Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

1 Corintios 4: Los tres juicios

Un padre en la fe

No os escribo esto para sacaros los colores, sino para advertiros como a hijos muy queridos, porque eso es lo que sois para mí. Puede que tengáis diez mil tutores en Cristo; pero, lo que se dice padres, no podéis tener muchos, y fui yo el que os engendré como cristianos en el Evangelio. Por lo tanto, os exhorto a que sigáis mi ejemplo. Por eso es por lo que os mando a Timoteo, que es un querido y fiel hijo mío en el Señor, quien os traerá a la memoria mi manera de ser en Cristo; es decir, lo que enseño por todas partes y en todas las iglesias. Hay algunos que andan pavoneándose de su importancia, como si yo no hubiera de ir por ahí; pero iré pronto, si Dios quiere, y descubriré, no lo que dicen esos presumidos, sino lo que son capaces de hacer; porque el Reino de Dios no consiste en palabras, sino en acción poderosa.

Entonces, ¿qué preferís? ¿que vaya con el palo, o con amor y en espíritu conciliador? Con este pasaje Pablo termina la sección de la carta que trata directamente de las disensiones y divisiones de Corinto. Escribe como un padre. La misma palabra que usa en el versículo 14 para advertir (nuthetein) es la que se usa corrientemente para expresar la amonestación y el consejo que da un padre a sus hijos (Efesios 6:4). Puede que suene severo; pero no es la severidad que humilla a un esclavo indisciplinado, sino la que trata de encauzar a un hijo que se ha desviado.

Pablo era consciente de que se encontraba en una posición única en relación con la iglesia de Corinto. El tutor (paidagógós, cp. Gálatas 3:24) no era el maestro, sino un esclavo anciano y de confianza que acompañaba todos los días al chico a la escuela, le enseñaba cuestiones morales, se cuidaba de su carácter y trataba de hacerle un hombre. Un niño podía tener muchos tutores; pero no tenía más que un padre. En días por venir, los corintios podrían tener muchos tutores, pero ninguno de ellos podría hacer lo que había hecho Pablo. Ninguno de ellos podría comunicarles la vida de Jesucristo. A continuación, Pablo dice algo alucinante. Lo que les dice es en efecto: « Os exhorto, como hijos míos que sois, a que os parezcáis a mí, que soy vuestro padre.» Es raro que un padre pueda decir eso. Es más corriente que el padre espere y pida a Dios que su hijo llegue a ser todo lo que él no ha conseguido ser. Muchos de los que enseñamos a otros no podemos evitar el decirles, no « Haz lo que yo,» sino « Haz lo que te digo.» Pero Pablo, no por orgullo sino con absoluta sinceridad, anima a sus hijos en la fe a que le imiten.

Luego les dedica un delicado elogio. Dice que les manda a Timoteo para que les recuerde su manera de ser. En efecto, dice que todos los errores y procedimientos equivocados de ellos son debidos, no a una rebeldía deliberada, sino al hecho de que se han olvidado. Eso es muy cierto en la naturaleza humana. Con frecuencia no es porque nos rebelamos contra Cristo, sino sencillamente porque nos olvidamos de Él. Muchas veces no es porque Le volvemos deliberadamente la espalda, sino porque nos olvidamos de que Él está en la trama de todas las cosas. Muchos de nosotros necesitamos por encima de todo esforzarnos en vivir dándonos cuenta constantemente de la presencia de Jesucristo. No es sólo en los cultos, o al participar de Su mesa, sino todos los días cuando Jesús nos dice: «Acuérdate de Mí.»

Pablo se detiene para hacer un desafío. Que no se crean que el que les mande a Timoteo quiere decir que él, Pablo, ya no va a ir por allí. Irá cuando se le presente la oportunidad, y entonces les hará un examen. Esos corintios hablaban un montón; pero no eran sus palabras altisonantes las que contaban, sino sus acciones. Jesús no dijo nunca: «Por sus palabras los conoceréis,» sino «Por sus frutos los conoceréis.» El mundo está lleno de gente que habla del Cristianismo; pero una acción vale más que mil palabras.

Pablo acaba preguntándoles si va a tener que ir a imponerles una disciplina o a compartir con ellos en amor. El amor de Pablo a sus hijos en Cristo late en todas sus cartas; pero no era un amor ciego o sensiblero, sino un amor que sabía cuándo había que imponer disciplina, y que estaba dispuesto a ejercerla. Hay una clase de supuesto amor que puede causar la ruina de una persona a base de cerrar los ojos a sus faltas; y hay un amor que puede remediar el mal de una persona porque la mira con la claridad de los ojos de Cristo. « Quien bien te quiere, te hará llorar.» El amor de Pablo era de los que saben que a veces hay que hacer daño para remediar el mal.

Pablo ha tratado del problema de las rivalidades y divisiones que hay en la iglesia de Corinto, y ahora pasa a tratar de ciertas cuestiones muy prácticas y de ciertas situaciones muy graves que se ha enterado que se dan dentro de la iglesia. Esta sección incluye los capítulos 5 y 6. 5:1-8 trata de un caso de incesto. 5:9-13 exhorta a la disciplina en cuestiones sexuales. 6:1-8 se refiere a la tendencia de los corintios a acudir a pleitear. 6:920 hace hincapié en la pureza.

  • Páginas:
  • 1
  • 2
  • 3

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar