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Mateo 8: La Muerte en vida

Margaret Avery cuenta una historia maravillosa. En la escuela de una aldeíta de las montañas, una maestra les había contado a sus alumnos esta historia evangélica. Poco tiempo después hubo una ventisca terrible. Cuando se cerró la escuela aquel día, la maestra tenía casi que arrastrar a los niños contra la tempestad. Estaban en verdadero peligro. En medio de todo aquello le oyó decir a un niño, como hablando consigo mismo: «Nos vendría bien tener a Jesús con nosotros aquí y ahora.» El chiquillo lo había entendido perfectamente. Su maestra tiene que haber sido estupenda. La lección de esta historia es que, cuando las tormentas de la vida nos sacuden el alma, Jesucristo está con nosotros, y en Su presencia la rugiente tempestad se convierte en una paz que nada nos puede arrebatar.

UN UNIVERSO PLAGADO DE DEMONIOS

Mateo 8:28-34

Cuando llegaron al otro lado, al territorio de los gadarenos, Le salieron al encuentro dos hombres endemoniados que salieron de entre las tumbas. Eran muy fieros, tanto que nadie podía pasar por aquella carretera. Y fijaos, se pusieron a gritar:

-¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?

A una buena distancia de ellos había un hato de muchos cerdos que estaban pastando. Los diablos Le suplicaron a Jesús:

Si nos echas de aquí, déjanos que vayamos a ese hato de cerdos.

Id -les dijo Jesús.

Los demonios salieron de los hombres y fueron a meter se en el hato de los cerdos. Y fijaos: todo el hato se abalanzó al mar por los acantilados, y se ahogaron en el agua. Los que estaban apacentándolos salieron huyendo, y se fueron lejos al pueblo y contaron todo lo que había pasado con los endemoniados. Y fijaos: todo el pueblo salió al encuentro de Jesús; y cuando Le vieron, Le pidieron que Se fuera de su territorio.

Antes de empezar a estudiar este pasaje en detalle, trataremos de resolver una dificultad que acecha al estudiante de los evangelios. Se ve que había una cierta incertidumbre en las mentes de los evangelistas en cuanto al lugar donde sucedió este incidente. Esa incertidumbre se refleja en las diferencias que hay entre los tres evangelios sinópticos. La ReinaValera›95 de estudio ya hace constar las diferencias en el nombre de la región gergesenos o gadarenos o gerasenos.

La dificultad consiste en que no se ha logrado identificar este lugar con toda seguridad. Gerasa es difícil que sea correcto, porque la única Gerasa de que tenemos información estaba a más de cincuenta kilómetros tierra adentro, al Sudeste del lago, en Galaad; y es seguro que Jesús no recorrió esa distancia cuando desembarcó. Gadara es casi seguro que es el nombre correcto, porque era un pueblo a menos de diez kilómetros tierra adentro desde la orilla del lago, y es normal que el cementerio estuviera a esa distancia, así como los campos para apacentar los cerdos. Gergesa es probable que se deba a la conjetura de Orígenes, el gran erudito alejandrino del siglo III. Él sabía que Gerasa era imposible; dudaba también de la posibilidad de Gadara, y conocía una aldea llamada Gergesa, en la parte oriental del Mar de Galilea, y sugirió que ese debía de ser el lugar. Lo más probable es que las diferencias se deban al hecho de que los que copiaban los manuscritos antiguos no conocían Palestina lo suficiente como para estar seguros de dónde estaba ese lugar y cómo se llamaba.

Este milagro nos enfrenta con la idea de la posesión diabólica, que es tan corriente en los evangelios. El mundo antiguo creía incuestionable e intensamente en los malos espíritus. El aire estaba tan lleno dé estos espíritus que no era posible insertar en él la punta de una aguja sin encontrarse con alguno. Algunos decían que había siete millones y medio de ellos; había diez mil en la mano derecha de cada persona, y otros diez mil en su izquierda; y todos estaban esperando la oportunidad para hacerle daño. Vivían en lugares inmundos, como las tumbas, y en otros en los que no había agua para limpiar. Vivían en los desiertos, en los que se podían oír sus aullidos. Eran especialmente peligrosos para los viajeros solitarios, las mujeres de parto, la esposa y el esposo recién casados, los niños que salían por la noche y los que viajaban de noche. Eran especialmente peligrosos en el calor del mediodía, y entre la puesta y la salida del sol. Los demonios masculinos se llamaban sedim, y los femeninos lilin, de Lilit. Los demonios femeninos tenían pelo largo, y eran especialmente peligrosos para los niños; por eso tenían los niños ángeles de la guarda (cp. Mat_18:10 ).

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