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Lucas 3: La llamada de Juan al arrepentimiento

Año decimoquinto del mandato imperial de Tiberio César. Gobernador de Judasa: Poncio Pilato. Tetrarca de Galilea: Herodes. Tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite: Felipe, hermano del anterior. Tetrarca de Abilinia: Lisanias. Sumos sacerdotes: Anás y Caifás. Fue entonces cuando Dios envió su palabra a Juan hijo de Zacarías, que se encontraba en el desierto, y él fue por todo el valle del Jordán proclamando un bautismo que era señal del arrepentimiento que conduce al perdón de los pecados. Todo aquello sucedía como lo habían anunciado las Sagradas Escrituras en el libro de los mensajes del profeta Isaías:

«Oíd la voz de uno que proclama en el desierto: -¡Preparad un camino para que venga el Señor, trazad sendas derechas por las que Él viaje!

¡Que se rellenen todos los barrancos, y que se nivelen todos los montes y collados; que las sendas tortuosas se hagan caminos rectos, y que se allanen los senderos pedregosos, y toda la humanidad verá el poder salvador de Dios!»

Para Lucas, el surgimiento de Juan el Bautista fue una de las bisagras que hicieron girar a la Historia. Hasta tal punto lo considera un acontecimiento importante que lo fecha con no menos de seis datos diferentes.

(i) Tiberio fue el sucesor de Augusto, y por tanto el segundo emperador romano: No después del año 116 12 d C., Augusto le hizo su colega en el gobierno del imperio, pero no llegó a ser único emperador hasta el año 14 d C. Por tanto, el año decimoquinto de su mandato imperial sería 28-29 d C. Lucas empieza a fechar el surgimiento de Juan el Bautista en relación con la historia universal, es decir, con el Imperio Romano.

(ii) Los tres datos siguientes que nos da Lucas se refieren a la organización política de Palestina. El título de tetrarca quiere decir literalmente gobernador de la cuarta parte. En provincias como Tesalia o Galacia, que estaban divididas en cuatro zonas o áreas, se llamaba tetrarca al gobernador de cada una de ellas; pero más tarde el término se hizo más general, y quería decir el gobernador de una parte cualquiera. Herodes el Grande murió el año 4 a C. después de un reinado de alrededor de 40 años. Dividió el reino entre tres de sus hijos, y los Romanos dieron su aprobación en principio.

(a) A Herodes Antipas le correspondieron Galilea y Perea. Este reinó del 4 a C. al 39 d C., y por tanto Jesús vivió durante su reinado, y gran parte de su vida transcurrió en sus dominios de Galilea.

(b) A Herodes Felipe le correspondieron Iturea y Traconítida. Este reinó del 4 a C. al 33 d C. Edificó Cesarea de Filipo, a la que le dio su nombre.

(c) A Arquelao le correspondieron Judasa, Samaria y Edom. Fue un rey rematadamente malo. Los judíos acabaron por pedir a Roma que lo quitara; y Roma, que estaba impaciente con los continuos problemas de Judasa, accedió e instaló a un procurador o gobernador. Así fue como los Romanos llegaron a gobernar dírectamente Judasa. En este tiempo Pilato era el gobernador romano (25-37 d C.). Así es que Lucas nos da en una frase, a vista de pájaro, la división del reino que había pertenecido a Herodes el Grande.

(iii) De Lisanias no sabemos prácticamente nada.

(iv) Después de la situación internacional y de la situación en Palestina, Lucas se refiere a la situación religiosa y fecha el surgimiento de Juan el Bautista en el sumo sacerdocio de Anás y Caifás. Nunca hubo dos sumos sacerdotes al mismo tiempo; así es que, ¿qué nos quiere decir Lucas al darnos los dos nombres? El sumo sacerdote era al mismo tiempo el cabeza religioso y civil de la comunidad. En la antigüedad, el puesto de sumo sacerdote había sido hereditario y de por vida; pero con la venida de los Romanos había estado sujeto a toda clase de intrigas. El resultado fue que entre los años 37 a C. y 26 d C. hubo no menos de veintiocho sumos sacerdotes diferentes. Anás fue sumo sacerdote del 7 al 14 d C., y por tanto no ocupaba el puesto en este tiempo; pero le sucedieron no menos de cuatro de sus hijos, y Caifás era su yerno. Por tanto, aunque Caifás era oficialmente el sumo sacerdote, Anás era el que mandaba por detrás. Fue por eso por lo que Jesús fue llevado a Anás en primer lugar después de su detención (Joh_18:13 ), aunque entonces no era el sumo sacerdote. Lucas asocia su nombre con el de Caifás porque, aunque éste era entonces el sumo sacerdote, Anás era la figura sacerdotal más influyente en el país.

