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Deuteronomio 30: Condiciones para la restauración y la bendición

Deu 30:1 Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios,

Deu 30:2 y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,

Deu 30:3 entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.

Deu 30:4 Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará;

Deu 30:5 y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.

Deu 30:6 Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

Moisés dijo a los hebreos que cuando estuvieran listos para regresar a Dios, El estaría listo para recibirlos. La misericordia de Dios es increíble. Esto va más allá de lo que nos podemos imaginar. Aun si los judíos deliberadamente se apartaron de El y arruinaron sus vidas, Dios de todas maneras los haría volver. Dios les daría un espíritu renovado (circuncidaría sus corazones). Dios quiere perdonarnos y también traernos de regreso a El. Algunas personas no aprenderán hasta que su mundo se haya derrumbado alrededor de ellas. Entonces el arrepentimiento y el dolor parecen abrir sus ojos a lo que Dios ha estado diciendo desde el principio. ¿Lo ha separado el pecado de Dios? No importa cuán lejos nos hayamos ido, Dios nos promete un principio nuevo si tan sólo nos volvemos a El.

Deu 30:7 Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron.

Deu 30:8 Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.

Deu 30:9 Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres,

Deu 30:10 cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

Este pasaje contiene una predicción: Prevé un futuro período de cautividad a causa de la desobediencia del pueblo, y uno de arrepentimiento y restauración. Las etapas de la restauración incluirían: el recuerdo de que están cautivos como consecuencia inevitable de no haber cumplido con las estipulaciones del pacto; el arrepentimiento, y un serio compromiso de obedecer a su voz. Dios los sacaría entonces de la cautividad, tendría misericordia de Israel, lo haría volver . . . a la tierra que sus padres heredaron, y circuncidará su corazón, una referencia al pacto mesiánico, cuando Dios solucionará los problemas espirituales del ser humano por medio de una transformación de su ser íntimo.

Como en los oráculos profetices, el deuteronomista abre la puerta a la esperanza si el pueblo dispersado se arrepiente de sus pecados y se vuelve a Yahvé. Dios hará volver a los cautivos aunque estuvieran en los extremos de los cielos. Volverán al país de las promesas, pero con un nuevo espíritu. Yahvé circuncidara su corazón, es decir, le purificará y consagrará, haciéndose sensible a las insinuaciones divinas. Jeremías habla de una nueva alianza escrita en los corazones de los que han de constituir la nueva teocracia nacida del resto purificado en el exilio. Yahvé volverá a proteger a su pueblo, enviando toda clase de bendiciones temporales sobre él y haciendo que las maldiciones que antes sobre él pesaban se vuelvan contra sus enemigos. Pero todo esto está condicionado a la fidelidad a sus preceptos.

Deu 30:11 Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

Deu 30:12 No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

Deu 30:13 Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

Deu 30:14 Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.(A)

Refiriéndose a la ceremonia en Moab, Moisés les recuerda que el mandamiento no impone condiciones a las personas que éstas no puedan comprender o cumplir. Se trataba de algo realista y práctico, por lo que nadie tenía excusas para desobedecer.

Dios nos ha llamado para que obedezcamos sus mandamientos, mientras nos recuerda que sus leyes no están escondidas para nosotros ni fuera de nuestro alcance. ¿Ha dicho usted alguna vez que obedecería a Dios si sólo supiera lo que El quiere? ¿Se ha quejado alguna vez de que la obediencia es demasiado difícil para un simple humano? Estas son excusas inaceptables. Las leyes de Dios están escritas en la Biblia y son claramente evidentes en el mundo que nos rodea. Es razonable, sensato y benéfico obedecerlas. La parte más difícil cuando obedecemos las leyes de Dios es simplemente decidir empezar ahora. Pablo se refiere a este pasaje.

El legislador insiste en que la Ley impuesta no está sobre las fuerzas de los componentes de su pueblo, y, por otra parte, el conocimiento de sus preceptos está al alcance de todos. La palabra de Dios está muy próxima al israelita, a su alcance, en su boca y en su mente. Se ordena a los israelitas que inculquen la Ley a sus hijos y les hablen de ella en la casa y en los viajes. En los tiempos rabínicos, la Ley fue casi divinizada, considerando al mismo Dios sujeto a ella, por ser expresión de su voluntad inmutable.

