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Juan 3: El que vino a Jesús de noche

Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, que era un líder de los judíos. Este vino a Jesús de noche y Le dijo:

-Rabí, sabemos que eres un maestro que ha venido de Dios; porque nadie podría hacer las señales que Tú haces si Dios no estuviera con él.

Lo que te digo es la pura verdad -le contestó Jesús-: a menos que se renazca de arriba no se puede ver el Reino de Dios.

-¿Cómo puede uno renacer cuando ya es mayor? -le preguntó entonces Nicodemo-. ¡No va a meterse en el vientre de su madre para nacer otra vez!

-Lo que te digo es la pura verdad -le dijo Jesús a menos que se nazca de agua y del Espíritu no se puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

La mayor parte de las veces vemos a Jesús rodeado de personas corrientes; pero aquí le vemos en contacto con uno de la aristocracia de Jerusalén. Hay algunas cosas que sabemos de Nicodemo.

(i) Nicodemo tiene que haber sido rico. Cuando Jesús murió, Nicodemo trajo para preparar Su cuerpo para la sepultura «una mezcla de mirra y áloes que pesaba unas cien libras» (Jua_19:39 ), que sólo podría comprar uno que fuera rico.

(ii) Nicodemo era fariseo. En muchos sentidos los fariseos eran las mejores personas de todo el país. Nunca fueron más de seis mil; formaban lo que se llamaba una jaburá o hermandad. Se ingresaba en esa hermandad comprometiéndose delante de tres testigos a consagrar su vida al cumplimiento de todos los detalles de la ley tradicional.

¿Qué quería decir eso? Para los judíos, la Ley era la cosa más sagrada del mundo. La Ley eran los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Creían que era la perfecta Palabra de Dios. El añadirle o sustraerle una sola palabra era pecado mortal. Ahora bien: si la Ley era la Palabra completa y perfecta de Dios, eso quería decir que contenía todo lo que una persona necesitaba saber para vivir una vida buena, si no explícitamente, por lo menos implícitamente. Si no todo sé encontraba en ella con todas las letras, tenía que ser posible deducirlo. La Ley tal como se encontraba consistía en un conjunto de grandes principios, amplios y nobles, que cada uno tenía que aplicar a su vida. Pero para los judíos posteriores eso no era suficiente. Decían: “La Ley es completa; contiene todo lo necesario para vivir una vida buena; por tanto, en la Ley tiene que haber una regla que gobierne cualquier incidente posible de cualquier momento posible para cualquier persona posible.» Así es que se dedicaron a extraer de cada principio de la Ley un número incalculable de reglas y. normas para gobernar cualquier situación imaginable de la vida. En otras palabras: cambiaron la Ley de los grandes principios en un legalismo de reglas adicionales interminables.

El mejor ejemplo de lo que hacían se ve en la ley del sábado.

En la Biblia se nos dice sencillamente que hemos de acordarnos del sábado para mantenerlo corno un día santo y no hacer en él ningún trabajo, ni uno mismo ni sus criados y animales. No contentos con eso, los judíos de tiempos posteriores se dedicaron hora tras hora y generación tras generación a definir lo que es un trabajo y a hacer la lista de todas las cosas que se pueden o no se pueden hacer en sábado. La Misná es la codificación de la ley tradicional. Los escribas se pasaban la vida deduciendo estas reglas y normas. En la Misná, la sección acerca del sábado ocupa no menos de veinticuatro capítulos. El Talmud es el comentario de la Misná, y en el Talmud de Jerusalén la sección dedicada a las leyes del sábado ocupa sesenta y cuatro columnas y media; y en el Talmud de Babilonia, ciento cincuenta y seis páginas de doble folio. Y se nos dice que un rabino pasó dos años y medio estudiando, uno de los veinticuatro capítulos de la Misná sobre el sábado:

La clase de cosa que hacían era algo así: Atar un nudo en sábado era hacer un trabajo; pero había que definir qué era un nudo. «Los siguientes son los nudos que es pecado hacer: el nudo de los conductores de camellos y el de los marineros; y tan pecado es si se atan como si se desatan.» Por otra parte, los nudos que se pueden atar y desatar con una sola mano estaban permitidos. Además, «una mujer puede atarse la abertura de la enagua y las cintas de la cofia o de la faja, las correas de los zapatos o. sandalias y de los pellejos del vino o del aceite.» Ahora veamos lo que sucedía: Supongamos que un hombre quería bajar, al pozo el cubo para sacar agua el sábado; no podía atarle la. cuerda, porque era ilegal hacer un nudo en una cuerda el sábado; pero lo podía atar al cinturón de su mujer para bajarlo, porque el nudo del cinturón sí era legal. Esas eran cosas de vida o muerte para los escribas y fariseos; eso era la religión, la manera de servir y agradar a Dios.

Tomemos el ejemplo de viajar en sábado. Exo_16:29 dice: «Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.» Así que lo que se podía viajar el sábado se limitaba a dos mil codos, es decir, algo menos de un kilómetro.

Pero, si se ataba una cuerda de lado a lado al final de una calle, toda la calle se consideraba la casa de uno, y se podía recorrer el kilómetro a partir de la cuerda. O, si se depositaban alimentos suficientes para una comida el viernes antes de la puesta del sol, que era cuando empezaba el sábado, en algún lugar, ése se convertía técnicamente en la casa de esa persona, que podía contar desde allí la distancia que podía recorrer en sábado. Las reglas y reglamentos y las exenciones se amontonaban hasta el infinito.

Tomemos el ejemplo de llevar una carga. Jer_17:2124 decía: «Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo.» Entonces había que definir lo que era una carga; y se decía que era «comida comparable a un higo seco, el vino necesario para mezclarlo en una copa, un sorbo de leche, la miel que se pondría en una herida, el aceite necesario para ungir un miembro pequeño, el agua necesaria para disolver un colirio,» etc., etc. Así que se tenía que decidir si una mujer Podía llevar un broche en sábado o no, si se podía llevar una pierna o una dentadura postiza, o si eso sería llevar una carga. ¿Se podía levantar una silla, o llevar en brazos a un niño? Y así se prolongaban indefinidamente las discusiones y las disposiciones.

Los escribas eran los que deducían todas estas reglas, y los fariseos, los que dedicaban la vida a cumplirlas. Está claro que, por muy equivoco que estuviera un hombre, tenía que tomarlo muy en serio para proponerse obedecer cada una de todos esos millares de reglas: Yeso era precisamente lo que hacían los fariseos. El nombre de fariseos quería decir separado, un hombre aparte; y los fariseos eran los que se separaban de la vida ordinaria para observar todos los detalles de la ley de los escribas.

Nicodemo era fariseo, y es sorprendente que quisiera hablar con Jesús un hombre: que tenía esa idea de la bondad y que estaba entregado a esa clase de vida porque estaba convencido de que era la manera de agradar a Dios.

(iii) Nicodemo era uno de los gobernadores de los judíos.

La palabra es arjón. Esto quiere decir que eran un miembro el sanedrín, que era el tribunal supremo de los judíos que estaba formado por setenta miembros. Por supuesto que, bajo el dominio romano; sus poderes estaban muy limitados; pero seguían siendo considerables. En particular, el sanedrín tenía jurisdicción religiosa sobre todos los judíos del mundo, y uno de sus deberes era examinar y dictaminar en el caso de que surgiera un falso profeta. Así que resulta todavía más sorprendente el que Nicodemo quisiera hablar con Jesús.

(iv) Es posible que Nicodemo perteneciera a una familia judía distinguida. Allá por el año 63 a C., cuando los Romanos y los judíos habían estado en guerra, el líder judío Aristóbulo envió a un cierto Nicodemo como embajador al emperador romano Pompeyo. Mucho más tarde, en los terribles últimos días de Jerusalén, el que negoció la rendición de la guarnición fue un cierto Gorión, hijo de Nicomedes o Nicodemo. Puede que estos dos personajes históricos pertenecieran a la misma familia de nuestro Nicodemo, y que la suya fuera una de las familias más distinguidas de Jerusalén. -Si era así, es verdaderamente maravilloso que este aristócrata – judío viniera a hablarle de su alma a este profeta ambulante que no había sido más que un carpintero en Nazaret.

Fue por la noche cuando vino Nicodemo a Jesús, lo que puede haber sido por una de dos razones.

(i) Puede que fuera por precaución: Puede que Nicodemo no estuviera dispuesto a comprometerse viniendo a Jesús de día. No le podemos condenar por eso. Bastante sorprendente es ya que un hombre de su categoría viniera a Jesús, como y cuando fuera. Era infinitamente mejor venir de noche que no venir. Fue un milagro de la gracia de Dios el que Nicodemo venciera sus prejuicios y principios y sentido de la vida lo suficiente como para venir a Jesús.

(ii) Pero puede que fuera por otra razón. Los rabinos decían que la mejor hora para estudiar la Ley era por la noche, cuando no se presentaban distracciones. Durante el día Jesús estaba siempre rodeado de gente. Puede ser que Nicodemo viniera a Jesús por la noche porque quería hablar a solas y sin interrupciones con Él.

Nicodemo era un hombre con inquietudes, con muchos honores pero con un gran vacío en su vida. Vino a hablar con Jesús a ver si encontraba la luz en las tinieblas de la noche.

EL QUE VINO A JESÚS DE NOCHE

Cuando Juan nos relata las conversaciones que tuvo Jesús con algunas personas, sigue un cierto esquema. Aquí lo vemos muy claro. El interlocutor dice algo (versículo 2). Jesús contesta de una forma que resulta difícil de entender (versículo 3). El interlocutor lo toma en otro sentido (versículo 4). Jesús se lo dice de otra manera que es todavía más difícil de entender (versículo 5). Y sigue a continuación una exposición e interpretación. Juan usa este método para que veamos cómo llegaban las personas a comprender por sí mismas, y para que nosotros hagamos lo mismo.

Cuando Nicodemo se encontró a solas con Jesús Le dijo que nadie podía por menos de sentirse impresionado con las señales y milagros que realizaba Jesús. Jesús le contestó que lo realmente importante no eran las señales y los milagros, sino el cambio radical en la vida de una persona, que sólo se podría describir como un nuevo nacimiento.

Cuando Jesús dijo que es necesario nacer de nuevo Nicodemo no Le entendió, y su confusión procedía del hecho de que la palabra que la versión Reina-Valera traduce por de nuevo, en griego anóthen, tiene tres sentidos diferentes. (i) Puede querer decir desde el principio, totalmente, de arriba a abajo. (ii) Puede querer decir de nuevo, otra vez, en el sentido de por segunda vez. (iii) Puede querer decir de arriba, y, por tanto, de Dios. No nos es posible indicar todos esos sentidos en una sola palabra española; pero los tres están incluidos en la frase nacer de nuevo. Nacer de nuevo es experimentar un cambio tan radical que es como un nuevo nacimiento; es que le pase a uno en el alma algo que sólo se puede describir como nacer totalmente de nuevas otra vez; y ese proceso no es el resultado del esfuerzo humano, sino de la gracia y el poder de Dios.

Cuando leemos este pasaje nos parece que Nicodemo entendió la palabra de nuevo solamente en el segundo sentido, es decir, en el más literal. ¿Cómo puede uno que ya es mayor, dijo, meterse otra vez en el seno materno y nacer por segunda vez? Pero la reacción de Nicodemo no era tan simple. Había una gran ansia insatisfecha en su corazón; y es como si dijera, con un anhelo sincero y profundo: “ Tú hablas de nacer de nuevo, de ese cambio radical y fundamental que necesitamos. Yo sé que es necesario; pero, en mi experiencia, es imposible. No hay nada que yo desee más que eso; pero es como si me dijeras a mí, un hombre hecho y derecho, que me meta en el vientre de mi madre y nazca otra vez.” No ponía en duda el que tal cambio fuera deseable, eso lo sabía y reconocía Nicodemo demasiado bien, sino que fuera posible. Nicodemo se enfrentaba con el eterno problema del que quiere cambiar, pero no puede cambiarse a sí mismo.