Los versículos 4-6 son una cita de Isa_40:3-5 . En Oriente, cuando un rey se proponía visitar parte de sus dominios, enviaba un mensajero por delante para decirle a la gente que preparara los caminos. Juan el Bautista es ese mensajero del Rey; pero la preparación en la que insistía era la de los corazones y las vidas.

-¡Viene el Rey! -decía-. ¡Arreglad, no las carreteras, sino vuestras vidas!

Todos tenemos el deber de hacer que nuestras vidas estén en regla para que las vea el Rey.

LA LLAMADA DE JUAN AL ARREPENTIMIENTO

Este era el mensaje que daba Juan a las multitudes que venían a que las bautizara:

-¡Raza de víboras! ¿Quién os ha dado la alarma para que huyáis de la ira que se os echa encima? Demostrad con vuestra conducta que vuestro ‹»arrepentimiento es sincero, y no os hagáis ilusiones diciendo para vuestros adentros: «¡Somos hijos de Abraham!» Porque os digo que Dios puede sacar hijos de Abraham hasta de las piedras. ¡Ya está el hacha lista a la raíz de los árboles! EL árbol que no da buen fruto, se corta y se echa al fuego.

La gente no hacía más que preguntarle:

-Entonces, ¿qué es lo que tenemos que hacer?

-El que tenga dos camisas -contestaba Juan-, que le dé una al que no tiene ninguna; y el que tenga comida, que haga lo mismo.

También venían publicanos a bautizarse, y le decían:

Maestro, ¿qué tenemos que hacer nosotros?

No le hagáis pagar a nadie más de lo que sea justo.

-Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer? -le preguntaron también unos soldados; y les contestó:

-No seáis violentos con la gente, ni chantajeéis a nadie, y conformaos con vuestra paga.

Como la gente estaba expectante, y algunos se preguntaban para sus adentros si podría ser que Juan fuera

el Mesías, él reaccionó y les dijo a todos:

-Yo no os bautizo nada más que con agua; pero está al llegar Uno que es tanto más poderoso que yo, que yo no valgo ni para descalzarle: Ése es el que os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Ya tiene el bieldo en la mano y se dispone a beldar la era para recoger el trigo en el granero y echar la paja en un fuego que no se apaga.

Aquí tenemos el mensaje de Juan al pueblo. En ningún lugar queda más evidente la diferencia que hay entre Juan el Bautista y Jesús; porque el mensaje de Juan no era evangelio, es decir, buena noticia, sino una noticia aterradora.

Juan había vivido en el desierto. La superficie del desierto estaba cubierta de ramas y matojos secos como la yesca. A veces una chispa prendía, y se armaba un incendio en el desierto, y salían las víboras de sus grietas, escabulléndose de la quema. Con ellas comparaba Juan a los que venían a bautizarse.

Los judíos no tenían la menor duda de que en la economía de Dios había una cláusula referente a una nación privilegiada. Mantenían que Dios juzgaría a las demás naciones con una medida, y a los judíos con otra. De hecho, creían que un judío estaba a salvo del juicio simplemente por serlo. Los hijos de Abraham estaban exentos del juicio. Juan les decía que no hay tal cosa como privilegios raciales; que la vida, no el linaje, era lo que Dios consideraba en el juicio.

Hay tres cosas que sobresalen en el mensaje de Juan.

(i) Empezaba demandando a los hombres que compartieran lo que tenían con los que no tenían. Era un evangelio social, que anunciaba que Dios no absolverá nunca al que está contento de tener de más cuando otros tienen de menos.

(ii) Mandaba a los hombres, no que dejaran su trabajo, sino que cumplieran con su trabajo como era debido: que el publicano fuera un buen publicano, y el soldado un buen soldado. Lo que Dios manda es que le sirvamos allí donde Él nos ha colocado.

Hay un espiritual negro que dice:

Hay un Rey y Gran General,

que está a punto de llegar,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

Ya se oyen sus legiones a la carga en los campos del cielo, y me hallará sachando algodón cuando venga.

Hay un Hombre al que echaron a la cuneta,

y le torturaron hasta matarle,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

Fue odiado y rechazado,

burlado y crucificado,

y me hallará sachando algodón cuando venga.

¡Cuando venga, cuando venga!

Le coronarán los santos y los ángeles cuando venga,

y le gritarán ¡Hosana! al Hombre que negaron los hombres, y yo me arrodillaré entre mi algodón cuando venga.

Juan estaba convencido de que donde todos podemos servir mejor a Dios es en nuestro trabajo diario.

(iii) Juan estaba bien seguro de que él no era más que el precursor. El Rey estaba todavía por venir, y con Él vendría el juicio. El bieldo era entonces una gran pala plana con la que se echaba hacia arriba lo trillado; el grano, más pesado, caía al suelo, y la brisa aventaba la paja. Así como se separa el trigo de la paja, el Rey separaría a los buenos de los malos.

