La misión de Juan había sido traerle Israel a Jesús, el Mesías enviado de Dios, y arreglar Sus bodas. Una vez cumplido su cometido estaba contento de desaparecer en la oscuridad. No dijo con envidia que Jesús tenía que crecer y él menguar, sino con júbilo. Nos vendría bien a veces recordar que no es a nosotros a los que tenemos que atraer a la gente, sino a Jesucristo. No es para nosotros para quienes reclamamos la lealtad de la Iglesia, sino para el Novio, el Hijo de Dios.
EL QUE HA VENIDO DEL CIELO
EL Que viene de Arriba está por encima de todos. El que procede de la Tierra es de la Tierra y habla de la Tierra. El Que procede del Cielo está por encima de todos: lo que atestigua es lo que ha visto y oído, y no reciben Su testimonio; pero los que reciben Su testimonio autentican que Dios es veraz. El Que Dios ha enviado habla la Palabra de Dios, porque Dios no Le asigna el Espíritu con una medida escasa. El Padre ama al Hijo, y lo ha dejado todo en Sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
Como ya hemos visto, una de las dificultades del Cuarto Evangelio es saber cuándo hablan los personajes y cuándo es Juan el que añade el comentario. Estos versículos puede que contengan las palabras de Juan el Bautista; pero parece más bien que son el testimonio y comentario del evangelista.
Juan empieza por afirmar la supremacía de Jesús. Si queremos información, tenemos que acudir a la persona que la tiene. Si queremos información acerca de una familia, la obtendremos de primera mano solamente de uno de los miembros de esa familia. Si queremos información sobre una ciudad, la recibiremos de primera mano sólo de alguien que viva o haya estado allí. De la misma manera, si queremos información acerca de Dios, sólo la podremos obtener del Hijo de Dios; y si la queremos acerca del Cielo y de la vida que se vive allí, sólo la podremos recibir del Que vino de allí. Cuando Jesús habla de Dios y de las cosas celestiales, dice Juan, no habla de segunda mano, sino nos cuenta lo que ha oído y visto por Sí mismo. Para decirlo simplemente, como Jesús es el único que conoce a Dios, es el único que puede comunicarnos los Hechos acerca de Dios, y eso es lo que es el Evangelio.
Lo que le da pena a Juan es que sean tan pocos los que acepten el Mensaje que nos ha traído Jesús; pero, cuando uno lo recibe, atestigua el hecho de que en su fe la Palabra de Dios es verdad. En el mundo antiguo, si una persona quería autenticar un documento como, por ejemplo, un testamento o un tratado, le ponía su sello al pie. Ese sello era la señal de que él estaba de acuerdo con el contenido del documento y lo consideraba fidedigno y efectivo. De la misma manera, cuando alguien acepta el Evangelio, afirma y pone su sello atestiguando que cree que lo que Dios dice es cierto.
Y Juan prosigue: podemos creer lo que nos dice Jesús porque Dios derramó en Él Su Espíritu en plenitud, sin reservarse nada. Hasta los mismos judíos decían que los profetas recibían de Dios una cierta medida del Espíritu. La totalidad del Espíritu estaba reservada para el Escogido de Dios. Ahora bien: según la manera de pensar de los judíos, el Espíritu de Dios tenía dos misiones: la primera era revelar a la humanidad la verdad de Dios; y la segunda, capacitar a los seres humanos para reconocer y entender esa verdad cuando venía a ellos. El decir que el Espíritu estaba en Jesús de la manera más completa es decir que Jesús conocía y entendía perfectamente la verdad de Dios. Para decirlo de otra manera: escuchar a Jesús es escuchar la misma voz de Dios.
Por último, Juan nos presenta otra vez la alternativa eterna, la vida o la muerte. A lo largo de todo su historia, Dios le había presentado al pueblo de Israel esta gran elección. Deuteronomio conserva las palabras de Moisés: “ Mira: yo te he puesto delante hoy la vida y el bien, la muerte y el mal… A los cielos y a la Tierra invoco por testigos contra vosotros hoy de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; por tanto, escoge la vida, para que viváis tú y tu descendencia» (Deu_30:15-20 ). Y Josué reiteró el desafío: “ Escogeos hoy a quién sirváis» (Jos_24:15 ). Se ha dicho que toda la vida se concentra en las encrucijadas. Una vez más, Juan vuelve a su tema favorito: lo que importa es nuestra reacción a Cristo. Si esa reacción es amor y anhelo, esa persona conocerá la vida. Si es indiferencia u hostilidad, esa persona no cosechará más que la muerte. No es que Dios descargue Su ira sobre ella; es que ella se la atrae sobre sí misma.
Nicodemo era fariseo y miembro del concilio (llamado Sanedrín), un grupo de líderes religiosos que Jesús y Juan el Bautista criticaron a menudo por su hipocresía. (Si desea más información sobre los fariseos, véase la nota a Mat_3:7.) Muchos fariseos estaban celosos de Jesús porque socavaba su autoridad y rebatía sus puntos de vista. Pero Nicodemo indagaba y creía que Jesús tenía respuestas. Aunque era un erudito, fue a Jesús para instruirse. No importa cuán inteligente o educado uno sea, debe acercarse a Cristo con un corazón abierto y dispuesto a fin de que le enseñe la verdad acerca de Dios.
