EL MÉTODO DEL MAESTRO
Jesús hizo un viaje circular por toda Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando toda clase de enfermedades y dolencias entre la gente; y la fama de Sus actividades se corrió por toda Siria, deforma que Le traían a todos los que estaban enfermos, los que estaban aquejados de las dolencias y dolores más diversos, los que estaban poseídos por demonios, epilépticos y paralíticos; y Jesús los sanaba. Y Le seguían grandes multitudes procedentes de Galilea, y de Decápolis, y de Jerusalén, y de Judasa, y del otro lado del Jordán.
Jesús había escogido Galilea para empezar Su misión, y ya hemos visto lo bien preparada que estaba Galilea para recibir la semilla. Dentro de Galilea, Jesús escogió empezar Su campaña en las sinagogas.
La sinagoga era la institución más importante de la vida judía. Había una diferencia entre las sinagogas y el templo. No había más que un solo templo, el de Jerusalén, pero dondequiera que hubiese la más pequeña colonia de judíos, había una sinagoGálatasGa. El templo existía exclusivamente para ofrecer sacrificios; allí no había predicación ni enseñanza. La sinagoga era esencialmente una institución docente. Las sinagogas se han desmido como «las universidades religiosas populares de su tiempo.» Si un hombre tenía alguna enseñanza o ideas religiosas que quería propagar, la sinagoga era incuestionablemente donde debía empezar.
Además, el culto de la sinagoga ofrecía al nuevo maestro una oportunidad. Constaba de tres partes. La primera eran oraciones. La segunda parte, lecturas de la Ley y de los Profetas, en las que tomaban parte miembros de la congregación. La tercera parte era la plática. El hecho importante y curioso era que no había una persona fija que hiciera la plática. No había tal cosa como un ministerio profesional. El presidente de la sinagoga se encargaba de los preparativos del culto. Se le podía pedir a cualquier forastero distinguido que hiciera la plática, y cualquiera que tuviese un mensaje que compartir se ofrecía voluntario para hacerlo; y, si el gobernador o presidente de la sinagoga le consideraba persona capacitada para hablar, se lo permitía. Así que, al principio, la puerta y el púlpito de la sinagoga estaban abiertos para Jesús. Empezó en la sinagoga porque era allí donde podía encontrar las personas más sinceramente religiosas de aquel tiempo, y se le ofrecía la oportunidad de hablarles. Después de la plática había un tiempo de coloquio, preguntas y discusión. La sinagoga era el lugar ideal para presentarle al pueblo una nueva enseñanza.
Pero Jesús no sólo predicaba; también sanaba a los enfermos. No nos sorprende que las noticias de lo que estaba haciendo se divulgaran, y acudieran multitudes a oírle, y a verle, y a beneficiarse de su piedad.
Venían de Siria. Siria era la gran provincia romana de la que formaba parte Palestina. Se extendía hacia el Norte y el Nordeste, con la gran ciudad de Damasco como su centro. Eusebio nos transmite una de las leyendas más preciosas, que se remonta a este tiempo (Historia Eclesiástica 1: 13). Esta historia relata que había un rey llamado Abgar en Edesa que estaba enfermo. Así que, se dice, Le escribió una carta a Jesús: “ Abgar, gobernador de Edesa, a Jesús el muy excelente Salvador Que ha aparecido en el país de Jerusalén: Saludos. He tenido noticias de Ti y de Tus curaciones, realizadas sin medicina ni hierbas; porque se dice que haces que los ciegos vean y los cojos anden, limpias a los leprosos, echas a los espíritus y demonios, sanas a los afligidos de enfermedades crónicas y levantas a los muertos. Ahora bien, como he sabido todo esto acerca de Ti, he llegado a la conclusión de que una de dos cosas debe ser verdad: O bien Tú eres Dios, Que, habiendo descendido del Cielo, haces estas cosas, o bien eres un hijo de Dios por lo que haces. Te escribo, por tanto, para pedirte que vengas a curarme la enfermedad que padezco. Porque he oído que los judíos murmuran contra Ti y conspiran males contra Ti. Ahora bien: Yo tengo una ciudad pequeñita pero excelente que es lo bastante grande para nosotros dos.» Se decía que Jesús le había contestado: “ ¡Bendito seas por haber creído en Mí sin haberme visto; porque está escrito acerca de Mí que los que Me han visto no creerán en Mí, mientras que los que no Me han visto creerán y serán salvos. Pero, en cuanto a tu invitación para que vaya allí, tengo que cumplir aquí todas las cosas para las que he sido enviado; y, después de cumplirlas, volver otra vez al Que Me envió. Sin embargo, después de ascender, te enviaré a uno de mis discípulos para que te cure de tu enfermedad y para loros vida a ti y a los tuyos.» La leyenda continúa diciendo que Tadeo fue a Edesa y curó a Abgar. Tal vez sea sólo una leyenda; pero muestra que se creía que hasta en la lejana Siria se había oído de Jesús y se anhelaba de todo corazón la ayuda y la sanidad que únicamente Él podía dar.
Naturalmente venían de toda Galilea; y las noticias acerca de Jesús se extendieron hacia el Sur hasta Judasa y Jerusalén, y también de allí venían. Venían también de la región al otro lado del Jordán que se llamaba Perea, que se extendía desde Pela al Norte hasta Petra al Sur. También venían de Decápolis, que era una federación de diez ciudades griegas independientes, todas ellas, excepto Escitópolis, estaban al otro lado del Jordán.