Así describía Juan el juicio, un juicio que el hombre podía pasar con confianza si había cumplido sus deberes con los demás y había hecho bien su trabajo cotidiano.

Juan era un predicador supremamente efectivo. Una vez le dieron a Chalmers la enhorabuena por un sermón, pero él contestó: «Sí, ¿pero para qué sirvió?»

Está claro que Juan predicaba la acción y la producía. No se metía en disquisiciones teológicas, sino predicaba la vida.

JUAN APRESADO

Con estas y otras muchas razones Juan le anunciaba al pueblo la Buena Nueva. Pero cuando le echó en cara al tetrarca Herodes su relación con su cuñada Herodías, y todas las demás maldades que hacía, Herodes añadió a todos sus crímenes el de meter a Juan en la cárcel.

Juan era tan atrevido y tan claro predicando la integridad que no pudo por menos de meterse en problemas. Herodes acabó por meterle en la cárcel. El historiador judío Josefo dice que Herodes le metió preso «porque temía que la gran influencia que Juan ejercía sobre el pueblo le colocara en posición y en disposición de levantar una revuelta; porque la gente parecía dispuesta a hacer todo lo que Juan aconsejara.» No cabe duda de que eso sería verdad, pero los autores del Nuevo Testamento dan una razón mucho más personal e inmediata. Herodes Antipas se había casado con Herodías, y Juan se lo reprochaba.

La relación que estaba involucrada en ese matrimonio era tremendamente complicada. Herodes el Grande se había casado muchas veces. Herodes Antipas, el que se casó con Herodías y metió a Juan en la cárcel, era hijo de Herodes el Grande y de una mujer que se llamaba Maltake. Herodías misma era hija de Aristóbulo, que era hijo de Herodes el Grande y de Mariamne, al que llamaban el Hasmoneo. Como hemos visto, Herodes había dividido el reino entre Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Felipe. Tenía otro hijo, que también se llamaba Herodes, al que tuvo con otra Mariamne, hija de un sumo sacerdote. Este Herodes no tuvo parte en el reino de su padre, y vivió en Roma como un mero ciudadano, y se casó con Herodías. De hecho era medio tío suyo, porque él y su suegro eran hijos del mismo padre aunque de diferentes mujeres. Herodes Antipas, en una visita que hizo a Roma, sedujo a Herodías y se casó con ella. Herodías era al mismo tiempo su cuñada, porque estaba casada con su hermanastro, y su sobrina, porque era hija de Aristóbulo, otro hermanastro.

Todo el asunto era repugnante a los ojos de los judíos y totalmente contrario a la ley judía, e incluso a cualquier moral. Era peligroso reprender a un tirano oriental, pero Juan lo hizo. La consecuencia fue que le arrestaron y encarcelaron en los calabozos del castillo de Maqueronte, a orillas del Mar Muerto. Nada podía ser más cruel que meter a este hijo del desierto en una mazmorra. Por último le decapitaron para complacer el resentimiento de Herodías (Mat_14:5-12 ; Mar_6:17-29 ).

Siempre es peligroso decir la verdad; pero, aunque el que se identifica con la verdad puede acabar en la cárcel o en la horca, a fin de cuentas es un vencedor. El conde de Morton, que era el regente de Escocia, amenazó una vez al reformador Endrew Melville:

-¡No habrá nunca tranquilidad en este país hasta que se os destierre o ahorque a media docena de vosotros!

-¡Menos amenazas, señor! -le contestó Melville-. En esa guisa no conseguiréis amedrentar a vuestros súbditos. Lo mismo me da pudrirme en la tierra que en el aire. ¡Dios sea glorificado, que no está en vuestro poder el-ahorcar o el desterrar su verdad!

Platón dijo una vez que un sabio siempre preferirá que se cometa una injusticia con él, a cometerla él. No tenemos más que preguntarnos a nosotros mismos sí en última instancia preferiríamos ser Herodes Antipas o Juan el Bautista.

LLEGA LA HORA DE JESÚS

Cuando ya se había bautizado toda la gente, también

Jesús se bautizó. Y mientras estaba orando, se abrieron los cielos, y el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en una forma corporal, como una paloma. Y llegó una voz del cielo que decía:

-¡Tú eres mi amado y único Hijo, en quien está todo mi delicia! .

Los pensadores cristianos siempre han buscado la respuesta a la pregunta «¿Por qué fue Jesús a que le bautizara Juan?»

El bautismo de Juan era una señal de arrepentimiento, y los cristianos estamos convencidos de que Jesús no había cometido ningún pecado. ¿Por qué se bautizó entonces? En la iglesiaprimitiva se sugería a veces, con un detalle hogareño, que lo

hizo para complacer a María, su madre, que se lo pedía insistentemente. Pero debe de haber alguna razón más convincente.