Esta frase nacer de nuevo o renacer recorre todo el Nuevo Testamento. Pedro habla de renacer por la gran misericordia de Dios (1Pe_1:3 ); y también de renacer, no de simiente corruptible, sino incorruptible (1Pe_1:23 ). Santiago nos dice que Dios nos hizo renacer por la Palabra de verdad (Stg_1:18 ). En la Carta a Tito se nos habla del lavamiento de la regeneración (3: S). Algunas veces se expresa esta misma idea como una muerte seguida de una resurrección o recreación. Pablo dice que los cristianos hemos muerto con Cristo y resucitado a una nueva vida (Rom_6:1-11 ). Y habla de los que se han convertido hace poco como bebés en Cristo (1Co_3:1-2 ). El que una persona esté en Cristo, es decir, sea cristiana es como si hubiera sido creada totalmente de nuevo (2Co_5:17 ). Una nueva creación tiene lugar en Cristo (Gal_6:15 ). Nuevas personas son creadas según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efe_2:24 ). El que está dando los primeros pasos en Cristo es un niño (Heb_5:12-14 ). Esta idea del nuevo nacimiento o de la nuevas creación aparece en todo el Nuevo Testamento. Ahora bien, esta idea no les sonaría extraña en absoluto a los primeros lectores del Nuevo Testamento. Los judíos la usaban al hablar de los que procedían del paganismo y aceptaban el judaísmo mediante la oración, el sacrificio, el bautismo y la circuncisión: eran nacidos de nuevo. “El prosélito que abraza el judaísmo -decían los rabinos- es como un niño, recién nacido.» Tan radical era el cambio que todos los pecados que hubiera cometido antes se le habían perdonado, por que ahora era una persona diferente. En teoría se afirmaban aunque es de esperar que no se llevara nunca a cabo, que tal hombre se podía casar con su madre o con su hermana, porque todos sus lazos familiares anteriores quedaban anulados. Los judíos hablaban del nuevo nacimiento.

Los griegos también conocían muy bien esa idea. Las religiones más reales de los griegos de entonces eran los misterios. Esas religiones se basaban en el mito de algún dios que sufría, moría y resucitaba. Se hacían representaciones de su pasión. Los iniciados pasaban por un largo período de preparación, instrucción, ascetismo y ayuno. Entonces se representaba el drama con una música y un ritual impresionantes, incienso y todo lo que pudiera influir en las emociones. En la representación, el que tomaba parte en aquella forma de culto se identificaba con el dios de tal manera que pasaba por los mismos sufrimientos y compartía el triunfo y la vida divina del dios. Las religiones mistéricas ofrecían una unión mística con algún dios. Cuando se experimentaba aquella unión, el iniciado era, en el lenguaje de los misterios, un nacido de nuevo. Los misterios herméticos tenían como parte de sus creencias básicas que “No puede haber salvación sin regeneración.» Apuleyo, que se sometió a la iniciación, dijo que había pasado por «una muerte voluntaria,» y que mediante ella había alcanzado “ su nuevo nacimiento espiritual,» y era «como nacido de nuevo.» Muchos de los ritos de iniciación de los misterios tenían lugar a medianoche, cuando muero y renace el día. En los misterios frigios, al iniciado, después de su iniciación, le daban leche, como si fuera un niño recién nacido.

El mundo antiguo conocía muy bien la idea del renacimiento y la regeneración. Lo anhelaba y buscaba por todas partes. La más famosa de todas las ceremonias misteriosas era el taurobolium. El candidato se metía en un pozo, que se cubría con una rejilla. Sobre esta se degollaba un toro, cuya sangre bañaba al iniciado; y cuando salía del pozo era renatus in aeternum, renacido para la eternidad. El Cristianismo trajo precisamente lo que todo el mundo estaba buscando.

¿Qué quiere decir para nosotros el nuevo nacimiento? En el Nuevo Testamento, y especialmente en el Cuarto Evangelio, hay cuatro ideas íntimamente relacionadas: el nuevo nacimiento; el Reino del Cielo, en el que nadie puede entrar a menos que nazca de nuevo; llegar a ser hijos de Dios, y la vida eterna. La idea del nuevo nacimiento no es exclusiva del pensamiento del Cuarto Evangelio. En Mateo encontramos la misma gran verdad expresada aún más sencilla y gráficamente: «Si no os volvéis y os hacéis como niños no entraréis en el Reino del Cielo» (18:3). Estas ideas encierran la misma verdad.

NACER DE NUEVO

Vamos a empezar por El Reino del Cielo. ¿Qué quiere decir? Su mejor definición la encontramos en la Oración Dominical, que contiene dos peticiones paralelas:

Venga Tu Reino, Hágase Tu voluntad, como en el Cielo, así también en la Tierra.

Es característico del estilo hebreo el decir las cosas de dos maneras algo diferentes, la segunda de las cuales explica y amplía la primera. En los Salmos encontramos innumerables ejemplos de esta forma poética que se conoce técnicamente como paralelismo:

Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y borboteen sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su ímpetu.

Jehová de las ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob (Sal_46:1-3; Sal_46:7 ).

Lávame más y más de mi maldad,

Y límpiame de mi pecado (Sal_51:2 ).

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará (Sal_23:2 ).

Apliquemos ese principio a las dos peticiones de la Oración Dominical: la segunda completa y explica la primera, y así llegamos a la definición del Reino del Cielo como una sociedad en la que la voluntad de Dios se hace en la Tierra tan perfectamente como en el Cielo. Estar en el Reino del Cielo es, por tanto, llevar una vida en la que lo sometemos todo voluntariamente a la voluntad de Dios; es haber llegado a una situación en la que aceptamos la voluntad de Dios de una manera perfecta y completa.

Ahora vamos a fijarnos en la condición de hijos. En un sentido, es un privilegio tremendo. A los que creen se les concede el derecho de llegar a ser hijos de Dios (Jua_1:12 ).Pero es de la misma esencia de la condición de hijos la obediencia. «Si Me amáis, guardad mis mandamientos.» «El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama…” (Jua_14:15 y 21ss). La esencia de la condición de hijos es el amor, y la esencia del amor es la obediencia. No podemos ser sinceros si decimos que amamos a una .persona y hacemos cosas que hieren y entristecen su corazón. Ser hijos es un privilegio del que se participa solamente cuando se rinde una obediencia .perfecta. Así pues, ser hijos de Dios y estar en el Reino de Dios son la misma cosa.. Los hijos de Dios y los ciudadanos de Su Reino son las personas que han aceptado completa y libremente la voluntad de Dios.

Ahora fijémonos en la vida eterna. Es mejor llamarla eterna que perdurable. Lo principal de la vida eterna no es simplemente una cuestión de duración. Está claro que una vida que se prolongara indefinidamente podría ser un infierno lo mismo que un cielo. La idea que subyace en la vida eterna es la de una cierta calidad de vida. ¿Cuál? Hay sólo Uno al Que se le puede aplicar este adjetivo eterno (aiónios), y es Dios. La vida eterna es la clase de vida que vive Dios, la vida de Dios. El entrar en la vida eterna es llegar a participar de la clase de vida que es la vida de Dios. Es estar por encima de todo lo meramente humano y pasajero, y entrar en el gozo y la paz que pertenecen solamente a Dios. Está claro que no se puede entrar en esa íntima comunión con Dios a menos que Le ofrezcamos el amor, la devoción y la obediencia que Le son debidos y que nos introducen en ella.

Aquí tenemos, pues, tres grandes concepciones gemelas: entrar en el Reino del Cielo, llegar a ser hijos de Dios y participar de la vida eterna; y las tres dependen y son productos de la obediencia perfecta a la voluntad de Dios. Aquí es donde se introduce la idea del nuevo nacimiento: es lo que enlaza y armoniza estas tres concepciones. Está claro que, tal como somos y dependiendo de nuestras fuerzas somos absolutamente incapaces de rendir a Dios esa perfecta obediencia; sólo cuando la gracia de Dios llega a tomar posesión de nosotros y nos cambia podemos darle a Dios la reverencia y la devoción que Le debemos. Nacemos de nuevo por medio de Jesucristo; es cuando Le entregamos nuestros corazones y vidas cuando se produce el cambio:

Cuando eso sucede, nacemos de agua y del Espíritu. Aquí hay dos ideas. El agua es el símbolo de la limpieza. Cuando Jesús toma posesión de nuestras vidas, cuando Le amamos con todo nuestro corazón, nuestros pecados pasados son perdonados y olvidados. El Espíritu es el símbolo del poder. Cuando Jesús toma posesión de nuestras vidas, no es sólo que nuestros pecados pasados son perdonados y olvidados; si eso fuera todo, podríamos volver otra vez a arruinar la vida, pero entra en ella un nuevo poder que nos permite ser lo que por nosotros mismos no podríamos ser, y hacer lo que por nosotros mismos no podríamos hacer. El agua y el Espíritu representan la limpieza y la fortaleza del poder de Cristo que borra el pasado y da la victoria en el futuro.

Por último, en este pasaje Juan establece una gran ley. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. La persona humana no es nada más que carne, y sus posibilidades se limitan a las de la carne. Por sí misma no puede salir de la frustración y del fracaso; eso lo sabemos muy bien, es el hecho universal de la experiencia humana. Pero la esencia misma del Espíritu es un poder y una vida que están por encima de la vida y el poder humanos, y cuando el Espíritu toma posesión de nosotros, la vida derrotada de nuestra naturaleza humana se transforma en la vida victoriosa de Dios.

Nacer de nuevo es experimentar un cambio tan total que sólo se puede describir como re-nacimiento o re-creación. Este cambio se produce cuando amamos a Jesús y Le dejamos entrar en nuestro corazón. Entonces se nos perdona el pasado y el Espíritu nos capacita para el futuro; entonces podemos aceptar la voluntad de Dios de veras. Y entonces llegamos a ser ciudadanos del Reino del Cielo, e hijos de Dios, y a entrar en la vida eterna, que es la vida misma de Dios.

LA OBLIGACIÓN DE SABER Y EL DERECHO DE HABLAR

No te sorprendas porque te he .dicho «Tenéis que renacer de arriba..» El viento sopla por doquier, y oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.

-¿Cómo pueden suceder esas cosas? -Le preguntó Nicodemo. Y Jesús le contestó:

-¿Y. tú eres el que todos consideran el maestro de Israel y no lo entiendes? Lo que te digo es la pura verdad: Hablamos de lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos visto… y no recibís nuestro testimonio. Si os digo cosas terrenales y no me creéis, ¿cómo me ibais a creer si os dijera las celestiales?

Nadie ha subido al Cielo más que el Que bajó del Cielo el Hijo del Hombre, que está en el Cielo.

El no comprender puede ser por varias razones. Puede ser porque no se ha llegado al nivel de experiencia y de conocimientos necesarios para poder captar la verdad. «El que no sabe es como el que no ve», decimos. Si alguien se encuentra en esa situación, nuestro deber es hacer todo lo posible para explicarle las cosas, para que pueda captar el conocimiento que se le ofrece. Pero hay veces que no se entiende porque no se quiere entender: “No hay peor ciego que el que se niega a ver.» Una persona puede cerrar la mente aposta a una verdad que no quiere reconocer o aceptar.

¿Era así Nicodemo? La enseñanza acerca del nuevo nacimiento que procede de Dios no debería haberle parecido extraña. Ezequiel, por ejemplo, había hablado repetidas veces del corazón nuevo que ha de ser creado en los seres humanos: «Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

¿Por qué moriréis; casa de Israel?» (Eze_18:31 ). «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros» (Eze_36:26 ). Nicodemo era un experto en la Sagrada Escritura, y los profetas habían escrito mucho acerca de la experiencia de la que estaba hablándole Jesús. Si una persona no quiere renacer, le resultará incomprensible lo que quiere decir el nuevo nacimiento. Si uno no quiere cambiar, le cerrará voluntariamente los ojos y la mente y el corazón al poder que le puede cambiar. En última instancia, lo que pasa con tantos de nosotros es sencillamente que, cuando viene Jesús a ofrecerse a cambiarnos y recrearnos, Le decimos más o menos: “No, gracias; estoy perfectamente así, y no quiero cambiar.»

