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Mateo 4: Las tentaciones de Jesús

(v) Nadie puede leer este relato sin darse cuenta de que su fuente tiene que haber sido el mismo Jesús. No había nadie con Él en el desierto cuando se estaba librando esta batalla. Y tenemos noticias de ella solamente porque Jesús mismo tiene que habérselo contado a sus hombres. Es como si Jesús nos estuviera relatando una parte de su autobiografía espiritual.

Debemos siempre acercarnos a esta historia con una reverencia única y especial, porque Jesús nos descubre en ella Su más íntimo corazón y alma. Está refiriéndonos Su experiencia. Es la más sagrada de todas las historias, porque Jesús nos está diciendo en ella que puede ayudar a los demás en sus tentaciones porque Él mismo fue tentado. Nos descorre el velo de Sus propias luchas para ayudarnos en las nuestras.

EL ATAQUE DEL TENTADOR

El tentador lanzó su ataque contra Jesús en tres frentes, en cada uno de los cuales había algo inevitable.

(i) Está la tentación de hacer que las piedras se volvieran pan. El desierto estaba sembrado de pequeños cantos de caliza que parecían exactamente panecillos; hasta ellos le sugerirían a Jesús esta tentación.

Era una tentación doble. La tentación de que Jesús usara Sus poderes egoístamente y para Su propio provecho, y eso fue precisamente lo que Jesús siempre se negó a hacer. Siempre hay la tentación de usar egoístamente cualesquiera poderes que Dios nos haya dado.

Dios le ha dado un don a cada persona, y cada persona puede hacerse una de dos preguntas. Puede preguntarse: «¿Qué partido puedo yo sacar de este don?” o: «¿Cómo puedo yo usar este don para el bien de los demás?» Esta clase de tentación se nos puede presentar en la cosa más sencilla. Una persona puede poseer, por ejemplo, una voz agradable de escuchar; puede proponerse sacarle partido, y negarse a usarla a menos que se le pague. No hay razón para rehusar que se le pague, pero hay toda clase de razones para no deber usarla solamente para que se le pague. No hay persona que no tenga la tentación de usar egoístamente el don que Dios le haya asignado.

Pero esto de la tentación tiene otra cara. Jesús era el Mesías de Dios, y Él lo sabía. En el desierto se estaba enfrentando con la elección del método para ganar las almas para Dios. ¿Qué método había de usar para la tarea que Dios Le había asignado? ¿Cómo había de materializar Su visión y sueño?

Un camino infalible para convencer a la gente a que Le siguiera era darles pan, es decir, cosas materiales. ¿Acaso no lo justificaba la historia? ¿No había dicho Dios: “ Os haré llover pan del cielo?» ¿No incluían las visiones de la futura edad de oro ese mismo sueño? ¿No había dicho Isaías: “ No tendrán hambre ni sed?» (Isa_49:1 D) ¿No era el Banquete Mesiánico una figura consagrada entre los Testamentos de los sueños del Reino? Si Jesús hubiera querido darle pan a la humanidad, tendría suficiente justificación para hacerlo.

Pero el haberles dado pan a los hombres habría sido una doble equivocación. En primer lugar, habría sido sobornarlos para que Le siguieran. Habría sido convencer a la gente para que Le siguiera por lo que pudieran sacar, mientras que la recompensa que Jesús tenía para ofrecer era una Cruz. Llamaba a la gente a una vida de dar, no de obtener. Sobornar a la humanidad con cosas materiales habría sido la negación de todo lo que Él vino a decir y habría sido finalmente la derrota de Sus propios fines.

En segundo lugar, habría sido suprimir los síntomas sin tratar la enfermedad. La gente está hambrienta; pero debemos preguntarnos: ¿Por qué está hambrienta? ¿Es por culpa de su propia estupidez, y descuido, y holgazanería? ¿O es porque hay algunos que poseen egoístamente demasiado mientras otros carecen de lo necesario? La verdadera manera de curar el hambre es eliminar sus causas -y las causas están en el alma de las personas. Y, sobre todo, hay un hambre del corazón que no se puede satisfacer con cosas materiales.

Así es que Jesús contestó al tentador con las mismas palabras que expresan la lección que Dios había tratado de enseñarle a Su pueblo en el desierto: «La persona no vive solo de pan, sino de todo lo que proceda de la boca del Señor” (Deu_8:3 ). La única manera de encontrar la verdadera satisfacción es aprender a depender totalmente de Dios.

(ii) Entonces el tentador reforzó su ataque en otro frente. En una visión, llevó a Jesús al pináculo del templo. Eso puede querer decir una de dos cosas.

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