En la vida de todo hombre hay ciertas etapas determinadas, ciertas bisagras en las que gira toda la vida. Así sucedió en la vida de Jesús, y de vez en cuando tendremos que pararnos para tratar de ver su vida en su conjunto. La primera gran bisagra fue la visita al templo cuando tenía doce años, cuando descubrió su relación única y exclusiva con Dios. Cuando apareció Juan, Jesús tenía unos treinta años (Luk_3:23 ); es decir, que habían pasado unos dieciocho años. A lo largo de ese tiempo Jesús tiene que haberse ido dando cuenta más y más de su absoluta singularidad. Pero siguió siendo el carpintero del pueblo de Nazaret. Tiene que haber sabido que llegaría algún día en que tendría que decirle adiós a Nazaret y lanzarse a cumplir su misión más amplia. Debe de haber esperado alguna señal.

Cuando surgió Juan, la gente iba a oírle y a bautizarse en grandes multitudes. En todo el país había un movimiento hacia Dios sin precedentes. Y Jesús se dio cuenta de que había sonado su hora. No es que se sintiera pecador y necesitara arrepentirse, sino que quería identificarse con ese movimiento hacia Dios. Para Jesús, el surgimiento de Juan fue la llamada de Dios a la acción; y el primer paso que dio fue para identificarse con la gente que buscaba a Dios.

Pero algo sucedió en el bautismo de Jesús. Antes de dar este paso de gigante tenía que estar seguro; y en el momento del bautismo, Dios le habló. No nos equivoquemos: aquello fue una experiencia personal de Jesús. La voz de Dios le vino a Él, y le dijo que había tomado la decisión correcta. Pero más, mucho más que eso: aquella voz le trazó todo el curso de su vida.

Dios le dijo: «¡Tú eres mi amado y único Hijo, en quien está toda mi delicia!» Ese dicho está tomado de dos textos: Tú eres mi amado y único Hijo es del Psa_2:7 , que se reconocía como una descripción del Rey Mesías; en quien está toda mi delicia es de Isaías 42: I , de la descripción del Siervo del Señor cuyo retrato culmina en los sufrimientos del capítulo 53. Por tanto, en su bautismo Jesús se dio cuenta, en primer lugar, de que era el Mesías, el Rey ungido por Dios; y en segundo lugar, que eso suponía, no poder y gloria, sino sufrimiento y cruz. La cruz no le pilló a Jesús desprevenido: desde el primer momento la vio como algo que le esperaba inevitablemente. En el bautismo vemos a Jesús buscando la aprobación de Dios, y recibiendo la Cruz como destino.

EL LINAJE DE JESÚS

Cuando Jesús inició su ministerio tendría unos treinta años, y se le creía hijo de José, hijo de Elí, hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José, hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai, hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá, hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri, hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er, hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán, hijo de David, hijo de Isaí, hijode Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón, hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo ¿le Fares, hijo de Judá, hijo de Jacob, hijo de Isaac, ñijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor, hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala, hijo de Cainán, hijo de Arj›axad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.

Este pasaje empieza con una afirmación muy sugestiva: nos dice que cuando Jesús inició su ministerio tendría unos treinta años. ¿Por qué tuvo que pasar treinta años en Nazaret cuando había venido a salvar al mundo? Algunos creen que José murió bastante joven, y que Jesús tuvo que encargarse del sostenimiento de su madre María y de sus hermanos y hermanas más jóvenes, y que sólo cuando ya fueron lo suficientemente mayores como para encargarse del taller Jesús se sintió libre para marcharse de Nazaret y lanzarse al mundo a cumplir su misión. Sea eso o no cierto, tres cosas son verdad.

(i) Era esencial que Jesús cumpliera con la mayor fidelidad los deberes más limitados de la vida familiar antes de asumir la misión universal de salvar al mundo. Fue cumpliendo meticulosamente las pequeñas obligaciones de la vida familiar como Jesús se preparó para su gran misión. Cuando contó la parábola de los talentos, la palabra para los siervos fieles era: « ¡Bien hecho, mi buen y fiel siervo! Has sido fiel en lo poco, y por eso te encargaré de lo mucho» (Mat_25:21; Mat_25:23 ). No cabe duda de que estaba hablando por propia experiencia. Cuando murió la madre de cierto gran hombre, dijo él: « No puedo recordar que nunca se dejara nada a medio hacer.» Eso pasó con Jesús: porque cumplió fielmente las pequeñas obligaciones, Dios le encargó la más grande tarea que se haya realizado o se haya de realizar en este mundo.

