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Realización de los sueños humanos

Este pasaje de la genealogía hace hincapié en dos cosas especiales acerca de Jesús:

(i) Subraya el hecho de que era el Hijo de David. Era, desde luego y principalmente, para demostrar este hecho para lo que se compuso la genealogía. El Nuevo Testamento lo subraya una y otra vez.

Pedro lo afirmó en el primer sermón cristiano del que tenemos referencia, el del día de Pentecostés en Hechos 2:29-36: Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Pablo dice que Jesucristo fue descendiente de David según la carne: Romanos 1:3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, ). El autor de las epístolas pastorales nos exhorta a recordar que Jesucristo, descendiente de David, resucitó de entre los muertos: 2 Timoteo 2:8 Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi Evangelio. El autor del Apocalipsis en Apocalipsis 22:16 oye decir al Cristo resucitado: «Yo soy la raíz y el linaje de David» Repetidamente se le llama así a Jesús en la historia evangélica. Después de la curación del hombre ciego y mudo, la gente exclamó: «¿Será Éste aquel Hijo de David?» Mateo 12:23. La mujer de Tiro y Sidón que le pedía a Jesús que ayudara a su hija le llamó «Hijo de David» Mateo 15:22. Los dos ciegos que clamaron a Jesús cuando pasaba Le llamaron «Señor, Hijo de David» Mateo 20:30. Fue como Hijo de David como las multitudes Le saludaron y aclamaron cuando entró en Jerusalén por última vez: Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna en las alturas! Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! se indignaron. Mateo 21:9,15.

Aquí hay algo sumamente significativo. Está claro que fue la multitud, la gente corriente, la que llamaba a Jesús Hijo de David. Los judíos eran un pueblo a la expectativa. Nunca olvidaban, y nunca podían olvidar, que eran el pueblo escogido de Dios. Aunque su historia era una larga serie de desastres, aunque entonces eran un pueblo sometido, nunca olvidaron su destino. Y era el sueño de la gente del pueblo que algún día vendría a este mundo un descendiente de David que los conduciría a la gloria que ellos creían que les pertenecía por derecho.

Es decir: Jesús es la respuesta a los sueños humanos. Es verdad que muchas veces no se ve así. Se ve la respuesta a los sueños en el poder, en la riqueza, en la abundancia material, y en la realización de las ambiciones que se han acariciado. Pero si han de cumplirse los sueños de paz y amor, de grandeza y satisfacción, solamente podrá ser en Jesucristo.

Jesucristo y la vida que ofrece son la respuesta a los sueños humanos. En la vieja historia de José: hay un texto que sobrepasa la historia misma. Cuando José estaba en la cárcel, el copero y el panadero principales del Faraón estaban presos con él. Tuvieron cada uno un sueño que los dejó turbados y les hizo clamar en confusión: «Hemos tenido sueños, pero no hay nadie que nos los interprete» Génesis 40:8. Porque el hombre es hombre, porque es una criatura de la eternidad, el hombre está siempre alucinado por su sueño; y la única manera de que pueda realizarse está en Jesucristo.

(ii) Este pasaje también hace hincapié en que Jesús es el cumplimiento de la profecía. En Él se hace realidad el mensaje de los profetas. En nuestro tiempo tomamos bastante a la ligera la profecía. No tenemos interés la mayor parte de nosotros en buscar los dichos del Antiguo Testamento que se cumplen en el Nuevo.

Pero es verdad que la profecía, contiene esta gran verdad eterna: Que en este universo hay un propósito y un diseño, y que Dios quiere y se propone que sucedan ciertas cosas.

En El extranjero negro, obra de Gerald Healy, hay una escena que tiene lugar en Irlanda, en los terribles días de hambre de mediados del siglo diecinueve. Por falta de nada mejor que hacer, y por carecer de ninguna otra solución, el gobierno había enviado hombres que hicieran carreteras sin ningún sentido y que no conducían a ninguna parte. Michael lo descubre y vuelve a casa un día diciéndole a su padre con angustiada sorpresa: «Están haciendo carreteras que no van a ninguna parte.»

Si creemos en la profecía, eso es lo que no podemos decir nunca. La Historia no puede nunca ser una carretera que no lleva a ninguna parte. Puede que no usemos la profecía de la misma manera que nuestros padres; pero, tras el hecho de la profecía descansa el eterno hecho de que la vida y el mundo no siguen un camino que no lleva a ninguna parte, sino que siguen el camino cuya meta es Dios.

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