Deu 30:15 Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;

Deu 30:16 porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.

Deu 30:17 Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres,

Deu 30:18 yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella.

Deu 30:19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

Deu 30:20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham,(B) Isaac(C) y Jacob,(D) que les había de dar.

El capítulo termina con un llamado a escoger el camino de la vida.

Moisés desafió a los israelitas a escoger la vida, obedecer a Dios y por lo tanto continuar experimentando sus bendiciones. Dios no fuerza su voluntad sobre nadie. El nos deja decidir por nosotros mismos si lo seguimos o si lo rechazamos. Sin embargo, esta decisión es una cuestión de vida o muerte. Dios quiere que nos demos cuenta de esto, ya que El quiere que todos nosotros escojamos la vida. Día a día, en cada nueva circunstancia, debemos afirmar y reforzar este compromiso.

Es la conclusión del discurso. El legislador ha presentado el camino que lleva a la vida y a la muerte. A Israel toca escoger: si es fiel a los preceptos divinos, será objeto de las bendiciones divinas; si se va tras los ídolos, caminará hacia la ruina. El legislador enfáticamente pone por testigos a los cielos y la tierra de que él ha cumplido con su cometido de poner ante Israel la vida y la muerte para que libremente escoja y así se haga digno de reprobación o de bendición. Yahvé entrega la tierra prometida a Israel según juramento hecho a los patriarcas, pero sólo permanecerá en ella si es fiel a sus mandatos; en esto está su ? ida y perduración. Las exigencias de la justicia divina son indeclinables, y sus promesas están supeditadas a ella. Es de notar el sentido de la libertad que se otorga al pueblo elegido en esta alternativa. Dios quiere una adoración de seres libres, no de esclavos. Con estas palabras de invitación al cumplimiento de la Ley se terminan los discursos del legislador hebreo. Es la síntesis de su obra.

Arrepentimiento y perdón

La restauración de Israel

La estructura de este capítulo está relacionada con las maldiciones del pacto mencionadas. Esta sección claramente enseña la consecuencia de la desobediencia: la dispersión de Israel entre las naciones. La palabra dispersado solamente aparece aquí en Deuteronomio, pero la misma palabra aparece para describir el exilio de Judá. Pero más allá de la maldición del exilio está la promesa divina de restauración. En su exilio Israel tendría la oportunidad de reflexionar sobre la promesa de bendición y la consecuencia de la maldición del pacto.

Exilio y deportación eran comunes en las guerras de conquista de las naciones del Antiguo Oriente. En la historia de Israel, tanto el reino del norte (Israel) como el reino del sur (Judá) sufrieron la aflicción de la deportación y exilio por manos de los asirios y de los babilonios. Pero para el deuteronomista, el exilio no era el capítulo final en la historia del pueblo de Dios. El exilio enseña el fracaso del Israel histórico. La restauración de Israel demuestra la fidelidad de Dios en cumplir sus promesas.

Desde su exilio, Israel tenía que considerar la gracia y la fidelidad de su Dios. Después de considerar lo que Jehová había hecho en su pasado, Israel iba a reconocer la necesidad de arrepentirse y regresar a Jehová. La palabra vuelves (heb. shub) significa “volver”, “regresar”, “arrepentir”. Esta palabra constituye un elemento de suprema importancia en el vocabulario del pacto. La palabra aparece seis veces en los primeros diez versículos del cap. 30. En el contexto de este pasaje la palabra significa el regreso de Israel hacia Jehová (arrepentimiento), y el regreso de Jehová hacia Israel (restauración).

Para ser restaurado de su exilio, Israel tenía que tomar dos decisiones. Tenía que “volver” a Jehová, o sea, la nación tenía que reconocer sus pecados y la violación de las demandas del pacto y regresar hacia Jehová en arrepentimiento. Además, tenía que obedecer la voz de Jehová con todo su corazón y con toda su alma.