(ii) Esto le dio la oportunidad de poner en práctica sus enseñanzas. Si hubiera sido siempre un maestro vagabundo y sin hogar ni obligaciones ni lazos humanos, se le habría podido decir: « Tú, ¿qué derecho tienes a hablar de las relaciones y las obligaciones humanas, si tú no las cumples?» Pero Jesús podía decir, no: «Haz lo que yo te digo»; sino: «Haz lo que yo hago.» Tolstoi siempre estaba hablando del amor, pero su mujer dijo de él: «¡Hay tan poco calor genuino en él! La amabilidad no le sale del corazón, sino sólo de sus principios. Sus biógrafos dirán que ayudó a los trabajadores a llevar cubos de agua, pero nadie sabrá que nunca le dio a su mujer un momento de descanso, ni que nunca, en estos treinta y dos años, le llevó a su hijo un vaso de agua o pasó cinco minutos al lado de su cama para darme a mí la oportunidad de descansar un poco de mis trabajos.»

Nadie podrá decir nada semejante de Jesús. Él vivió en casa lo que predicó por ahí.

(iii) Si Jesús iba a ayudar a los hombres, tenía que saber cómo vivían. Y porque había vivido aquellos treinta años en Nazaret, conocía las dificultades de ganarse la vida, la constante inseguridad que se cierne sobre el trabajador, el mal genio que tiene a veces el cliente, los morosos, etc. Es la gloria de la Encarnación que no podemos arrostrar ningún problema de la vida que Jesús no haya conocido por sí.

Aquí nos da Lucas la genealogía de Jesucristo. Los judíos estaban muy interesados en las genealogías. Los sacerdotes especialmente tenían que demostrar que descendían de Aarón, y sus genealogías se guardaban en los archivos públicos. En tiempos de Esdras y Nehemías hubo sacerdotes que perdieron el trabajo por no poder presentar sus genealogías (Ezr_2:6163 , y Neh_7:63-65 ).

Pero el problema que nos presenta esta genealogía surge cuando la comparamos con la de Mat_1:1-17 . Los Hechos son: sólo Lucas nos da la sección de Adán a Abraham; la sección de Abraham a David está igual en los dos, pero la sección de David a José es casi completamente diferente. Los estudiosos del Nuevo Testamento han hecho todo lo posible por explicar estas diferencias.

(i) Se ha dicho que ambas genealogías son simbólicas, y que Mateo nos da la ascendencia regia de Jesús, y Lucas la sacerdotal.

(ii) Una de las primeras sugerencias que se han hecho es que Mateo nos da la genealogía de José, y Lucas la de María.

(iii) La sugerencia más ingeniosa es la siguiente: en Mat_1:16 , el padre de José es Jacob; y en Luk_3:23 , es Elí. Según la ley del levirato (Deu_25:5 s), si un hombre casado moría sin tener hijos, su hermano tenía que casarse con la viuda, si estaba en posibilidad de hacerlo, para que su hermano tuviera descendencia. Cuando eso sucedía, el hijo de tal matrimonio podía considerarse hijo del primer o del segundo marido de su madre. Se sugiere que la madre de José se casó dos veces, y que José fue el hijo de Elí, que fue el segundo marido, pero que, a los ojos de la ley, era hijo del difunto Jacob. También hace falta sugerir que Elí y Jacob tenían la misma madre pero diferentes padres, y que el padre de Jacob era descendiente de David a través de Salomón, y el de Elí a través de Natán. Esta ingeniosa teoría supondría que las dos genealogías son correctas. Lo que tenemos que decir es que no lo sabemos.

Dos cosas, sin embargo, hay que notar en la genealogía de Lucas.

(i) Subraya la humanidad real de Jesús, el hecho de que fue un hombre como todos nosotros, no un fantasma ni un semidiós como los de la mitología. Para salvar a los hombres se hizo real y verdaderamente hombre.

(ii) Mateo se detiene en Abraham, y Lucas prosigue hasta Adán. Para Mateo, Jesús pertenecía al pueblo judío; para Lucas, a toda la humanidad, y por eso se remonta no sólo hasta el patriarca del pueblo de Israel, sino al padre de toda la raza humana. Lucas quita las barreras nacionales y raciales hasta de la lista de antepasados de Jesús.

Tiberio, emperador romano, gobernó del 14 al 37 d.C. Pilato fue el gobernador romano de la provincia de Judea. Herodes Antipas y Felipe eran medio hermanos e hijos del cruel Herodes el Grande, que ya llevaba más de veinte años de fallecido. Antipas, Felipe, Pilato y Lisanias al parecer tenían el mismo poder en el gobierno de sus territorios. Todos estaban sujetos a Roma y tenían la responsabilidad de mantener la paz en sus respectivas regiones.

