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Nehemías 10: Los que firmaron

Nehemías 10:36 Asimismo los primogénitos de nuestros hijos y de nuestros ganados, como está escrito en la Ley;[ñ] y que traeríamos los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios.

Esta práctica se instituyó en el tiempo del éxodo de Egipto. El pueblo necesitaba volver a aprender la importancia de dedicar sus primicias del campo a Dios. Nehemías estaba simplemente volviendo a instituir esta práctica que se llevó a cabo en los primeros días de la nación. A pesar de que este principio no continuó en la época del Nuevo Testamento, el concepto de dar a Dios la primera porción de nuestro tiempo, tesoros y talentos continúa. ¿Le da usted a Dios lo primero y lo mejor, o sólo las sobras?

Nehemías 10:37 También acordamos llevar las primicias de nuestras masas, de nuestras ofrendas, del fruto de todo árbol, del vino y del aceite, para los sacerdotes, a los depósitos[o] de la casa de nuestro Dios, y el diezmo[p] de nuestra tierra para los levitas; y que los levitas recibirían el décimo de nuestras labores en todas las ciudades.

Nehemías 10:38 Un sacerdote, hijo de Aarón, estaría con los levitas cuando estos recibieran el diezmo; y que los levitas llevarían el diezmo del diezmo a la casa de nuestro Dios, a los depósitos de la casa del tesoro.[q]

Nehemías 10:39 Porque a los depósitos del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores. Y prometimos no abandonar la casa de nuestro Dios.[r]

De acuerdo a la ley de Dios, el pueblo debía dar una décima parte de su producción al templo para mantener a los levitas (los que se ocupaban del templo y las observancias religiosas). Una décima parte de lo que los levitas recibían se dedicaba al sustento de los sacerdotes. El objetivo de la práctica de este principio era asegurar el mantenimiento de la casa de Dios y sus trabajadores. No debemos olvidar nuestra responsabilidad para con los obreros de Dios.

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