Movido por el arrepentimiento de Israel, Jehová iba a “regresar” a su pueblo. La restauración de Israel es una revocación del castigo divino. Por causa de su gran compasión hacia su pueblo, Jehová iba a restaurar a Israel de las naciones donde había sido dispersado y los haría regresar a la tierra que habían recibido como su herencia eterna. La expresión el extremo de los cielos significa una tierra lejanax. La restauración de Israel significaba que la nación iba a tomar posesión de la tierra prometida así como había sido poseída por los israelitas que habían salido de Egipto. El profeta Isaías presenta la restauración del exiliado Israel y su regreso a la tierra de Canaán como un segundo éxodo.

Además, la restauración de Israel a la tierra prometida traería grande prosperidad para el pueblo porque Jehová había prometido multiplicar grandemente la prosperidad de la nación después de su retorno a Canaán.

Verdades prácticas

Al oír la frase “voluntad de Dios” pensamos de distintas maneras. Algunos piensan en la voluntad divina como una hacha amenazando su vida. Otros perciben la voluntad divina como un rompecabezas. En el contexto de Deuteronomio la ley fue vista como expresión de la voluntad de Dios. Expuso lo bueno y lo malo. Hay algunas verdades.

1. La ley de Jehová es práctica. Tiene que ver con asuntos que son pertinentes a nuestras vidas.

2. La ley de Jehová está dada en la comunidad de Israel. Aunque cada uno tiene su relación personal con Dios, una fe genuina se expresa en el contexto de relaciones con otras personas.

3. Debemos obedecer la luz que tenemos la cual es suficiente para hoy. No debemos preocuparnos sobre las cosas que no entendemos.

La promesa del nuevo corazón

Por causa de su arrepentimiento, la restauración de Israel también causaría la transformación espiritual de la nación, y en el proceso, aprendería cómo amar a Jehová con todo su corazón.

La transformación espiritual de Israel empieza con la circuncisión de su corazón. En el AT, la circuncisión era un rito religioso que significaba la incorporación de una persona a la comunidad del pacto. En Israel, cada varón era circuncidado en el octavo día después de su nacimiento. Este ritual confería derechos y obligaciones a las personas que pertenecían a la comunidad del pacto. Por esta razón, cada israelita tenía que recordar la señal del pacto como requisito de la obligación de obedecer la palabra de Dios. Pero cuando Dios habló de la circuncisión del corazón de Israel, él abrió las puertas para incluir todas las personas en Israel, inclusive las mujeres. La circuncisión del corazón implicaba completa obediencia a la palabra de Jehová, no solamente para los varones israelitas, sino también para todas las personas en Israel que deseaban una relación más íntima con Dios.

La transformación espiritual de Israel era al mismo tiempo la transformación de su corazón, de su actitud. El resultado de esta renovación espiritual era que Israel iba a aprender a amar a Jehová con todo su corazón y con toda su alma. Estas palabras hacen referencia al Shema, donde Israel es exhortado a amar a Dios: “Escucha, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. El verdadero amor hacia Dios es el resultado de un corazón transformado espiritualmente. Ninguna persona puede amar a Dios así como Dios demanda si no tiene un corazón transformado. Esta transformación espiritual es el resultado del arrepentimiento de pecado y de la obediencia a Dios.

El nuevo corazón es parte integral del nuevo pacto. El profeta Ezequiel declara que cuando Jehová circuncide el corazón de Israel, él pondrá su Espíritu en el pueblo y ellos vivirán según sus leyes y obedecerán sus decretos. La transformación de Israel resultaría también en una nueva vida, una vida de obediencia y servicio a su Dios.

Parte de la bendición de Israel era ver el castigo de las naciones que habían causado su exilio. La maldición del pacto que había caído sobre Israel por causa de sus pecados iba a caer ahora sobre sus enemigos. Las naciones que antes sirvieron como agentes de la justicia divina sufrirían el castigo por haber oprimido al pueblo de Dios. Pero el nuevo Israel, el Israel restaurado, iba a aprender cómo obedecer la voz de Jehová y cómo guardar los mandamientos de su Dios. La obediencia de Israel traería bendición y prosperidad. Esta bendición está predicada en la lista de bendiciones asociadas con el pacto y mencionadas. La Biblia claramente declara que Jehová se deleita en bendecir a su pueblox. Jehová desea la obediencia de su pueblo y él mismo toma la iniciativa de proteger y prosperar a Israel, con tal de que Israel escuche su voz, guarde sus mandamientos escritos en el libro de la ley y regrese a él con todo su corazón y con toda su alma. El libro de la ley en el contexto de este pasaje es una referencia a las leyes escritas en el libro de Deuteronomio.

