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2 de Reyes 11: Atalía usurpa el trono

2 de Reyes 11:1 Atalía usurpa el trono. Cuando Atalía,[a] madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto,[b] se levantó y destruyó toda la descendencia real.

Reyes vuelve a referirse a los acontecimientos de Judá. A la muerte de su hijo Ocozías, Atalía usurpó el trono de Judá y trató de consolidar su posición destruyendo toda la descendencia real . Entre todos los gobernantes de Judá, ella fue la única reina que asumió el poder y la más enérgica partidaria del culto a Baal.

Esta historia es la continuación de 9.27, donde Ocozías, el hijo de Atalía, fue muerto por Jehú. El intento de Atalía de matar a todos los hijos de Ocozías fue fútil, porque Dios había prometido que el Mesías nacería a través de la descendencia de David

2 de Reyes 11:2 Pero Josaba,[c] hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y junto con su nodriza lo ocultó de Atalía en el dormitorio, y de esta forma no lo mataron.

Gracias a la providencia de Dios, Joás se salvó de la traición de Atalía. Debido a la hábil y rápida acción organizativa del sacerdote Joiada , Joás se convirtió en el octavo rey de Judá y Atalía fue muerta.

2 de Reyes 11:3 Seis años estuvo escondido con ella en la casa de Jehová, mientras Atalía reinaba sobre el país.

Josaba fue la esposa de Joiada, el sumo sacerdote, así que el templo era un lugar práctico y natural para esconder al bebé Joás. Atalía, que amaba la idolatría, no tendría ningún interés en el templo.

2 de Reyes 11:4 Pero al séptimo año envió a llamar Joiada a los jefes de centena, capitanes y gente de la guardia, los metió consigo en la casa de Jehová. Hizo con ellos una alianza bajo juramento en la casa de Jehová, y les mostró al hijo del rey.

Parte de esta gente eran de las tropas mercenarias y posiblemente asociadas con los filisteos. Algunos eruditos piensan que ellos se establecieron en el sur de Palestina desde Creta.

2 de Reyes 11:5 Luego les mandó: «Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros estará de guardia de la casa del rey el sábado.

2 de Reyes 11:6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del cuartel de la guardia; así guardaréis la casa, para que no sea allanada.[d]

2 de Reyes 11:7 Pero las dos secciones de vosotros que salen de guardia el sábado tendréis la guardia de la casa de Jehová, junto al rey.

2 de Reyes 11:8 Estaréis alrededor del rey por todos lados, cada uno con sus armas en la mano, y cualquiera que penetre en las filas, morirá. Acompañaréis al rey cuando salga y cuando entre».[e]

2 de Reyes 11:9 Los jefes de centenas hicieron todo como el sacerdote Joiada les había mandado. Cada uno tomó a los suyos, esto es, a los que entraban el sábado y a los que salían el sábado, y vinieron junto al sacerdote Joiada.

2 de Reyes 11:10 El sacerdote dio a los jefes de centena las lanzas y los escudos que habían pertenecido al rey David y estaban en la casa de Jehová.[f]

2 de Reyes 11:11 Los de la guardia se pusieron en fila, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado derecho hasta el lado izquierdo de la Casa, junto al altar y el Templo, alrededor del rey.

2 de Reyes 11:12 Sacó entonces Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el Testimonio,[g] y ungiéndolo lo hicieron rey.[h] Luego batieron palmas y gritaron: «¡Viva el rey!».[i]

2 de Reyes 11:13 Cuando Atalía oyó el estruendo del pueblo que corría, entró al templo de Jehová, donde estaban todos.

2 de Reyes 11:14 Miró y vio al rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, a los príncipes y los trompeteros junto al rey, y a todo el pueblo del país que se regocijaba y tocaba las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos,[j] clamó a voz en cuello: «¡Traición, traición!».

