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1 Corintios 5: Pecado y permisividad

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

La iglesia y el mundo

Os decía en la otra carta que os escribí que no os asociarais con los que llevan una vida sexual inmoral. Está claro que no podéis evitar totalmente a los inmorales de este mundo, ni a los avaros y los codiciosos de bienes de este mundo, ni a los idólatras; porque para eso tendríais que apartaros totalmente del mundo. Lo que quería deciros en mi carta era que no os asociarais ni comierais con cualquiera que se llame cristiano, pero que sea inmoral, o avaro, o idólatra, o calumniador, o borracho, o ladrón. ¿Qué derecho tengo yo a juzgar a los que están fuera de la iglesia? ¿No es a los de dentro a los que tenéis que juzgar, y dejar que sea Dios el Que juzgue a los de fuera? Excluid al tal malvado de vuestra compañía.

Parece que Pablo ya les había escrito una carta a los corintios exhortándolos a que evitaran la compañía de la mala gente. Él pretendía que aquello se aplicara solamente a miembros de la iglesia; había querido decir que los que tuvieran una mala conducta debían ser disciplinados siendo excluidos de la sociedad de la iglesia hasta que se enmendaran. Pero parece ser que algunos de los corintios habían tomado esa carta como una prohibición absoluta, cosa que no se podría entender como norma a menos que se retirara uno del mundo totalmente. En un lugar como Corinto sería imposible llevar una vida normal evitando totalmente el trato con los que vivían en desacuerdo con las enseñanzas y prácticas de la iglesia.

Pero no había sido eso lo que Pablo había querido decir. Él no habría recomendado nunca una clase de Cristianismo que se retirara de la vida cotidiana del mundo, lo que habría equivalido a salirse del mundo. Para él el Cristianismo tenía que vivirse en el mundo. «Dios -como le dijo cierto santo anciano a John Wesley- no quiere saber nada de una religión solitaria.» Y Pablo habría estado totalmente de acuerdo con eso.

Es interesante ver los tres pecados que Pablo selecciona como típicos del mundo, y las tres clases de personas que cita.

(i) Estaban los que llevaban una vida sexual inmoral. El Cristianismo es lo único que puede garantizar la pureza. La raíz de la inmoralidad sexual es una actitud falsa con las personas. A fin de cuentas es verlas como bestias. Declara que las pasiones y los instintos que se dan en las bestias deben consentirse sin la menor vergüenza, y a la otra persona hay que considerarla simplemente como un objeto para experimentar ese placer. Ahora bien: el Cristianismo ve en la persona humana un hijo o una hija de Dios; y, por tanto, como una criatura que vive en el mundo pero cuya vida no se limita a él; es una persona que no organiza su vida no teniendo en cuenta más que las necesidades y los deseos materiales; que tiene un cuerpo pero tiene también un espíritu. Si las personas se miraran unas a otras como hijos e hijas de Dios, la promiscuidad sexual sería automáticamente desterrada.

(ii) Estaban los avaros y los codiciosos de bienes de este mundo. Aquí también, sólo el Cristianismo puede desterrar ese espíritu. Si juzgamos las cosas conforme a la escala de valores del mundo, no hay razón para que no dediquemos nuestra vida a conseguir el mayor número posible de cosas materiales. Pero el Cristianismo introduce un espíritu que mira hacia fuera y no sólo hacia dentro. Hace del amor el valor supremo de la vida, y del servicio el mayor honor. Cuando el amor de Dios está en el corazón de una persona, esta descubre el gozo, no de obtener, sino de compartir y de dar.

(iii) Estaban los idólatras. La idolatría antigua tiene un paralelo en las supersticiones modernas. Nuestra época está por lo menos tan interesada como la que más del pasado en encantamientos, amuletos, horóscopos y cosas por el estilo. La razón es que se tiene necesidad de adorar algo; y, si no se adora al Dios verdadero, se adorarán los ídolos de la suerte. Siempre que decrece la verdadera religión la superstición aumenta.

Tenemos que fijarnos en que estos tres pecados básicos son los representantes de las tres direcciones en las que se peca.

(a) La promiscuidad sexual es un pecado contra la misma esencia de la persona. La que cae en ella se ha reducido al nivel de un animal; ha pecado contra la luz que hay en la persona humana y lo más elevado que conoce. Ha dejado que su naturaleza inferior derrote a la superior, y ha abdicado de su humanidad.

(b) La codicia es un pecado contra nuestros semejantes y prójimos. Mira a los demás como gente que se puede explotar, y no como hermanos y hermanas a los que podemos ayudar. Olvida el hecho de que la única prueba de que amamos a Dios es que amamos a nuestros semejantes como nos amamos a nosotros mismos.

(c) La idolatría es un pecado contra Dios. Deja que las cosas Le usurpen Su lugar. Es el fracaso en dar a Dios el primer lugar en nuestra vida que sólo a Él corresponde.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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