Los buenos consejos de Eliseo resultaron también en su recuperación de todo; la señora no perdió nada a pesar de su larga ausencia. El profeta resolvió un problema que de otra manera hubiera sido angustioso y lo hizo dentro de siete años de sabático, durante los cuales ella retenía los derechos de posesión a pesar de no ocupar los terrenos. Además, como en el caso de la sanidad de Naamán, la participación directa del profeta no era esencial, porque Dios puede utilizar a otras personas como sus instrumentos, aun al mismo rey. De esa manera los consejos del profeta se convirtieron en palabra profética cumplida. Cabe señalar que la grandeza y el poder del profeta Eliseo se acentúan al mencionar cuatro veces, en seis versículos, el regreso a la vida de aquel niño.
Uno no sabe las bendiciones a largo plazo de un favor que se hace a un siervo de Dios. La relación entre la sunamita y Eliseo comenzó con su generosa hospitalidad. A cambio ella recibió grandes bendiciones: se le ofrecieron los favores de los poderosos del país, tuvo su único hijo a pesar de ser estéril, recibió por segunda vez ese mismo hijo cuando fue restaurado a la vida, se le dio una advertencia de una sequía que venía junto con un consejo en cuanto a qué acción tomar y, por fin, se le restauró toda su propiedad cuando regresó a su país.
Costumbres acerca de la propiedad
Entre los judíos la tierra era asignada por medio de la medida de cordel. La distribución de la tierra una vez medida se hacía por “suerte”. Se ponían en un saco varias piedrecitas en las cuales se ponía una señal para indicar la porción de la tierra que representaba. Luego un niño iba sacando las piedrecitas una por una y las entregaba a cada uno de los hombres que deseaban cultivar la tierra. Cada hombre al recibir su piedrecita decía: “Dios mantenga mi suerte”.
La palabra profética sobre la enfermedad del rey de Siria
Por segunda vez (si incluimos la experiencia en Moab) Eliseo se encuentra en el exterior, pero esta vez en el norte en vez del sudeste. Debido a una enfermedad el rey Benhadad de Damasco, donde se encontraba el profeta, mandó a Hazael, un oficial de la corte o un general que no podía ser su sucesor legítimo, a Eliseo con unos regalos parecidos a los muchos llevados a Israel por Naamán y con una pregunta sobre la recuperación del rey (comp. esta sabia consulta con la buena en el capítulo 6 y la mala en el capítulo 1, donde el rey de Israel pasa por alto al profeta Elías al consultar a un ídolo). Evidentemente Benhadad se acordaba de la sanidad de su siervo Naamán en el río Jordán. No es necesario pensar que todos los 40 camellos llevaban una carga completa de mercancía variada, sino que posiblemente fue una manera con ostentación de exagerar la generosidad del rey, como en el incidente entre Jacob y Esaú en Gen_32:16. Esta enfermedad le proveyó a Eliseo una ocasión para cumplir su comisión de 1 de Reyes 19:15. Le dijo a Hazael que le informara a su rey que sobreviviría (esa enfermedad), pero añadió que moriría. No se trata de una mentira, porque evidentemente se recobraría de su enfermedad, pero moriría de un acto traicionero que no se relacionaba con ella pero que ya se estaba tramando.
Luego Eliseo se quedó mirando fijamente a Hazael; éste se sintió incómodo; después Eliseo lloró. Cuando Hazael le preguntó la razón de su comportamiento, Eliseo le dijo que se debía a la violenta destrucción que él haría a los israelitas. Hazael consideraba que hacer eso a un país enemigo era una obra meritoria y expresó su humildad ante un acto tan heroico para el bien de su patria Siria. En la época llamarse perro era una forma común para la designación de uno en la presencia de un superior. Su comentario puede sugerir también que Hazael no estaba consciente de que él pudiera ser tan cruel y por eso se sentía insultado por la acusación del profeta. Muchos desconocemos la maldad que duerme en nuestra personalidad hasta el momento oportuno para demostrarlo. Luego Eliseo pronunció la palabra profética de que Hazael iba a ser el rey.