La proximidad de la palabra

Después de haber considerado la bendición de la obediencia y la consecuencia de la desobediencia, el pueblo es una vez más exhortado a tomar la decisión de obedecer la palabra de Jehová y vivir. Lo que Jehová demandaba de Israel no era imposible: Este mandamiento que te mando hoy no es demasiado difícil, o sea, no está más allá de la comprensión humana. La palabra de Dios puede ser entendida por cada persona, a pesar de las limitaciones humanas.

La palabra que Dios había dado a Israel no estaba en el cielo, escondida e inaccesible al ser humano. Por lo contrario, la palabra estaba con ellos porque había sido claramente revelada por Moisés. Tampoco estaba la palabra al otro lado del mar, en una tierra extraña, escrita en un idioma que nadie podía entender. No era necesario ir a lo más distante de la tierra, ni era necesario un intérprete para hacer que Israel entendiera la palabra y obedeciera lo que Dios había enseñado por medio de Moisés. Las dos preguntas en los son retóricas y procuran hablar a las personas que, en su deseo de evadir la responsabilidad que la ley imponía sobre cada israelita, declaraban que la ley era muy difícil de entender, por lo tanto, imposible de ser obedecida.

La palabra que Dios había revelado a Israel era accesible a cada persona en Israel. La palabra estaba con ellos y en ellos, en tu boca y en tu corazón, porque Jehová había revelado su Torah por medio de Moisés. La palabra estaba al alcance de todos los ciudadanos de Israel y cada israelita estaba familiarizado con sus demandas. Todo lo que Dios deseaba de su pueblo, él lo había revelado por medio de su siervo Moisés. Pablo usó esta misma idea en para declarar que la palabra de Dios estaba con ellos porque Cristo había manifestado la palabra de Dios en su persona.

La alternativa entre vida y muerte.

Después de haber declarado que la palabra de Dios estaba al alcance de todos, Moisés concluyó su exhortación con un llamado a Israel a escoger entre la vida y la muerte. Moisés había presentado las demandas del pacto, y la consecuencia de la obediencia, y el resultado de la desobediencia. Ahora la nueva generación de israelitas, el pueblo que se preparaba para entrar en la tierra de Canaán y recibir su heredad tenía que tomar una decisión de suprema importancia. Las demandas de Dios habían sido presentadas y ahora el pueblo tenía que tomar la decisión de obedecer y vivir, o rechazar la palabra de Dios y morir: Mira, pues, yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal.

Si Israel deseaba vivir en la presencia de Jehová, si el pueblo deseaba ser multiplicado y recibir las bendiciones de Dios en la tierra prometida, era menester decidir obedecer la palabra que Moisés había declarado y vivir según las demandas de Jehová. Para gozarse de las bendiciones que Jehová había prometido, Israel tenía que hacer tres cosas: amar a Jehová, andar en su caminos y guardar sus mandamientos. El resultado sería vida y bendición en la tierra prometida.

Pero, si Israel decidía no obedecer y si se apartaba de los caminos de Jehová, sería arrastrado a la idolatría y esto sería su destrucción. La expresión Yo os declaro hoy sirve para hacer hincapié en la certeza del juicio divino sobre la nación rebelde. La consecuencia de la desobediencia es muerte, muerte física y muerte espiritual: de cierto pereceréis. La desobediencia trae consecuencias desastrosas. El pueblo sería removido de la tierra que Jehová había prometido dar a Israel como su herencia. El pueblo sería esparcido entre las naciones y se tornaría en objeto de “refrán y escarnio entre todos los pueblos”. El juicio divino cambiaría la promesa de vida y bendición que Jehová había dado, en una maldición que causaría la muerte de la nación. Por esta razón Moisés insta a la nueva generación de israelitas a tomar la decisión de escoger vida y no muerte. Este contraste entre vida y muerte es un motivo que aparece constantemente en el Antiguo Testamento.