Bajo la Ley judía había un solo sumo sacerdote. Dios lo eligió de la descendencia de Aarón y retuvo su posición para siempre. En este tiempo, sin embargo, el sistema religioso estaba corrompido y los gobernantes romanos eligieron sus propios líderes religiosos manteniendo así un gran control sobre los judíos. Al parecer, las autoridades romanas depusieron a Anás, judío elegido, y lo reemplazaron con su hijo político, Caifás. Está demás decir que Anás retuvo su título (véase Act_4:6) y quizás también asumió mucho del poder. Esto porque los judíos creían que la posición del sumo sacerdote era para toda la vida. Por lo tanto, seguirían llamando a Anás su sumo sacerdote.

Este es Juan el Bautista, cuya historia de nacimiento se relata en el capítulo 1.

Pilato, Herodes y Caifás fueron los líderes más poderosos en Palestina, pero los desafió un profeta solitario de la Judea rural. Dios decidió hablar a través de Juan el Bautista, que entraba en la historia como el más grande en comparación con los que gobernaron en su día. ¡Con cuánta frecuencia juzgamos a la gente por nuestras reglas culturales: poder, riqueza, belleza, y pasamos por alto a los que en realidad son importantes y mediante los cuales Dios obra! La grandeza no se mide por lo que se tiene, sino por lo que se hace para Dios. Como Juan, debe darse por entero a Dios para que su poder obre a través de usted.

El arrepentimiento tiene dos lados: alejarse del pecado y acercarse a Dios. Para recibir perdón, se necesita de ambas actitudes. No podemos simplemente decir que creemos y vivir como mejor nos parezca (véase 3.7, 8), ni siquiera tener una buena conducta moral sin relación con Dios, porque ella por sí sola no puede ofrecernos el perdón de pecados. Decida librarse de todo pecado que Dios ha señalado y ponga su confianza solo en El, para que lo guíe.

En los tiempos de Juan, antes de que un rey emprendiera un viaje los mensajeros se encargaban de planear la visita y preparar el camino. Asimismo, Juan indicó a sus oyentes que alistaran sus vidas para la venida del Señor. Al prepararnos para recibir al Señor, debemos centralizarnos en El, escuchar sus palabras y responder obedientes sus mandatos.

Este libro se escribió para una audiencia gentil. Lucas se refiere a Isaías para mostrar que la salvación es para todas las personas, no solo para los judíos (Isa_40:3-5; Isa_52:10). Juan el Bautista hizo un llamado a todas las personas a que se prepararan para su encuentro con Jesús. Lo incluye a usted, sin importar la relación que tenga con organizaciones religiosas ni con autoridades. No deje que sus sentimientos lo mantengan fuera de la causa. Nadie que quiera seguir a Jesús es un forastero en el Reino de Dios.

¿Qué motiva su fe: temor al futuro o el deseo de ser mejor en un mundo superior? Algunas personas querían que Juan las bautizara a fin de escapar del castigo eterno, pero no buscaban a Dios para salvación. Juan tuvo palabras duras para dichas personas. Sabía que Dios valora más el cambio que el rito. ¿Está su vida enraizada en el deseo de una vida nueva y transformada o es el simple deseo de recibir una vacuna o una póliza de seguro en contra de un posible desastre?

Muchos de los oyentes se estremecieron cuando Juan dijo que ser descendientes de Abraham no era suficiente para Dios. Para estar ante Dios, los líderes religiosos dependían más de su genealogía que de su fe. Para ellos, la religión era una herencia. Pero una relación con Dios no es posible trasmitirse de padres a hijos. Cada uno la debe hallar solo. No confíe en nadie más para su salvación. Ponga su fe en Jesús y luego ejercítela al ponerla en acción cada día.

Confesión de pecados y cambio de vida son inseparables. La fe sin obras es muerta (Jam_2:14-26). Las duras palabras de Jesús las dirigió a los respetables líderes religiosos que se cerraron a un verdadero cambio. Buscaban reconocimiento como autoridades religiosas, pero no deseaban cambiar sus corazones ni sus mentes. De ahí la improductividad de sus vidas. El arrepentimiento es falso si no está ligado a la acción. Seguir a Jesús significa más que expresar buenas palabras. Significa hacer lo que El manda.

El mensaje de Juan demandaba al menos dos respuestas específicas: (1) comparta con los que están en necesidad, (2) cualquiera que sea su trabajo, hágalo bien y con imparcialidad, y (3) conténtese con su salario. Juan no tenía tiempo para dirigir un mensaje de consuelo a los que vivían con indiferencia o egoísmo, hizo un llamamiento para que la gente viviera con justicia. ¿Qué cambios puede lograr al compartir lo que tiene, cumplir con su trabajo honestamente y contentarse con lo que posee?