Nicodemo tuvo que replegarse otra vez a la defensiva. Lo que dijo era algo así como: «Ese renacimiento del que estás hablando puede que no sea imposible, pero no puedo entender cómo funciona.» La punta de la contestación de Jesús está en que la palabra griega para espíritu, pneuma, también quiere decir viento: Lo mismo sucede con la palabra hebrea rúaj, que también quiere decir espíritu y viento. Así es que Jesús le dijo a Nicodemo: “Tú puedes oír y sentir el viento (pneuma); pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Puede que no entiendas cómo y por qué sopla el viento, pero puedes sentirlo. Puede que no entiendas de dónde viene la tempestad ni adónde va, pero puedes observar sus efectos en las nubes y los árboles. Hay muchas cosas del viento que no puedes entender, pero sus efectos están a la vista.» Y prosiguió: «El Espíritu (Pneuma) es exactamente lo mismo. Puede que no sepas cómo obra; pero puedes ver Sus efectos en las vidas humanas.»

Jesús decía: «Esto no es nada teórico. Hablamos de lo que hemos visto de hecho. Podemos señalar a muchas personas que han nacido de nuevo por el poder del Espíritu.» El doctor John Hutton solía citar el caso de un obrero que había sido un borracho empedernido y se había convertido. Sus compañeros hicieron todo lo posible por ridiculizarle. “No nos dirás que puedes creer en los milagros y en cosas por el estilo -le decían-. Por ejemplo, que Jesús convirtió el agua en vino».

«No sé si convirtió el agua en vino cuando estaba en Palestina -contesto–; pero sé que en mi casa ha convertido el alcohol en muebles y ropa y comida sana.»

Hay un montón de cosas en este mundo que usamos todos los días sin saber cómo funcionan. Son los menos entre nosotros los que saben cómo funcionan la electricidad, la radio, la televisión y hasta el coche, entre otras muchas cosas; pero no por eso decimos que no existen. Muchos de nosotros usamos un coche aunque no tenemos más que una ligerísima idea de lo que pasa debajo del capó; aunque no entendemos del todo cómo funciona, eso no nos impide usarlo y disfrutar de todas sus ventaSantiago Puede que no entendamos cómo obra el Espíritu, pero Su efecto en las vidas de las personas está a la vista de todo el .mundo. El argumento incontestable a favor del Evangelio son las vidas cambiadas de los que lo han aceptado. Nadie debiera descartar una fe que es capaz de hacer que los malos se hagan buenos.

Jesús dijo a Nicodemo: “He tratado de ponértelo fácil. He usado ejemplos humanos sencillos tomados de la vida diaria, y no has entendido. ¿Cómo esperas entender las cosas profundas si hasta las más sencillas te resultan incomprensibles?»

Hay aquí una seria advertencia para todos nosotros. Es fácil tomar parte en grupos de discusión, ponerse a estudiar y a leer libros, a discutir intelectualmente el Cristianismo; pero lo esencial es experimentar el poder del Evangelio. Es verdad que es importante tener una comprensión intelectual del orbe de la verdad cristiana; pero es mucho más importante tener una experiencia vital del poder de Jesucristo. Cuando un paciente está bajo tratamiento médico, o tiene que ser operado, o se le recetan ciertas medicinas, no tiene necesidad de conocer todo el orbe de la anatomía, ni cómo actúan la anestesia o los fármacos en su cuerpo para recuperar la salud. El noventa y nueve por ciento de los pacientes experimentan la curación sin ser capaces de decir cómo se realizó. En un sentido, el Evangelio actúa así. Encierra un misterio, pero no porque desafía a la comprensión intelectual; es el misterio de la redención.

Al leer el Cuarto Evangelio resulta difícil saber cuándo terminan las palabras de Jesús y empiezan las del evangelista. Juan ha pasado tanto tiempo pensando en las palabras de Jesús que pasa imperceptiblemente de ellas a sus propios pensamientos acerca de ellas. Es casi seguro que las últimas palabras de este pasaje son de Juan. Es como. si alguien preguntara: «¿Qué derecho tiene Jesús a decir esto? ¿Cómo podemos estar seguros de que es cierto?» .La respuesta de Juan es sencilla y terminante: «Jesús -dice- descendió del Cielo para comunicamos la verdad de Dios. Y, después. de compartir la. vida de la humanidad y morir por ella; volvió a ,Su gloria.» Juan aseguraba que Jesús tenía derecho a hablar así porque conocía personalmente a Dios, porque había venido directamente del Cielo a la Tierra y porque lo que Él decía no era sino la verdad de Dios, porque .Jesús era y es la encarnación de la Mente de Dios.

EL CRISTO ELEVADO

Y de la misma manera que .Moisés puso en alto la serpiente en el desierto, así es menester que levanten al Hijo del Hombre; para que todos los que crean en Él puedan tener la vida eterna.

Juan recuerda una historia extraña del Antiguo Testamento que se encuentra, en Num_21:4-9 . En su viaje por el desierto, los israelitas murmuraron y se quejaron y se lamentaron de haber salido de Egipto. Para castigarlos, Dios envió una plaga mortal de serpientes venenosas; el pueblo se arrepintió y pidió misericordia. Dios le dijo a Moisés que hiciera la imagen de una serpiente y la pusiera en alto en medio del campamento, y los que miraran a la serpiente se curarían.

Aquella historia impresionó vivamente a los israelitas. En tiempos posteriores aquella imagen de la serpiente se convirtió en un ídolo, y tuvieron que destruirla en tiempo del rey Ezequías, porque la gente había empezado a darle culto (2Re_18:4 ). A los mismos judíos les alucinaba este incidente, porque tenían absolutamente prohibido el hacer imágenes. Los rabinos lo explicaban diciendo: «No era la serpiente de bronce lo que daba la vida. Cuando Moisés la puso en alto, los moribundos pusieron su confianza en el Que le había mandado a Moisés que lo hiciera. Era Dios mismo el Que los sanaba.» El poder sanador no estaba en la serpiente; esta, no era más que un objeto que les hacía volver el pensamiento a Dios; y, cuando lo hacían, se ponían buenos.

Juan tomó aquella vieja historia y la usó como una parábola profética de lo que había de suceder con Jesús. Dijo: «Pusieron en alto la serpiente; los moribundos la miraban; su pensamiento volvía a Dios, y por el poder de aquel Dios en Quien ponían su confianza se curaban. Así es como era necesario que Jesús fuera levantado: para que, cuando los que estamos heridos por el pecado volvamos a El nuestro pensamiento y creamos en El, encontremos la vida eterna.»

Hay aquí un detalle maravillosamente sugestivo. El verbo levantar es hypsún. Lo curioso es que se usa de Jesús en un doble sentido: en el de ser levantado en la Cruz, y en el de ser elevado a la gloria cuando ascendió al Cielo. Se usa de la Cruz en Jua_8:28 ; Jua_12:32 ; y se usa de la Ascensión de Jesús al Cielo en Hec_2:33 ; Hec_5:31 ; Flp_2:9 . Hubo una doble elevación de Jesús cuando acabó Su vida en la Tierra: fue levantado en la Cruz, y fue elevado a la gloria; y las. dos están insepar4blemente relacionadas: ninguna podría haber sucedido sin la otra. Para Jesús la Cruz era el camino a la gloria. Si la hubiera evadido o evitado, como podría haber hecho fácilmente, no habría sido glorificado. Y lo mismo nos sucede a nosotros. Podemos, si queremos, escoger el camino fácil; podemos, si queremos, evitar la cruz que nos corresponde a todos los cristianos; pero si lo hacemos, perdemos la gloria. Es una inquebrantable ley de vida que sin cruz no hay corona.

En este pasaje hay dos expresiones con cuyo sentido nos tenemos que enfrentar. No nos será posible extraerlo en su totalidad, porque es más del que nunca podremos descubrir; pero debemos tratar de captar lo más posible.

(i) Está la frase que se refiere a creer en Jesús. Quiere decir por lo menos tres cosas.

(a) Quiere decir creer con todo nuestro corazón que Dios es como Jesús nos ha revelado que es. Quiere decir que Dios nos ama, se preocupa de nosotros y que lo que quiere hacer con nuestros pecados es perdonárnoslos. No era fácil para los judíos el creer eso. Veían a Dios como Alguien que les imponía Sus leyes y que los castigaba si las quebrantaban. Veían a Dios como el Juez, y a las personas como reos de muerte. Veían a Dios como Uno que exige sacrificios y ofrendas; para llegar a Su presencia había que pagar un precio inasequible. Era difícil pensar en Dios, no como un Juez dispuesto a imponer el castigo, ni como el capataz que exige una tarea irrealizable, sino como -el Padre que nada anhela más que el que Sus hijos rebeldes vuelvan a casa: Costó la vida y la muerte de Jesús el decírnoslo. No podemos empezar a ser cristianos hasta que nuestro -corazón crea esta- Buena Noticia. .

(b). ¿Cómo podemos estar seguros de que Jesús sabía lo que estaba diciendo? ¿Qué garantía se nos ofrece de que es cierta una Noticia tan maravillosa? Aquí llegamos al segundo artículo de nuestra fe. Tenemos que creer que Jesús es el Hijo de Dios, que, en Él está la Mente de Dios, que Él conocía a Dios tan bien y estaba tan cerca de Él y era una sola cosa con Él, que nos puede revelar plenamente la verdad acercó de Dios.

(c) Pero el creer tiene un tercer elemento. .Creernos que Dios es un Padre amante porque creemos que Jesús es el. Hijo de Dios y que por tanto lo que nos dice acerca de Dios es verdad. Entonces aparece el tercer elemento: Tenemos que jugarnos el todo por el todo a que lo que Jesús nos dice es la verdad. Tenemos que hacer todo lo que Él nos dice; tenemos que obedecer todo lo que Él nos manda. Cuando Él nos dice que tenemos que rendirnos incondicionalmente a la misericordia de Dios, lo tenemos que hacer. Tenemos que tomarle la palabra a Jesús. Hasta la cosa más insignificante de la vida se ha de hacer en obediencia incondicional a Él.

Así es que creer en Jesús tiene tres elementos: Creer que Dios es nuestro Padre amante; creer que Jesús es el Hijo .de Dios y por tanto nos dice la verdad acerca de Dios y de la vida, y obedecer incondicionalmente a Jesús.

(ii) La segunda gran expresión es la vida eterna. Ya hemos visto que la vida eterna es la misma vida de Dios mismo. Pero preguntémonos lo siguiente: Si tenemos la vida eterna, ¿qué es lo que tenemos? ¿Qué es eso de entrar en la vida eterna? Tener la vida eterna es algo que envuelve en paz todas las relaciones de la vida.

(a) Nos da la paz con Dios. Ya no estamos arrastrándonos servilmente ante un tirano, o tratando de escondernos de un juez implacable: estamos en casa con nuestro Padre:

(b) Nos da la paz con nuestros semejantes. Si hemos sido perdonados tenemos que ser perdonadores. Esto nos permite ver a las personas como Dios las ve. Nos hace miembros de una gran familia unida en amor: .

(c) Nos da la paz con la vida. Si Dios es Padre, Dios dirige todas las cosas para bien. Lessing solía decir que si se le permitiera hacerle una pregunta a la esfinge que lo sabía todo sería: “ ¿Es este un universo amigable?» Cuando creemos en Dios como Padre también creemos que Su mano paternal no causará jamás a Sus hijos lágrimas innecesarias. Puede que no entendamos del todo la vida, pero no viviremos sumidos en el resentimiento nunca más.