Actuando como el mediador del pacto, Moisés invoca a los cielos y la tierra como testigos. En el Antiguo Oriente, la conclusión de los tratados políticos terminaban con la invocación de los dioses como testigos. Pero la fe monoteísta de Israel no podía aceptar la realidad de los otros dioses como testigos del pacto entre Dios e Israel. Así que los cielos y la tierra sirven como testigos eternales de la decisión de Israel a las demandas del pacto. La invocación de testigos contra Israel aparece diversas veces en el AT. Moisés, por lo tanto, invoca a los testigos para certificar que él había dado a Israel la oportunidad de escoger entre vida y muerte, entre bien y mal. Moisés insta a Israel a escoger vida porque la decisión de ellos afectaría a sus hijos por muchas generaciones en el futuro. La vida que Israel tenía que escoger era la vida de servicio a Jehová en obediencia a sus mandamientos. La muerte era la maldición que sigue a la desobediencia. Escoger vida era aceptar la relación especial que Jehová ofrecía. Aceptar vida era amar a Dios, era obedecer sus mandamientos y serle fiel. Jehová había prometido dar a Abraham, Isaac y Jacob una tierra fructífera como su heredad eterna. Pero, ahora, sus descendientes que se preparaban para entrar en aquella tierra prometida a sus antepasados, tenían que tomar una decisión. Para recibir la heredad que Jehová había prometido a sus padres, la nueva generación de israelitas tenía que aceptar las palabras del pacto y aceptar la vida de servicio a Dios. En su decisión estaba su vida. En su aceptación de la misión de ser pueblo de Dios estaba su permanencia en la tierra. Israel había sido redimido de la esclavitud de Egipto para servir a Jehová. Pero ahora Israel tiene que tomar una decisión

Verdades prácticas

1. Hay muchas personas que dicen por tolerancia que todas las religiones son iguales. Hay verdades morales en muchas religiones. Sin embargo, el AT desconoce la idea de que todos los caminos llegan al mismo destino. El mundo moderno reconoce la necesidad de decidir entre una medicina que sirve y otra que sería veneno. Sin embargo, algunas personas que son exactas en su ciencia no quieren nada de exactitud en las cosas espirituales.

2. El asunto de la relación con Dios requiere una decisión. Posponer una decisión es tomar una decisión. El joven que pospone su preparación académica corre el riesgo de no prepararse. En la salud hay que seguir algunos reglamentos o el resultado es la mala salud y aun la muerte. Posponer recibir a Cristo es decidir en contra de Cristo.

3. Aunque nuestras decisiones malas nos afectan no tiene que destruirnos. Saulo por mucho tiempo estuvo equivocado en cuanto a Cristo. Sin embargo, al saber la verdad no se revolcó en su pasado. Se dedicó a Cristo. No debemos posponer la decisión de obedecer a Dios. Tampoco debemos pensar en que no hay esperanza para el futuro debido al pasado.

Muy importante. Dios desea la adoración libre de su pueblo, no el trabajo forzado de un grupo de esclavos, porque Dios no es un faraón. La única decisión para Israel era aceptar la vida que Jehová ofrecía, una vida de servicio bajo las demandas del pacto.

David Livingstone

Cuando murió David Livingstone, el gran misionero al Africa, los africanos sacaron de su cadáver su corazón y mandaron su cuerpo por barco a Inglaterra. Livingstone fue sepultado con honor en el cementerio Westminster donde únicamente distinguidos ciudadanos británicos son sepultados hasta la fecha. El día de su culto fúnebre había un hombre ebrio con ropa sucia en la calle llorando. Alguien le preguntó: “Señor, ¿por qué llora?” El respondió: “Hace años David Livingstone y yo estudiamos juntos en la misma escuela. El decidió dedicar su vida a Cristo y a una causa digna. Yo no he hecho nada con mi vida. Hoy David Livingstone será sepultado con honores. Pronto yo seré sepultado como un borracho.” Nosotros tomamos nuestras decisiones. Nuestras decisiones nos hacen a nosotros.

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