Los cobradores de impuestos eran muy conocidos por su deshonestidad. Los romanos reunían dinero para su gobierno explotando los privilegios de la recaudación. Los cobradores de impuestos obtenían su sustento agregando una considerable suma al total, todo lo que pudieran quitar, y se quedaban con ella. A menos que la gente se rebelara y se arriesgara a la represalia romana, tenían que pagar lo pedido. Es obvio que odiaban a los cobradores de impuestos, que eran deshonestos, avaros y dispuestos a traicionar a sus compatriotas por dinero. Aun así, dice Juan, Dios puede aceptar a estos hombres si se arrepienten y cambian en verdad sus caminos.

El mensaje de Juan echó raíz donde menos se esperaba: los pobres, los criminales, aun el odiado ejército de ocupación. Eran personas terriblemente conscientes de su necesidad. A menudo confundimos respetabilidad con buena manera de vivir. No es igual. La respetabilidad puede aun impedir la buena forma de vivir si nos frena en ver la necesidad de Dios. Si tuviera que escoger, ¿protegería su carácter aunque arruine su reputación?

Estos soldados eran parte de las tropas romanas enviadas a esta distante provincia para mantener la paz. Oprimían a los pobres y usaban su poder para sacar ventaja de todas las personas. Juan los llamó al arrepentimiento y a cambiar sus caminos.

Hacía más de cuatrocientos años que no había profeta en Israel. Existía la creencia general que cuando el Mesías viniera, la profecía reaparecería (Joe_2:28-29; Mal_3:1; Mal_4:5). Cuando Juan irrumpió en escena, la gente se emocionó. Obviamente era un gran profeta y estaban seguros de que llegó el año tan esperado del Mesías. Es más, algunos pensaban que Juan sería el Mesías. Juan hablaba como los profetas de antaño al decir que el pueblo debía volverse de sus pecados a Dios para experimentar su misericordia y aprobación. Este es un mensaje para todos los tiempos y lugares, pero Juan lo presentó con una urgencia particular, preparaba a la gente para la venida del Mesías.

El bautismo de Juan con agua simbolizaba el lavamiento de los pecados. Su bautismo se ajustaba a su mensaje de arrepentimiento y cambio. El bautismo de Jesús con fuego incluye el poder necesario para hacer la voluntad de Dios. Empezó en el día de Pentecostés (Hechos 2), cuando el Espíritu Santo vino a los creyentes en forma de lenguas de fuego, dándoles poder para proclamar en muchos idiomas la resurrección de Jesús. El bautismo por fuego también simboliza la obra del Espíritu Santo que trae el juicio de Dios sobre quienes rechazan el arrepentimiento.

Juan advierte del juicio venidero comparando a los que rechazan vivir para Dios con la paja, lo inservible del grano. En contraste, compara a los que se arrepienten y arreglan sus vidas con el grano que se nutre a sí mismo. El aventador era un instrumento de madera en forma de tenedor usado para limpiar el grano en la trilla. Quienes se nieguen a que Dios los use, serán desechados porque son inútiles al desarrollo de la obra de Dios. Los que se arrepienten y creen, sin embargo, poseen un gran valor ante los ojos de Dios porque comienzan una nueva vida de servicio productivo para El.

En estos dos versículos Lucas salta al futuro para continuar su explicación acerca de Juan el Bautista. Para el orden cronológico de los acontecimientos, véase la armonía de los Evangelios.

Este es Herodes Antipas (véase Marcos 6 para su perfil). Herodías era su sobrina y también la esposa de su hermano. Planeó la traición de la muerte de Juan el Bautista (Mat_14:1-12). Los Herodes fueron incestuosos, criminales y de familia fraudulenta. Contradecir a un oficial romano, tirano, que tenía la autoridad para poner a alguien en prisión y ejecutarlo, era en extremo peligroso y eso fue lo que precisamente hizo Juan. Al parecer, Herodes tuvo la última palabra, pero la historia no ha terminado aún. En el juicio final, Herodes, no Juan, será uno de los que estarán en peligro.

Lucas enfatiza el lado humano de Jesús. Vino de padres humildes, lo anunciaron a pastores y extranjeros. El bautismo fue la primera declaración pública de su ministerio. En lugar de ir a Jerusalén e identificarse con los líderes religiosos establecidos, Jesús fue al río y se identificó con los que se arrepentían del pecado. A los doce años de edad, visitó el templo, entendió su misión (2.49). Dieciocho años más tarde, en su bautismo, empezó a llevarla a cabo. A través de la oración Dios le habló y le confirmó su decisión de actuar. Dios se abrió paso en la historia humana a través de Jesucristo.

Si el bautismo era una señal de arrepentimiento de pecados, ¿por qué Jesús pidió el bautismo? A menudo, se brindan varias explicaciones: (1) la misión de Jesús sobre la tierra fue identificarse con nuestra humanidad y pecado; (2) El también nos dio ejemplo a seguir por el acto del bautismo; (3) el bautismo de Jesús fue el comienzo de su ministerio público; y (4) se bautizó por los pecados de la nación. La venida del Espíritu Santo en forma de paloma mostró que Dios aprobó lo que Jesús hacía. Era un hombre perfecto que no necesitaba el bautismo por el pecado, pero de todas maneras lo hizo en favor nuestro.