2 de Reyes 11:15 Pero el sacerdote Joiada ordenó a los jefes de centena que gobernaban el ejército: «Sacadla fuera del recinto del Templo, y al que la siga, matadlo a espada». Como el sacerdote había dicho que no la mataran en el templo de Jehová,

2 de Reyes 11:16 le abrieron paso y la mataron en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey.[k]

2 de Reyes 11:17 Entonces Joiada hizo un pacto entre Jehová, el rey y el pueblo, que sería el pueblo de Jehová; asimismo entre el rey y el pueblo.

El nuevo pacto era en sí una nueva constitución del viejo. Estaba establecido en el libro de Deuteronomio para el correcto gobierno de la nación. Esto significaba que funcionaba como una constitución para el pueblo. Sin embargo, este pacto había sido virtualmente ignorado por más de cien años. Desafortunadamente, con la muerte de Joiada, las reformas se detuvieron.

2 de Reyes 11:18 Luego todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal y lo derribaron. También despedazaron completamente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán, sacerdote de Baal, delante de los altares. Después el sacerdote puso una guardia en la casa de Jehová,

2 de Reyes 11:19 tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo del país, y llevaron al rey, por el camino de la puerta de la guardia, desde la casa de Jehová hasta la casa del rey. Y se sentó Joás en el trono de los reyes.

2 de Reyes 11:20 Todo el pueblo de la tierra se regocijó. Y como Atalía había muerto a espada junto a la casa del rey, la ciudad permaneció tranquila.

2 de Reyes 11:21 Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar.

Si Joás comenzó a reinar a los siete años de edad, entonces, ¿quién fue el que en realidad dirigió la nación? A pesar de que la respuesta no está detallada en la Biblia, es posible que Judá haya sido administrada por la madre del rey, el sumo sacerdote Joiada y otros consejeros durante los primeros siete años del reinado de Joás.

La coronación de Joás en Judá y la primera reforma popular

La usurpación incompleta del trono por Atalía

La revolución sangrienta en el norte tuvo sus repercusiones menos violentas en el sur, donde murieron solamente dos personas (Atalía y Matán), aunque las dos se parecían en que se mataran reinas malvadas y se destruyeran templos de Baal. Sin embargo, la transición de poder en el sur siguió un rumbo más constitucional. Un legítimo sucesor de David se sentó en el trono después de un intervalo de seis años, es decir, ascendió al trono en el séptimo, el año tradicional de la restauración.

Hay otros contrastes entre las dos revoluciones. Mientras Jehú fue un usurpador, Joás fue un legítimo heredero de David; mientras la unción de Jehú se hizo en secreto por unos militares, la de Joás se hizo a la luz pública con la participación del pueblo; mientras Jehú quedó satisfecho con la violenta destrucción del baalismo, Joás tomó el paso adicional de restaurar el templo de Jehová usando su sabiduría administrativa en vez de su poder político; mientras Hazael de Siria se apoderó de territorio israelita, recibió únicamente un tributo de Judá; mientras que el cronista calificó a Jehú como malo, porque siguió las prácticas religiosas de Jeroboam, a Joás se le calificó como bueno, porque siguió a Joyada el sacerdote; mientras la palabra profética sirvió de motivación principal para la revolución en el norte, en el sur las promesas de Dios, el renovado pacto y el deseo de tener una dinastía legítima fueron la inspiración fundamental; mientras que el líder principal en el norte fue un valiente soldado profesional que unía el pueblo en nombre de Jehová, el del sur fue un sacerdote leal a Jehová y un buen organizador de la oposición.

Cuando la inescrupulosa y sanguinaria Atalía oyó que su hijo Ocozías, el rey de Judá, fue asesinado a manos de Jehú, actuó sin demora con el fin de conservar su propio poder como reina, aunque este fuera ilegítimo. Destruyó todo el resto de la familia davídica excepto un niñito que Josaba, la hermana de Ocozías, mantuvo escondido en un dormitorio del templo por seis años. Durante esos años Atalía, hija de Acaz de Israel y la única sobreviviente de dicha familia, ejerció el poder real. Aunque su nombre quiere decir “Jehová es exaltado”, eso no influía en nada en su personalidad y carácter, porque era tan perversa y malvada que mató a sangre fría a sus propios nietos para retener el poder del trono, una tarea ya simplificada por el asesinato de muchos de ellos por Jehú. Por eso se le ha señalado como una mujer oportunista. ¡Qué ironía que la única mujer entre los reyes de Judá e Israel, y que llevaba un nombre de exaltación a Dios, fuera precisamente la que organizó la secta baalista en la ciudad capital de Judea y trató de destruir la línea davídica (y el único usurpador en el reino del sur)!

