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Juan 3: El que vino a Jesús de noche

Muchas personas no quieren que sus vidas queden expuestas a la luz de Dios porque temen lo que esta pueda revelar. No quieren cambiar. No se sorprenda de que personas así se sientan amenazadas por el deseo suyo de obedecer a Dios y hacer lo que es bueno. Temen que la luz que hay en usted ponga al descubierto algo oscuro en sus vidas. No se desanime. Manténgase en oración por ellas para que comprendan que es mejor vivir en la luz que en la oscuridad.

Algunas personas buscan puntos discrepantes para sembrar semillas de discordia, descontento y duda. Juan el Bautista terminó esta discusión teológica hablando de su devoción a Cristo. Es contraproducente forzar a otros a que crean como nosotros. Es mejor hablarles de nuestra entrega personal a Cristo y lo que El ha hecho por nosotros. Después de todo, ¿quién puede refutarnos eso?

Los discípulos de Juan el Bautista estaban confundidos porque la gente seguía a Jesús y no a Juan. Es fácil que nuestros celos germinen cuando aumenta la popularidad del ministerio de otra persona. Sin embargo, debemos recordar que nuestra verdadera misión es lograr que las personas sigan a Cristo y no a nosotros.

¿Por qué Juan el Bautista siguió bautizando después que Jesús entró en escena? ¿Por qué no se convirtió también en discípulo? Juan explicó que como Dios fue el que le dio este trabajo, debía continuarlo hasta que lo llamara a hacer otra cosa. El propósito principal de Juan era conducir la gente a Cristo. Aunque Jesús ya había comenzado su ministerio, Juan podía seguir guiando la gente a Jesús.

La disposición de Juan a menguar en importancia muestra su humildad. Los pastores y otros cristianos pueden sentirse tentados a enfatizar más el éxito de su ministerio que a Cristo. Cuídese de los que ponen más énfasis en sus logros que en el Reino de Dios.

El testimonio de Jesús era confiable porque vino del cielo y hablaba de lo que vio allí. Sus palabras eran las mismas de Dios. Toda su vida espiritual depende de cómo responde a una sola pregunta: “¿Quién es Jesucristo?” Si acepta a Jesús únicamente como un profeta o un maestro, tendrá que rechazar su enseñanza, puesto que El declaró que era el Hijo de Dios, incluso que era Dios mismo. La esencia del Evangelio de Juan es la verdad dinámica de que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador, el que fue desde el principio y seguirá viviendo para siempre. Este mismo Jesús nos ha invitado a aceptarlo y vivir con El eternamente. Cuando entendemos quién es Jesús, nos sentimos compelidos a creer lo que dijo.

3.34 El Espíritu de Dios estaba sobre Jesús sin límite y sin medida. Por lo tanto, Jesús fue la suprema revelación de Dios a la humanidad (Heb_1:2).

Jesús dice que todo el que cree en El tiene (no dice que tendrá) vida eterna. La vida eterna se recibe cuando uno se une a la vida de Dios, la cual por naturaleza es eterna. Así que la vida eterna comienza en el momento del nacimiento espiritual.

3.36 Juan, el escritor de este Evangelio, demostró que Jesús es el verdadero Hijo de Dios. Establece ante nosotros la gran alternativa en la vida. A nosotros nos toca elegir hoy a quién obedeceremos (Jos_24:15) y Dios quiere que lo elijamos a El (Deu_30:15-20). Postergar nuestra elección es decidir no seguir a Cristo. La indecisión es una decisión fatal.

El primer discurso : el nuevo nacimiento

Sin lugar a dudas, el cap. 3 de Juan es uno de los más conocidos y citados en la Biblia y ¿qué creyente evangélico no puede repetir de memoria Joh_3:16? El propósito del evangelista, expresado en 20:31, es el de señalar a Jesús como el Hijo de Dios. Para lograrlo, emplea dos métodos: relata las señales que Jesús realizó y registra unos discursos que tuvo con individuos y grupos. A veces estos dos métodos se combinan en un episodio. En este primer discurso, Jesús presenta el requisito para entrar en el reino de Dios a una sola persona, quizá en privado, y Juan concluye con una serie de reflexiones.

Generalmente se considera que los vv. 1-15 constituyen la conversación de Jesús con Nicodemo y los vv. 16-21 las reflexiones del autor sobre el discurso. Brown nos ofrece dos maneras que los comentaristas han empleado para organizar el material en esta sección. Primera, hay tres preguntas de Nicodemo (vv. 2, 4, 9) y tres respuestas de Jesús (vv. 3, 5, 11), aunque la primera pregunta es implícita. Segunda, se organiza alrededor de la Trinidad: los vv. 3-8 se refieren a la función del Espíritu, los vv. 11-15 al Hijo del Hombre y los vv. 16-21 a Dios Padre.

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