Jesús pasaba por la orilla del lago; conforme iba andando, llamó a Pedro y Andrés, y a SantiagoJas. y Juan. No tenemos que creer que era la primera vez que los veía, o ellos a Él. Según Juan el Evangelista, por lo menos algunos de ellos ya eran discípulos de Juan el Bautista (Jua_1:35 ). Sin duda ya habían hablado con Jesús y Le habían escuchado; pero fue en este momento cuando les llegó el desafío de una vez para siempre de asociarse con Él.
Los griegos solían contar cómo habían encontrado Jenofonte a Sócrates por primera vez. Sócrates se le encontró en una callejuela, y le cerró el paso con el bastón. Primero le preguntó si sabía dónde podía comprar esto y aquello, y si sabía dónde se hacía esto y lo otro. Jenofonte le dio la información requerida. A continuación Sócrates le preguntó:
-¿Sabes dónde hacen a los hombres buenos y virtuosos? -No -le contestó Jenofonte. Y entonces Sócrates le dijo:
-¡Pues sígueme y aprende!
Jesús también llamó así a estos pescadores a seguirle. Es interesante ver la clase de personas que eran. No eran gente de gran preparación intelectual, o influyente, o rica, o de posición social. Tampoco eran pobres. Eran simplemente trabajadores, sin una posición social especial y, seguro que cualquiera habría dicho, sin un gran futuro. Eran hombres normales y corrientes los que Jesús escogió.
Una vez acudió a Sócrates un hombre que no tenía nada especial, que se llamaba Esquines.
Soy un pobre hombre -le dijo-; no tengo nada más, pero me doy a ti.
¿Te das cuenta -le dijo Sócrates- de que me das lo que tiene más valor?
Lo que Jesús necesita es gente corriente que se Le den a sí mismos. Jesús puede hacer cualquier cosa con personas así.
Además, estos hombres eran pescadores. Muchos investigadores han indicado que un buen pescador tiene que tener estas cualidades que le pueden hacer un buen pescador de hombres.
(i) Debe tener paciencia. Debe aprender a esperar pacientemente hasta que piquen los peces. Si es inquieto y no se puede estar quieto nunca hará un buen pescador. El buen pescador de hombres tendrá necesidad de paciencia. Rara vez obtenemos resultados rápidos en la predicación o en la enseñanza. Tenemos que aprender a esperar.
(ii) Debe tener perseverancia. Tiene que aprender a no desanimarse nunca, sino seguir intentando. El buen predicador y maestro no debe desanimarse cuando no parece que sucede nada. Siempre debe estar dispuesto a intentar otra vez.
(iii) Debe tener coraje. Como decía un viejo griego cuando rezaba por la protección de los dioses: “ ¡Mi barca es tan pequeña y el mar tan grande!” Debe estar dispuesto a arriesgarse y a arrostrar la furia de la mar y de la tempestad. El buen predicador y maestro debe ser consciente de que hay siempre un peligro en decirle a la gente la verdad. La persona que dice la verdad, más a menudo que lo contrario, se juega la reputación y la vida.
(iv) Debe tener vista para el momento oportuno. El pescador sensato sabe muy bien que hay veces que es inútil intentar pescar. Sabe cuándo echar la red y cuándo no. El buen predicador y maestro elige el momento. Hay veces que la gente recibe la verdad, y veces cuando la resiente. Hay veces que la verdad los mueve, y veces que la verdad los endurece en su oposición a la verdad. El predicador y maestro sensato sabe que hay un tiempo de hablar, y un tiempo de callar.
(v) Debe escoger el cebo de acuerdo con el pez. Un pez acudirá a un cebo, y otro a otro. Pablo decía que se hacía todo a todos para estar en condiciones de ganar a algunos. El predicador y maestro sensato sabe que el mismo enfoque no sirve para todas las personas. Puede que tenga que descubrir y reconocer sus propias limitaciones. Puede que tenga que descubrir que hay ciertos ambientes en los que puede trabajar y otros en los que no.
(vi) El pescador sensato tiene que mantenerse fuera de la vista. Si hace notar su presencia, o aun su sombra, seguro que los peces no picarán. El predicador y maestro sensato siempre tratará de presentarle a su audiencia, no su propia persona, sino a Jesucristo. Su objetivo es que la gente fije la mirada, no en él, sino en la Figura que está detrás.
