Se observa que los discursos en Juan son muy distintos a los de los Sinópticos. Una posible explicación para este fenómeno, según Plummer, es la diferencia entre la audiencia de los discursos y los destinatarios de los Evangelios. Juan relata el ministerio de Jesús mayormente en Judea, entre los judíos más preparados, mientras que los Sinópticos registran el ministerio mayormente en Galilea, entre gente común y menos ilustrada. Además, los discursos relatados en Juan son más largos y más reflexivos, con excepción del Sermón del monte. Otro fenómeno que se observa es la dificultad de saber cuándo habla Jesús y cuándo Juan agrega un comentario o una reflexión.
(1) El nuevo nacimiento, 3:1-15. Desde el comienzo del Evangelio, Juan procura exhibir la incomparable excelencia de Jesús como el Hijo de Dios. Además, lo presenta como el que tenía un propósito definido a favor de los hombres: ofrecerles vida eterna (3:16; 20:31) que incluye vida abundante sobre el planeta tierra (10:10). En la conversación entre Jesús y Nicodemo, Juan enfatiza la verdad central en el evangelio de que esta vida eterna, o entrada en el reino de Dios, se alcanza, no por cumplir con reglas y ritos religiosos, sino por una relación personal con Jesús. El conocimiento sobrenatural que Jesús tenía del corazón del hombre y la indisposición de él de confiar en los discípulos superficiales (ver 2:23-25) se manifiestan en su trato con Nicodemo.
Al iniciar esta sección con el uso poco común de la expresión un hombre (antropos G444), Juan vincula lo que sigue con el conocimiento del hombre de parte de Jesús en 2:25. Los fariseos constituían el más influyente de los tres principales partidos religiosos (fariseos, saduceos y esenios) durante la vida de Jesús. El término “fariseo” significa “separado” o “separatista”, posiblemente porque se dedicaban a distinguir en forma meticulosa entre lo santo y lo inmundo, basados en su interpretación de la ley de Moisés y, por esto, estaban identificados con los escribas. Eran tremendamente legalistas y nacionalistas, siendo muy reacios a los saduceos, quienes eran más políticos y dispuestos a formar alianzas con Roma. Los fariseos no estaban tan identificados con el templo como lo estaban los saduceos y, por lo tanto, no estarían tan ofendidos por la limpieza realizada por Jesús. Inclusive, quizá estaban contentos por el conflicto que éstos tuvieron con Jesús en el cual quedaron mal parados.
Nicodemo posiblemente era uno de los muchos que habían presenciado las señales de Jesús y que quedaron impresionados. Este personaje se menciona sólo en Juan. Algunos especulan que sería uno de los mencionados con ese nombre en escritos extrabíblicos después de la destrucción de Jerusalén. Algunas cualidades del carácter de este hombre son: amante de la verdad, sincero, sensible a los valores espirituales, tímido y temeroso de los hombres. Su nombre es una palabra gr. compuesta que significa “vencedor del pueblo”. Una evidencia de la fuerte influencia griega en el primer siglo es que muchos judíos tomaron nombres griegos. A este personaje lo encontramos dos veces más en este Evangelio: tímidamente procurando defender a Jesús (7:50-52) y cooperando con José de Arimatea en la sepultura del cuerpo de Jesús (19:38-40). Un gobernante de los judíos indica que sería miembro del Sanedrín y representante de la religión judía ortodoxa que, como grupo, se opuso tenazmente a Jesús durante todo su ministerio, jugando un papel decisivo en su crucifixión.
Este vino a Jesús de noche, una nota que despierta varias conjeturas. Indicaría que tenía inquietudes espirituales y quizá sentía la falta de satisfacción en su propia religión, resultados de haber oído las enseñanzas y visto las señales que Jesús había realizado. La sinceridad de Nicodemo es evidente por la manera en que hace preguntas y responde a las palabras de Jesús. Siendo miembro del Sanedrín y sabiendo de su posición contraria a este nuevo “profeta”, quiso tener la entrevista en secreto. Algunos conjeturan que su propósito al venir de noche se debe más bien a su timidez, o a su deseo de tener toda la atención de Jesús por un tiempo, sin las continuas interrupciones que sucedían durante el día. Meyer cree que los discípulos, o por lo menos Juan, estarían presentes durante esta entrevista. Muchos comentaristas ven en esta nota un simbolismo, esto es, Nicodemo salía de la “oscuridad de la noche” y entraba en la presencia de uno que dijo “Yo soy la luz del mundo” (8:12), lo opuesto a lo que hizo Judas (13:30).
Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro sirve como un saludo inicial y el reconocimiento de parte de algunos del impacto que Jesús había tenido en el pueblo, y quizá aun entre algunos fariseos. Hull organiza el encuentro de Nicodemo con Jesús alrededor de los tres intercambios entre los dos: el primero (vv. 2, 3), el segundo (vv. 4-8) y el tercero (vv. 9-15). El título Rabí es uno de respeto y gran honor y, al usarlo, uno reconocía el derecho del otro de ser oído como autoridad en asuntos de religión. Lo llamó maestro, aunque no había recibido la preparación oficial para esa función. Los discípulos de Nicodemo lo llamarían a él “Rabí” también. Entonces la entrevista era entre dos maestros, pues Nicodemo también era un “maestro de Israel” (v. 10). Pero, al agregar has venido de Dios, Nicodemo reconocía una autoridad inusual de Jesús, que era un profeta con una misión divina. El texto literalmente dice: “porque de Dios has venido (como) maestro”, con énfasis en de Dios. Su autoridad no dependía de haber cursado los estudios largos e intensos para ser un maestro, sino de su procedencia divina. La expresión has venido tiene un eco mesiánico y quizá Nicodemo estaba reconociendo que Jesús era “Aquél que venía”, según la esperanza de Israel. Luego Nicodemo revela las evidencias que le habían convencido de que Jesús era uno venido de Dios; las mismas señales que Jesús había hecho lograron su propósito de despertar que crean en él como el Mesías, el Hijo de Dios.
