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Mateo 4: Las tentaciones de Jesús

En ese desierto, Jesús podía estar más solo que en ningún otro lugar de Palestina. Jesús se fue al desierto completamente solo. Había recibido Su tarea; Dios Le había hablado; tenía que pensar cómo iba a emprender la obra que Dios Le había confiado; tenía que tener las cosas claras antes de empezar; tenía que estar solo.

Puede que a menudo erremos sencillamente porque nunca hacemos lo posible para estar solos. Hay ciertas cosas que una persona tiene que resolver a solas. Hay momentos cuando no nos sirve de nada el consejo que se nos pueda dar. Hay veces cuando una persona tiene que retenerse de actuar, y empezar a pensar. Puede que cometamos muchos errores precisamente porque no nos damos la oportunidad de estar a solas con Dios.

EL SAGRADO RELATO

Hay algunas consideraciones que debemos hacernos antes de proceder al estudio detallado del relato de las tentaciones.

(i) Los tres evangelistas sinópticos parecen hacer hincapié en que las tentaciones siguieron inmediatamente al bautismo de Jesús. Como dice Marcos «Inmediatamente el Espíritu Le impulsó al desierto» (Mar_1:12 ; R-V sigue manteniendo la palabra luego en su primera acepción: «Prontamente, sin dilación», D.R.A.E.).

Es una de las realidades de la vida el que después de todo gran momento viene un momento de reacción -y una y otra vez es en la reacción donde se oculta el peligro. Eso fue lo que le sucedió a Elías. Con un coraje imponente, Elías se enfrentó completamente solo y derrotó a los profetas de Baal en el monte Carmelo (1Re_18:17-40 ). Ese fue el gran momento del valor y del testimonio de Elías. Pero la matanza de los profetas de Baal provocó la ira de la malvada Jezabel, que se propuso acabar con Elías. «Entonces tuvo miedo y se levantó y huyó para salvar la vida a Beerseba» (1Re_19:3 ). El hombre que se había mantenido intrépidamente frente a todos sus rivales huye ahora para salvar la vida con el terror en los talones. Había llegado el momento de la reacción.

Parece ser ley de vida que precisamente después que nuestro poder de resistencia ha estado en su punto más alto se achanta hasta lo más bajo. El tentador escogió cuidadosa, sutil y astutamente su momento para atacar a Jesús -pero Jesús le venció. Haremos bien en mantenernos especialmente en guardia después de cada vez que la vida nos ha llevado a las alturas, porque es precisamente entonces cuando asalta el más grave peligro de las simas.

(ii) No tenemos por qué considerar esto como una experiencia externa de Jesús. Fue una lucha que tuvo lugar en Su propio corazón y mente y alma. La prueba está en que no existe ninguna montaña desde la que se puedan ver todos los reinos de la Tierra, pese al Tibidabo. Fue una batalla interior.

Es en nuestros pensamientos y deseos más íntimos como viene a nosotros el tentador. Lanza su ataque en nuestras propias mentes. Es verdad que es tan real que casi podemos hasta ver al diablo. Hasta este día se puede ver una mancha de tinta en la pared de la habitación de Lutero en el castillo de Wartburg en Alemania: Lutero le tiró el tintero al diablo que le estaba tentando. Pero el poder del diablo estribe en el hecho de que supera nuestras defensas y nos ataca desde dentro. Encuentra aliados y armas entre nuestros pensamientos y deseos más íntimos.

(iii) No tenemos que creer que Jesús derrotó definitivamente al tentador en una sola campaña, y que éste no volvió a atacarle ya nunca más. El tentador Le habló otra vez a Jesús en Cesarea de Filipo cuando Pedro trató de disuadirle de seguir el camino de la Cruz, y cuando tuvo que decirle a Pedro las mismas palabras que le había dicho al tentador en el desierto: «¡Quítate de en medio, Satanás!” (Mat_16:23 ). Al final de su recorrido, Jesús pudo decirles a sus discípulos: “ Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas” (Luc_22:28 ). Y nunca en toda la historia humana ha habido una lucha con la tentación como la que Jesús mantuvo en Getsemaní con el tentador que trataba de apartarle del camino de la Cruz (Luc_22:42-44 ).

“ La vigilancia eterna es el precio de la libertad.” En la milicia cristiana no hay licencia ni se dan permisos. A veces nos preocupamos porque creemos que deberíamos alcanzar una etapa en la que estuviéramos más allá de la tentación, una etapa en la que el poder del tentador ya estuviera quebrantado para siempre. Jesús nunca alcanzó esa etapa. Desde el principio hasta el fin de su carrera tuvo que mantenerse en la lucha; por eso puede ayudarnos a pelear la nuestra.

(iv) Una cosa sobresale en esta historia: Las tentaciones fueron tales que no podían sobrevenirle a una persona que no tuviera unos poderes muy especiales y supiera que los tenía. Sanday describe las tentaciones como “ el problema de qué hacer con los poderes sobrenaturales.» Las tentaciones que sobrevinieron a Jesús sólo le podían atacar a uno que supiera que había cosas extraordinarias que él podría hacer.

Debemos recordar siempre que una y otra vez somos atacados por medio de nuestros dones. La persona dotada con algún encanto tendrá la tentación de usarlo para salirse con la suya. La persona dotada con el poder de la palabra tendrá la tentación recurrir a la labia para presentar disculpas que justifiquen cualquier comportamiento suyo. La persona con una imaginación viva y gráfica sufrirá agonías de tentación que una persona flemática no experimentará nunca. La persona con grandes talentos mentales estará tentada a usarlos para su propio bien y no para el de otros, para convertirse en amo y no en servidor de la humanidad. Es un hecho inexorable de la tentación que es precisamente donde nos consideramos más fuertes donde debemos tener más cuidado de no bajar la guardia.

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