Este es uno de los muchos lugares en las Escrituras donde se mencionan todos los miembros de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En las palabras tradicionales de la Iglesia, el único Dios que existe en tres personas, pero con una sola sustancia, coeterna y coigual. No hay una explicación adecuada que describa el poder y lo intrincado de esta relación única. No hay analogías perfectas en la naturaleza porque no existe otra relación como la Trinidad.

¡Imagine al Salvador del mundo trabajando en una carpintería de un pueblo pequeño hasta los treinta años de edad! Parece increíble que Jesús haya estado contento al permanecer en Nazaret todo ese lapso, sin embargo, con paciencia dependió del tiempo del Padre para su vida y ministerio. Treinta años era la edad prescrita por los sacerdotes para empezar su ministerio (Num_4:3). José tenía treinta años cuando comenzó a servir al rey de Egipto (Gen_41:46) y David tenía esa edad cuando empezó a reinar sobre Judá (2Sa_5:4). Los treinta años era entonces una buena edad para empezar una importante misión en la cultura judía. Como Jesús, necesitamos trabajar en el tiempo de Dios y resistir la tentación de saltar hacia adelante antes de recibir la dirección del Espíritu. ¿Espera y se pregunta cuál será su próximo paso? No salte etapas, confíe en el tiempo de Dios.

Quizás Elí era el suegro de José. De esta manera la genealogía viene a ser de María, la que Lucas recibió personalmente de ella. Es pertinente que Lucas muestre la genealogía de María por la importancia que le otorga a la mujer en su Evangelio.

La genealogía de Mateo retrocede hasta Abraham y muestra que Jesús estaba emparentado con todos los judíos. La genealogía de Lucas retrocede hasta Adán mostrando su relación con todos los seres humanos. Esto es lógico con la descripción de Lucas de que Jesús es el Salvador de todo el mundo.

Genealogía de Jesús

Pero antes tenemos un pasaje que bien podría colocarse como una nota al pie en un libro moderno. El árbol genealógico de Jesús tiene su razón de ser en que establece que él era legalmente un descendiente de David (cf. 1:27, 32, 69) por medio de su relación con José y también demuestra que era parte de la raza humana. No es para mostrar que Jesús era el hijo de Dios por descender de Adán, ya que eso sería aplicable a todos los descendientes de Adán. El hecho de que la genealogía sea indicada a través de José no es un argumento contra el nacimiento virginal (cf. 2:27 nota).

La genealogía difiere de la de Mat. Está en el orden inverso y va más allá de Abraham hasta Adán y de ese modo coloca a Jesús en un contexto más amplio que Mat. Pero sobre todo contiene una lista de nombres muy diferente y más larga entre David y Jesús; sólo dos nombres (Zorobabel y Salatiel) son comunes a ambas listas. Las dos dan la descendencia de Jesús a través de su supuesto padre José (según se creía, v. 23). La teoría de que Luc. realmente da la genealogía de María más bien que la de José es improbable. La teoría que pre senta menos dificultades es la de que Mat. da los descendientes de David por la línea real (es decir, quién era el heredero del trono en un momento dado) mientras que Luc. da la línea particular a la que pertenecía José. Aun así hay problemas y, careciendo de más información, los problemas de explicación y armonización con Mat. siguen sin solución.

Notas. 23 El hijo de no implica una relación padre-hijo estricta sin saltos sobre generaciones, del mismo modo eso puede decirse de Mateo cuando habla del “padre de”; ambos árboles familiares contienen esos saltos sobre las generaciones. En vez de Elí Mateo tiene “Jacob”. 24 Es incierto si Matat debe identificarse con Matán (Mat. 1:15). 27 Zorobabel fue el líder de la comunidad judía después del regreso del exilio en Babilonia. En cuanto a Salatiel, ver Hag. 1:1, pero en 1 Crón. 3:19 (texto heb., no la LXX) el padre de Zorobabel es Pedaías. De acuerdo con 1 Crón. 3:17 Salatiel era el hijo de Joaquín (helenizado como “Jeconías” en Mat. 1:12) y no de Neri; quizá tuvo lugar una adopción.31 Este Natán no es el bien conocido profeta sino un hijo de David (2 Sam. 5:14). 32 Desde este versículo en adelante los nombres concuerdan con los de la versión griega del AT, excepto en diferencias menores de deletreo. Ver Gén. 5:1-32; 11:10-26; Rut 4:18-22; 1 Crón. 1:1-34; 2:1-15; 3:5-19. 36 Cainán aparece en la LXX pero no en el AT heb.

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