(d) Nos da la paz con nosotros mismos: En último análisis nos tenemos más miedo a nosotros mismos que a nada más. Conocemos nuestros puntos flacos; conocemos la fuerza de las tentaciones; conocemos nuestras. obligaciones y las exigencias de nuestra propia vida. Pero ahora sabemos que nos enfrentamos con todo con Dios. No vivimos solos, sino Cristo vive en nosotros. Hay una paz que tiene su cimiento en una fuerza suficiente para vivir: la de Cristo.

(e) Nos da la seguridad de que la paz más profunda de esta vida no es más que una sombra de la paz por venir. Nos da una esperanza y una meta hacia la que nos dirigimos. Nos da una vida gloriosamente maravillosa ya aquí y, sin embargo, al mismo tiempo, una vida en la que lo mejor está por venir.

EL AMOR DE DIOS

Porque Dios amó al mundo hasta tal punto que dio a Su Hijo único para que todos los que crean en Él no se pierdan, sino tengan la vida eterna.

Todos los grandes hombres han tenido un versículo preferido; pero éste se ha llamado «el versículo de todo el mundo». Para todo corazón humilde, aquí está la quintaesencia del Evangelio. Este versículo contiene varias grandes verdades.

(i) Nos dice que la iniciativa de la Salvación pertenece a Dios. Algunas veces se presenta el Evangelio como si se hubiera tenido que pacificar a Dios y persuadirle para que perdonara. A veces se presenta a Dios como inflexible y justiciero, y a Jesús manso, amoroso y perdonador. A veces se predica el Evangelio como si Jesús hubiera hecho algo para que se alterara la actitud de Dios hacia la humanidad, para que Se viera obligado a cambiar la sentencia condenatoria por la del perdón. Pero este versículo nos dice que todo empezó en Dios. Fue Dios el Que envió a Su Hijo porque amaba hasta tal punto a la humanidad entera. No habría Evangelio ni Salvación si no fuera por el Amor de Dios.

(ii) Nos dice que el manantial de la vida de Dios es el Amor. Se podría predicar una religión en la que Dios contemplara a la humanidad sumida en la ignorancia, la indigencia y la maldad, y dijera: “¡Voy a domarlos: los disciplinaré y castigaré a ver si aprenden!» O se podría pensar que Dios está buscando la sumisión de la humanidad para satisfacer Su deseo de poder y para tener un universo completamente sometido. Pero lo tremendo de este versículo es que nos presenta a Dios actuando, no en provecho propio, sino nuestro; no para satisfacer Su deseo de poder ni para avasallar al- universo, sino movido por Su amor. Dios no es un monarca absolutista que tratara a las personas solamente como súbditos obligados a la más absoluta obediencia, sino un Padre que no puede ser feliz hasta que Sus hijos desagradecidos y rebeldes vuelvan al hogar. Dios no azota a la humanidad para que se Le someta, sino la anhela y soporta para ganar su amor.

(iii) Nos habla de la amplitud del amor de Dios. Dios amó y ama. al mundo. No sólo a una nación, ni a los buenos, ni a los que Le aman a Él, sino al mundo entero: Los inamables, los que no tienen nadie que los ame, los que aman a Dios y los que ni se acuerdan de El, los que descansan en el amor de Dios y los que lo desprecian… Todos están incluidos en el amor universal de -Dios. Como dijo Agustín de Hipona, «Dios nos ama a cada uno de nosotros como si no hubiera más que uno a quien aMarcos Y así, a todos.»

EL AMOR Y EL JUICIO

Porque Dios no envió a Su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que fuera el medio de su salvación. El que cree en el Hijo no se condena, pero el que no cree sigue en la condenación. La razón de esta condenación es que la Luz ha venido al mundo, y la gente prefirió la oscuridad ala Luz porque sus obras eran malas. Todos los que hacen cosas condenables aborrecen la Luz, y no vienen a ella porque sus obras están sentenciadas. Pero los que ponen la verdad en acción vienen a la Luz para que todos puedan ver sus obras, porque las hacen de acuerdo con Dios.

Aquí nos enfrentamos con una de las aparentes paradojas del Cuarto Evangelio, la del amor y el juicio: Acabamos de meditar sobre el Amor de Dios, y ahora, de pronto, nos encontramos frente a la idea del juicio y la condenación. Juan acaba de decir que fue porque Dios amaba al mundo de tal manera por lo que mandó a Su Hijo al mundo. Más adelante nos presentará a Jesús diciendo: «Para juicio he venido Yo a este mundo» (Jua_9:39 ). ¿Cómo es posible que sean verdad las dos cosas?

Es totalmente posible ofrecerle a una persona una experiencia nada más que por amor, y que esa experiencia provoque su juicio. Es totalmente posible ofrecerle a una persona una experiencia que no se pretende que produzca nada más que alegría y bendición, y sin embargo se convierta en un juicio. Supongamos que amamos la buena música y nos sentimos más cerca de Dios en medio de la marea estruendosa de una gran sinfonía que en ninguna otra situación. Y supongamos que tenemos un amigo que no sabe nada de tal música y queremos introducirle en esta gran experiencia, compartirla con él, y ponerle en contacto con la belleza invisible de la que nosotros disfrutamos tanto. No tenemos otra intención que la de darle a nuestro amigo la felicidad de una gran experiencia. Le llevamos a un concierto; y a poco de empezar le vemos inquieto, paseando la mirada por toda la sala, obviamente aburrido. Ese amigo se ha dictado su propia sentencia de no tener cabida en el alma para la buena música. La experiencia diseñada para producirle una nueva felicidad se ha convertido en algo que no es sino un juicio.

Esto nos sucede siempre cuando nos vemos confrontados por la grandeza. Puede que se trate de contemplar una gran obra de arte pictórico, o de escuchar a un gran orador, o de leer un gran libro. Nuestra reacción es nuestro juicio. Si no apreciamos la auténtica belleza ni sentimos emoción estética es que somos insensibles a esa forma de arte.

Cierto turista estaba visitando un gran museo en el que abundaban las obras maestras de un valor incalculable, de belleza intemporal y de indiscutible genio. Al final del recorrido, dijo al guía: «¿Sabe lo que le digo? Que no me parecen gran cosa sus viejas pinturas.» A lo que contestó reposadamente el guía: «Caballero, le recuerdo que estas obras no están en tela de juicio; pero los que las contemplan, sí.»

Todo lo que había mostrado la reacción de aquella persona era su propia lamentable ceguera. Su juicio despectivo se había vuelto contra sí misma.

Y eso es lo que nos pasa en relación con Jesús. Si ante Su presencia el alma responde a Su maravilla y belleza, se está en el camino de la salvación. Si ante Su figura no vemos nada amable, estamos condenados. Nuestra reacción nos ha salvado o nos ha condenado. Dios envió a Jesús por amor. Le envió para nuestra salvación, pero lo que se hizo por amor ha resultado para condenación. No es Dios el Que condena; Dios solamente ama; es cada uno el que se condena a sí mismo.

El que reacciona hostilmente ante Jesús es que prefiere la oscuridad a la Luz. Lo terrible de las personas que son buenas de veras es que siempre producen un cierto elemento inconsciente de condenación. Esto sucede porque, cuando nos comparamos con ellas, nos vemos tal como somos en realidad. Alcibíades era un genio malogrado, un compañero de Sócrates, al que decía a veces: “¡Sócrates, te odio porque siempre que te encuentro me haces verme como soy en realidad!» El que está metido en negocios turbios no quiere que se le dirija el reflector; pero el que lleva las cosas claras no le tiene ningún miedo a la Luz.

Una vez le vino un arquitecto a Platón a ofrecérsele para hacerle una casa cuyas habitaciones no se pudieran ver desde ningún sitio. Platón le dijo: “Te daré el doble si me haces una casa cuyas habitaciones se puedan ver desde todas partes.»

Es sólo el malhechor el que no se quiere ver a sí mismo ni que nadie le vea. Una persona así es inevitable que aborrezca a Jesucristo, Que le hará verse tal como es, que es lo último que quiere ver. Prefiere sentirse arropado por la oscuridad antes que descubierto por la Luz.

Por su reacción ante Jesucristo, una persona se revela y su alma queda al descubierto. Si Le recibe con amor y con anhelo de mejorar, hay esperanza; pero si no ve nada atractivo en Jesús, se condena a sí misma. El Que le fue enviado por amor Se le ha convertido en un juicio.

UN HOMBRE SIN ENVIDIA

Después de estas cosas se fueron Jesús y sus discípulos a la región de Judasa—Jesús pasó allí algún tiempo con ellos, y bautizando. Juan también estaba bautizando en Enón, cerca de Salem, porque allí había mucha agua; y la gente seguía viniendo adonde él estaba, porque esto era antes de que metieran a Juan en la cárcel.

Y se produjo una discusión entre algunos de los discípulos de Juan y un judío acerca del rito de la purificación; así es que se dirigieron a Juan y le dijeron:

-Rabí, fíjate: El Que estaba contigo al otro lado del Jordán, del Que diste testimonio, está bautizando, y todos se van con Él.

Nadie puede recibir más de lo que el Cielo le conceda. Vosotros me sois testigos de que os dije: «Yo no soy el Ungido de Dios, “ sino «He sido enviado por delante de Él.” El Novio es el que tiene la novia; pero el amigo del Novio que está presente y escucha al Novio se alegra de oír su voz: Eso es lo que me pasa a mí, y por eso estoy completamente feliz. Él tiene que crecer, y yo que menguar.

Ya hemos visto que uno de los propósitos del autor del Cuarto Evangelio era asegurar que Juan el Bautista ocupaba el lugar que le correspondía como precursor de Jesús, pero no más. Todavía había algunos que estaban dispuestos a llamar a Juan maestro y señor; el autor del Cuarto Evangelio quiere mostrar que Juan ocupaba un lugar importante, pero que el más importante Le correspondía exclusivamente a Jesús; y quiere mostrar que el mismo Juan nunca tuvo la menor duda de que Jesús era supremo. Con ese fin hace referencia al tiempo en que coincidieron los ministerios de Juan y de Jesús. Los evangelios sinópticos no lo hacen: Mar_1:14 nos dice que fue después de que encarcelaran a Juan cuando Jesús empezó Su ministerio. No vale la pena discutir cuál de los dos relatos es el más correcto históricamente; pero el Cuarto Evangelio, al presentar la coincidencia de los dos ministerios, muestra la superioridad de Jesús más claramente en el contraste.

Una cosa es segura: que este pasaje nos presenta el encanto de la humildad de Juan el Bautista. Estaba claro que la gente estaba dejando a Juan para irse con Jesús. Los discípulos de Juan estaban preocupados. No les gustaba que su maestro quedara en un segundo lugar, ni verle abandonado por las multitudes que se agolpaban para escuchar al nuevo Maestro.

En respuesta a sus quejas habría sido comprensible que Juan se hubiera dado por ofendido, abandonado e injustamente olvidado. Algunas veces la compasión de un amigo es lo que peor nos cae. Puede hacer que nos sintamos víctimas y que nos han tratado injustamente. Pero Juan estaba por encima de esas actitudes. Les dijo tres cosas a sus discípulos.

(i) Les dijo que nunca había esperado otra cosa. Les recordó que ya les había advertido que no era a él al que le correspondía el puesto más importante, sino que él no era más que un heraldo, el precursor que viene a anunciar y preparar las cosas para la llegada de Otro más importante. Haría más fácil la vida el que hubiera más personas dispuestas a representar papeles secundarios. Muchos quieren ser los protagonistas; pero Juan no era uno de ellos. Sabía muy bien que Dios le había asignado una misión subordinada. Nos ahorraríamos un montón de resentimiento y de frustración si nos diéramos cuenta que hay ciertas cosas que no nos corresponden, y aceptáramos de corazón e hiciéramos lo mejor posible la labor que Dios nos ha asignado. El hacer algo secundario para el Señor lo convierte en una gran tarea. Como decía la señora Browning: «Todo servicio cuenta igual para Dios.» Cualquier cosa que se hace para Dios es grande por naturaleza.

