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Mateo 21: El principio del último acto del drama

Puede que la palabra hosanna hubiera perdido algo de su sentido original, y se hubiera convertido en un grito de bienvenida y aclamación, como «¡Hola!» Pero esencialmente es un grito de un pueblo pidiendo liberación y ayuda en el día de su angustia; es el clamor del pueblo oprimido a su Salvador y Rey.

LA INTENCIÓN DE JESÚS

Podemos suponer que las acciones y los gestos de Jesús en este incidente eran programados y deliberados. Estaba siguiendo un método para despertar las conciencias que estaba íntimamente relacionado con los métodos de los profetas. Una y otra vez en la historia religiosa de Israel, cuando un profeta presentía que las palabras no conseguían penetrar la barrera de la indiferencia o la incomprensión, presentaba su mensaje en una acción dramática que la gente no podía por menos de ver y entender. De entre los muchos ejemplos que encontramos en el Antiguo Testamento vamos a escoger dos de los más sobresalientes.

Cuando se vio claro que el reino no podría soportar los excesos y extravagancias de Roboam, y que Jeroboam estaba destinado a representar el nuevo poder, el profeta silonita Ahías eligió una manera dramática para predecir el futuro. Se puso una capa nueva, y salió a encontrar a Jeroboam a solas; tomó la capa nueva, y la rasgó en doce piezas; luego tomó diez de ellas y se las dio a Jeroboam, y se quedó con dos; con esta acción dramática anunció que diez de las doce tribus estaban a punto de rebelarse apoyando a Jeroboam, mientras que solo dos seguirían fieles a Roboam (1Ki_11:29-32 ). Aquí tenemos el mensaje profético presentado en forma dramática.

Cuando Jeremías se convenció de que Babilonia estaba a punto de conquistar Palestina, a pesar de lo confiado que estaba el pueblo, hizo coyundas y yugos, y los envió a Edom, a Moab, a Amón, a Tiro y a Sidón; y se colocó un yugo al cuello para que todos lo vieran. Mediante esta acción dramática presentó claramente el hecho de que nada sino la esclavitud los esperaba (Jeremías, 27:1-6); y cuando Hananías, el falso profeta con un optimismo equivocado, quiso mostrar que creía que las premoniciones sombrías de Jeremías estaban totalmente equivocadas, tomó el yugo de los hombros de Jeremías y lo rompió (Jer_28:1 Os).

Los profetas tenían la costumbre de expresar su mensaje en forma dramática cuando presentían que las palabras no eran suficientes. Y eso fue lo que hizo Jesús cuando entró en Jerusalén.

Hay dos alegorías tras la acción dramática de Jesús.

(i) Está la visión .de Zec_9:9 , en la que el profeta vio venir al Rey a Jerusalén «humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un Pollino hijo de asna.» En primera instancia, la acción dramática de Jesús era una presentación deliberada como Mesías. Se estaba ofreciendo a Sí mismo al pueblo, en un momento en que Jerusalén estaba hirviendo de judíos de todo el país y de todo el mundo, como el Ungido de Dios. Veremos a continuación lo que Jesús quería decir con Su presentación; pero no hay duda de que eso fue lo que hizo.

(ii) Puede que hubiera otra intención en el gesto de Jesús. Uno de los mayores desastres de la historia judía fue la captura de Jerusalén por Antíoco Epífanes, hacia 175 a C. Antíoco estaba decidido a erradicar el judaísmo y a introducir en Palestina la manera de vivir y la religión griega. Profanó el templo ofreciendo carne de puerco en el altar, y sacrificios al Zeus Olímpico, y hasta convirtiendo las cámaras del templo en prostíbulos públicos. Fue entonces cuando los Macabeos se rebelaron contra él, consiguiendo por último rescatar su tierra. A su debido tiempo Jerusalén fue rescatada y el templo profanado fue restaurado y purificado y rededicado. En 2 Macabeos 10:7 leemos acerca del regocijo de aquel gran día: «Por tanto tomaron ramas, brotes tiernos, y palmas, y cantaron Salmos al Que les había permitido purificar Su santo lugar.» Aquel día la gente llevaba palmas y ramas y cantaba Salmos; es casi la misma descripción de la reacción de la multitud que recibió a Jesús en Jerusalén.

Es por lo menos posible que Jesús conociera aquello, y que entrara en Jerusalén con la intención de purificar la Casa de Dios como lo había hecho Judas Macabeo doscientos años antes. Eso fue exactamente lo que hizo Jesús. Bien puede ser que estuviera diciendo en forma dramática, no solamente que El era el Ungido de Dios, sino también que había venido a limpiar la Casa de Dios de los abusos que profanaban su culto. ¿No había dicho Malaquías que el Señor vendría repentinamente a Su templo? (Mal_3:1 ). Y en su visión de juicio, ¿no había visto Ezequiel que el terrible juicio de Dios empezaría en el santuario? (Eze_9:6 ).

LAS CREDENCIALES DEL REY

Para concluir nuestro estudio de este incidente, observemos a Jesús en el centro de la escena. Nos muestra tres cosas acerca de Él.

(i) Nos muestra Su coraje. Jesús sabía perfectamente bien que estaba entrando en una ciudad hostil. Por muy entusiasmada que se mostrara la multitud, las autoridades Le odiaban y habían jurado eliminarle; y eran ellas las que tenían la última palabra. En tales circunstancias, cualquiera habría considerado que el valor era compatible con la prudencia; y, si Jesús tenía que ir a Jerusalén, bien hubiera podido entrar a cubierto de la noche, y dirigirse a Su refugio por las calles traseras. Pero Jesús entró en Jerusalén de una manera que Le colocaba en el centro del escenario, y atraía todas las miradas. En Sus últimos días hubo en todas Sus acciones un desafío magnífico y sublime; y aquí empieza el último acto al arrojar el guante y desafiar a las autoridades para que llegaran con Él a lo peor de sus planes.

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