Contrastado con dicha villana está Josabet, la esposa valiente de Joyada y tía del niñito. Cuando se percató de los planes de Atalía, escondió al pequeño Joás con su nodriza en un dormitorio del templo, un lugar seguro de la reina baalista, por seis años. De modo que la misma hija o hermanastra de la reina fue la salvadora del heredero de la dinastía davídica. Por medio de ella Dios cumplió su promesa como también lo hizo por medio de otros herederos como Isaac y Moisés. Además, como el profeta Samuel, durante la niñez de Joás su hogar fue el templo donde veía constantamente a los sacerdotes con sus vestimentas blancas, escuchaba cantar los salmos, olía los olores de los sacrificios diarios y oía los sonidos de los mismos, el júbilo de los que adoraban a Dios y la lectura de las escrituras sagradas. Fue en el templo donde Josabet ayudaba a moldear la pureza e inocencia de la fe y el carácter moral del futuro rey.

Dos mujeres tristemente notorias La historia de Jezabel y Atalía

Sabemos que Jezabel creó muchos problemas para Elías. Su hija, Atalía, siguió en las pisadas de su madre. Las dos mujeres tenían los mismos defectos:

1. Eran seguidoras de una religión inmoral. Jezabel introdujo el culto a Baal en Israel, y edificó allí en Betel un altar para la adoración de Baal. Atalía hizo lo mismo en Judá. Hicieron sacrificios a Baal. Las dos importaron sacerdotes de Baal a la región, para establecer el culto a Baal en cada país.

2. Las dos se opusieron a los líderes espirituales de los adoradores a Jehová. Jezabel persiguió a los profetas y mató a muchos. Amenazó la vida de Elías, y buscó la manera de matarlo. Atalía interrumpe la adoración de Jehová en Jerusalén, y regala a Baal las ofrendas que daba la gente a Jehová.

3. Eran asesinas. Jezabel mató a Nabot para apoderarse de su viña y Atalía mató a la familia del rey de Judá.

4. Las dos tenían hambre de poder, y gobernaban con mucho celo, para satisfacer sus deseos personales, inclusive sobre el poder del rey. Jezabel dominó a Acab y tomó decisiones importantes para la nación. Atalía controla a Joram y gobierna en Judá.

El complot de Joyada, el sacerdote, con los militares

Joyada jugó un papel crucial correspondiente a un sumo sacerdote leal al Señor. Organizó la rebelión, dirigió la ceremonia de coronación y ordenó la muerte de la reina y la abolición de su religión. En el séptimo año, el sacerdote Joyada concretó un acuerdo con el ejército, la guardia real y la del templo, al presentarles al niñito Joás. Es probable que los careos, de origen imposible de precisar, formaban la guardia real que permaneció leal a la familia davídica; se asocian con los peleteos. Joyada les informó sus planes meticulosa y cuidadosamente preparados para eliminar del poder a Atalía; para esto se necesitaba la coordinación y cooperación de todos los soldados y policías, quienes debían actuar un sábado; el resultado significaría vida para Joás y muerte para la reina apóstata.

La restauración del trono a Joás, un descendiente de David

Los militares llevaron a cabo los planes del sacerdote al pie de la letra, inclusive la entrega de las armas del rey David que fueron conservadas en el templo. Evidentemente incluían las hermosas réplicas de bronce de los escudos de oro que David había confiscado de los amonitas o de los siervos de Hadadeze. Cual fuera su origen, servirían como símbolos de la sucesión legítima de Joás y la continuidad de la dinastía davídica.

