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1 de Samuel 14: La hazaña de Jonatán

Jonatán desea una señal de que sus acciones sean de acuerdo con la voluntad de Dios. Así que propone la prueba detallada aquí. Si los filisteos dijeran: Esperad hasta que nos acerquemos a vosotros, no sería la voluntad de Dios. Pero si dijeran: subid hasta nosotros, sabrían que Dios estaba en ello. La segunda alternativa sería la más difícil y demostraría que Jehová lo haría y no ellos. Los israelitas sabían pedir señales. Se conoce el caso de Gedeón como un ejemplo. Una señal es una indicación de algo que no se puede ver. Sirve para confirmar el cumplimiento futuro de algo dicho. A veces la palabra hebrea se usa para designar un estandarte militar, señal que representa el ejército que la lleva. Los judíos eran muy dados a señales y Dios en su paciencia les daba muchas señales, la más grande siendo la de Jonás, refiriéndose a la resurrección de Jesús.

Los filisteos contestaron rudamente a Jonatán y a su escudero. Pensando que serían unos prófugos les dijeron: i ¡Subid hasta nosotros y os haremos saber una cosai ! En otras palabras: “Os daremos una lección.” Pero fortalecidos por la señal positiva que Dios les había dado, Jonatán y su escudero subieron la pendiente áspera gateando. Su audacia tomó por sorpresa a los filisteos y cayeron unos 20 delante de los dos israelitas. Se menciona de que el espacio a su disposición para realizar la pelea fue nada más que media yugada de bueyes. Será el área que un yugo de bueyes podría arar en un día. Se ha sugerido que esto sería más o menos medio acre o la quinta parte de una hectárea, un espacio de 40 por 50 m. Quiere decir que los dos valientes tenían que perseguir a algunos para acabar con todos. Los filisteos sin duda fueron sorprendidos, no solamente con el hecho de que estos tuvieran espadas y armas de hierro, sino también de que lucharan con habilidad y gran pericia sin recular. Los 20 no podían resistir a los dos.

La huida de los filisteos

El resultado de la hazaña de Jonatán fue pánico. Esta palabra se usa tres veces en el versículo 15. Significa temblar, y por lo tanto refleja un estado de terror. El texto hebreo dice que hubo gran pánico (lit. “pánico de Dios:, o sea un pánico inducido por Dios). Los centinelas de Saúl observaron un movimiento de pánico entre los filisteos y de inmediato Saúl instruyó a su sacerdote Ajías que trajera el arca (versículo 18). El arca estaba todavía en Quiriatjearim, lejos de ellos. Puesto que nunca consultaban el arca sino a Dios por medio del efod, se cree que aquí significa el efod. De hecho la LXX dice aquí: “Trae el efod; porque él llevaba el efod en aquel día en presencia de Israel”. El sacerdote consultaba a Jehová que aparentemente le respondía o verbalmente o por medio de suerte, dando a entender que la respuesta sería “sí” o “no”. Pero Saúl, habiendo solicitado la consulta, vio que no hubo tiempo y le dijo:  ¡Retira tu mano!. Quiere decir esta expresión: “Desista en sus acciones.”

El pánico se atribuye en parte de que la tierra se sacudió. Algunos comentaristas han tratado de explicar que esto no se refiere a un terremoto. Es cierto que no es la palabra usualmente empleada. Pero es la misma palabra de Job 9:6 y de Isaias 13:13 y es muy claro que en esas referencias tiene que ver con terremoto. Terremotos sacuden la tierra de Israel de vez en cuando. Josefo, el historiador judío del primer siglo después del nacimiento de Jesucristo, cuenta de un terremoto que azotó Judea aprox. en el año 30 a de J.C., dejando 10.000 muertos (Antigüedades, xversículo 5, 2). Leemos en Mateo 27:51 que la tierra tembló cuando murió Jesús. Uno de los terremotos más grandes en la historia de Israel ocurrió en 1837 afectando severamente el área de Tiberias donde hay muchas termas. Las termas indican actividad geotérmica que puede asociarse con la acción volcánica.

El terremoto, los alardes de los filisteos, y el hecho de que algunos se hubieran levantado contra sus propios coagentes, combinaron para producir una gran confusión. No habían experimentado tanta conmoción desde los días de la plaga en Gat. La misma palabra se emplea en 1 de Samuel 5:9 y 11. Los hebreos que habían sido tomados como prisioneros o que habían sido obligados a servir a los filisteos, se juntaron ahora con sus paisanos valiéndose de las armas abandonadas. E incluso los refugiados de entre los hebreos salieron de sus escondites a incluirse en la persecución de los filisteos.

Pasando el lugar vecino de Betaven, huyeron los filisteos hacia su tierra en la costa occidental. Los israelitas les siguieron hasta Ajalón, unos 33 km. cuesta abajo. La batalla se extendió por la región montañosa de Efraín, pasando el bosque. La LXX añade al versículo 22 la frase: “Y toda la gente con Saúl era como diez mil hombres.” Puesto que el texto hebreo no dice esto, no se sabe de donde vino toda esta gente, pero puede ser lógicamente que tal número de hombres acudieron a ayudarle a Saúl en la persecución. Había un número mucho mayor en el ejército de Saúl al derrotar a los amonitas.

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