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Mateo 4: Las tentaciones de Jesús

Una táctica de Satanás es citar las Escrituras fuera de contexto, o quizá omitir una parte esencial del texto. Al citar el Salmo 91, omite las palabras para que te guarden en todos tus caminos (v. 12b). Esta porción del texto significa que Dios se hace responsable de protegernos de peligros cuando estamos en “todos los caminos” de obediencia, cumpliendo su voluntad, y cuando de repente surgen sorpresivamente peligros y amenazas. No es una garantía absoluta e incondicional de su protección cuando uno necia y deliberadamente se expone al peligro y muerte.

Jesús entendió la sutileza de Satanás, y contestó citando de memoria otro pasaje: No pondrás a prueba al Señor tu Dios (v. 7; cita de Deu_6:16). Satanás presentó la tentación como una oportunidad de que Jesús mostrara su confianza en Dios, pero él lo vio como presunción y provocación. El Padre había prometido proteger y proveer para el Hijo. El Hijo que ama y confía en su Padre no necesita poner a prueba la promesa de provisión y de protección de parte del Padre. El amor y confianza de parte del Hijo se demuestra por medio del sometimiento, la obediencia y la fidelidad, no por demandas ni por ponerse deliberadamente en una situación peligrosa que obligue al Padre a intervenir. Jesús por otro lado, se negó a iniciar su reino con métodos ilegítimos y espectaculares. Los que negocian con tales métodos logran juntar multitudes de curiosos, pero pronto tales seguidores abandonan las filas cuando entienden la verdadera naturaleza del reino (comp. Joh_6:66).

La tercera tentación (vv. 8-10). Satanás toma la iniciativa otra vez. Habiendo fracasado dos veces, se anima a intentar con otra táctica. Las tentaciones anteriores se relacionaban con el reino que Jesús vino a establecer, pero no tan directamente como ésta. Mateo arregla las tentaciones en orden de menor a mayor implicancia en cuanto al reino de Dios. Lucas invierte el orden de las últimas dos. Le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria (v. 8). Desde uno de los picos más altos cerca de Jericó, uno puede ver los caminos que conducen a todos los reinos del mundo. En alguna forma Satanás se arregló para que Jesús pudiera contemplar el mundo entero, el mundo que el Padre amaba de tal manera que dio a su Hijo (como dice Joh_3:16). Este es el mundo que el Hijo vino a salvar.

La oferta de Satanás revela su astucia en el máximo grado: Todo esto te daré, si postrado me adoras (v. 9). Sabe que Jesús vino para hacer de los reinos de este mundo el reino de su Padre (ver Apoc. 11:15). En un sentido, Satanás tenía el derecho de ofrecerle a Jesús los reinos del mundo, porque Dios le había cedido un poder limitado sobre el mundo, de modo que era conocido como el príncipe de este mundo (Joh_12:31; Joh_14:30; Joh_16:11; Eph_2:2). Jesús, con un solo acto de adoración a Satanás, podría recibir el poder limitado que Satanás tenía sobre el mundo. Sería el camino fácil, rápido, y en parte cumpliría su misión. Evitaría la humillación y el sufrimiento de parte del Hijo.

Con firmeza Jesús rechaza la tentación; lo manda “a mudar” con un mandato terminante: Vete, Satanás (v. 10). Aplica la medida bíblica: Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y él huirá de vosotros (Jam_4:7). Además, emplea otra vez la “espada del Espíritu”, citando la Palabra de Dios: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás (v. 10; cita de Deu_6:13). Jesús mismo así demostró la gran verdad de que nadie puede servir a dos señores (Deu_6:24). Vemos el uso de una excelente combinación de recursos que también están a nuestro alcance para vencer al enemigo de nuestras almas.

Las tres tentaciones, una tras otra, con ritmo acelerado, hacen recordar la parábola que Jesús contó al terminar el Sermón del monte acerca de las tres pruebas que vinieron contra las dos casas: Cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa (Deu_7:25). Vemos que Jesús estaba fundado sobre la peña y pudo soportar las pruebas, porque él oía las palabras de su Padre y las hacía (Deu_7:24).

Dios quiso establecer su reino de justicia en el mundo por medio de Abraham y sus descendientes. Ese propósito no se logró por causa de la rebeldía y desobediencia de Israel, nación que Dios consideró como su propio hijo. Pero ahora, por medio de su Hijo Jesucristo, sometido y obediente a su propósito eterno, Dios establecerá su reino en el corazón de los hombres que se someten a él y le obedecen. Jesús ha escogido el camino largo, duro, de sufrimiento, según las profecías del Siervo Sufriente. En un sentido real, desde el comienzo de su ministerio, Jesús afirmó su rostro para ir a Jerusalén (Luk_9:51) y allí ser crucificado. Este es el significado de las tentaciones para el Hijo de Dios.

Mateo termina este episodio indicando que Satanás, vencido, se retiró. Lucas agrega: … se apartó de él por algún tiempo (Luk_4:13). Una victoria sobre Satanás, por más contundente que sea, da poco respiro, pues él se retira solamente para agrupar sus ejércitos y atacar desde otro ángulo (ver 16:23). Dios ahora manifiesta su bondad proveyendo para las necesidades físicas que Jesús se negó a satisfacer en forma egoísta. Los ángeles vinieron y le servían como diákonos G1247, término que frecuentemente se refiere a servir comida en la mesa (comp. Act_6:1-7).

Los tres sinópticos omiten el largo (aproximadamente un año) e importante ministerio de Jesús en Judea, que sucedió después de las tentaciones de Jesús y antes del comienzo oficial del ministerio en Galilea. Hemos observado que los evangelistas seleccionaban solamente los eventos y enseñanzas de Jesús que tenían que ver con su propósito particular. Solamente Juan relata los sucesos que tuvieron lugar durante este ínterin, mayormente en Jerusalén y Judea.

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