Mateo, en este pasaje, introduce por primera vez a uno de los personajes más destacados y más activos en su Evangelio, y lo hace con tres nombres o términos descriptivos: el diablo (v. 1), el tentador (v. 3) y Satanás (v. 10). Estos tres términos se usan indistintamente en referencia a la misma persona. A través de la Biblia Satanás se presenta como alguien que tiene facultades personales: piensa, tiene propósito y planifica, tiene poder, lleva a cabo sus propósitos. El que cree que el diablo es meramente una influencia impersonal tendrá mucha dificultad para explicar su acción en la Biblia y en nuestro mundo hoy en día.
Otros nombres que se le dan en el NT son: Beelzebub (Mar_12:24), el malo (Mar_13:19), el enemigo (Mar_13:39), homicida y padre de mentira (Joh_8:44), Belial (2Co_6:15), vuestro adversario (1Pe_5:8), pecador (1Jo_3:8), Abadón y Apolión (destructor o exterminador; Apoc. 9:11), el dragón (Apoc. 12:3), y la serpiente antigua que engaña (Apoc. 12:9). Los nombres que se usan más frecuentemente son diablo y Satanás. El término “diablo”1228 es una transliteración del término griego que significa “calumniador”, o “acusador falso”. “Diablo” es un vocablo compuesto derivado de un verbo bállo G906 y una preposición (diá) y significa literalmente “lanzar a través, o por medio de”. De allí se deriva el significado “calumniador”, uno que lanza dardos verbales contra otro para destruirlo. El nombre “Satanás” significa “adversario”, o “antagonista”.
La Biblia no procura explicar el origen del diablo, pero da por sentado su existencia. El diablo es probablemente un ángel caído que se rebeló contra Dios. Se presenta siempre obrando contra Dios y todos los que se someten a él. Los nombres citados arriba dan una idea clara de su naturaleza malvada, pero Satanás nunca se presenta en su verdadera naturaleza. Es muy sutil y es capaz de engañar hasta a los más fieles. Pablo dice que se disfraza como ángel de luz (2Co_11:14). Los fariseos pensaban que era el príncipe de los demonios (2Co_9:34; 2Co_12:24), siendo estos sus siervos y mensajeros.
Al leer el relato de las tentaciones de Jesús, surge la pregunta natural: ¿Fue una experiencia real, objetiva, cara a cara con Satanás en forma visible, o fue una visión o una lucha espiritual interior? Los comentaristas están divididos sobre el tema. No hay nada explícito en el relato que insinúa algo menos que una experiencia literal y objetiva. Por lo contrario, el hecho de que Jesús mismo haya relatado esta experiencia a los discípulos, sin aclarar aparentemente que no fue una experiencia objetiva, es un dato que se debe considerar seriamente . Tampoco hay evidencia de que Jesús haya tenido visiones o experiencias de éxtasis durante su vida terrenal. Sin embargo, si aceptamos esta posición, debemos hacerlo conscientes de algunos problemas inherentes: ¿Cómo pudo estar en el pináculo del templo sin que otros lo hubiesen visto? Por otro lado, no hay montaña suficientemente alta como para ver todos los reinos del mundo y su gloria (v. 8), y tampoco se menciona la forma corporal en que se presentó el diablo.
Algunos comentaristas como Stagg argumentan que una experiencia interior, no objetiva, no resta importancia o realidad a las tentaciones. ¿Es más real la tentación cuando Satanás llega en forma corporal? Todo lo contrario, normalmente Satanás nos ataca en forma invisible. La tentación está muy adentro en el corazón humano, y es allí donde está el campo de batalla, aun cuando primeramente nos enfrentamos con una tentación en forma objetiva. Es allí donde uno se confronta con Satanás y vence, o es vencido. Una de las anécdotas más citadas de la vida de Martín Lutero es acerca de un encuentro tan real que tuvo con Satanás que lanzó el tintero hacia el lugar donde sentía su presencia. No lo vio en forma corporal, pero sentía su presencia.
Quizás la pregunta más difícil en relación con las tentaciones de Jesús es ésta: ¿Pudo haber cedido a las tentaciones? Nuestra primera reacción, casi por instinto, es: ¡NO! No podemos admitir ni la posibilidad de que el Hijo de Dios pudiera pecar. Pero al meditar la pregunta y estudiar el texto, llegamos a la conclusión que sí. Procuramos explicar esta conclusión, pero reconocemos que es un misterio que desafía toda explicación cabal. Es obvio que este evento no tendría sentido si las tentaciones no fuesen reales. Para ser reales, Jesús tenía que haber tenido la posibilidad y la libertad de escoger entre las dos opciones. Si no fuera así, Jesús mismo sería un hipócrita, y ésta fue la actitud que él condenó más severamente en otros.
No debemos olvidar que Jesús tenía una naturaleza tanto humana como divina. Algunos creen que Jesús fue tentado en su naturaleza humana, no en la divina. Otros opinan que Jesús tenía la misma naturaleza humana de Adán, antes de su pecado, una naturaleza sin pecado, pero capaz de pecar; una naturaleza capaz de no pecar, pero no incapaz de pecar. El comentarista Edersheim dice que tenía una naturaleza humana capaz de pecar, pero era una persona impecable, según Heb_4:15.
Sería un grave error negar la humanidad de Jesús. La libertad de decidir a favor o en contra de la voluntad de Dios es parte esencial de la humanidad. El fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado (Heb_4:15). Esto no significa que haya enfrentado toda tentación posible, pero sí, significa que enfrentó toda clase de tentación. Lo hizo con los mismos recursos que están a nuestro alcance, y de allí el gran valor y desafío de este evento para los creyentes en toda época.
