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Mateo 4: Las tentaciones de Jesús

Sus tentaciones

Para entender mejor las tentaciones de Jesús, nos conviene repasar varios temas introductorios: ¿Cuándo sucedió el evento? ¿Qué relación hay entre el bautismo y las tentaciones? ¿Dónde sucedió? ¿Cuál es el significado de los 40 días de ayuno? ¿Quién es el tentador? ¿Fue una experiencia objetiva o subjetiva? ¿Pudo haber pecado Jesús? ¿Qué significa el término “tentar”?

Consideraciones introductorias“ Los tres Evangelios sinópticos concuerdan en fijar las tentaciones después del bautismo. Mateo emplea un adverbio temporal tóte G5119 traducido”entonces”, para iniciar esta sección, el cual meramente indica secuencia de tiempo, sin especificar el lapso de tiempo. Lucas usa una conjunción que normalmente se traduce “y”, o “pero”. Lucas dice: Entonces [y] Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto… (Luk_4:1). Más que la conjunción ilativa “y”, al decir volvió del Jordán y fue llevado…, Lucas une los dos eventos en forma inseparable. Pero Marcos es más explícito aun al decir: En seguida, el Espíritu le impulsó al desierto… (Mar_1:12). Todas las evidencias indican que fue bautizado en el Jordán y fue llevado directamente de allí al lugar de las tentaciones.

Mateo y Lucas informan que Satanás se presentó a Jesús después de finalizar los cuarenta días, pero Marcos dice que estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás (Mar_1:13), implicando que era tentado durante los cuarenta días. Lucas insinúa que Jesús fue tentado durante los cuarenta días, pero que tuvo hambre y que el diablo le tentó a convertir piedras en pan después de los cuarenta días. Concluimos que Jesús fue tentado a lo largo de los cuarenta días, pero que las tres tentaciones fueron la culminación del proceso.

La relación inmediata de las tentaciones con el bautismo es importante. Las tentaciones son claramente mesiánicas, es decir, tienen que ver con su misión como el Mesías. Cuando fue bautizado, fue ungido con el Espíritu Santo y oyó la voz divina reconociéndolo como el Hijo de Dios, o sea, el Rey ungido (Sal. 2) y el Siervo Sufriente (Isa_42:1), que establecería el reino de Dios entre los hombres. Faltaba definir la naturaleza de ese reino y los métodos que usaría para establecerlo. Las tentaciones cumplen esa función. Jesús tiene que decidir entre la expectativa popular de un Mesías que establecería un reino terrenal, basado en poder militar, para alcanzar de nuevo la gloria del reinado davídico, o por otro lado, establecer un reino espiritual por medio del sufrimiento y muerte. Aunque Jesús en las tentaciones optó por el reino espiritual, los discípulos tardaron hasta después de la cruz para entenderlo y aceptarlo (ver 16:21-28; Act_1:6). Mucho del cristianismo, hasta el día de hoy, sigue ignorando la verdadera naturaleza del reino de Dios y los métodos adecuados para establecerlo.

Dios desde la eternidad tuvo en mente establecer su reino. Quiso hacerlo por medio de Abraham y su descendencia, con los cuales hizo el pacto (Gen_12:1-3). Ese plan no fue realizado por causa de la desobediencia de Israel, su “Hijo Escogido”. Por más glorioso que haya sido el reino de David, no cumplió con el reino de Dios. El reino que Dios no pudo establecer con Israel, por causa de su desobediencia, lo cumple ahora por medio de su propio Hijo, obediente en todo detalle hasta la muerte. Debemos, pues, considerar las tentaciones como ocasión para demostrar la confianza absoluta del Hijo en el Padre y la obediencia fiel hasta la muerte.

En esta relación estrecha entre el bautismo y las tentaciones encontramos otra verdad que merece atención. A menudo, después de un evento espiritual glorioso, sublime, inspirador, Dios nos pone a prueba. Así fue la experiencia de Elías después de una muestra notable de fe y coraje cuando venció a los profetas de Baal y en seguida, fue amenazado por Jezabel (1 Rey. 18, 19). Abraham, el que fue llamado de su patria para formar el pueblo de Dios, el que creyó en la promesa de Dios de darle un hijo, siendo Sara estéril y ambos muy avanzados en edad, y habiendo recibido ese hijo de promesa por una demostración del poder milagroso de Dios, fue severamente probado cuando Dios demandó a su único hijo en sacrificio (Gén. 22). Jesús acababa de haber experimentado tres fenómenos sobrenatuales en su bautismo, una experiencia realmente celestial; e inmediatamente vienen las tentaciones.

Existen muchas conjeturas en cuanto al lugar del ayuno y las tentaciones. El texto dice solamente que fue llevado al desierto (v. 1), al templo (v. 5) y luego a un monte alto (v. 8). Marcos agrega que estaba con las fieras (Mar_1:13), indicando un lugar alejado de las poblaciones. Si aceptamos que fue bautizado en el Jordán frente a Jericó, según las tradiciones, es lógico pensar que las tentaciones tuvieran lugar no muy lejos de allí. Algunos como Broadus mencionan, como escenario de las tentaciones, un lugar llamado “Cuarentenia” (= cuarenta días), ubicado a unos doce kms. del lugar tradicional de su bautismo y otros Betarabá, ubicado cerca de Jericó.

La mención de cuarenta días y cuarenta noches llama la atención. Recordamos que Moisés estuvo ayunando cuarenta días y cuarenta noches en el monte de Sinaí, en presencia de Dios, cuando recibió las tablas de la ley, a mediados de su ministerio. Elías estuvo huyendo cuarenta días y cuarenta noches, aparentemente sin comer, cuando Jezabel lo amenazó, al fin de su ministerio. También, Israel estuvo cuarenta años en el desierto. Pero Jesús inició su ministerio con el ayuno. En el caso de Jesús, parece que el único significado de los cuarenta días es que representa un ayuno muy prolongado que serviría para debilitarlo físicamente, como es natural para todo ser humano, de modo que sentiría agudamente el hambre en el momento de la tentación. Por supuesto, Jesús utilizó este tiempo en comunión íntima con su Padre, orando y meditando.

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