(ii) Les dijo que nadie -puede recibir más de lo que Dios le dé. Si el nuevo Maestro estaba ganando más seguidores no era porque se los estaba robando a él, a Juan, sino porque Dios Se los estaba dando.

Hubo un cierto pastor americano que se llamaba el doctor Spence. En un tiempo había sido muy popular, y había tenido llena la iglesia; pero con el paso del tiempo la asistencia fue bajando. Había venido a la iglesia de enfrente un pastor nuevo que gustaba más.

Una tarde, el doctor Spence miró a su pequeño rebaño y preguntó:

-¿Dónde se ha metido toda la gente?

Se produjo un silencio .tenso, que por fin rompió uno de los miembros del consejo de la iglesia:

-Creo que se han ido a la iglesia de enfrente a escuchar al nuevo pastor.

El doctor Spence se quedó callado un momento, y luego dijo, sonriendo complacido:

-Pues, bien; creo que deberíamos seguir su ejemplo todos.

Y se bajó del púlpito y se dirigió a la iglesia de enfrente al frente de sus fieles.

¡Cuántos celos, frustraciones y resentimientos nos ahorraríamos si tuviéramos presente que el éxito de los demás se lo da Dios, y estuviéramos dispuestos a aceptar el veredicto de Dios y Su elección!

(iii) Por último, Juan puso un ejemplo que cualquiera podría entender, y más los judíos, porque era parte de su herencia cultural. Llamó a Jesús “el Novio», y dijo que él, Juan, era “el amigo del Novio». Una de las grandes figuras del Antiguo Testamento es la de los desposorios de Israel, que es la novia, con Dios, Que es el. Novio. La unión que hubo entre Dios e Israel era tan íntima que podría compararse con un matrimonio. Cuando Israel se apartaba tras dioses extraños era como si fuera infiel al vínculo matrimonial (Exo_34:15 , cp. Deu_31:16 ; Sal_73:27 ; Isa_54:5 ).

El Nuevo Testamento hereda esta alegoría y habla de la Iglesia como la Esposa de Cristo (2Co_11:2 ; Efe_5:22-32 ).. Esta era la figura que Juan tenía en mente: Jesús había venido de Dios; era el Hijo de Dios; Israel era Su prometida, y Él era el Novio. Juan sólo se reservaba el papel del amigo del Novio.

El amigo del novio, en hebreo shoshben, tenía un papel exclusivo en una. boda judía. Era el que arreglaba la boda; repartía las invitaciones, y presidía la fiesta. Era el que traía la novia al novio. También tenía que cuidarse de la cámara nupcial y de que no se introdujeran intrusos. Sólo cuando oía y reconocía la voz del esposo en la oscuridad, le abría la cámara nupcial. para que entrara, y se retiraba gozoso cuando había cumplido su cometido y los esposos estaban juntos. No lo hacía de mala gana, sino considerando un honor el introducir la novia al novio; y, cuando había cumplido su misión, se retiraba contento del centro de la escena:

La misión de Juan había sido traerle Israel a Jesús, el Mesías enviado de Dios, y arreglar Sus bodas. Una vez cumplido su cometido estaba contento de desaparecer en la oscuridad. No dijo con envidia que Jesús tenía que crecer y él menguar, sino con júbilo. Nos vendría bien a veces recordar que no es a nosotros a los que tenemos que atraer a la gente, sino a Jesucristo. No es para nosotros para quienes reclamamos la lealtad de la Iglesia, sino para el Novio, el Hijo de Dios.

EL QUE HA VENIDO DEL CIELO

EL Que viene de Arriba está por encima de todos. El que procede de la Tierra es de la Tierra y habla de la Tierra. El Que procede del Cielo está por encima de todos: lo que atestigua es lo que ha visto y oído, y no reciben Su testimonio; pero los que reciben Su testimonio autentican que Dios es veraz. El Que Dios ha enviado habla la Palabra de Dios, porque Dios no Le asigna el Espíritu con una medida escasa. El Padre ama al Hijo, y lo ha dejado todo en Sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Como ya hemos visto, una de las dificultades del Cuarto Evangelio es saber cuándo hablan los personajes y cuándo es Juan el que añade el comentario. Estos versículos puede que contengan las palabras de Juan el Bautista; pero parece más bien que son el testimonio y comentario del evangelista.

Juan empieza por afirmar la supremacía de Jesús. Si queremos información, tenemos que acudir a la persona que la tiene. Si queremos información acerca de una familia, la obtendremos de primera mano solamente de uno de los miembros de esa familia. Si queremos información sobre una ciudad, la recibiremos de primera mano sólo de alguien que viva o haya estado allí. De la misma manera, si queremos información acerca de Dios, sólo la podremos obtener del Hijo de Dios; y si la queremos acerca del Cielo y de la vida que se vive allí, sólo la podremos recibir del Que vino de allí. Cuando Jesús habla de Dios y de las cosas celestiales, dice Juan, no habla de segunda mano, sino nos cuenta lo que ha oído y visto por Sí mismo. Para decirlo simplemente, como Jesús es el único que conoce a Dios, es el único que puede comunicarnos los Hechos acerca de Dios, y eso es lo que es el Evangelio.

Lo que le da pena a Juan es que sean tan pocos los que acepten el Mensaje que nos ha traído Jesús; pero, cuando uno lo recibe, atestigua el hecho de que en su fe la Palabra de Dios es verdad. En el mundo antiguo, si una persona quería autenticar un documento como, por ejemplo, un testamento o un tratado, le ponía su sello al pie. Ese sello era la señal de que él estaba de acuerdo con el contenido del documento y lo consideraba fidedigno y efectivo. De la misma manera, cuando alguien acepta el Evangelio, afirma y pone su sello atestiguando que cree que lo que Dios dice es cierto.

Y Juan prosigue: podemos creer lo que nos dice Jesús porque Dios derramó en Él Su Espíritu en plenitud, sin reservarse nada. Hasta los mismos judíos decían que los profetas recibían de Dios una cierta medida del Espíritu. La totalidad del Espíritu estaba reservada para el Escogido de Dios. Ahora bien: según la manera de pensar de los judíos, el Espíritu de Dios tenía dos misiones: la primera era revelar a la humanidad la verdad de Dios; y la segunda, capacitar a los seres humanos para reconocer y entender esa verdad cuando venía a ellos. El decir que el Espíritu estaba en Jesús de la manera más completa es decir que Jesús conocía y entendía perfectamente la verdad de Dios. Para decirlo de otra manera: escuchar a Jesús es escuchar la misma voz de Dios.

Por último, Juan nos presenta otra vez la alternativa eterna, la vida o la muerte. A lo largo de todo su historia, Dios le había presentado al pueblo de Israel esta gran elección. Deuteronomio conserva las palabras de Moisés: “ Mira: yo te he puesto delante hoy la vida y el bien, la muerte y el mal… A los cielos y a la Tierra invoco por testigos contra vosotros hoy de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; por tanto, escoge la vida, para que viváis tú y tu descendencia» (Deu_30:15-20 ). Y Josué reiteró el desafío: “ Escogeos hoy a quién sirváis» (Jos_24:15 ). Se ha dicho que toda la vida se concentra en las encrucijadas. Una vez más, Juan vuelve a su tema favorito: lo que importa es nuestra reacción a Cristo. Si esa reacción es amor y anhelo, esa persona conocerá la vida. Si es indiferencia u hostilidad, esa persona no cosechará más que la muerte. No es que Dios descargue Su ira sobre ella; es que ella se la atrae sobre sí misma.

Nicodemo era fariseo y miembro del concilio (llamado Sanedrín), un grupo de líderes religiosos que Jesús y Juan el Bautista criticaron a menudo por su hipocresía. (Si desea más información sobre los fariseos, véase la nota a Mat_3:7.) Muchos fariseos estaban celosos de Jesús porque socavaba su autoridad y rebatía sus puntos de vista. Pero Nicodemo indagaba y creía que Jesús tenía respuestas. Aunque era un erudito, fue a Jesús para instruirse. No importa cuán inteligente o educado uno sea, debe acercarse a Cristo con un corazón abierto y dispuesto a fin de que le enseñe la verdad acerca de Dios.

Nicodemo fue a Jesús pese a que pudo haber enviado a uno de sus asistentes. Quiso examinar a Jesús personalmente para distinguir entre hecho y rumor. Quizás temía que sus colegas, los fariseos, criticaran su visita, y por eso fue cuando ya era de noche. Más tarde, cuando entendió que Jesús era en realidad el Mesías, habló abiertamente en su defensa (7.50, 51). Como Nicodemo, debemos examinar a Jesús personalmente; otros no lo pueden hacer en nuestro lugar. Luego, si creemos que es lo que El dice ser, querremos hablar en público a su favor.

¿Qué sabía Nicodemo acerca del Reino? Por las Escrituras sabía que Dios lo regiría, que lo restauraría en la tierra y que pertenecería al pueblo de Dios. Jesús reveló a su devoto fariseo que el Reino sería para todo el mundo (3.16), no solo para los judíos, y que Nicodemo podía pertenecer a él si personalmente nacía de nuevo (3.5). Este era un concepto revolucionario: el Reino es algo personal, no nacional ni étnico, y para entrar en él se requiere arrepentimiento y renacimiento espiritual. Jesús más tarde anunció que el reino de Dios está en el corazón de los creyentes mediante la presencia del Espíritu Santo (Luk_17:21). Su pleno cumplimiento será cuando Jesús regrese a juzgar al mundo y destruya para siempre al maligno. (véase Apocalipsis 21; 22).

“De agua y del Espíritu” quizás se refiera (1) al contraste entre el nacimiento físico (agua) y el nacimiento espiritual (Espíritu), o (2) a ser regenerados por el Espíritu y renacidos por el bautismo. El agua también podría representar la acción limpiadora del Espíritu Santo de Dios (Tit_3:5). Sin duda, Nicodemo debe haber estado familiarizado con las promesas de Dios en Eze_36:25-26. Jesús explica la importancia del nuevo nacimiento espiritual, manifestando que no entraremos al Reino por ser buenos, sino por experimentar ese nuevo nacimiento.

NICODEMO

Dios es especialista en hallar y cambiar a personas que consideramos difíciles de alcanzar. En el caso de Nicodemo, le tomó un poco de tiempo salir de la oscuridad, pero Dios fue paciente con su creyente “encubierto”.

Temeroso de ser descubierto, Nicodemo procuró ver a Jesús de noche. Las conversaciones diurnas entre los fariseos y Jesús tendían a ser antagónicas, pero Nicodemo en verdad quería aprender. Tal vez consiguió mucho más de lo esperado: ¡un desafío a una nueva vida! Sabemos muy poco de Nicodemo, pero sí sabemos que de ese encuentro nocturno salió un hombre cambiado. Se marchó con una comprensión nueva de Dios y de sí mismo.

Nicodemo aparece más tarde como parte del concilio. En medio de la discusión en que se buscaba formas de eliminar a Jesús, planteó el asunto de la justicia. Habló en su favor a pesar de que rechazaron su objeción. Empezaba a cambiar.

La última semblanza de Nicodemo nos muestra que se une a José de Arimatea en el trámite de solicitar el cuerpo de Jesús para sepultarlo. Tomando en cuenta el riesgo que esto significaba, Nicodemo daba un paso audaz. Su crecimiento espiritual no se detenía.

Dios busca un crecimiento paulatino no una perfección instantánea. ¿De qué manera su actual crecimiento espiritual concuerda con el tiempo que lleva de conocer a Jesús?