Cuando todo el mundo estaba en su posición asignada, incluso una guardia en forma de semicírculo alrededor del sitio de la coronación del nuevo rey, Joyada sacó al hijo de Ocozías y al proclamarle rey, todos gritaron con evidente alegría. En dicha ceremonia usaron los símbolos de la oficina real: una corona y el testimonio que era un rollo de la ley o un documento con las promesas y obligaciones del pacto; es decir, una declaración de la adopción del rey por Dios y las demandas sobre él en su nuevo puesto.

Al oír la gritería del pueblo, Atalía se apresuró al templo para investigar. Cuando se percató de la instalación del nuevo rey, gritó, avisando así a todo el mundo de la traición, incluso a sus leales. Ella calificó como traición lo que era un acto se suprema lealtad a Jehová. Pero en ese momento se encontraba sola e indefensa. Conforme a las órdenes de Joyada, la sacaron del templo y la mataron en la entrada de la caballería del palacio rea, un portón exterior al área del templo y por eso un lugar apropiado para acabar con dicha mujer malvada. Junto con su muerte cualquier esperanza de restaurar su poder cesó. Su fin fue violento como el de su madre o madrasta Jezabel.

Así Joyada logró una revolución sin un baño de sangre. En todo el proceso su aliado fue el pueblo de la tierra; posiblemente se refiere al pueblo en general, como ciudadanos con derechos de influir el destino de su país, o como propietarios. Otra posibilidad sería la nobleza rural que apoyaba la creencia en Jehová y la dinastía davídica en oposición a la nobleza de Jerusalén. Como grupo jugó un papel de suma importancia en la sucesión legítima de cuatro reyes calificados como justos ás, Amasías, Uzías y Josías— y uno que no era justo: Joacaz.

La renovación de los pactos

Conforme a los deseos de Joyada, tanto el rey como el pueblo renovaron el pacto con Jehová mediante una ceremonia que sin duda incluía una clara promesa de lealtad a él. En seguida, eliminaron todos los objetos usados en la adoración pública de Baal; lo hicieron conforme a los primeros tres mandamientos en el Decálogo con el fin de extirpar la religión de Baal en base a su promesa. Destrozaron sus altares, su templo, sus ídolos y a Matán su sacerdote, profanando de ese modo su templo. únicamente aquí se menciona un templo de Baal en Jerusalén y posiblemente fue construido por la reina Atalía.

Luego el nuevo rey, la guardia, su escolta y la gente entraron al palacio real y cuando Joás se sentó en su trono, el pueblo se emocionó con gran alegría. De manera que se formalizó este tercer pacto, uno entre el rey y el pueblo. Es muy notable que existía unidad esencial entre los tres sectores de la sociedad judaica —el sacerdocio, el ejército y la población— en la restauración de la dinastía davídica bajo Jehová. Por fin terminó el breve, desafortunado e irregular interludio en la progresión de dicha dinastía.

También Joyada designó una guardia para el templo. De esa manera tomó precauciones para proteger el templo contra la venganza de los leales de Atalía; posiblemente la misma se transformó en una guardia permanente.

El reinado mediocre de Joás en Judá

Un resumen y evaluación de su largo reinado, 11:21-12:3. Después de heredar el trono a la edad de siete años, Joás reinó con rectitud por 40 años en Jerusalén (para una interpretación posterior ver 2 Crón. 24). Esto se debió en gran manera a la influencia de Joyada, su sacerdote y benefactor. También es probable que sirviera, al principio, de guardián o regente del niño. Pero la pasividad original de Joás y su dependencia del sacerdote se transformaron en actividad e iniciativa más tarde, mientras la influencia del sacerdote sobre él evidentemente disminuyó al ir asumiendo mayor liderazgo. Sin embargo, su reinado se caracterizó por el defecto de no centralizar la adoración en Jerusalén y dejar operar los santuarios locales para el pueblo. No obstante, cualquier éxito que valía la pena mencionar se debía a su profunda preocupación por la restauración del templo de Jehová que en su infancia le servía como refugio. Se había deteriorado el magnífico templo de Salomón después de casi un siglo y medio de construcción. Evidentemente, en ocasiones había sido descuidado y aun vandalizado

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