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1 Pedro 4: La obligación del cristiano

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

(ii) Se ha tomado como los que mueran antes de la Segunda Venida de Cristo; pero que oyeron el Evangelio antes de morir y no se perderán la gloria.

(iii) Se ha tomado, sencillamente, por todos los muertos. No cabe la menor duda de que este tercer sentido es el correcto; Pedro acaba de hablar del descenso de Jesús al lugar de los muertos, y aquí vuelve a la idea de Cristo predicando a los muertos.

No se le ha encontrado nunca un sentido plenamente satisfactorio a este versículo; pero creemos que la mejor explicación es la siguiente. Para las personas mortales, la muerte es el castigo del pecado, como dijo Pablo: « Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombre, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12). La muerte es ya en sí un juicio. Así que Pedro dice que todas las personas ya han sido juzgadas al morir; a pesar de eso, Cristo descendió al mundo de los muertos y predicó allí el Evangelio, dándoles otra oportunidad para vivir en el Espíritu de Dios.

De alguna manera éste es uno de los versículos más maravillosos de la Biblia; porque da una visión conmovedora del Evangelio de la segunda oportunidad.

El final inminente

El final de todas las cosas se aproxima. Aquí aparece una nota que suena con frecuencia en todo el Nuevo Testamento. Es el toque de diana de Pablo que ya es hora de que nos despertemos del sueño, porque la noche está en las últimas y el día está al llegar (Romanos 13:12). « El Señor: está al llegar,» escribe a los filipenses (Filipenses 4:5). « La~ venida del Señor está al llegar,» escribe Santiago (Santiago: 5:8). Juan dice que los días en que estaban viviendo los suyos: era la última hora (1 Juan 2:18). «El tiempo está cerca,» dice Juan en el Apocalipsis, y oye testificar al Señor Resucitado:. «No os quepa la menor duda de que voy a venir muy prontow; (Apocalipsis 1:3; 22:20).

Tales pasajes constituyen un problema para muchos; por-: que, si se toman literalmente, los autores del Nuevo Testamen-; to se equivocaron; ya han pasado mil novecientos y pico de años, y el fin no ha llegado todavía. Hay cuatro maneras de considerar estos pasajes.

(i) Podemos mantener que, de hecho, los autores del Nuevo. Testamento estaban equivocados. Esperaban la vuelta de Cristo y el fin del mundo en su tiempo y generación; y esos acontecimientos no tuvieron lugar. Lo curioso es que la Iglesia, Cristiana siguió manteniendo esas palabras, aunque no habría sido difícil suprimirlas- discretamente de los documentos del Nuevo Testamento. No fue hasta avanzado el segundo siglo cuando empezó a dársele al Nuevo Testamento la forma en que lo tenemos hoy; y sin embargo, afirmaciones como estas llegaron a ser parte incuestionable de él. La única conclusión evidente es que los miembros de la Iglesia Primitiva seguían, creyendo que estas palabras eran ciertas.

(ii) Hay una línea firme de pensamiento en el Nuevo Testamento que, en efecto, mantiene que el fin ha llegado. La consumación de la Historia fue la venida de Jesucristo. Con Él, la eternidad invadió el tiempo. En Él, Dios entró en la situación humana. En Él se cumplieron las profecías. En Él ha llegado el fin. Pablo habla de sí mismo y de su gente como aquellos en los que se ha hecho realidad el fin de las edades (1 Corintios 10:11). Pedro, en su primer sermón, habla de la profecía de Joel acerca del derramamiento del Espíritu Santo y de todo lo que había de suceder en los últimos días, y entonces dice que en ese mismo momento la humanidad estaba viviendo realmente en esos últimos días (Hechos 2:16-21). Si lo aceptamos así, quiere decir que en Jesucristo ha llegado el final de la Historia. La batalla se ha ganado; no quedan más que escaramuzas con los últimos restos de la oposición: Quiere decir que en este mismo momento estamos viviendo en el tiempo del fin, lo que ha llamado alguien « el epílogo de la Historia.» Ese es un punto de vista bastante frecuente; pero el problema sigue desafiando los hechos. El mal es tan osado como siempre; el mundo sigue sin haber aceptado a Cristo como Rey. Puede que sea « el tiempo del fin,» pero la aurora parece tan distante como siempre.

(iii) Tal vez tengamos que interpretar cerca a la luz de la Historia como un proceso de casi inimaginable longitud. Se ha planteado de la siguiente manera. Supongamos que todo el tiempo se representa en una columna de la longitud del obelisco londinense que se conoce popularmente como « La Aguja de Cleopatra», en cuyo extremo colocáramos un sello de correos; pues bien, la longitud de la historia de la humanidad que conocemos estaría representada por el grueso del sello, y la parte del tiempo que la precedió, por la altura de la columna. Cuando pensamos en el tiempo en términos así, cerca se convierte en una palabra totalmente relativa. El salmista tenía toda la razón cuando dijo que a la vista de Dios mil años son como una de las vigilias de la noche (Salmo 90:4). En ese caso, cerca puede abarcar siglos, y ser sin embargo correcto. Pero es indudable que los autores bíblicos no usaron la palabra cerca en ese sentido, porque no tenían ese concepto de la «historia del tiempo.»

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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