Puntos fuertes y logros :

— Uno de los pocos líderes religiosos que creyó en Jesús

— Un miembro del poderoso concilio judío

— Un fariseo al que sedujeron el carácter y los milagros de Jesús

— Con José de Arimatea, sepulta a Jesús

Debilidades y errores :

— Limitado por su temor a mostrarse en público como seguidor de Jesús

Lecciones de su vida :

— A menos que nazcamos otra vez, nunca entraremos en el Reino de Dios

— Dios puede cambiar a quienes consideramos inalcanzables

— Dios es paciente, pero persistente

— Si estamos dispuestos, Dios puede usarnos

Datos generales :

— Dónde: Jerusalén

— Ocupación: Líder religioso

— Contemporáneos: Jesús, Anás, Caifás, Pilato, José de Arimatea

Versículo clave :

“Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (Joh_3:4).

La historia de Nicodemo se narra en Joh_3:1-21; Joh_7:50-52 y 19.39, 40.

¿Quién es el Espíritu Santo? Dios es tres personas en una: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios se hizo hombre en Jesús a fin de morir por nuestros pecados. Resucitó de la muerte para ofrecer salvación a todos mediante la renovación espiritual y el nuevo nacimiento. Cuando Jesús ascendió al cielo, su presencia física dejó la tierra, pero prometió enviar al Espíritu Santo al grado que su presencia espiritual continuaría entre los seres humanos (véase Luk_24:49). El Espíritu Santo por primera vez vino para estar a disposición de todos los creyentes en el Pentecostés (Hechos 2). En los tiempos del Antiguo Testamento el Espíritu Santo dotaba de poder a ciertas personas y solo por asuntos determinados, pero ahora todos los creyentes tienen el poder del Espíritu Santo a su disposición. Si desea más información acerca del Espíritu Santo, léanse 14.16-28; Rom_8:9; 1Co_12:13 y 2Co_1:22.

Jesús explicó que no podemos controlar la obra del Espíritu Santo. El obra de maneras imprevisibles o incomprensibles. Así como uno no pudo controlar su nacimiento físico, tampoco podrá controlar su nacimiento espiritual. Es un regalo de Dios, dado por el Espíritu Santo (Rom_8:16; 1Co_2:10-12; 1Th_1:5-6).

Este maestro judío conocía muy bien el Antiguo Testamento, pero no había entendido lo que decía del Mesías. Conocimiento no es salvación. Debiera usted conocer la Biblia, pero algo mucho más importante es entender al Dios que revela y la salvación que ofrece.

Cuando los israelitas vagaban por el desierto, Dios envió una plaga de serpientes para castigarlos por su actitud rebelde. Los sentenciados a muerte por causa de la mordedura de serpientes podían curarse al obedecer a Dios y mirar a la serpiente de bronce que se levantó, creyendo que El podría sanarlos si lo hacían (véase Num_21:8-9). Mirar a Jesús en busca de salvación tiene los mismos efectos. Dios nos preparó este modo de ser salvos de los efectos mortíferos de la “mordedura” del pecado.

Todo el evangelio se centra en este versículo. El amor de Dios no es estático ni egoísta, sino que se extiende y atrae a otros a sí. Dios establece aquí el verdadero molde del amor, la base de toda relación de amor. Si uno ama a alguien profundamente, está dispuesto a darle amor a cualquier precio. Dios pagó, con la vida de su Hijo, el más alto precio que se puede pagar. Jesús aceptó nuestro castigo, pagó el precio de nuestros pecados, y luego nos ofreció una nueva vida que nos compró con su muerte. Cuando predicamos el evangelio a otros, nuestro amor debe de ser como el suyo, y estar dispuestos a renunciar a nuestra comodidad y seguridad para que otros reciban el amor de Dios como nosotros.

Muchas personas rechazan la idea de vivir para siempre porque viven vidas tristes. Pero la vida eterna no es la extensión de la miserable vida mortal del hombre; vida eterna es la vida de Dios encarnada en Cristo que se da a todos los que creen como garantía de que vivirán para siempre. En esa vida no hay muerte, enfermedad, enemigo, demonios ni pecado. Cuando no conocemos a Cristo, tomamos decisiones pensando que esta vida es todo lo que tenemos. En realidad, esta vida es solo el comienzo de la eternidad. Empiece, por lo tanto, a evaluar todo lo que le sucede desde una perspectiva eterna.

“Creer” es más que una reflexión intelectual de que Jesús es Dios. Significa depositar nuestra confianza en El, que es el único que nos puede salvar. Es poner a Cristo al frente de nuestros planes presentes y nuestro destino eterno. Creer es confiar en su palabra y depender de El para cambiar. Si nunca ha confiado en Cristo, haga suya esta promesa de vida eterna y crea.

Muchas veces la gente trata de salvarse de lo que teme poniendo su fe en cosas que tienen o hacen: buenas obras, capacidad o inteligencia, dinero o posesiones. Pero solo Dios puede salvarnos de lo que en verdad debemos temer: la condenación eterna. Confiamos en Dios reconociendo la insuficiencia de nuestros esfuerzos por alcanzar la salvación y pidiéndole que haga su obra en nuestro favor. Cuando Jesús habla acerca del “que no cree”, se refiere a quien le rechaza por completo o hace caso omiso de El, no al que tiene dudas momentáneas.

Muchas personas no quieren que sus vidas queden expuestas a la luz de Dios porque temen lo que esta pueda revelar. No quieren cambiar. No se sorprenda de que personas así se sientan amenazadas por el deseo suyo de obedecer a Dios y hacer lo que es bueno. Temen que la luz que hay en usted ponga al descubierto algo oscuro en sus vidas. No se desanime. Manténgase en oración por ellas para que comprendan que es mejor vivir en la luz que en la oscuridad.

Algunas personas buscan puntos discrepantes para sembrar semillas de discordia, descontento y duda. Juan el Bautista terminó esta discusión teológica hablando de su devoción a Cristo. Es contraproducente forzar a otros a que crean como nosotros. Es mejor hablarles de nuestra entrega personal a Cristo y lo que El ha hecho por nosotros. Después de todo, ¿quién puede refutarnos eso?

Los discípulos de Juan el Bautista estaban confundidos porque la gente seguía a Jesús y no a Juan. Es fácil que nuestros celos germinen cuando aumenta la popularidad del ministerio de otra persona. Sin embargo, debemos recordar que nuestra verdadera misión es lograr que las personas sigan a Cristo y no a nosotros.

¿Por qué Juan el Bautista siguió bautizando después que Jesús entró en escena? ¿Por qué no se convirtió también en discípulo? Juan explicó que como Dios fue el que le dio este trabajo, debía continuarlo hasta que lo llamara a hacer otra cosa. El propósito principal de Juan era conducir la gente a Cristo. Aunque Jesús ya había comenzado su ministerio, Juan podía seguir guiando la gente a Jesús.

La disposición de Juan a menguar en importancia muestra su humildad. Los pastores y otros cristianos pueden sentirse tentados a enfatizar más el éxito de su ministerio que a Cristo. Cuídese de los que ponen más énfasis en sus logros que en el Reino de Dios.

El testimonio de Jesús era confiable porque vino del cielo y hablaba de lo que vio allí. Sus palabras eran las mismas de Dios. Toda su vida espiritual depende de cómo responde a una sola pregunta: “¿Quién es Jesucristo?” Si acepta a Jesús únicamente como un profeta o un maestro, tendrá que rechazar su enseñanza, puesto que El declaró que era el Hijo de Dios, incluso que era Dios mismo. La esencia del Evangelio de Juan es la verdad dinámica de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, el que fue desde el principio y seguirá viviendo para siempre. Este mismo Jesús nos ha invitado a aceptarlo y vivir con El eternamente. Cuando entendemos quién es Jesús, nos sentimos compelidos a creer lo que dijo.

3.34 El Espíritu de Dios estaba sobre Jesús sin límite y sin medida. Por lo tanto, Jesús fue la suprema revelación de Dios a la humanidad (Heb_1:2).

Jesús dice que todo el que cree en El tiene (no dice que tendrá) vida eterna. La vida eterna se recibe cuando uno se une a la vida de Dios, la cual por naturaleza es eterna. Así que la vida eterna comienza en el momento del nacimiento espiritual.

3.36 Juan, el escritor de este Evangelio, demostró que Jesús es el verdadero Hijo de Dios. Establece ante nosotros la gran alternativa en la vida. A nosotros nos toca elegir hoy a quién obedeceremos (Jos_24:15) y Dios quiere que lo elijamos a El (Deu_30:15-20). Postergar nuestra elección es decidir no seguir a Cristo. La indecisión es una decisión fatal.

El primer discurso : el nuevo nacimiento

Sin lugar a dudas, el cap. 3 de Juan es uno de los más conocidos y citados en la Biblia y ¿qué creyente evangélico no puede repetir de memoria Joh_3:16? El propósito del evangelista, expresado en 20:31, es el de señalar a Jesús como el Hijo de Dios. Para lograrlo, emplea dos métodos: relata las señales que Jesús realizó y registra unos discursos que tuvo con individuos y grupos. A veces estos dos métodos se combinan en un episodio. En este primer discurso, Jesús presenta el requisito para entrar en el reino de Dios a una sola persona, quizá en privado, y Juan concluye con una serie de reflexiones.

Generalmente se considera que los vv. 1-15 constituyen la conversación de Jesús con Nicodemo y los vv. 16-21 las reflexiones del autor sobre el discurso. Brown nos ofrece dos maneras que los comentaristas han empleado para organizar el material en esta sección. Primera, hay tres preguntas de Nicodemo (vv. 2, 4, 9) y tres respuestas de Jesús (vv. 3, 5, 11), aunque la primera pregunta es implícita. Segunda, se organiza alrededor de la Trinidad: los vv. 3-8 se refieren a la función del Espíritu, los vv. 11-15 al Hijo del Hombre y los vv. 16-21 a Dios Padre.

Se observa que los discursos en Juan son muy distintos a los de los Sinópticos. Una posible explicación para este fenómeno, según Plummer, es la diferencia entre la audiencia de los discursos y los destinatarios de los Evangelios. Juan relata el ministerio de Jesús mayormente en Judea, entre los judíos más preparados, mientras que los Sinópticos registran el ministerio mayormente en Galilea, entre gente común y menos ilustrada. Además, los discursos relatados en Juan son más largos y más reflexivos, con excepción del Sermón del monte. Otro fenómeno que se observa es la dificultad de saber cuándo habla Jesús y cuándo Juan agrega un comentario o una reflexión.

(1) El nuevo nacimiento, 3:1-15. Desde el comienzo del Evangelio, Juan procura exhibir la incomparable excelencia de Jesús como el Hijo de Dios. Además, lo presenta como el que tenía un propósito definido a favor de los hombres: ofrecerles vida eterna (3:16; 20:31) que incluye vida abundante sobre el planeta tierra (10:10). En la conversación entre Jesús y Nicodemo, Juan enfatiza la verdad central en el evangelio de que esta vida eterna, o entrada en el reino de Dios, se alcanza, no por cumplir con reglas y ritos religiosos, sino por una relación personal con Jesús. El conocimiento sobrenatural que Jesús tenía del corazón del hombre y la indisposición de él de confiar en los discípulos superficiales (ver 2:23-25) se manifiestan en su trato con Nicodemo.

Al iniciar esta sección con el uso poco común de la expresión un hombre (antropos G444), Juan vincula lo que sigue con el conocimiento del hombre de parte de Jesús en 2:25. Los fariseos constituían el más influyente de los tres principales partidos religiosos (fariseos, saduceos y esenios) durante la vida de Jesús. El término “fariseo” significa “separado” o “separatista”, posiblemente porque se dedicaban a distinguir en forma meticulosa entre lo santo y lo inmundo, basados en su interpretación de la ley de Moisés y, por esto, estaban identificados con los escribas. Eran tremendamente legalistas y nacionalistas, siendo muy reacios a los saduceos, quienes eran más políticos y dispuestos a formar alianzas con Roma. Los fariseos no estaban tan identificados con el templo como lo estaban los saduceos y, por lo tanto, no estarían tan ofendidos por la limpieza realizada por Jesús. Inclusive, quizá estaban contentos por el conflicto que éstos tuvieron con Jesús en el cual quedaron mal parados.

