil lleva camino de ser eliminada; todas las cosas pueden justificar su existencia solamente cumpliendo el fin para el que fueron creadas. La higuera era inútil; por tanto, estaba condenada.
La nación de Israel había sido creada con un solo propósito: que de ella viniera el Ungido de Dios. Él había venido; la nación había fracasado al no reconocerle; más: estaba a punto de crucificarle. La nación había fracasado en su propósito, que era recibir y reconocer al Hijo de Dios; por tanto estaba condenada.
El fracasar en la realización del propósito de Dios trae como consecuencia el desastre. Cualquier persona es juzgada en el mundo en términos de utilidad. Aun si una persona está impedida en la cama, puede ser de la mayor utilidad por su paciente ejemplo y su oración.
Nadie tiene por qué ser inútil; y el que es inútil está abocado al desastre.
(ii) Enseñaba que la profesión sin práctica está condenada. El árbol tenía hoSantiago Las hojas eran el reclamo de tener higos; aquella higuera no tenía higos; su pretensión era falsa; por tanto fue condenada. La nación judía profesaba tener fe en el propósito de Dios, pero en la práctica estaba tras la vida del Hijo de Dios; por tanto, estaba condenada.
La profesión sin la práctica no era solamente la maldición de los judíos; ha sido a lo largo de los siglos la maldición de la Iglesia. Durante sus primeros días en África del Sur, en Pretoria, Gandhi hizo investigaciones con el Cristianismo. Fue a una iglesia cristiana varios domingos; pero nos dice: « La congregación no me hizo la impresión de ser especialmente religiosa, no era una asamblea de almas devotas, sino parecían más bien personas mundanas que iban a la iglesia para pasar el rato o para cumplir con una costumbre.» Por tanto Gandhi concluyó que no había nada en el Cristianismo que él no tuviera ya, y la Iglesia Cristiana se perdió a Gandhi, lo que tuvo consecuencias incalculables para la India y para el mundo.
