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Eclesiastés 11: Echa tu pan sobre las aguas

El que observa el viento… el que se queda mirando las nubes. El viento hace difícil la siembra que se hacía “al voleo”, la lluvia impide la cosecha. Quien teme una u otra cosa, ni sembrará ni segará, pero este temor es, a veces, el argumento de holgazán. Otro argumento semejante se da en el Salmo 22:13.

Como tú no comprendes… así no comprenderás. Para algunos la referencia es a la gestación de la vida humana en el vientre de la madre, para otros, teniendo en cuenta que la palabra para viento y para espíritu es en hebreo la misma, traducen: “Así como no sabes por dónde va el viento, ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre tampoco sabes nada…” (Dios Habla Hoy). La ignorancia del hombre con respecto a la obra de Dios es un tema aquí repetido.

En la mañana… por la tarde… porque tú no sabes. Al no conocer qué actitud tendrá éxito hay que mostrarse diligente en todo momento, pero confiando en Dios. Es como el refrán castellano: “A Dios orando y con el mazo dando.”

Los versículos 7 y 8 son una introducción al capítulo final. Agradable es la luz y bueno el sol, pero también hay días de tinieblas. Lejos está el Predicador de pensar que los días de tinieblas, que inexorablemente han de llegar, resten su alegría a los días de luz. Refleja una concepción positiva, pero realista, de la vida.

Exhortación para jóvenes

En este momento final de su composición el Predicador vuelve a reflexionar sobre la muerte. Su mensaje es que en vista de la muerte el hombre debe aprovechar la vida. Su pensamiento es paralelo al del Salmo 90: Enséñanos a contar nuestros días, de tal manera que traigamos al corazón sabiduría. Hoy diríamos: “El pesimismo es malo, el optimismo engañoso, el camino justo es la fe.” Por eso su exhortación es contar siempre con Dios, en los días pletóricos de la juventud como en los días melancólicos de la ancianidad. Y para hablar de la muerte el Predicador se vuelve poeta, porque la muerte se hace plenitud cuando la vida se ha vivido en la presencia de Dios. Y hay un momento propicio y adecuado para buscar a Dios y es el momento de la juventud que es el momento de las grandes decisiones de la vida. Si la decisión por Dios ha sido la correcta, toda la vida es, no vanidad, sino plenitud. Y en esto desemboca el peregrinaje que nos ha conducido el Predicador en su obra.

Alégrate, joven en tu adolescencia. Es un consejo positivo; la juventud se pasa, antes de que eso suceda hay que gozar de ella. Anda según los caminos de tu corazón, o sea, la vida es tuya, vívela de la manera que creas adecuada. Pero recuerda: Dios te traerá a juicio. El camino del placer tiene sus riesgos, eso ya lo ha dicho el Predicador, por eso la invitación a una prudente reflexión. Libertad, sí, pero libertad con responsabilidad. Retengamos que el Predicador no quiere amargar los momentos felices del joven, trayendo a su memoria el juicio de Dios, pero sí quiere en el joven una vida responsable.

Quita, pues, de tu corazón… aleja de tu cuerpo… vanidad. “La vida es muy corta para hacerla pequeña”, es un refrán contemporáneo que está dentro del pensamiento del Predicador. Hay muchas maneras de empequeñecer la vida: hay que huir de todas ellas.

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