(ii) Tenemos a Herodías. Como veremos, fue la ruina de Herodes en todos los sentidos, aunque no carecía del sentido de la grandeza. De momento advertimos que tenía un. triple delito: era una mujer inmoral e infiel; vengativa, que abrigaba los rencores para mantenerlos calentits, y que procuraba vengarse hasta cuando se la condenara justamente; y probablemente lo peor de todo era capaz de utilizar hasta a su propia hija para llevar a cabo sus planes de venganza. -Ya habría sido suficientemente malo el que se hubiera buscado los medios para vengarse del hombre de Dios que la hizo enfrentarse con su propia vergüenza; pero fue infinitamente peor el usar a, su hija para su funesto propósito haciéndola -cómplice del delito más horrible. Hay poco que decir del progenitor que mancha su progenie de delito con el fin de obtener algún propósito personal malvado.
(iii) Tenemos a la hija de Herodías, Salomé. Sería entonces joven, tal vez de dieciséis o diecisiete años: Aunque después. llegara a ser lo que fuera, no cabe duda de que en esta ocasión fue más utilizada que culpable. Probablemente ya tenía una raíz, de desvergüenza en su carácter: toda una princesa haciendo de bailarina solo para hombres. Las danzas en tales ocasiones eran sugestivas e inmorales. Para una princesa real ya era bastante deshonroso el bailar en público. Herodías no le daba ninguna importancia a la falta de pudor y dignidad de su hija con tal de obtener su venganza del hombre que la había reprendido tan justamente.
LA CAÍDA DE HERODES
(iv) Tenemos al mismo Herodes. Sé le llama el tetrarca, que quiere decir literalmente gobernador de la cuarta parte; pero llegó a usarse en sentido general, como aquí, de gobernador subordinado de una parte de un país. Herodes el Grande tuvo muchos hijos. Antes de morir dividió su territorio en tres partes y, con el consentimiento de Roma, se las legó a tres de sus hijos. A Arquelao le dejó Judasa y Samaria; a Felipe, el territorio septentrional de Traconítide e Iturea, y a Herodes Antipas -el de esta historia-, Galilea y Perea. Herodes Antipas no fue un rey extremadamente malo, pero aquí le vemos iniciar el descenso hacia la ruina total. Podemos notar especialmente tres cosas acerca de él.
(a) Tenía conciencia de su culpabilidad. Cuando Jesús llegó a tener cierta importancia en el pueblo, Herodes llegó inmediatamente a la conclusión de que era Juan que había vuelto a la vida. Orígenes hace una sugerencia muy interesante acerca de esto: recuerda que María, la madre de Jesús, e Isabel, la madre de Juan, eran parientes próximas (Luk_1:36 ). Y Orígenes cita una tradición que decía que Jesús y Juan se parecían físicamente. En ese caso, la conciencia culpable de Herodes tendría aún más razones para su sospecha. Es la gran prueba de que nadie se puede librar definitivamente de un pecado librándose de la persona que se lo denuncia. Existe tal cosa como la conciencia; y, aunque se elimine al acusador de una persona, no se silencia al Acusador divino.
(b) La acción de Herodes fue típica de un hombre débil. Mantuvo un juramento insensato, y quebrantó una gran ley. Había prometido a Salomé darle lo que le pidiera, sin prever lo que pudiera ser. Sabía muy bien que concederle su petición para cumplir su juramento era quebrantar una ley mucho más importante; y sin embargo eligió hacerlo porque era demasiado débil para reconocer su error. Le tenía más respeto a las rencillas de una mujer que a la ley moral. Le tenía más miedo a la critica, o a las burlas, de sus invitados, que a la voz de la conciencia. Herodes era un hombre que podía mantenerse firme en cosas equivocadas hasta cuando sabía que eran otras las verdaderas; y tal firmeza es señal, no de fuerza, sino de debilidad.
(c) Ya hemos dicho que la acción de Herodes en este pasaje fue el principio de su ruina. Las consecuencias de seducir a Herodías y divorciarse de su anterior mujer fueron, muy naturalmente, que Aretas, el padre de esta y gobernador de los nabateos, se sintió normal y personalmente resentido por el insulto que se le había perpetrado a su hija. Le hizo la guerra a Herodes y le infligió una seria derrota. Josefo comenta:
«Algunos de los judíos creyeron que la detracción del ejército de Herodes había sido cosa de Dios, y muy justa, en castigo por lo que había hecho con Juan, llamado el Bautista» (Antigüedades de los judíos, 18.5.2). Herodes tuvo que ser rescatado por los Romanos, a los que apeló para que le ayudaran.
Desde el principio, la relación ilegal e inmoral con Herodías no le trajo a Herodes más que disgustos. Pero la influencia de Herodías no acabó ahí. Pasaron los años, y Calígula llegó al trono de Roma. El Felipe que había sido tetrarca de Traconítide e Iturea murió, y Calígula le dio la provincia a otro de la familia de los Herodes que se llamaba Agripa; y con la provincia le otorgó el título de rey. El hecho de que Agripa fuera rey llenó de envidia a Herodías. Josefo dice: «Ella no podía ocultar lo desgraciada que se sentía por la envidia que le tenía» (Antigüedades de los judíos, 18.7.1). Como consecuencia de su envidia incitó a Herodes a ir a Roma para pedirle a Calígula que le concediera también a él el título de rey, porque Herodías estaba decidida a ser reina. «Vamos a Roma -le dijo-; y no ahorremos molestias ni gastos, ni plata ni oro, que no se pueden emplear en nada mejor que en obtener un reino.»
