En el versículo anterior Jesús empleó la primera persona singular al hablar de cosas celestiales, no incluyendo a los discípulos (ver v. 11). La razón por qué sólo él podía hablar con absoluta autoridad de cosas celestiales es que sólo él tenía conocimiento personal de ellas. Descendió del cielo se refiere a su encarnación cuando el Hijo eterno de Dios llegó a ser el Hijo del Hombre. No sólo descendió del cielo, sino que mantenía una comunión íntima y continua con el Padre, capacitándole para hablar de las celestiales. Nadie ha subido al cielo no tiene que ver con los creyentes que han muerto y cuyos espíritus están con Dios. Jesús está afirmando que ninguna persona presente sobre la tierra, excepto el Hijo del Hombre, tenía conocimiento personal de las cosas celestiales.
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto introduce la conclusión de las palabras de Jesús, con una predicción de su muerte como plan de Dios para ofrecer vida eterna a la humanidad. Se refiere al episodio relatado en Números 21 cuando Dios envió serpientes ardientes para morder al pueblo como castigo por haberse rebelado en contra de Moisés, su líder divinamente aprobado. Dios instruyó a Moisés para que moldeara una serpiente de bronce y la levantara sobre un asta. Sólo los que miraban a la serpiente levantada, provista por Dios, se salvarían de la mordedura de las serpientes. El adverbio así, de modo o manera, con el sentido de “en la misma manera”, relaciona el acto de Moisés con el propósito de la vida y muerte de Jesús. Encontramos otra vez ese verbo impersonal dei G1163 (ver 3:7) que habla de una necesidad moral o espiritual, ordenada por Dios. Levantado seguramente se refiere a la crucifixión (ver 8:28; 12:32), como parte del plan de Dios para la salvación de los creyentes, pero algunos sugieren que, como Juan suele incluir un doble sentido en algunas palabras, también podría referirse a la exaltación del Hijo del Hombre en la resurrección (ver Act_2:33; Phi_2:9). En ambos casos los hombres estaban bajo la condenación de muerte, como sentencia de Dios por su pecado, y en ambos casos Dios provee el medio de liberación de esa sentencia para poder vivir.
En el caso de Moisés se trataba de muerte o vida física, pero en el caso de Jesús se trataba de muerte o vida espiritual y eterna. En el caso de Moisés la condición para obtener vida física fue el mirar con fe a la serpiente de bronce, pero en la enseñanza de Jesús la condición para obtener vida eterna era el mirar con fe al Hijo de Dios. La conjunción de propósito para que (jina G2443) expresa la intención y voluntad de Dios. Todo aquel abre el beneficio de vida eterna a todo el mundo con una sola condición. El verbo “creer” es un participio griego en el tiempo presente con énfasis en una acción continua. No es la creencia superficial y pasajera que salva, sino la que es profunda, sincera y sostenida. Una traducción que capta este significado sería: “todo aquel que está creyendo y sigue creyendo en él…”.
Tenga es otro verbo en el tiempo presente que habla de una posesión presente, es decir, tan pronto que uno ponga su fe en Cristo tiene ya la vida eterna. Vida eterna es una de las expresiones favoritas en este Evangelio, siendo aquí la primera de 17 referencias, comparadas con 8 en los Sinópticos y 6 en 1 Juan. Nótese cómo la vida espiritual que Dios ofrece se relaciona estrechamente con Cristo quien dijo: “Yo soy la… vida” (Phi_14:6; ver 1:4; Col_3:3). Aparte de él no hay vida espiritual. El término eterna (aionion G166) significa lit. lo que pertenece a una edad de tiempo, como p. ej., “la Edad Media”. Según el concepto judío, vida eterna se refería a la vida que pertenece a la edad venidera. Morris opina que es un concepto escatológico (ver 6:40, 54). Así que los judíos pensaban que la edad venidera no tendría fin y por lo tanto sería eterna. El concepto de tiempo sin fin ciertamente está en la expresión vida eterna, y algunas versiones lo traducen “vida sin fin”. Sin embargo, tal traducción pierde la otra dimensión, la que es aún más significativa. Es más que cantidad de tiempo; es la calidad de vida en ese tiempo, es la “vida abundante” que Cristo vino a traernos (10:10). La extensión de tiempo tendría poco valor en sí; lo que vale es la riqueza espiritual de esa vida. Westcott lo expresa así: “No es una duración sin fin del ser en tiempo, sino el ser del cual el tiempo no es una medida”. Esta vida en Cristo es un regalo de Dios, no un logro humano, y eleva al hombre de la vida que es meramente física y terrenal a una nueva dimensión de existencia. La vida aquí en Cristo, dotada por el ministerio del Espíritu Santo, es un anticipo real de lo que será la vida en el más allá.
La mayoría de los eruditos conservadores del NT (p. ej., Westcott, Lightfoot, Bernard, Marcus Dods, Vincent, Hovey, Hull, BeasleyMurray, Carter, Gossip, Morris, Tasker, etc.) consideran que la conversación con Nicodemo termina con el v. 15, y que los versículos siguientes son reflexiones de Juan. La RVA, siguiendo la opinión de otros eruditos, inclusive la de Raymond Brown, imprime los vv. 16-21 en rojo, indicando su opinión de que son palabras de Jesús. Borchert nos recuerda que no es tan importante distinguir quién habla, Jesús o Juan, pues el mismo Espíritu inspiró a ambos. Si se comprueba que los vv. 16-21 son reflexiones de Juan, por eso ¿tendrían menos peso que si fueran de Jesús?
Recordamos que en los textos originales no había signos de puntuación para indicar donde terminaba la conversación de uno y comenzaba la de otro. Sin embargo, hay evidencias que podrían indicar que los vv. 14 y 15 registran las palabra de Jesús, pero los siguientes no. Primera, el término “Hijo del Hombre” (v. 14) es un título que sólo Jesús usaba al referirse a sí mismo. Pero, en el v. 16, los verbos en el tiempo aoristo, “amó” y “dio”, indicarían que se refería a eventos del pasado. Además, hay términos en los vv. 16, 18 y 21 que sólo Juan utiliza en sus propios comentarios sobre la vida de Jesús (p. ej. “unigénito”, “creer en el nombre” y “el que hace la verdad”). Es curioso que Juan nos haya dejado “colgados en el aire” en cuanto a la reacción final de Nicodemo, si creyó en Jesús en esta ocasión o no. Por lo menos las dos referencias más adelante indicarían que en algún momento sí, este fariseo nació de nuevo (ver 7:50-53 y 19:39 s.).
