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1 Corintios 13: El himno al amor

(v) Puede que practique lo que alguien llamaba « el deporte de la beneficencia». Puede repartir todos sus bienes entre los pobres. No hay nada más humillante que esta supuesta « caridad» sin amor. El dar como un penoso deber, el dar despectivamente, el colocarse sobre la propia pequeña eminencia y echar migajas de «caridad» por «caridad» como a un perro, el dar acompañándolo con un cursi sermón moral o con una demoledora reprimenda no es caridad de ninguna clase. Es orgullo, y el orgullo es siempre cruel porque no conoce el amor de ninguna manera. Hay una diferencia abismal entre la clase de «caridad» que se nos describe al principio de la novela de Galdós y la Misericordia que encarna su protagonista femenina Benina.

(vi) Se puede entregar el cuerpo a las llamas. Posiblemente Pablo estaba pensando en Sadrac, Mesac y Abednego en el horno de fuego (Daniel 3). Pero, más probablemente, estaba pensando en el famoso monumento de Atenas llamado «La tumba del indio.» Allí, un indio se había quemado vivo en público en una pira funeraria, y había hecho que grabaran en su monumento la orgullosa inscripción: « Zarmano-chegas, indio de Bargosa, según la costumbre tradicional de los indios, se inmortalizó y yace aquí.» O puede estar pensando en los supuestos cristianos de siempre que desafían a la persecución. Si el motivo que hace que una persona dé la vida por Cristo es el orgullo y el exibicionismo, entonces hasta el martirio resulta absurdo y sin el menor valor. No es cinismo el recordar que muchas acciones que parecen sacrificiales han sido el producto del orgullo y no de la devoción.

Difícilmente se encontrará otro pasaje que demande el autoexamen de una persona buena tanto como este.

La naturaleza del amor cristiano

En estos versículos Pablo lista quince características del amor cristiano. El amor es paciente. La palabra griega que se usa en el Nuevo Testamento (makrothymein) siempre describe la paciencia con las personas, y no con las circunstancias. Crisóstomo decía que es la palabra que se usa de la persona que es ofendida, y que puede vengarse fácilmente, pero no lo hace. Describe a la persona que es lenta para la ira, y en este sentido se usa de Dios mismo en Su relación con los seres humanos. En nuestra relación con los demás, por muy refractarios e inamables e insultantes que sean, debemos ejercer la misma paciencia que Dios tiene con nosotros. Tal paciencia no es una señal de debilidad, sino de fuerza; no es derrotismo, sino el único camino a la victoria. Fosdick indica que nadie trató a Lincoln con más desprecio que Stanton. Le llamaba «El astuto payaso», y le puso el mote de « El gorila original» y decía que Du Chaillu era un tonto de irse al África a tratar de capturar un gorila cuando podía encontrarlo tan fácilmente en Springfield, Illinois. Lincoln no contestaba. Hizo a Stanton ministro de la guerra porque era el mejor para ese puesto y desplegó con él toda clase de cortesía. Los años transcurrieron. Llegó la noche en la que la bala del asesino acabó con la vida de Lincoln en el teatro.

En la pequeña habitación a la que llevaron el cuerpo del presidente estaba el mismo Stanton, y, contemplando el rostro mudo de Lincoln, dijo entre lágrimas: «Aquí yace el más grande regidor de hombres que ha conocido el mundo.» La paciencia del amor había obtenido la victoria al final.

El amor es amable. Orígenes decía que esto quiere decir que el amor es «dulce con todos.» Jerónimo hablaba de lo que él llamaba «la benignidad» del amor. Hay mucho cristianismo que es bueno pero inamable. No había hombre más religioso que el rey Felipe II de España, pero impuso la Inquisición y pensaba que estaba sirviendo a Dios matando a los que pensaban de otra manera que él. El famoso cardenal inglés Reginald Pole proclamó que el asesinato y el adulterio no se podían comparar en hediondez con la herejía protestante. Aparte totalmente de ese espíritu perseguidor, hay en muchas buenas personas una actitud crítica. Muchos de los buenos miembros de iglesia se habrían puesto de parte de los escribas y fariseos y no con Jesús si hubieran formado parte de un jurado para decidir sobre la mujer sorprendida en adulterio.

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