Nicodemo posiblemente era uno de los muchos que habían presenciado las señales de Jesús y que quedaron impresionados. Este personaje se menciona sólo en Juan. Algunos especulan que sería uno de los mencionados con ese nombre en escritos extrabíblicos después de la destrucción de Jerusalén. Algunas cualidades del carácter de este hombre son: amante de la verdad, sincero, sensible a los valores espirituales, tímido y temeroso de los hombres. Su nombre es una palabra gr. compuesta que significa “vencedor del pueblo”. Una evidencia de la fuerte influencia griega en el primer siglo es que muchos judíos tomaron nombres griegos. A este personaje lo encontramos dos veces más en este Evangelio: tímidamente procurando defender a Jesús (7:50-52) y cooperando con José de Arimatea en la sepultura del cuerpo de Jesús (19:38-40). Un gobernante de los judíos indica que sería miembro del Sanedrín y representante de la religión judía ortodoxa que, como grupo, se opuso tenazmente a Jesús durante todo su ministerio, jugando un papel decisivo en su crucifixión.

Este vino a Jesús de noche, una nota que despierta varias conjeturas. Indicaría que tenía inquietudes espirituales y quizá sentía la falta de satisfacción en su propia religión, resultados de haber oído las enseñanzas y visto las señales que Jesús había realizado. La sinceridad de Nicodemo es evidente por la manera en que hace preguntas y responde a las palabras de Jesús. Siendo miembro del Sanedrín y sabiendo de su posición contraria a este nuevo “profeta”, quiso tener la entrevista en secreto. Algunos conjeturan que su propósito al venir de noche se debe más bien a su timidez, o a su deseo de tener toda la atención de Jesús por un tiempo, sin las continuas interrupciones que sucedían durante el día. Meyer cree que los discípulos, o por lo menos Juan, estarían presentes durante esta entrevista. Muchos comentaristas ven en esta nota un simbolismo, esto es, Nicodemo salía de la “oscuridad de la noche” y entraba en la presencia de uno que dijo “Yo soy la luz del mundo” (8:12), lo opuesto a lo que hizo Judas (13:30).

Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro sirve como un saludo inicial y el reconocimiento de parte de algunos del impacto que Jesús había tenido en el pueblo, y quizá aun entre algunos fariseos. Hull organiza el encuentro de Nicodemo con Jesús alrededor de los tres intercambios entre los dos: el primero (vv. 2, 3), el segundo (vv. 4-8) y el tercero (vv. 9-15). El título Rabí es uno de respeto y gran honor y, al usarlo, uno reconocía el derecho del otro de ser oído como autoridad en asuntos de religión. Lo llamó maestro, aunque no había recibido la preparación oficial para esa función. Los discípulos de Nicodemo lo llamarían a él “Rabí” también. Entonces la entrevista era entre dos maestros, pues Nicodemo también era un “maestro de Israel” (v. 10). Pero, al agregar has venido de Dios, Nicodemo reconocía una autoridad inusual de Jesús, que era un profeta con una misión divina. El texto literalmente dice: “porque de Dios has venido (como) maestro”, con énfasis en de Dios. Su autoridad no dependía de haber cursado los estudios largos e intensos para ser un maestro, sino de su procedencia divina. La expresión has venido tiene un eco mesiánico y quizá Nicodemo estaba reconociendo que Jesús era “Aquél que venía”, según la esperanza de Israel. Luego Nicodemo revela las evidencias que le habían convencido de que Jesús era uno venido de Dios; las mismas señales que Jesús había hecho lograron su propósito de despertar que crean en él como el Mesías, el Hijo de Dios.

De cierto, de cierto te digo traduce la doble partícula gr. indeclinable de afirmación (amen G281, amen) que se usa en el NT con el verbo “decir”. La repetición agrega fuerza a una solemne declaración. Tiene el significado de “¡atención, atención!” o “verdad, verdad…”. Este término se encuentra en varios idiomas (hebreo, griego, latín y varios modernos), a veces antes de la declaración que se afirma, como aquí, pero en nuestros días normalmente después. Jesús responde abruptamente al saludo de Nicodemo, dejando de lado los títulos y elogios, yendo directamente al grano de su necesidad. A menos que uno nazca de nuevo introduce un concepto completamente nuevo para este fariseo. La frase está bien traducida como impersonal: “a menos que uno nazca de nuevo”, pero es evidente que la aplicación es a Nicodemo. De nuevo traduce un término gr., anothen G509, que significa lit. “de arriba” o “desde el comienzo”, dando la idea de “de nuevo”. Ambas ideas se encuentran en el término y Barclay traduce las dos: “a menos que un hombre renazca de arriba”. Morris acota que en una sola frase Jesús deja de lado toda la base de la religión de Nicodemo y demanda que él sea rehecho por el poder de Dios. El que escribe conoció en el Uruguay a un hombre de más de 80 años, convertido cuatro años antes, quien cuando daba su testimonio insistía que tenía solo cuatro años de edad. Para él, la vida comenzó cuando recibió a Jesús como su Salvador. Por cierto, la metáfora “nacer de nuevo” o “de arriba” capta notable y simbólicamente lo radical y profundo de la experiencia de salvación; en Cristo uno llega a ser una nueva creación (2Co_5:17).

No puede ver el reino de Dios constituye la segunda parte de una frase condicional, o sea, la apódosis. Si uno no cumple con la condición de la prótasis, no puede recibir el beneficio deseado. Jesús declara una imposibilidad moral, según la voluntad de Dios, y su palabra es “viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb_4:12). Es una declaración tan categórica como, p. ej., “cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño, jamás entrará en él” (Mar_10:15). Borchert llama la atención al juego de palabras entre Nicodemo (“…nadie puede hacer estas señales…”, (v. 2; ver vv. 4, 5, 9) y Jesús (“…no puede ver el reino…”), entre lo que es posible según la mente finita de Nicodemo y lo que es realmente posible según Jesús.

Ver el reino es equivalente a “entrar en” (v. 5) y ser miembro del reino y participante en él (ver “verá la muerte”,Mar_8:51). El reino de Dios es una expresión muy común en los Sinópticos, pero se encuentra sólo dos veces en Juan (Mar_3:3, Mar_3:5). Tiene que ver con el reinado de Dios, expresado en la teocracia en el AT y en el reino mesiánico en la tierra que el Hijo de Dios vino a iniciar, compuesto de todos los creyentes en Cristo Jesús. El hecho de que Jesús haya exigido una transformación total a este miembro del gran Sanedrín, en vez de recibirlo gustoso y con brazos abiertos, indica lo radical del reino que estaba iniciando y que no bajaba los requisitos para ganar a “un gran pez”.

Plummer afirma que la metáfora de renacer, con el significado de una regeneración espiritual, no sería desconocida para Nicodemo. Sin embargo, Borchert y muchos otros comentaristas dicen lo contrario, que Nicodemo era sincero, entendiendo la afirmación de Jesús en un sentido estrictamente lit., es decir, de un nacimiento físico. Sus preguntas parecen expresar lo absurdo que la exigencia de Jesús le parecía, sobre todo siendo él viejo. Godet sugiere que “Nicodemo no entendía la diferencia entre un segundo comienzo y un comienzo diferente”.

El v. 15 amplía y aclara la exigencia inicial de Jesús. Otra vez Jesús introduce su respuesta con el doble amén, amén, indicando una afirmación solemne. Aclara que “nacer de nuevo” no se refiere, o por lo menos no se limita, a un nacimiento físico. La primera cosa que salta a la vista en el texto griego es que no hay un artículo definido ante agua y Espíritu y, por lo tanto, el énfasis debe recaer sobre la cualidad o el carácter de ambos términos. También se observa que Espíritu (pneuma G4151) en la traducción de la RVA que inserta el artículo definido y lo escribe con mayúscula se justifica porque todos los comentaristas concuerdan en que se refiere a la obra regeneradora del Espíritu Santo.

Lo que ha dado lugar a grandes controversias es la expresión nazca de agua. Hay básicamente tres opciones para interpretar nazca de agua. Primera, puede referirse al rito de purificación (ver 2:6), o al bautismo de arrepentimiento que Juan el Bautista realizaba. Los fariseos, como grupo, rechazaron el bautismo de Juan (ver Luk_7:30) y lo que estaba asociado con él, la identificación de Jesús como el Mesías de Dios. Tal paso sería harto difícil para un fariseo. Segunda, agua puede referirse a la procreación, un concepto muy extraño para nosotros, pero estudios de Odeberg y otros han demostrado que este término, junto con “lluvia” y “rocío”, se usaba para referirse al semen del varón. Si este es el significado, “nacer de agua” se referiría al nacimiento físico. En línea con esta interpretación está el hecho de que el feto humano está en una bolsa de “agua” antes de nacer, haciendo comprensible la idea de “nacer de agua”. Tercera, algunos entienden que “nacer de agua” se refiere al bautismo cristiano. Esta es la posición de los católicos y de los que enseñan que el bautismo en agua es esencial para la salvación. Por ejemplo, Brown discute largamente el significado de “nacer de agua” y confiesa que “no creemos que en el evangelio mismo haya base suficiente para establecer la relación existente entre el nacer del agua y el nacer del Espíritu a nivel de la interpretación sacramental”. Sin embargo, el mismo autor católico termina diciendo que “es posible que Juan se refiera a la comunicación del Espíritu mediante el bautismo”. En contra de esta posición está el hecho de que el bautismo cristiano no existía en el tiempo cuando Jesús tuvo la entrevista con Nicodemo. Brown, consciente de este hecho, sugiere que esta expresión no representaría las palabras de Jesús, sino que habría sido agregada posteriormente por un redactor cuando ya se practicaba el bautismo cristiano. El que escribe entiende que el versículo siguiente resuelve la discusión, apoyando la segunda opción mencionada arriba.

Parece que Jesús mismo quiso interpretar el v. 5 con las palabras del v. 6. Hay dos clases de nacimiento: el físico y el espiritual. El tiempo aoristo de los verbos (vv. 3, 4, 5, 7) establece el hecho del nacimiento, pero el tiempo perfecto aquí (v. 6) marca el estado existente y continuo de lo que nació. El término carne (sarx G4561), que a veces se refiere a la condición pecaminosa del hombre, especialmente en los escritos paulinos, aquí se refiere solamente a la naturaleza humana. Jesús emplea una analogía para explicar lo que es necesario para entrar en el reino de Dios. El ser humano recibe un cuerpo adaptado para funcionar en el mundo material por el nacimiento físico de padres humanos. En una manera parecida, el ser humano que cree en Cristo recibe una naturaleza espiritual del Padre celestial, efectuada por el Espíritu Santo y adaptada para funcionar en el reino de Dios.

Jesús habría leído la sorpresa, o incredulidad, en el rostro de Nicodemo y le exhorta a no quedar paralizado en la contemplación de la maravilla del nuevo nacimiento (v. 7). El tiempo aoristo del verbo indica la cesación de una acción, por ejemplo, “deja de maravillarte”. Nótese el cambio de número de persona, de singular (vv. 1-6) al plural Os. Jesús se dirige no solo a Nicodemo, sino también a sus amigos. La exigencia para entrar en el reino de Dios es universal, para toda la humanidad, la única excepción siendo Jesús mismo. La evidencia de que Nicodemo estaría acompañado por asociados se ve aquí y en el v. 2 al decir “sabemos”. Necesario es un verbo impersonal que expresa fuertemente un deber moral o una obligación.

Jesús emplea en el v. 8 otra analogía para explicar el nuevo nacimiento, aprovechando un juego de palabras. Viento, Espíritu y “aliento” son tres posibles traducciones de pneuma G4151. Hay algo misterioso en la operación del viento: oímos su sonido, sentimos su movimiento y vemos el efecto que tiene en objetos, pero no podemos verlo, ni precisar de dónde viene, ni exactamente hacia dónde se dirige. Tampoco podemos ver al Espíritu Santo, ni saber cómo opera en el ser humano, pero podemos sentir su movimiento en nuestra vida y observar el efecto de su presencia y operación en la vida de personas que han nacido de nuevo. Puesto que el mismo término gr. significa “viento” y “espíritu”, algunos traducen Espíritu en ambas posiciones: “El Espíritu sopla de donde quiere… ha nacido del Espíritu”. Sin embargo, los términos sopla y sonido favorecen la traducción de viento en la primera referencia.

¿Cómo puede suceder eso? es una pregunta de Nicodemo que expresa su perplejidad ante la explicación de Jesús, sin un intento de refutarla. La traducción lit. sería: “¿Cómo es posible que estas cosas lleguen a suceder?”. “Estas cosas” se refiere al nuevo nacimiento. El fariseo pide una explicación más comprensible de este gran misterio.

El Rabí se sorprende por la falta de conocimiento de otro rabí, representante de los más eruditos y de la suprema autoridad del judaísmo. Había exhortado a Nicodemo a dejar de maravillarse de sus enseñanzas (v. 7), pero ahora en el v. 10 él mismo se maravilla de la falta de conocimiento del maestro de Israel (ver Mar_6:6). En el texto gr. hay un artículo definido ante maestro, traducido “el maestro de Israel”, indicando que Nicodemo sería miembro del Sanedrín y tendría un puesto oficial de gran importancia. Con más razón, él tendría que haber comprendido que el hombre no podría obtener la justicia de Dios, o entrar en el reino de Dios, basado en su propio esfuerzo, méritos o justicia.

Por tercera vez Jesús emplea la doble exclamación, “de cierto, de cierto”, para introducir una afirmación, ya no en relación con el nuevo nacimiento, sino acerca de otras verdades espirituales. El plural de los verbos puede ser retórico, dando el valor de un proverbio, pero el versículo siguiente tiende a confirmar el sentido literal. Inclusive, algunos comentaristas piensan que sus discípulos estaban presentes, o que Jesús incluía el testimonio de Juan el Bautista en lo que decía. Vincent, por otro lado, opina que Jesús incluía a todos los que han nacido del Espíritu. Plummer sugiere que Jesús y sus discípulos hablaban de cosas terrenales (v. 12a), pero solo él hablaba de las celestiales (v. 12b). Aquí Jesús declara que sus enseñanzas no son meras opiniones, sugerencias o datos de segunda mano, sino que están basadas en hechos objetivos y comprobables de un testigo ocular. Pero no recibís nuestro testimonio indica la respuesta no sólo de Nicodemo, sino también de sus compañeros y es una profecía del rechazo de los líderes judíos en general. Jesús emplea dos veces testimonio en este versículo, además de “saber” y “ver”, tres términos clave en este Evangelio (ver 1:7). El verbo recibís, en el tiempo presente, enfatiza la actitud negativa y continua de los judíos. Las tradiciones y los prejuicios, unidos al celo religioso, cegaban la mente de la mayoría de los fariseos.

Lo que Jesús había dicho acerca del segundo nacimiento es terrenal y celestial: el poder para la regeneración es del cielo pero se efectúa en la tierra en el corazón del ser humano. Cosas terrenales se entiende en sentido lit., como cosas que suceden en la tierra, y no en el sentido simbólico, como cosas pecaminosas. En los versículos siguientes Jesús habla de las celestiales. Tasker opina que cosas terrenales se refieren a verdades espirituales para las cuales existe una analogía, como distintas a cosas celestiales, para las cuales no existe un paralelo humano.

En el versículo anterior Jesús empleó la primera persona singular al hablar de cosas celestiales, no incluyendo a los discípulos (ver v. 11). La razón por qué sólo él podía hablar con absoluta autoridad de cosas celestiales es que sólo él tenía conocimiento personal de ellas. Descendió del cielo se refiere a su encarnación cuando el Hijo eterno de Dios llegó a ser el Hijo del Hombre. No sólo descendió del cielo, sino que mantenía una comunión íntima y continua con el Padre, capacitándole para hablar de las celestiales. Nadie ha subido al cielo no tiene que ver con los creyentes que han muerto y cuyos espíritus están con Dios. Jesús está afirmando que ninguna persona presente sobre la tierra, excepto el Hijo del Hombre, tenía conocimiento personal de las cosas celestiales.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto introduce la conclusión de las palabras de Jesús, con una predicción de su muerte como plan de Dios para ofrecer vida eterna a la humanidad. Se refiere al episodio relatado en Números 21 cuando Dios envió serpientes ardientes para morder al pueblo como castigo por haberse rebelado en contra de Moisés, su líder divinamente aprobado. Dios instruyó a Moisés para que moldeara una serpiente de bronce y la levantara sobre un asta. Sólo los que miraban a la serpiente levantada, provista por Dios, se salvarían de la mordedura de las serpientes. El adverbio así, de modo o manera, con el sentido de “en la misma manera”, relaciona el acto de Moisés con el propósito de la vida y muerte de Jesús. Encontramos otra vez ese verbo impersonal dei G1163 (ver 3:7) que habla de una necesidad moral o espiritual, ordenada por Dios. Levantado seguramente se refiere a la crucifixión (ver 8:28; 12:32), como parte del plan de Dios para la salvación de los creyentes, pero algunos sugieren que, como Juan suele incluir un doble sentido en algunas palabras, también podría referirse a la exaltación del Hijo del Hombre en la resurrección (ver Act_2:33; Phi_2:9). En ambos casos los hombres estaban bajo la condenación de muerte, como sentencia de Dios por su pecado, y en ambos casos Dios provee el medio de liberación de esa sentencia para poder vivir.

En el caso de Moisés se trataba de muerte o vida física, pero en el caso de Jesús se trataba de muerte o vida espiritual y eterna. En el caso de Moisés la condición para obtener vida física fue el mirar con fe a la serpiente de bronce, pero en la enseñanza de Jesús la condición para obtener vida eterna era el mirar con fe al Hijo de Dios. La conjunción de propósito para que (jina G2443) expresa la intención y voluntad de Dios. Todo aquel abre el beneficio de vida eterna a todo el mundo con una sola condición. El verbo “creer” es un participio griego en el tiempo presente con énfasis en una acción continua. No es la creencia superficial y pasajera que salva, sino la que es profunda, sincera y sostenida. Una traducción que capta este significado sería: “todo aquel que está creyendo y sigue creyendo en él…”.

Tenga es otro verbo en el tiempo presente que habla de una posesión presente, es decir, tan pronto que uno ponga su fe en Cristo tiene ya la vida eterna. Vida eterna es una de las expresiones favoritas en este Evangelio, siendo aquí la primera de 17 referencias, comparadas con 8 en los Sinópticos y 6 en 1 Juan. Nótese cómo la vida espiritual que Dios ofrece se relaciona estrechamente con Cristo quien dijo: “Yo soy la… vida” (Phi_14:6; ver 1:4; Col_3:3). Aparte de él no hay vida espiritual. El término eterna (aionion G166) significa lit. lo que pertenece a una edad de tiempo, como p. ej., “la Edad Media”. Según el concepto judío, vida eterna se refería a la vida que pertenece a la edad venidera. Morris opina que es un concepto escatológico (ver 6:40, 54). Así que los judíos pensaban que la edad venidera no tendría fin y por lo tanto sería eterna. El concepto de tiempo sin fin ciertamente está en la expresión vida eterna, y algunas versiones lo traducen “vida sin fin”. Sin embargo, tal traducción pierde la otra dimensión, la que es aún más significativa. Es más que cantidad de tiempo; es la calidad de vida en ese tiempo, es la “vida abundante” que Cristo vino a traernos (10:10). La extensión de tiempo tendría poco valor en sí; lo que vale es la riqueza espiritual de esa vida. Westcott lo expresa así: “No es una duración sin fin del ser en tiempo, sino el ser del cual el tiempo no es una medida”. Esta vida en Cristo es un regalo de Dios, no un logro humano, y eleva al hombre de la vida que es meramente física y terrenal a una nueva dimensión de existencia. La vida aquí en Cristo, dotada por el ministerio del Espíritu Santo, es un anticipo real de lo que será la vida en el más allá.

La mayoría de los eruditos conservadores del NT (p. ej., Westcott, Lightfoot, Bernard, Marcus Dods, Vincent, Hovey, Hull, BeasleyMurray, Carter, Gossip, Morris, Tasker, etc.) consideran que la conversación con Nicodemo termina con el v. 15, y que los versículos siguientes son reflexiones de Juan. La RVA, siguiendo la opinión de otros eruditos, inclusive la de Raymond Brown, imprime los vv. 16-21 en rojo, indicando su opinión de que son palabras de Jesús. Borchert nos recuerda que no es tan importante distinguir quién habla, Jesús o Juan, pues el mismo Espíritu inspiró a ambos. Si se comprueba que los vv. 16-21 son reflexiones de Juan, por eso ¿tendrían menos peso que si fueran de Jesús?

Recordamos que en los textos originales no había signos de puntuación para indicar donde terminaba la conversación de uno y comenzaba la de otro. Sin embargo, hay evidencias que podrían indicar que los vv. 14 y 15 registran las palabra de Jesús, pero los siguientes no. Primera, el término “Hijo del Hombre” (v. 14) es un título que sólo Jesús usaba al referirse a sí mismo. Pero, en el v. 16, los verbos en el tiempo aoristo, “amó” y “dio”, indicarían que se refería a eventos del pasado. Además, hay términos en los vv. 16, 18 y 21 que sólo Juan utiliza en sus propios comentarios sobre la vida de Jesús (p. ej. “unigénito”, “creer en el nombre” y “el que hace la verdad”). Es curioso que Juan nos haya dejado “colgados en el aire” en cuanto a la reacción final de Nicodemo, si creyó en Jesús en esta ocasión o no. Por lo menos las dos referencias más adelante indicarían que en algún momento sí, este fariseo nació de nuevo (ver 7:50-53 y 19:39 s.).

(2) Reflexiones de Juan, 3:16-21. Esta sección abarca a lo menos cuatro temas. Borchert insiste en la necesidad de considerar los vv. 16-18 como una unidad con tres énfasis. El v. 16 sirve como una afirmación de que Cristo es el agente de Dios para traer la salvación al mundo. El v. 17 contempla la intención de Dios e identifica su propósito en enviar a su Hijo. El v. 18 provee una afirmación de la realidad definida en cuanto a la naturaleza actual del juicio. En los vv. 19-21 se presenta una explicación por el rechazo de la oferta de Dios en su Hijo.

Porque de tal manera amó Dios al mundo es una proclamación de la novedad grande y radical del reino que Cristo vino a establecer. Martín Lutero decía que Joh_3:16 es “el evangelio en miniatura”; otros lo llaman “el mismo corazón del evangelio”. Probablemente es el versículo más conocido en toda la Biblia. Siendo así, merece un análisis detallado. Una manera de analizar el versículo sería el tomar cada frase que incluye un verbo (amó, dio, pierda y tenga) por separado. Ninguna religión pagana expresaba el concepto de un dios de amor. Los judíos afirmaban, sí, el amor de Dios, pero sólo para el pueblo judío, no para los gentiles. Mundo (kosmos G2889) aquí se refiere a la toda la humanidad (ver comentario sobre 1:10 para distintos significados del término). El amor de Dios es tan ancho como para abarcar a toda persona que jamás ha vivido, que vive ahora y que ha de vivir. Porque traduce una conjunción causal (gar G1063), expresando la razón por la acción de Dios de amar al mundo y dar a su Hijo unigénito. De tal manera traduce un adverbio demostrativo (joutos

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